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| Leornardo Padura |
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| Anselmo Ramírez, en su casa de La Habana junto a la imagen de San Lázaro y su Lada ruso, el pasado 16 de diciembre. YANDER ZAMORA |
Ampliar fotoSuele bromear Leonardo Padura con que es un escritor muy trabajador pero de imaginación corta. Lo único que hace, asegura, es observar la realidad cubana, mirar lo que pasa en sus calles y le sucede a sus gentes y luego ponerlo todo en hojas de papel que más tarde suelen convertirse en novelas. No es mala definición para bucear en la obra de este novelista habanero nacido en 1955 y creador de la famosa saga policiaca de Mario Conde, un descreído y alcoholizado comisario revolucionario cubano con el que Padura ha diseccionado la Cuba más negra y menos oficial –también la oficial– durante los últimos 25 años. Padura es hoy el novelista más importante e reconocido de su generación, y por ello obtuvo el miércoles el Premio Princesa de Asturias de las Letras, un honor que más que un éxito personal él considera “un triunfo para la literatura cubana”.
A través de las vidas de Conde y de sus castigados amigos, uno de ellos un paralítico veterano de la guerra de Angola, los cubanos se enteraron de las miserias del mundo habanero de las drogas o de la prostitución masculina y femenina que se ejercía en algunas esquinas de la ciudad,
“Soy un escritor cubano, pertenezco a una generación que ha vivido y sufrido muchas cosas, buenas y malas, y siento un gran sentido de pertenencia hacia mi ambiente y mi gente en Cuba, así que este premio lo considero un reconocimiento a todo ello”, dijo desde La Habana al conocer la noticia. Es la primera vez que un escritor cubano gana este premio, por lo que para él tiene un valor muy especial. “El único antecedente es Javier Sotomayor, plusmarquista mundial de salto de altura, que en 1993 obtuvo el Príncipe de Asturias del Deporte. Por eso hoy me siento como si hubiera saltado 2,45”.
“En un momento como este, ante un premio como este, Mario Conde diría: ‘Vamos a gozarla, mi hermano, porque hemos sufrido bastante y nos lo merecemos”, dice un Padura radiante al otro lado del teléfono, tras asegurar que si tuviera “el hígado de Mario Conde” ya hubiera caído “la primera botella de ron” (eran las 7 de la madrugada en la Habana).
Padura es heredero de una larga tradición literaria y ha recogido el testigo de grandes de la literatura cubana como Guillermo Cabrera Infante y Alejo Carpentier, al que considera el maestro de la novela histórica, de cuya metodología es deudor. Infante y Carpentier ganaron el Cervantes, pero la historia de esta edición del premio Princesa de Asturias tiene que ver con Mario Conde —”el bueno”, dice, para diferenciarlo del banquero—. Todo comenzó hace dos décadas, cuando una mañana sin previo aviso recibió la llamada de la entonces editora de Tusquets, Beatriz de Moura, para proponerle publicar su novela ‘Máscaras’, una de las novelas policiacas de la saga, en la que por primera vez se abordó de forma descarnada el mundo marginal y marginado de los homosexuales en la Cuba revolucionaria.
Tras aquella llamada (1996) todo cambió en la vida de Padura, literariamente hablando. De Moura publicó con gran éxito la cuatrilogía Las Cuatro estaciones (Paisaje de Otoño, Pasado Perfecto, Vientos de Cuaresma y Máscaras), con Mario Conde de protagonista en todas ellas, que convirtió al novelista del barrio de Mantilla en el cronista social de Cuba por excelencia y en un escritor de referencia. “Yo crecí como escritor en Tusquets, por eso en gran medida este premio también es de la editorial”, asegura Padura.
En su novela policiaca los crímenes son lo de menos. “A mí con un muerto me basta para toda la novela, con eso tengo para contar la historia que me interesa”.
Tras la publicación de Las Cuatro estaciones llegaron más novelas de Mario Conde, pero también otros libros soberbios, como ‘La Novela de mi vida’ (uno de los mejores, según buena parte de la crítica), ‘El hombre que amaba a los perros’, en la que sus críticas al estalinismo tienen como telón de fondo el asesinato de León Trotsky por el anarquista español Ramón Mercade, o ‘Herejes’. Conde nunca desapareció, iba y venía a su albur, pero desde el inicio tanto en Cuba como en el resto del mundo sus lectores entendieron que los crímenes para Padura eran lo de menos. “A mí con un muerto me bastaba para toda la novela, con eso tenía para contar la historia que me interesaba”.
