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sábado, 10 de enero de 2026

Juan José Millás / “Escribir es un acto de desobediencia”

 



JUAN JOSÉ MILLÁS

“Escribir es un acto de desobediencia”


El autor valenciano se convierte en personaje para explorar temas tan humanos como el ocaso del periodismo en papel o la extrañeza de la vejez

Guadalupe Marugán
6 de julio dd 2025

En su más reciente obra, Ese imbécil va a escribir una novelaJuan José Millásvuelve a desdibujar las fronteras entre autor y personaje, realidad y ficción. Una autoficción lúcida y provocadora que parte de un encargo fallido y se convierte en pura literatura.

viernes, 20 de junio de 2025

Juan José Millás / «Querer demasiado casi es una condición inevitable para fracasar»

 

Juan José Millás

Juan José Millás: «Querer demasiado casi es una condición inevitable para fracasar»


Carlos H. Vásquez
9 de junio de 2025


Como Lou Reed promocionando Rock n Roll Animal. En el caso del escritor español, se encuentra departiendo sobre su nuevo título, Ese imbécil va a escribir una novela (Alfaguara, 2025), en la suite de un hotel del centro de Madrid.

viernes, 7 de febrero de 2025

Juan José Millás / Un suceso extraordinario

 


Una joven lee mientras espera el metro.
Una joven lee mientras espera el metro. CARLOS ROSILLO


Un suceso extraordinario

Todos íbamos dentro de un vehículo menos ella, que iba dentro de un libro



Juan José Millás
JUAN JOSÉ MILLÁS
09 ENE 2025 - 23:00 COT

Hoy le cedí el asiento en el metro a una chica. No a una chica con problemas de movilidad, sino a una chica en perfecto estado de salud que se sentó prácticamente sin mirarme. ¿Por qué lo hice? Porque iba leyendo de pie, con problemas de equilibrio, Madame Bovary. Supuse que era la única joven del mundo que en esos instantes leía en el metro a Flaubert. De hecho, hice un repaso mental a toda la red subterránea de Nueva York y a toda la de París y a toda la de Berlín y a toda la de Londres (tengo esa facultad: la de adivinar a distancia qué pasa en las redes de metro) y no descubrí a ningún adolescente con ese libro entre las manos, tampoco a ninguna persona mayor, para decirlo todo. Me pareció una singularidad que se merecía un gesto como el mío. La extraña lectora ni siquiera se había dado cuenta de que quien le cedía el asiento era un viejo. Iba tan embobada o embebida en la lectura que se limitó a musitar un “gracias” casi inaudible antes de sentarse.

lunes, 3 de febrero de 2025

Ripley

 


Una silla rodeada de estanterías con libros.
Una silla rodeada de estanterías con libros.GEORGE CLERK (GETTY IMAGES)


Ripley

Imagino a un personaje de una novela de Patricia Highsmith asomado a una grieta de su libro tomando nota de mis posturas, de mis gestos


Juan José Millás
JUAN JOSÉ MILLÁS
18 MAY 2023 - 22:00 COT

Los personajes de las novelas que reposan en las estanterías se asoman a mi cuarto de trabajo a través de las grietas que el uso ha formado en el lomo de los volúmenes. Me miran y hablan entre ellos de dimensiones alternativas de la realidad en las que hay mesas y sillas y frascos de medicinas, igual que en aquellas en la que transcurren sus vidas. Madame Bovary o Raskolnikov o Gregorio Samsa me vigilan cuando escribo, cuando enciendo un cigarrillo clandestino, cuando, desesperado, recorro la habitación de un lado a otro, y se preguntan quién rayos soy. Me observan con la extrañeza con la que yo los observo a ellos, aunque con la diferencia de que yo sé cómo viajar a su mundo, pero ellos no han hallado el modo de descender al mío.

lunes, 4 de noviembre de 2024

Las 10 mejores novelas del Premio Planeta en democracia



El escritor, Antonio Muñoz Molina en 1991, cuando resultó ganador del resultó del Premio Planeta.

