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viernes, 24 de noviembre de 2023

Oscar Colorado Nates / Fotografía de calle




© Joel Meyerowitz


FOTOGRAFÍA DE CALLE: DOSSIER ESPECIAL


Abordada por algunos de los más grandes maestros, la  calle es uno de los espacios fundamentales para la creación fotográfica.

Por Óscar Colorado Nates *
30 de noviembre de 2013


bryn_campbell
© Bryn Campbell

La fotografía de calle es un género que ha sido integral durante la mayor parte del siglo XX y que pasa por un momento de transición en el nuevo milenio.

viernes, 24 de agosto de 2018

Josef Koudelka regresa a las calles de Praga



Un hombre pasa delante de una de las famosas imágenes que Koudelka tomó en 1968 situada en una calle de Praga. 


Josef Koudelka regresa a las calles de Praga

Una muestra reivindica al gran retratista de la revuelta checa contra el totalitarismo, en su 50 aniversario


JESÚS RUIZ MANTILLA
20 AGO 2018 - 17:02 COT



Si Josef Koudelka hubiera caído por algún lugar en conflicto hace un año, no lo habría inmortalizado con su móvil, ni habría salido huyendo en coche. Es de los que se resisten a la tecnología, y nunca se ha comprado un vehículo ni un televisor. A sus 80 años, el fotógrafo ha sobrevivido y pasado a la historia gracias a otros recursos. Cuando en 1968 le tocó dar testimonio de la invasión soviética de Praga, le valieron sus ojos y unas piernas propias de su paisano moravo, el plusmarquista Emil Zátopek, para salir corriendo y poner a buen recaudo el material, protegido por una multitud cómplice.

Josef Koudelka, 2014

 Fue hace medio siglo, tal día como hoy, 21 de agosto, cuando los tanques soviéticos entraron en Praga, y Checoslovaquia hacía de nuevo cuentas retorcidas con los años caídos en ocho. En 1918 se proclamó la independencia de un país que hoy no existe. En 1938, los nazis lo ocuparon en el primer aviso expansionista. Diez años después, la nación centroeuropea basculó hacia el Este y quedó del lado de Stalin para proseguir con el yugo de otra dictadura.

Josef Koudelka / “Una buena foto es la que no puedes olvidar”




Josef Koudelka: “Una buena foto es la que no puedes olvidar”

Legendaria figura de la historia de la fotografía en el siglo XX, el checo habla a fondo de su trayectoria con motivo de la retrospectiva que le dedica la Fundación Mapfre.


ANDREA AGUILAR
18 SEP 2015 - 09:41 COT


Josef Koudelka.Ver fotogalería
Josef Koudelka. ANTOINE D'AGATA / MAGNUM

Una llamada en medio de la noche le despertó. Tal era la agitación de la voz al otro lado del teléfono que Josef Koudelka (Boskovice, actual República Checa, 1938) pensó que su amiga estaba borracha. Cuando comprendió lo que sucedía, agarró su cámara Exakta Varex y se tiró a disparar a las calles. Era agosto de 1968, y los tanques soviéticos ponían un violento fin a las reformas aperturistas que había emprendido Alexander Dubcek durante la Primavera de Praga.
Varias décadas después, el fotógrafo británico Ian Berry recordaba haber visto entonces a un joven temerario que disparaba cara a cara a los tanques, y a la multitud que se plantaba pacíficamente ante ellos. Berry pensó que se trataba de un loco o de un valiente. Y lo cierto es que parte de esa aura aún rodea la legendaria figura de Koudelka: el hombre que durante décadas se escondía bajo las iniciales P. P. (Prague photographer, fotógrafo de Praga), con las que fueron firmadas las instantáneas de aquel 1968 cuando finalmente fueron publicadas en Occidente; y el mismo que como exiliado se paseó por medio mundo con un salvoconducto británico que rezaba "nacionalidad dudosa" (nationality doubtful).La vida nómada que Koudelka eligió desde que abandonó Praga en 1970, su afición a dormir en el suelo —a menudo al raso— y su terca resistencia a aceptar encargos periodísticos o comerciales alimentan el mito de este auténtico romántico, que como escribió Henri Cartier-Bresson, "lo único que tiene es su talento, su cámara y su tozudez".

