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domingo, 2 de agosto de 2020

Lecciones de gramática / Asalto belga a la ortografía francesa










En Francia, la ortografía y la gramática tienen algo de sagrado, de seña de identidad nacional.
En Francia, la ortografía y la gramática tienen algo de sagrado, de seña de identidad nacional. GETTY IMAGES

Lecciones de gramática

Asalto belga a la ortografía francesa

La abolición de una norma reabre el debate sobre las arbitrariedades de la gramática


Marc Bassets
6 de septiembre de 2018

Bélgica ha dado a las letras francesas autores ya clásicos como Marguerite Yourcenar o Georges Simenon. También Hergé y las aventuras del intrépido Tintín. Ahora llega una propuesta para abolir una de las reglas más discutidas de la gramática y la ortografía francesas: la concordancia del participio pasado cuando se conjuga con el verbo haber.

miércoles, 8 de mayo de 2019

El enigma Simenon sigue vivo

Georges Simenon

El enigma Simenon sigue vivo

Muerto hace 30 años tras una vida de novela, creadores y expertos reivindican la mirada del prolífico y excesivo creador del comisario Maigret y la calidad de toda su obra


Juan Carlos Galindo
Lyon, 1 de abril dd 2017

Se le conoció como el hombre de las 10.000 mujeres y los 400 libros. Lo primero puede ser algo exagerado; lo segundo, no. Personaje excesivo de biografía imposible, Georges Simenon (Lieja, 1903- Lausana, 1989) dejó tras él una obra descomunal, un legado literario del que el comisario Jules Maigret es solo una parte y cuya mirada sigue ofreciendo claves sobre el ser humano de hoy. Con motivo de los 90 años de la primera aparición de Maigret en La maison de l’inquiétude, creadores y editores reivindican en el festival Quais du Polar de Lyonla figura de quien para el Nobel e íntimo amigo suyo André Gide era “el novelista más grande y más auténtico”.
“Es seguramente uno de los pocos si no el único autor de literatura policial reconocido como gran autor literario. Como grafómano que escribía todo el tiempo –no solo las historias de Maigret sino también las llamadas novelas duras, que son magníficas– constituye una especie de anomalía. Era un hombre que vivía para la escritura y su capacidad para escribir tanto y tan bien todo el tiempo le convierte en una especie de genio”, resume a EL PAÍS Stéfanie Delestré, editora de la Série Noire de Gallimard.




Su capacidad para escribir tanto y tan bien todo el tiempo le convierte en una especie de genio
STÉFANIE DÉLESTRE

Nacido en una familia belga pequeño burguesa, este hombre precoz en todo que a los 15 dejó el colegio, a los 16 ya trabaja como periodista y a los 27, antes de publicar el primer libro con su nombre, ya conoce el éxito masivo gracias a más de 150 relatos y novelas populares firmadas bajo seudónimos como George Sims o Jean Du Perry, encierra una gran paradoja. Famoso y millonario con gusto por la ostentación, su vida está construida bajo un plan preciso del que poco sabemos con certeza. La verdad no está en las entrevistas o en las memorias a las que se dedicó con profusión cuando dejó la ficción en 1972, sino en detalles, pistas y rasgos dispersados por su ficción. “Está claro que le encantaba alimentarse de su vida personal y luego metamorfosearla en sus novelas”, explica a este diario Laurent Demoulin, poeta, crítico y conservador del archivo del Centro de Estudios Georges Simenon en la Universidad de Lieja. Sean policiales o novelas a secas, en las historias de Simenon hay culpa, soledad, fatalidad, incomunicación, traición, doblez y silencio y algo de todo esto también hubo en la vida del escritor.









LA FASCINACIÓN DE TAVERNIER POR UN ARTE SIN COARTADAS

Philippe Noiret en 'El relojero de Saint- Paul', dirigida por Tavernier en 1974.
Philippe Noiret en 'El relojero de Saint- Paul', dirigida por Tavernier en 1974.

Hay cerca de 70 adaptaciones al cine de historias escritas por Simenon. La serie de televisión francesa es la segunda que más ha durado en la historia. Bruno Cremer, Jean Gabin o ahora Rowan Atkinson se han puesto en la piel de Maigret. Dentro de la tradición iniciada por Jean Renoir en 1932, Bertrand Tavernier tiene un papel especial. Gran conocedor de la obra del autor belga, en 1974 adaptó para su primer largometraje una de sus novelas en El relojero de Saint- Paul y trasladó la trama de EE UU a Lyon, ciudad en la que se crio. “Puse todo lo que sabía sobre la ciudad. Tenía auténtica pasión por él. Gracias a mi padre empecé por Maigret y lo devoré. Hay algo extraordinariamente fuerte y profundo que no necesita coartadas. En Simenon no hay intriga. El punto de partida es sencillo pero llega a un resultado poderoso que se ve en grandes películas”, cuenta el director, que recomienda El gato(1971) y La cabeza de un hombre(1933).