El escritor, Antonio Muñoz Molina en 1991, cuando resultó ganador del resultó del Premio 


Las 10 mejores novelas del Premio Planeta en democracia

La devoción por premiar a personajes populares ha socavado el prestigio del premio, pero las excepciones intermitentes de esa política comercial han ofrecido algunos de los títulos más respetables de su historia

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Juan José Millás / Una duda




Una duda
Juan José Millás
UNA DUDA
27 de octubre de 2018
OCULTA EN EL interior del marco había una trituradora que se activaba desde afuera con un mando a distancia semejante, suponemos, al que abre o cierra la puerta del coche y del garaje. El mando a distancia es uno de los inventos más inverosímiles de la humanidad, pues rompe el vínculo físico entre el usuario y la máquina. De súbito, ya no era preciso moverse del sofá para encender o apagar la tele. Podías hacerlo a través de unas ondas invisibles, lo que proporcionaba una experiencia de poder cercana a la de la telequinesia, donde los objetos se mueven sin causa física aparente. De ahí a cambiar de canal con el pensamiento había un solo paso que aún no hemos dado, pero estamos en ello. Entre tanto, el mando a distancia se popularizó y se diversificó: lo mismo servía para hacer estallar una bomba que para programar las horas de encendido de la calefacción.
Lo que ven en la foto es un cuadro de Banksy que acababa de ser adjudicado por un millón y pico de euros en una subasta. Apenas un segundo después de que el martillero sancionara la venta con un golpe de maza, se escuchó en la sala un pitido electrónico y la obra de arte comenzó a deslizarse hacia el exterior del marco atravesando un juego de cuchillas invisibles que la trituraba al tiempo de caer. Daba la impresión de que hubiera decidido suicidarse al escuchar la cifra alcanzada. Significa que lo que se vendía no era un cuadro, sino una performance o, si ustedes lo prefieren, una acción de carácter artístico, realizada en vivo y en directo, que nos hizo dudar de la calidad de la obra y de la de los compradores.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Leila Guerriero / El personaje oculto

Leila Guerriero



Leila Guerriero

EL PERSONAJE OCULTO


Un libro en construcción es una casa en la que el autor se refugia cada día y donde permanece en una soledad absoluta durante las horas que trabaja en él. Una casa a cuya puerta no llama nadie, donde el teléfono no suena y en la que los vecinos no molestan. Aislado de todo, el escritor repasa las habitaciones ya construidas (las páginas ya escritas) y avanza a ciegas o por medio de un plano (según sus métodos) hacia el final, que aparece allá donde el círculo se cierra y la progresión se hace imposible.

jueves, 23 de junio de 2022

Max Frisch / Homo Faber / El círculo vicioso


Max Frisch

HOMO FABER


El círculo vicioso


Juan José Millás
28 de noviembre de 2002


Supongamos que usted decide escribir un ensayo y le sale un relato fantástico. Imaginemos que se matricula en una ingeniería y le dan la licenciatura en Filosofía. Póngase, si no, en la situación de alguien que, detestando las novelas sentimentales, acaba haciendo de su vida un melodrama. Tal es el problema del protagonista de esta novela, Walter Faber, un técnico que, cuanta más racionalidad aplica a su existencia, más disparatada le sale. Decía Freud que el hombre ha soportado tres afrentas casi insoportables a lo largo de su historia: la cosmológica, infligida por el descubrimiento de que la Tierra no era el centro del universo; la biológica, representada por la teoría evolucionista, que nos equipara al mono, y la psicológica, por la que se demuestra que somos víctimas de nuestro inconsciente, frente al que el "yo" consciente es un pobre diablo.

domingo, 23 de agosto de 2020

Juan José Millás / Anatomía del beso


Lovers - Kiss 5 - Rodin by Carmen TyrrellAnatomía del beso

Es el nuevo gran tabú de nuestro tiempo por la pandemia. Así funciona por dentro.