Antonio Muñoz Molina / Caminos y espejos de Koudelka

Rumanía, 1968
Fotografía de Josef Koudelka

Caminos y espejos de Koudelka

Los fotógrafos, como los escritores en prosa, tienden a especializarse en alguno de los muchos campos que permite su oficio


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
2 OCT 2015 - 08:06 COT

Aparte de la escritura en prosa no hay otro arte que abarque tanto y ofrezca posibilidades expresivas tan variadas como la fotografía. Pero quizás instrumento o herramienta es una palabra más adecuada que arte. Desde que Herodoto la inventó, la prosa ha servido igual para relatar el mundo que para inventarlo o desmentirlo, se ha ceñido a la literalidad del informe y la crónica o se ha expandido en los despliegues imaginativos de la fábula, la narración mitológica, el folletín sentimental, la novela de aventuras. La prosa, como la fotografía, es un instrumento muy adecuado para examinar lo concreto, y quizás es ese rasgo el que las une más profundamente, lo que mejor saben hacer las dos. Lo opuesto de la prosa no es la poesía, sino el verso, porque escribiendo en prosa se pueden lograr intensidades de expresión tan altas como las de un poema. Y algo parecido sucede con la fotografía, que comparte con el haiku el misterio de la instantaneidad. La fotografía sirve igual para dejar constancia en una ficha de la cara de un criminal que para atestiguar un momento histórico o un hecho cualquiera, o para ilustrar la portada de un periódico con una imagen de la que no quedará rastro al cabo de tan solo unas horas.

Josef Koudelka / Veinte fotografías




Josef Koudelka
VEINTE FOTOGRAFÍAS

Nacido en Checoslovaquia y nacionalizado francés, Josef Koudelka es uno de los nombres más prestigiosos de la Agencia Magnum y también uno de los fotógrafos que ha forjado su carrera a base de experimentar, viajar, trabajar y aprender conocimientos de forma autodidacta. 

Comenzó desde muy joven a hacer fotografías, impulsado por un amigo panadero de su padre. Más tarde conoció a personas que le animaron a crear su primera exposición fotográfica. En ésta exposición conoció a la persona más importante en su carrera fotográfica, Anna Fárová, juntos formaron un gran equipo que les hizo tener un reconocimiento dentro del mundo de la fotografía.

Durante años Koudelka compaginó su trabajo de ingeniero aeronáutico con el de fotógrafo, que cada vez le quitaba mucho más tiempo. Tomó la firme decisión de dejar su antiguo trabajo y dedicarse a la fotografía en cuerpo y alma.

Entre 1961 y 1969 empieza a forjar lo que sería su gran obra fotográfica; “Gypsies”. Un impecable documento sobre el estilo de vida de los gitanos en la profunda Rumania de los años 60.

Praga, Agosto de 1968. Las tropas del Pacto de Varsovia invanden Praga.

Praga, 1968

Praga, 1968

Praga, agosto 1968. Invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia. En las proximidades de la estación central de radio.

domingo, 12 de noviembre de 2017

La fotografía de Koudelka muestra en México el otro gran muro que divide el mundo


Fotografía de Josef Koudelka

La fotografía de Koudelka muestra en México el otro gran muro que divide el mundo

El festival CEME DOC presenta en la Ciudad de México un documental que sigue los pasos del fotógrafo checo en su recorrido por la valla que separa Israel de Palestina


VÍCTOR USÓN
México 12 NOV 2017 - 12:03 COT




Fotograma del documental 'Koudelka: shooting holy land'.
Fotograma del documental 'Koudelka: shooting holy land'.

