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viernes, 4 de junio de 2021

Artista callejero / Javier Barriga

Javier Barriga

Artista callejero

Javier Barriga

Por Simón Cruz
Fotografías de Javier Barriga
Revista Minga No. 47

Muchas veces, mientras camino por las veredas me detengo a observar, lo que para mis ojos, puede interpretarse como una intervención artística, da lo mismo si es un mural o si es un afiche promocional de algún producto. Me detengo, y en cierta forma disfruto, al mismo tiempo que analizo la propuesta que esa imagen puede ofrecerme, la calle puede ser una galería de arte cuando nos sacamos los prejuicios. Si bien, para el común de las personas, incluyéndome, entender el motivo oculto detrás de un graffiti cuesta un poco, no es un impedimento para lograr apreciar el trabajo detrás de cada obra.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Claudio Bravo / Lecciones para el ojo






Claudio BravoLecciones para el ojo 






Claudio Bravo / El maestro del hiperrealismo que nunca pintaba vacas


Cludio Bravo

Claudio BravoEl maestro del hiperrealismo que nunca pintaba vacas 

El autodidacta artista chileno destacó por el efecto de extremo realismo en sus trabajos, siempre influenciados por pintores del barroco español


Alberto López
8 de noviembre de 2019

Mucho antes de que el fútbol convirtiera en estrellas mundiales del arte del balón a los fichajes estratosféricos en las ligas española e inglesa, hubo un Claudio Bravo, también chileno, pero artista autodidacta del pincel, en el que confluyeron con unanimidad todos los elogios sobre la estética y el realismo en sus obras.


Hace décadas era más difícil triunfar al traspasar fronteras, pero Claudio Bravo lo consiguió. Incluso logró vender en 2004 su cuadro White Package, de 1967, por más de un millón de dólares. Además de un amplio legado artístico, el pintor chileno, que llegó a decir que era sudamericano solo por el pasaporte y sin influencias artísticas del continente que lo vio nacer, también dejó un importante patrimonio inmobiliario y de obras de arte en diferentes países que echaba por tierra la creencia de que del arte era imposible vivir…

Claudio Bravo / El gran pintor chileno



Claudio Bravo
EL GRAN PINTOR CHILENO
El 4 de Junio de 2011 murió en Marruecos uno de los pintores más reconocidos en España durante la segunda mitad del siglo XX. Hombre refinado y cosmopolita, Claudio Bravo fue un chileno afincado en España durante muchos años, y aquí protagonizó exposiciones multitudinarias sobre su hiperrealismo y retrató a lo más granado de la aristocracia europea, hasta que se cansó y se refugió en Marruecos.
A principio de los 70, el pintor estaba hastiado de su popularidad en España, y a que su obra se limitara a retratar a la aristocracia europea: la hija del mismo Franco sería una de las privilegiadas por su pincel. Bravo buscaba un lugar para dar rienda suelta a su propia obra y en Marruecos encontró el país ideal: se enamoró de la luz dorada mediterránea y en el desierto podría levantar sus grandes mansiones y aislarse del mundo.
Al igual que otros grandes artistas e intelectuales, como Delacroix, Matisse o William Burroughs, el pintor chileno encontró la inspiración en Tánger, ciudad marroquí donde instaló su primera mansión. “Del porte del Cerro Castillo”, dice Arévalo. “Bravo se paseaba por su mansión en túnica chilaba y babuchas, la vestimenta árabe típica. Vivía con cerca de 40 empleados. El espacio era tan gigantesco que necesitaba atención”, agrega.