Juan José Millás
20 de agosto de 2020

Cuando yo era joven, los besos en la boca estaban prohibidos por la religión y ahora que soy mayor los tengo prohibidos por la ciencia. Antes, el castigo era el infierno. Ahora, la neumonía atípica.
¿Quién dice que religión y ciencia son incompatibles?

sábado, 2 de febrero de 2019

Jorge Fernández Díaz / Mamá / Reseña de Juan José Millás



Mamá

Ayer abrí las páginas de una novela que comenzaba así: “Mi madre ya no llora con esas cartas”, y salí volando del vagón del metro en el que viajaba


Juan José Millás
31 de enero de 2019


Un libro es un paisaje: el que contemplas con asombro a izquierda y derecha mientras progresas por las oraciones gramaticales que lo componen como por una senda abierta en el bosque. El proceso por el que la materialidad de la letra impresa se convierte en una sustancia mental, capaz de transformarse a su vez en imágenes que lo mismo nos llevan a la intimidad de una alcoba que a la cubierta de un ballenero, es un enigma semejante al del misterio eucarístico, pues si en la misa, mediante las palabras pronunciadas por el cura, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y en la sangre de Cristo, en la novela, gracias a un conjunto de sustantivos, adjetivos, etcétera, adecuadamente combinados, el lector abandona su identidad para transformarse en uno de los personajes de la peripecia narrativa, a veces en el mismísimo protagonista.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Ordesa, de Manuel Vilas / El mejor libro de 2018








Manuel Vilas, en una presentación de 'Ordesa' en enero.
Manuel Vilas, en una presentación de 'Ordesa' en enero. KIKE PARA

‘Ordesa’: el mejor libro de 2018

La obra de Manuel Vilas llegó a las librerías cabalgando sobre una ola de espuma que al retirarse la dejó en la orilla


Juan José Millas
14 de diciembre de 2018

Ordesa es el resultado de una hazaña verbal en la que las oraciones gramaticales se despliegan ante los ojos del lector al modo de un grupo de fuerzas especiales dispuestas a conquistar un nido de ametralladoras. Por nido de ametralladoras entendemos los lugares comunes que podrían haber arruinado sus páginas al acometer Vilas la historia de una familia estándar en la España de los sesenta hacia delante, más o menos. Si al referir tramas originales la lengua nos arrastra de manera inclemente al tópico, ¿cómo defenderse de él al describir una familia normal en una ciudad de provincias homologada hasta el paroxismo? ¿Cómo no tropezar en vulgaridades costumbristas al relatar las aventuras y desventuras de un viajante de comercio, experto en telas, que va de un sitio a otro en busca de la sombra de un árbol bajo la que aparcar su Seat 1430, símbolo de una victoria textil en una España de alpargata? ¿Cómo no caer en sentimentalismos reglados al evocar los delirios de grandeza de la madre muerta, de un abuelo suicidado, de un tío incapaz de salir adelante, de la roña generalizada desde la que el narrador surge a la vida y al alcohol y al matrimonio y a la paternidad y a la literatura?

domingo, 24 de diciembre de 2017

Juan José Millás / “Solo somos herramientas del lenguaje, no sus dueños”

Juan José Millás fotografiado en su estudio de Madrid.
Juan José Millás fotografiado en su estudio de Madrid.
Foto de BERNARDO PÉREZ

JUAN JOSÉ MILLÁS

“Solo somos herramientas del lenguaje, no sus dueños”

La muerte digna es uno de los temas de su nueva novela, de próxima pubicación, ‘La mujer loca'


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Madrid 8 MAR 2014 - 19:53 COT