Todos los muros comparten una misma función: separar. Sirven como división entre países, en ocasiones entre religiones o etnias y en otros casos entre la riqueza y la pobreza. Aíslan, rompen relaciones personales y fisuran sociedades. Barreras impenetrables que acaban formando parte del paisaje. "En Israel puedes vivir a 15 kilómetros del muro y no haberlo visto nunca. Se trata de una realidad a la que, desde pequeño, te insisten en que no mires”, cuenta el director israelí Gilad Baram.
Este joven cineasta ha agarrado una cámara y ha acompañado al fotógrafo checo Josef Koudelka en su recorrido por el muro que separa Israel de Palestina. Un viaje por una cicatriz de más de 700 kilómetros que todavía sangra. Desde allí, retrata la frontera de hormigón a través del documental Koudelka: shooting Holy Land (Koudelka disparando en Tierra Santaen el que muestra el proceso creativo del reportero que inmortalizó la Primavera de Praga, que tuvo que dejar su país y que acabó convertido en un nómada con una cámara de fotos.
"Evidentemente estoy en contra de los muros. Pero este es brutalmente espectacular", dice con ironía Koudelka en el documental. Se adentra en territorio en conflicto, en zona militar, para retratar el hormigón y la valla coronada con alambre de espino erigida por Israel frente a Cisjordania.







“El impacto que sobre la gente genera un muro es parecido en todas partes. Bloquean tu estilo de vida, el paso para ver a tu familia o ir al trabajo. Las razones para construirlo suelen ser diferentes, aunque todos ellos son usados por las autoridades para separar y controlar. México experimenta una situación parecida en sus fronteras. No solo en la norte con Estados Unidos, sino también en la sur con Centroamérica”, señala el director.
Baram presenta por primera vez en México, Koudelka: shooting holy land. Lo hará en la cuarta edición de CEME DOC, un festival de cine documental que reúne desde este martes y hasta el próximo 21 de noviembre en la Ciudad de México 14 largometrajes que hablan de migraciones, exilio y fronteras.
"Se trata de cine, no para verlo, sino para pensarlo", asegura el director artístico de CEME DOC, Jorge Moreno, en la presentación. Un certamen que busca derribar muros en un país, cercado por uno en su frontera norte y transformado en refugio, a lo largo de la historia, por numerosos exiliados.
Largometrajes que retratan la migración como una tragedia pero también como un encuentro, que se adentran en la construcción de la identidad en tierra extranjera (El futuro perfecto o Home, el país de la ilusión) y que se acercan a “la guerra, desde la ruina, los drones y los niños que juegan entre las bombas (300 miles y Find Fix Finish)”, cuenta Moreno. 14 documentales que han pasado por festivales como Locarno, Berlín o Rotterdam y que han sido seleccionadas entre los más de 740 que se presentaron en esta edición.
El sincretismo que genera la llegada de un japonés a territorio indígena en Oaxaca (México) sirve de argumento para Takeda. La ópera prima del mexicano Yaasib Vázquez servirá para inaugurar CEME DOC y dar pie a un coloquio entre la periodista Carmen Aristegui y el director del documental este martes en el Centro Cultural de España en México.
Bajo el hashtag #CineVsFronteras, este certamen -organizado por el Centro de migraciones y exilios de la UNED- retrata a los que huyen y también a los que llegan. Viaja hasta el exilio y se adentra en algunos conflictos armados. Un cine, en definitiva, que “trata de tender puentes en medio de fronteras y enlazar pueblos de diferentes latitudes con las mismas problemáticas”, sostiene Moreno.
EL PAÍS


FICCIONES

DE OTROS MUNDOS

DRAGON

RIMBAUD

DANTE


domingo, 4 de diciembre de 2011

Los grandes de la fotografía se desnudan


Rumanía, 1968
Fotografía de Josef Koudelka

Los grandes de la fotografía se desnudan

De Cartier-Bresson a William Klein, Helmut Newton, Josef Koudelka o John Baldessari, las leyendas de la cámara revelan los secretos sobre su obra


ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS
4 DIC 2011 - 07:45 COT



Helmut Newton fotografía a una modelo mientras le observa su esposa, Alice Springs.
Helmut Newton fotografía a una modelo mientras le observa su esposa, Alice Springs.HELMUT NEWTON