John Simenon, Johnny, el hijo nacido en EE UU, es quizás quien mejor representa esta mezcla entre la creación y la existencia. “Mi relación con la obra de mi padre no es complicada, pero sí paradójica. Cuando empecé a leerlo sentía cierto malestar con algunos elementos que no eran biográficos pero que yo reconocía. Son características de los personajes porque las historias nunca eran biográficas, pero estaban ahí. Dejé de leerlo y cuando volví a los 35 redescubrí su obra de manera diferente; me di cuenta de cómo mi educación y mi juventud estuvieron marcadas por una ética y un espíritu que estaban en sus libros”. Sus episodios más oscuros -–la relación con su madre y su hermano o su actitud durante la ocupación nazi de Francia– están también ahí, en trazos sutiles, para quien sepa rastrearlos.
Su vida magnífica corría paralela a su obra. En 1948 vivía en Arizona en la misma casa con su mujer Tigy, su amante y secretaria Denyse y su cocinera Boule, con la que también se acostaba. Solo en ese año produjo dos de sus mejores novelas (La nieve estaba sucia y Pedigrí) y uno de sus más reconocidos episodios policiales, El muerto de Maigret. ¿Cómo trabajaba? “Solo, siempre solo. En una sala sin ruido, en calma, aislado, por eso nadie le veía trabajar”, cuenta a EL PAÍS su hijo para descartar otros mitos. “Luego había un proceso de maduración y en algún momento era más en modo automático. Además, antes de empezar una historia daba grandes paseos”.
En España su obra la publica Acantilado, que inició en 2012 la misión de sacarlo todo, a razón de dos libros por año. “Nos está costando que el lector se dé cuenta de su grandeza. Se le ve como autor de policiaca y no encaja con los parámetros actuales del género. Tiene una belleza en el lenguaje no tan habitual. Por otro lado, a los que no les atrae el policial ven a un autor de género y no les interesa lo que les va a contar. Pero Simenon va mucho más allá. Sus relatos trascienden absolutamente el tiempo y el espacio en el que están escritos y tienen una gran vigencia”, cuenta por teléfono la editora Sandra Ollo, responsable de su publicación.
No tienen este problema en el ámbito francófono ni en el resto del orbe. Las cifras, como siempre, son apabullantes. Es el 17º autor más traducido del mundo, el primero en francés entre los escritores del siglo XX y el tercero en toda la historia solo por detrás de Verne y Dumas, según la Unesco. Se pregunte a quien se pregunte, las loas se suceden: “Supo utilizar el género policiaco para escribir novelas de una gran profundidad”, asegura Demoulin. “Es el primero que no se basa en la búsqueda del culpable sino del ser humano en general. Gracias al noir llega a la exploración del alma humana”, añade su hijo John. “Con Simenon hay que ir desprendiéndose de todo para dejar solo la emoción, que es como llega”, explica el director Bertrand Tavernier.




Supo utilizar el género policiaco para escribir novelas de una gran profundidad
LAURENT DÉMOULIN

A punto de ganar el Goncourt en 1937, Simenon también sonó con insistencia para el Nobel en 1961 pero su gran culminación literaria llegó con la publicación de parte de su obra en La Pléiade de Gallimard en 2003. Precisamente con Gaston Gallimard Simenon demostró que no era un escritor cualquiera. Rompió con el editor que lo había llevado a la gloria para irse con otro desconocido con el que ganar más, una operación que redefinió la posición de los escritores en el negocio en aquel tiempo. Si hay un biógrafo que se ha acercado más a la figura real es Pierre Assouline, quien en dos pinceladas define al personaje y al autor. La primera, en el prólogo de la colección Tout Maigret, que acaba de salir en francés (Ómnibus): “Su genialidad radica en que siempre habla del lector sin interpelar al lector”. La segunda en su libro Simenon (Folio): “Durante demasiado tiempo ha sido presentado como un fenómeno conocido por su notoriedad mientras que él quería ser ante todo un novelista y nada más que eso porque no servía más que para eso”.