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Las historias de Juan José Millás (Valencia, 1946) están tan llenas de personajes desdoblados que es imposible entrar en su casa sin verlo todo doble. El portero automático tiene dos botones —casa y estudio— y el estudio, dos habitaciones. Las dos están forradas, pavimentadas de libros. Le gustaría deshacerse de algunos, pero las bibliotecas no los quieren, "que es como si los bancos no quisieran dinero", dice. Del que no se deshará es del poemario de Louise Glück que corona el montón más próximo al sillón de leer. “Es fascinante”, explica. La estadounidense es, como todos los poetas según Millás, una escritora Porqueno. Lo dice aplicando a la literatura la división acuñada por uno de los personajes de su nueva novela, La mujer loca, que Seix Barral publica la semana que viene. Según esa división, hay gente Porquesí y gente Porqueno, depende de su facilidad para adaptarse a las convenciones. Para poner una ferretería hay que ser Porquesí. Para escribir poesía, Porqueno. ¿Y qué es Millás? “He intentado ser un escritor Porqueno”, responde, “pero no siempre lo he conseguido. Tal vez en esta novela me he enfrentado con más valentía a las convenciones. No saber que va a pasar en la página siguiente es un acicate para seguir escribiendo. En toda novela debe haber algo de asociación libre, aunque sabemos que no hay nada menos libre que la libre asociación”.



De lo primero que se quita la gente en épocas de crisis es del marisco y de la filología” 

 La protagonista de La mujer loca es una muchacha que estudia lengua por las noches mientras trabaja de día en la pescadería de un hipermercado porque está enamorada de su jefe, filólogo reconvertido: “De lo primero que se quita la gente en épocas de crisis es del marisco y de la filología”. La idea de que un filólogo es un agente secreto de la gramática mientras un escritor es su víctima es solo parte de su extrema relación con las palabras. El padre de la criatura comparte esa teoría: “Somos una herramienta del lenguaje, no sus dueños. La historia de la ciencia se podría contar en función de nuestras percepciones erróneas. Ves una puesta de sol y es evidente que es el sol el que se pone, no la tierra la que se mueve. Sales a caminar al campo y es evidente que la tierra es plana. La lucha del ser humano contra su percepción ha sido brutal. Y uno de esos errores de percepción es la idea de que somos los dueños del lenguaje. Cuando un niño aprende a hablar decimos que va conquistando el lenguaje, y es justo al revés: el lenguaje lo va colonizando. Es un colono cruel porque en cuanto se mete en tu cabeza empiezan a aparecer los lugares comunes”. ¿Y qué hace un escritor con semejante hallazgo? “Pactar con ese colono. No hay que enfrentarse a él totalmente porque terminas volviéndote loco y escribiendo el Finnegans Wake, que es intransitivo. Un escritor debe moverse entre lo previsible y lo intransitivo".



La lucha del ser humano contra su percepción ha sido brutal. Y uno de esos errores de percepción es la idea de que somos los dueños del lenguaje"

Para demostrar el poder de las palabras, el autor de El orden alfabético pone el foco sobre esa “moneda corriente” que son las frases hechas. Regalo envenenado, por ejemplo. “Es ese recurso del arte pop que consiste en sacar algo de contexto. Una expresión aislada te puede poner los pelos de punta”. Que la lengua tenga vida propia puede ser un motor para un novelista pero un freno para un periodista. Millás es las dos cosas, y como su protagonista analiza la diferencia entre sexo (físico) y género (gramatical), una pregunta coloniza la charla: ¿es sexista el lenguaje? “Los académicos dicen que no, pero es imposible que una sociedad patriarcal haya elaborado un lenguaje no sexista. Piensa en la definición del [diccionario] Casares para muela del juicio: ‘la que sale en la edad viril’, como si las mujeres no tuvieran”. Según Millás, criticar fórmulas como los vascos y las vascas es caricaturizar un problema real: “Desde que las mujeres tienen más visibilidad hay un malestar en el lenguaje que antes no existía. Cuando escribo me veo ante conflictos que hace veinte años no tenía”.