Para Cartier-Bresson solo contaban los instantes, el resto se desvanece. El mesías del fotorreportaje, fallecido en 2004 a los 95 años, nunca buscó "la gran foto", solo la encontró. "Robamos para luego dar", confiesa un hombre que se define a sí mismo como un artesano de su oficio al servicio del único Dios de la cámara: el tiempo. Para la mayoría de los 33 maestros de la fotografía autorretratados en la serie documental ideada por William Klein Contactos -producida por el canal Arte y el Centro Nacional de la Fotografía francesa y editada ahora en España por Intermedio- el tiempo es mucho más que un reloj que marca las horas.
La obsesión es común a todos ellos. El tiempo y la memoria es la presa que la mayoría de los fotógrafos, ya sean documentalistas, poetas o artistas, necesitan cazar. Lo explican con su voz en off en las piezas de 13 minutos que discurren sobre el fondo de sus propias imágenes. De Cartier-Bresson al propio Klein, a Raymond Depardon, Josef Koudelka, Robert Doisneau, Elliot Erwitt, Helmut Newton, Sophie Calle, Nan Goldin, Nobuyoshi Araki, Hiroshi Sugimoto, Jeff Wall, John Baldessari, Bernd y Hilla Becher, Andreas Gursky o Martin Parr. Dividida en tres bloques (La gran tradición del fotorreportaje, La renovación de la fotografía contemporánea y La fotografía conceptual), la serie rastrea el latido creativo de hombres y mujeres que prefirieron mirar el mundo desde el objetivo de su cámara.
Cartier-Bresson era así de claro: "Si lo pienso, no sale". Tampoco le gustaba el retrato (pese a que fue célebre retratista de Camus, Matisse o Beckett, entre otros muchos); le exigía más rigor que cualquier otra disciplina. "El entorno", solía decir, "me importa tanto como el propio rostro".
William Klein, ideólogo de estas confesiones, recorre las ciudades de sus fotolibros -Nueva York, Tokio...- para afirmar que lo suyo es "una descarga de energía sensual y violenta" o que "el azar hace una foto". Lejos de ese golpe de calle, su compatriota Duane Michaels reivindica la verdad de los sueños: "Fotografiar la realidad es fotografiar la nada, lo esencial no está en la calle sino en las grandes emociones".
Testigos de la historia como el checo Koudelka (que se niega a explicarse a sí mismo, "no sé hablar, no me interesan las palabras") o testigos de la intimidad como Helmut Newton, el mirón entre los mirones, que señala como una de sus sesiones favoritas una que recoge la presencia cómplice y burlona de su esposa y colega, Alice Springs, mientras él fotografía a una modelo desnuda. "Siempre digo que a los hijos hay que matarlos", dice este maestro del erotismo. "Si una foto es fea, la mato. No tiene sentido defenderla. La gente joven cuida demasiado a sus bebés".
Lejos de los mandamientos del fotoperiodismo o del humor de Newton, la francesa Sophie Calle se espía a sí misma a través de los demás, el californiano Baldessari busca en la televisión, el cine y la basura imágenes fugaces mientras el japonés Araki hace recuento de una vida dedicado a las epifanías sobre su pasado y su futuro. "Cuando empecé reinaba el fotógrafo de Magnum y su objetividad. Había que negar los sentimientos propios. Mi camino era muy distinto. Me fotografiaba a mí mismo y lo que me rodeaba. Por eso fotografié mi luna de miel. Luego, mi mujer murió y aquellas fotografías cobraron una nueva dimensión: eran un presentimiento de su propia muerte". Curiosamente, el tipo que se hizo famoso por fotografiar pubis y pechos de centenares de japonesas, cree que la fotografía más dramática de su vida es la más pudorosa: solo se ven su mano y la de su mujer agarradas en su última despedida. Un desgarro muy distinto al vivido en los márgenes de la sociedad (donde la identidad sexual, las drogas y el sida trazaron un trágico destino) por la frágil Nan Goldin: "Cuando empecé quería conservar las huellas de la verdadera vida y la cámara era mi memoria... Finalmente, creo que mi obra es sobre el dolor y la dificultad de sobrevivir".
Pero quizá sea otro japonés, Hiroshi Sugimoto, quien vaya más lejos en la infatigable búsqueda del tiempo y de la memoria. La finura de su serie sobre viejas salas de cine resulta ser una espiritual reflexión del vacío. "Demasiada información nos conduce a la nada", dice él. En los tiempos de la sobreinformación y del infinito carrete digital, la frase resulta premonitoria. Lo único importante sigue siendo dar con el instante.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Josef Koudelka / En el corazón del exilio y el dolor

Praga, agosto de 1968
Los tanques del Pacto de Varsovia entran en Praga
Fotografía de Josef Koudelka