A través de las vidas de Conde y de sus castigados amigos, uno de ellos un paralítico veterano de la guerra de Angola, y siguiendo el hilván de unos asesinatos que eran únicamente pretextos para hablar de la realidad más descarnada y habitualmente ausente de los medios oficiales, los cubanos se enteraron de las miserias del mundo habanero de las drogas, de la prostitución masculina y femenina que se ejercía en algunas esquinas de la ciudad, de los intríngulis de los juegos de naipes o del tráfico de obras de arte o de la doble vida que disfrutaban algunos dirigentes comunistas. Y sí, la sociedad cubana fue cambiando a lo largo de los años y Mario Conde lo hizo con ella. Ya en La Neblina del ayer (premio Hammett 2006) el Conde había abandonado la policía y se buscaba la vida vendiendo y comprando libros viejos en moneda dura.
El jurado del premio, anunciado ayer, considera que la obra de Leonardo Padura constituye "una soberbia aventura del diálogo y la libertad". El acta, que leyó el presidente del jurado, el director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, señala que el novelista es un autor "arraigado en su tradición y decididamente contemporáneo; un indagador de lo culto y lo popular; un intelectual independiente, de firme temperamento ético". Para el tribunal, su obra recorre todos los géneros de la prosa y destaca un recurso que caracteriza su voluntad literaria, como el interés por escuchar las voces populares y las historias perdidas de los otros. "Desde la ficción, muestra los desafíos y los límites en la búsqueda de la verdad".
El anuncio del premio le llegó cuando se rueda en La Habana una serie de televisión y una película (producidas por Tornasol) basada en Las Cuatro estaciones. “Es una coincidencia alegre, como también lo es este momento tan especial de Cuba, cuando el diferendo con EE UU parece llegar a su fin”. El éxito de un escritor cubano en su país se mide por el precio alcanzado por sus obras en el mercado negro. Padura está satisfecho. Los libros de Conde llegaron a canjearse por dos latas de leche condensada en los momentos más duros delPeriodo Especial. “Imaginará que despues de eso no hay nada”.
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| Ignacio y Wendy abandonan el juzgado de La Habana convertidos en marido y mujer. JAVIER GALEANO (AP) |
El 13 de agosto, día del 85º cumpleaños de Fidel Castro, fue una jornada rara en La Habana. La víspera, en el teatro Carlos Marx, unas 5.000 personas con invitación oficial esperaron la fecha con un espectáculo llamado Serenata de la Fidelidad, en el que participaron decenas de músicos de Cuba y América Latina con canciones e himnos revolucionarios, también con rumba y hip-hop, en homenaje al líder comunista. Castro, que lleva cinco años apartado del poder debido a una enfermedad, está volcado ahora en la recuperación de su principal aliado, el mandatario venezolano Hugo Chávez, recientemente intervenido de un cáncer en Cuba, donde se encuentra estos días recibiendo quimioterapia.
Por supuesto los dos amigos celebraron el cumpleaños revolucionariamente, mientras en las calles de la isla la vida seguía su curso normal; esto es, con cada vez más cuentapropistas al frente de negocios privados, esperando la liberalización del mercado inmobiliario y también la abolición del permiso de salida, en medio del proceso de reformas económicas que dirige Raúl Castro con el objetivo principal de salvar los muebles del socialismo cubano que puedan salvarse.
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| Wendy e Ignacio, en fecha y lugar sin determinar. ORLANDO LUIS PARDO LAZO |
A la misma hora que se celebraba la Serenata de la Fidelidad en el Carlos Marx, una pareja realizaba los últimos preparativos de su boda en La Habana. La novia, Wendy Iriepa, según consta en su carné de identidad, se llamaba Alexis en julio de 2006, cuando Castro fue operado de urgencia debido a una hemorragia intestinal. En 2007 Alexis fue el primer cubano sometido a una cirugía gratuita de cambio de sexo tras la reanudación de este tipo de intervenciones por gestiones del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), que dirige Mariela Castro, hija del presidente Raúl Castro. Otras 16 personas han cambiado ya su sexo desde entonces.
Wendy, que durante años trabajó en el Cenesex, se enamoró hace meses de Ignacio, un gay portador del virus VIH y además disidente, con quien decidió casarse ayer en el Palacio de los Matrimonios de la barriada de La Víbora. Según los novios, la fecha elegida es su "regalo" a Fidel, que hace un año admitió su responsabilidad en la persecución que sufrieron los homosexuales en los años sesenta, cuando miles de personas fueron recluidas en campos de trabajo para ser "reeducadas".
Los matrimonios gay no están legalizados en Cuba, aunque un proyecto de ley que permitiría las uniones civiles de homosexuales y lesbianas está presentado desde hace tiempo ante el Parlamento por el Cenesex. Wendy sigue figurando como varón en la partida de nacimiento, pero legalmente puede casarse con Ignacio por ser reconocida como mujer, así que en realidad no se trata de una boda gay. La madrina de la boda fue la bloguera Yoani Sánchez y a la ceremonia estaban invitadas las Damas de Blanco, diplomáticos norteamericanos y todo el que quisiera asistir, una bomba en un país como Cuba. El ramo de flores tuvo la bandera del arcoiris. Al partir la tarta, Fidel Castro cortaba la de su cumpleaños.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de agosto de 2011