MALDITA REALIDAD


J. R. M.
Dice Juan José Millás que a veces vas a hacer un reportaje y te vuelves con una novela. Puede que La mujer loca sea fruto de uno de esos viajes. El caso es que cada vez es más borrosa la frontera entre el Millás novelista y el reportero. Y el columnista. En 2011 Articuentos completos reunió sus columnas menos pegadas a la actualidad. Aunque es, afirma, el híbrido entre artículo y cuento lo que más le gusta escribir, últimamente ha dejado a un lado sus “rarezas” para dedicarse a asuntos que no se resigna a ver como normales: “Es increíble el cinismo con el que los gobernantes tratan a los gobernados. La mentira se ha convertido en moneda corriente, niegan la evidencia. Esas agresiones son muy enloquecedoras y a la gente de mi generación nos retrotrae a situaciones anteriores de negación de la realidad. No me queda otra”.

La necesidad de resolver conflictos nuevos ha llevado al escritor a introducirse en su propia novela como personaje y autor de un "Diario de la vejez de Millás, un ser desdoblado en novelista y periodista al que todos quieren poner en su sitio. Así, el pescadero filólogo reconoce no haber leído ningún libro suyo porque prefiere los artículos. “Gustas mucho a las mujeres”, le dice. "Y a los buzos", responde el escritor. El Millás de carne y hueso reconoce que también le pasa: “Parece que está mal visto hacer dos cosas a la vez”.
Pocas veces como en La mujer loca han estado tan cerca el reportero y el novelista. Su protagonista, Julia, vive en la habitación que le alquila un hombre consagrado a cuidar de su mujer, a la que una enfermedad irreversible ha abocado a pedir la eutanasia. El Millás imaginario entra en el libro porque el Millás real publicó el 5 de diciembre de 2010 un reportaje en El País Semanal que relataba la muerte de Carlos Santos Velicia, un hombre de 66 años aquejado de un tumor incurable que se instaló en un hotel de Madrid para quitarse la vida. El escritor pasó la víspera con él.



Desde que las mujeres tienen más visibilidad hay un malestar en el lenguaje que antes no existía. Cuando escribo me veo ante conflictos que hace veinte años no tenía”

Pese a haber escrito 16 novelas y cientos de páginas de periódico, Juan José Millás dice que no se ha repuesto de aquello: “Es el reportaje más duro que he hecho. Con las personas vivas sobre las que he escrito no tengo ninguna relación, y con este, que está muerto, mucha”. Santos se tomó el cóctel autoliberador en compañía de dos voluntarios de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), de la que es socio el propio novelista: “Yo no tuve valor para estar”, dice este. “Me pidió más o menos que estuviera y no tuve valor. Se murió a mediodía, como a las dos, después los voluntarios se fueron. A primera hora del día siguiente, los de DMD avisaron para que la camarera no se encontrara con el susto. Desde las dos hasta que llamaron, solo cuatro o cinco personas sabíamos que en un hotel había una persona muerta. Eso me produjo una turbación enorme. Esa tarde fui a EL PAÍS a hacer un chat y no podía quitarme de la cabeza que yo era uno de los que lo sabía. No me he repuesto. Sigue ahí, como un nudo que no he conseguido deshacer”.




sábado, 23 de diciembre de 2017

Julio Ramón Ribeyro / Contar lo minúsculo



Contar lo minúsculo

Julio Ramón Ribeyro convirtió lo personal en gesta. Una biografía nos hace entender que no es hombre de listas