Josef Koudelka

En el corazón del exilio y el dolor

Josef Koudelka, el fotógrafo que inmortalizó la invasión de Praga, presenta un libro antológico con 158 imágenes

ÁNGELES GARCÍA
Madrid 21 NOV 2006




En el corazón del exilio y el dolor

Se define como un observador de la vida. Es de los que creen que si las cosas pudieran ser contadas sólo con palabras, no sería necesario cargar todo el día con una cámara. Pero Josef Koudel-ka (Moravia, 1938) sigue con su cámara al hombro inmortalizando todo aquello que le llama la atención y que durante los últimos años tiene mucho que ver con el paisaje. Ayer, el mítico fotógrafo de la agencia Magnum presentó en Madrid Koudel-ka (Lunwerg editores), un repaso a toda su obra en 158 imágenes. El teatro, los gitanos, el exilio y el caos son los temas que inspiran su obra.
A sus 68 años, Josef Koudel-ka conserva el aspecto de un vital y curioso retratista de la vida y los sucesos diarios. Vestido con una camisa verde olivo y un chaleco negro sobre pantalones deportivos, empezó el encuentro con los periodistas asegurando que desde los años setenta considera España como su propio país. "Desde que tuve que dejar Checoslovaquia, empecé a pasar temporadas todos los años en España. Aquí descubrí la música y el gusto por la vida de los españoles. Las playas de Castellón, de Valencia, la Semana Santa sevillana, los toros... no tienen secretos para mí", explica con una mezcla cantarina de castellano e italiano.





"Soy un hombre muy simple y fotografío lo que veo. No me hago ningún planteamiento filosófico previo"



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La retrospectiva de su obra recogida en el libro recupera una selección de imágenes de los gitanos, tal vez su serie más conocida y en la que el fotógrafo captura conmovedores instantes de la vida cotidiana de niños y adultos en Eslovaquia, la República Checa y Rumanía. La siguiente tanda de fotografías recogen lo que fue la invasión de Praga en agosto de 1968 junto a las imágenes cargadas de tristeza ya en 1969.
El tema de los exilios copa la parte central del libro: desgarro, sombras, soledad, miseria, desalojos, partidas, escombros y muchas miradas perdidas nutren este apartado inspirado en Francia, Suiza, Italia, España, Alemania, Sicilia...
Bajo el epígrafe de El caos, están los paisajes tomados por el fotógrafo durante los últimos 20 años. Se trata de fotografías hechas a partir de los ochenta y, en apariencia, muy diferentes a lo que había realizado hasta entonces. Son miradas panorámicas que, sin embargo, había utilizado en sus primeros años. ¿Qué le interesa en esta última parte? En estas escenas de conjunto, se ocupa de la pobreza, de las catástrofes ecológicas, del abandono de los cultivos, de los desplazados por las guerras. "Estas imágenes panorámicas", explica el fotógrafo, "son como la historia del mundo vista a través de los ojos de la gente, de lo que ella ve".
Asegura que no busca expresamente el dolor. De hecho, explica que lo que busca es la huella que el dolor ha dejado en la gente.
"Soy un hombre muy simple y fotografío lo que veo. No me hago ningún planteamiento filosófico previo. Me impresiona el dolor porque yo también lo siento y por eso lo retrato. Los pobres soldados rusos que iban en los tanques al entrar en Praga tampoco querían estar allí, también sufrían igual que yo".
Koudelka pone cierta cara de espanto cuando un periodista le pide su opinión sobre las cámaras digitales y el uso de teléfonos móviles para obtener imágenes. No, por supuesto que no tiene, contesta. "No estoy contra los tiempos, pero soy producto de otra época y utilizo mis cámaras de toda la vida. Mi hija, de 15 años, me pidió una de esas cámaras y se la compré, es de lo más cerca que la he visto. No las he utilizado nunca. Son otra cosa".
Tampoco tiene unas reglas claras antes de ponerse a trabajar. "Cada uno tiene sus propios principios morales y fluyen solos cuando escoges el objeto que vas a fotografiar, cuando lo revelas, cuando lo editas. Pero no hay leyes escritas ni normas universales".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de noviembre de 2006