SEIS RECOMENDACIONES PARA UNA OBRA INABARCABLE


Es imposible reducir la extraordinaria cantidad de buenas novelas de Simenon a un pequeño grupo. Proponemos estas seis por su relevancia en la carrera del escritor y por su influencia y prestigio.
La nieve estaba sucia (Acantilado). Quizás la más dura de las novelas duras. Una mirada sórdida a la Ocupación (aunque no esté localizada en ningún lugar concreto) al colaboracionismo, al ansia de progresar en la vida como sea, al papel de la violencia en la vida.
El gato (Acantilado). El miedo a la soledad, la miseria de hacerse mayor, la inmundicia moral eran esto. Casi todos los expertos coinciden en elegirla como una de las tres mejores novelas del autor.
Pedigrí (Acantilado). Una historia que no es biográfica aunque lo parece pero con la que Simenon consiguió sus más altas cotas literarias.
El muerto de Maigret (Acantilado). Marcada por un inicio magnífico, es una de las novelas de la serie de Maigret en la que se mejor la complejidad del comisario.
Maigret tiende una trampa (Acantilado). Una de las más adaptadas al cine y a la televisión, también es uno de los relatos que más ingredientes clásicos y mejor ritmo tiene.
Maigret à New York (Tout Simenon 1. Omnibus). Una oportunidad de ver al comisario jubilado y en un contexto ajeno a su querido París o a la campiña. Un lugar en el que a veces se encuentra perdido y en el que mezcla momentos de gran lucidez con algunos muy enfadado. No es de los mejores relatos pero sí uno de los más peculiares.

domingo, 22 de octubre de 2017

Anne Bert / El último desahogo de la escritora que viajó a Bélgica para morir


Anne Bert

Anne Bert

El último desahogo de la escritora que viajó a Bélgica para morir

La francesa Anne Bert se convierte en fenómeno editorial con un libro publicado dos días después de someterse a una eutanasia


Álvaro Sánchez
Bruselas, 15 de octubre de 2017

Su nueva obra es un recorrido emocional en el que transita por el angustioso momento en que el médico le informa de que padece esclerosis lateral amiotrófica, allá por 2015, y el lector la acompaña por un último verano, el de 2017, en el que ya ha tomado la decisión de poner fin a su vida con ayuda médica. En medio, la frustración ante el progresivo deterioro de su cuerpo, momentos de disfrute con su hija en la playa con el eterno nubarrón de la enfermedad sobrevolando cada instante, y una enorme impotencia e incomprensión frente al sistema sanitario francés, que solo permite la sedación profunda hasta la muerte pero no acepta la eutanasia. "¿Dormir a un enfermo para dejarlo morir de hambre y sed es de verdad más respetuoso con la vida que ponerle fin administrando un producto letal?”, lanzó en una carta abierta a los candidatos presidenciales en uno de sus últimos alegatos antes de rendirse a la evidencia de que moriría en tierra extranjera.
Como la mayoría de escritores, Anne Bert, de 59 años, era poco conocida fuera de las fronteras de su país, y su obra no ha sido traducida. Novelista de "lo íntimo", etiqueta que prefería a la habitual denominación de autora erótica con la que se le denominaba, sus palabras no circularon mucho más allá de las estanterías del hexágono. Tampoco lo hacen de momento, pero con la noticia todavía caliente de su fallecimiento en un hospital belga, a cientos de kilómetros del lugar donde habría deseado morir, su libro ha irrumpido en las listas de más vendidos en Francia con una primera edición de 40.000 ejemplares y una reimpresión de otros 30.000.
Bert no quería escapar fuera para morir. Le horrorizaba la idea de estar en un lugar extraño en un momento de tanta vulnerabilidad emocional. Quería despedirse en su país. "Es escandaloso que en Francia tengamos que ir al extranjero a morir con dignidad, como en la época en que las mujeres tenían que huir para abortar", comparaba. Batalló contra esa obligación de poner kilómetros de por medio para disponer de un médico que cumpliera su voluntad. En su último verano mantuvo una larga e infructuosa conversación con la ministra francesa de Salud, Agnès Buzyn, antaño partidaria de la eutanasia pero en los últimos tiempos alineada con la posición del presidente Macron, que no considera la legalización de la eutanasia como una prioridad.
La última entrada de su blog, diez días antes de su adiós, la dedicó a responder a un médico que la acusaba de hacer turismo de eutanasia. "Le confirmo que sí. Que frente a una enfermedad incurable y a la muerte que se aproxima, he buscado —y encontrado— médicos profundamente humanistas que no me dejan de lado", contestó.