 20 ENE 2015 - 20:13 CET

Julio Ramón Ribeyro visto por Sciammarella.
Fíjense en el caso de Julio Ramón Ribeyro. ¿Quién le iba a decir que un conjunto de apuntes sobre la existencia cotidiana se convertiría en el núcleo de su obra? Lo periférico transformándose en central, como en la vida. Si además lo periférico lleva por título La tentación del fracaso, no hay mucho más que añadir, gran título. Entonces, y para aligerar, demos por supuesto que Ribeyro es uno de los grandes del siglo XX, aunque probablemente no figure en ningún ranking de los diez primeros. También es verdad que si le preguntas al autor del ranking se golpeará la frente:
—¡Ah, sí, Ribeyro!
Te dirá que claro, que habría que hacerle un hueco como a un pariente llegado de provincias. Pero quizá a continuación se corrija. Después de todo, qué rayos hace Ribeyro en una lista. Pues lo mismo que haría Felisberto Hernández recibiendo el Nobel: el ridículo. Pasa algo raro con Ribeyro. Quizá usted no lo haya leído. Después de todo es peruano y, para literatura peruana, tenemos a Vargas Llosa. Ya se sabe: de Madrid, el cocido; de Valencia, la paella; de México, Octavio Paz, y así de forma sucesiva, para probar un poco de todo.
Bueno, pues Ribeyro escribió, entre otros libros, el titulado La tentación del fracaso. Lo escribía mientras fracasaba, como si hubiera caído en ella. El libro es una contabilidad de lo minúsculo. Aquí el debe, aquí el haber, que casi nunca cuadran. Lo que hacía un lunes cualquiera: fumar, beber, ir del dormitorio a la cocina y de la cocina al salón. Darle vueltas al asunto este de la literatura, en qué rayos consiste escribir, por qué el éxito, por qué no. Un poco también del trabajo: Ribeyro fue funcionario toda la vida. Un funcionario arquetípico: fumaba sin parar, bebía café, mucho, y tomaba cantidades legendarias de alcohol. Otro poco de la familia: el hijo (Julito), la esposa (Alida), quizá también los padres, los hermanos, no sé, tengo la última lectura un poco antigua.

Vivía dentro de su propio negociado como el subsecretario vive en el suyo. No hay nada que contar, en fin. Pero él lo cuenta de un modo estremecedor en La tentación del fracaso
Todos estos asuntos de carácter doméstico, una vez sumados y por obra y gracia de una prosa infrecuente, devienen en una verdadera gesta. La pereza de Ribeyro es homérica; sus miedos, sobrehumanos; su perplejidad, titánica. No puedes cerrar el libro una vez abierto, aunque sea fiesta de guardar. Es una vida apasionante en su insignificancia. Porque están las enfermedades también, se nos habían olvidado las enfermedades. Ese dolor fantasma del hipocondriaco que cada día se manifiesta en una de las habitaciones del cuerpo. Están las malas digestiones, metáfora muchas veces del arrepentimiento. El ardor de estómago, el reflujo gastroesofágico, todo eso, en fin, con sus remedios, sus intervenciones, con su procedimiento para evitarlo o aminorarlo.
Esa es la biografía de Ribeyro. No estuvo en la guerra, no cazó elefantes en África, no se tiró en paracaídas. Por no hacer, no hizo ni el Camino de Santiago. Vivía dentro de su propio negociado como el subsecretario vive en el suyo. No hay nada que contar, en fin. Pero él lo cuenta de un modo estremecedor en La tentación del fracaso, y ahora ha venido a contarlo también Daniel Titinger en Un hombre flaco.

La pereza de Ribeyro es homérica; sus miedos, sobrehumanos; su perplejidad, titánica
Titinger es un periodista de trayectoria cardinal y gran olfato. No ha pretendido escribir una biografía, sino un perfil cuya técnica compite con la del Ribeyro de La tentación del fracaso. Entendámonos: ha puesto el oído en la periferia del autor, esa periferia que se transformó en central. Y nos ha contado, por ejemplo, que Ribeyro tenía un método para cada cosa: un método para fumar, para beber, para comer, un método para apostar a la ruleta... También que sufría de prognatismo, que tenía mala suerte con las erratas, que, según algunos, era un poco psíquico. Titinger nos ha hecho, a base de fragmentos tomados de su viuda, de su hijo, de sus amigos y enemigos, un retrato que no puedes dejar de mirar una vez que has puesto el ojo sobre él. Leyéndolo, comprendemos que Ribeyro no sea un autor de listas.
Un hombre flaco, de Daniel Titinger, ha sido publicado por Ediciones Universidad Diego Portales.