El anestesista belga François Damas es uno de los que entraría en el perfil descrito por Bert. Durante toda su carrera ha ayudado a morir a 150 pacientes, entre ellos ocho franceses, un alemán y otro italiano. El médico explica a EL PAÍS que el número de enfermos llegados de fuera de Bélgica para morir es todavía testimonial. "Podemos calcular que son unos 20 cada año, la mayoría procedentes de Francia". Ello supone solo un 1% de las algo más de 2.000 eutanasias anuales practicadas en Bélgica. La dificultad de viajar a otro país para obtener el visto bueno de dos médicos a la eutanasia es una barrera, aunque como explica Damas, una vez ha habido un primer contacto personal, la comunicación puede mantenerse por teléfono, sms o correo electrónico.
Este sábado, la familia de la escritora ha cumplido con su voluntad de esparcir sus cenizas en el mar. Lo han hecho en el océano Atlántico, cerca del municipio de Saintes donde vivía. Embarcada en el proceso de despedirse del mundo, consciente de su próxima partida, en su libro deja testimonio de la complejidad de las sensaciones que asaltan al que se sabe más fuera que dentro. Más muerto que vivo. "A diferencia de las primeras veces, las últimas no me transmiten más que una sensación dulce y cálida, casi triste. Me gusta abrir mucho los ojos, respirar todo el aire que quepa en mis pulmones, concentrarme en el momento, absorber la belleza del mundo y de las cosas. Sin duda mis últimas veces tienen el aroma de la incredulidad. No tengo más que preguntas sin respuesta".

lunes, 1 de mayo de 2017

Georges Simenon / El imbécil genial


Georges Simenon
Ilustración de David Levine


Georges Simenon

El imbécil genial

Georges Simenon sigue siendo tan enigmático como una compleja novela de espías

Enrique Vila-Matas
1 de mayo de 2017






Georges Simenon, en 1962.
Georges Simenon, en 1962. HORST TAPE

Pasan los años y ahí sigue el enigma Simenon. Es un misterio que daría para una compleja novela de espías centrada en las investigaciones de quienes —André Gide o Hermann von Keyserling— pusieron especial empeño en averiguar cómo diablos lo hacía Simenon para hacer lo que hacía. Sabemos de las andanzas de esos husmeadores precisamente por el propio Simenon, que en una entrevista para The Paris Review contó que ya en su primer encuentro con Gide en 1936, este, visiblemente intrigado, le había sometido a un exhaustivo interrogatorio sobre su manera de trabajar.
Después de aquel primer encuentro, “el gran Gide” —la mayor autoridad literaria de Francia en aquellos tiempos— le escribió todos los meses, hasta el final de su vida, y siempre para formularle preguntas. Se vieron, además, con cierta frecuencia, y en todas las ocasiones Gide —que en su casa de la calle Vaneau tenía las novelas de Simenon abarrotadas de anotaciones en los márgenes, aunque este nunca se atrevió a leerlas— aprovechaba para seguir preguntándole; le interesaba el mecanismo de las creaciones de Simenon, y este se divertía pensando en los motivos que le llevaban a investigarle tanto: “Gide tuvo toda la vida el sueño de ser el creador en vez de ser el moralista, el filósofo. Yo era exactamente lo opuesto, y creo que eso era lo que le interesaba”.
Cinco años antes, ya había tenido Simenon una experiencia similar con otro retorcido husmeador, el filósofo Hermann von Keyserling: “Me pidió que fuera a visitarle en Darmstadt. Fui y me hizo preguntas durante tres días y tres noches. Vino a verme a París y me hizo más preguntas y también un comentario sobre cada uno de mis libros. Por lo mismo que Gide. Quería saber cómo lo hacía para hacer aquello. Después, Keyserling le dijo a alguien que yo era un imbécil genial (imbécile de génie)”. Aquellas anotaciones de Gide que Simenon no se atrevió a leer le sirvieron a Pierre Assouline para la extraordinaria biografía que publicó sobre este en 1992. Parece que a Simenon nunca le molestó que le observaran con tanto asombro e incredulidad. Le encantaba verse rodeado de miradas de estupor, de miradas que parecían preguntarse: ¿cómo es que un tipo así narra tan bien? De hecho, en su entrevista en The Paris Review se nota que le divertía simular que, en efecto, no era más que un supremo patán con talento. Ahora bien, ¿lo simulaba, o le divertía parecerlo porque en el fondo tenía algo de oso peludo? Ahí tenemos el enigma principal del enigma Simenon. En esa entrevista hay un momento memorable cuando le preguntan si es cierto que incluye a veces un capítulo “no comercial” en sus novelas. Hay un silencio y luego Simenon responde que sí y que su método en este caso es interrumpir la trama para dar una tercera dimensión, por ejemplo, a una silla, o a cualquier otro objeto. Y añade: “Como Cézanne cuando le da peso a una manzana, ¿me comprende?”. ¿Quiso reírse del entrevistador, o aquello iba en serio? Tal vez solo pretendió darle más peso a su enigma.

jueves, 9 de julio de 2015

Barba Steeman / Desnuda


Barbara Steeman
DESNUDA











Las mujeres más bellas del mundo