Google conmemora a Claudio Bravo


Claudio Bravo


GOOGLE CONMEMORA AL PINTOR CHILENO CLAUDIO BRAVO CAMUS, RECONOCIDO POR SUS CUADROS REALISTAS


8 DE NOVIEMBRE DE 2019

Un día como hoy, hace 83 años atrás, fue el nacimiento del artista chileno Claudio Bravo Camus, conocido por sus famosos cuadros que fusionan la técnica clásica del barroco español con un toque de surrealismo de Salvador Dalí.
Es por esto que el buscador Google realizó un doodle para conmemorar al pintor que nació en Valparaíso, hizo carrera en la Compañía de Ballet de Chile y actuó en la Universidad Católica de Chile, y posteriormente continuó su camino en las artes visuales, logrando exhibir su primera colección de pinturas cuando tan solo tenía 17 años.
Tras mudarse a España a la década de 1960, realizó retratos a históricas personalidades, como la familia del general Francisco Franco, y posteriormente en 1970 realizó una exposición en Nueva York con pinturas de objetos simples pero representados en un estilo vívido y particular.

De la mano de ello, doodle representó una icónica serie de paquetes de papel que mezclan un toque del Pop Art y un realismo llamado trompe-l'oeil y que es "capaz de engañar al ojo humano".

martes, 6 de diciembre de 2016

Carolina López / No ejerzo de viuda de Roberto Bolaño

Lautaro Bolaño, hijo de Roberto Bolaño, y Carolina López, su viuda, este martes en la Feria del Libro de Guadalajara (México), ULISES RUIZ BASURTO

“No ejerzo de viuda de Roberto Bolaño”

Carolina López asiste en la FIL a la presentación de 'El espíritu de la ciencia-ficción', novela inédita del escritor chileno


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Guadalajara (México) 30 NOV 2016 - 14:54 CST


Si hay dos escritores de los que se hable sin cesar en la Feria del Libro de Guadalajara esos son Mario Vargas Llosa y Roberto Bolaño. El peruano, homenajeado por sus 80 años, fue omnipresente los tres primeros días. El chileno, fallecido en 2003 a los 50, será el gran ausente durante esta semana dedicada a una literatura, la latinoamericana, que hace tiempo que lo consagró como el penúltimo gran maestro. No hay coloquio en el que no se pronuncie su nombre.

sábado, 18 de junio de 2011

Claudio Bravo / Adiós a un amigo posible




Claudio Bravo

Adiós a un amigo posible


JORGE EDWARDS
18 DE JUNIO DE 2011

Por la razón que fuera -para ser artista, para ser independiente, para superar la visión provinciana, insular, nuestra-, Claudio Bravo había desaparecido de la vida y hasta del paisaje chileno. Se había ido de Chile y no había regresado. Era un mito lejano, nebuloso, que a veces se manifestaba en una pintura de una neofiguración impecable, sorprendente, y que enseguida desaparecía. Llegaban rumores sobre Claudio Bravo en Madrid, en Nueva York, en Tánger o en Marraquech, y uno tenía la impresión de que aquellos rumores nunca se confirmaban. Era el artista nuestro más cercano a la irrealidad, a pesar del realismo intenso, inquietante, de su pintura. Se habría podido sostener que su obra era la negación de la vanguardia pictórica: rechazo, crítica, reivindicación de los valores fundamentales. Volver a la pintura a través de la negación apasionada de la pintura contemporánea. Leí hace menos de un año las memorias de Balthus, otra excepción, otra contradicción, y encontré que el gran artista de origen polaco escribía en términos parecidos. En sus palabras textuales, no se resignaba a pintar "cubitos": quería llegar más lejos que eso.



Pintura de Claudio Bravo






A pesar del realismo intenso, inquietante, de su pintura, Claudio Bravo estaba cerca de la irrealidad

Claudio Bravo me había mandado decir alguna vez que se interesaba en que escribiera un texto para un catálogo suyo. Tenía que viajar a un lago del sur de Chile para conocer sus trabajos más recientes, los que iban a ser expuestos en una galería de Santiago, y al final, por razones que ya no recuerdo, no pude ir. Hace un par de meses, un amigo común me dijo que se encontraba en París y los invité a un almuerzo informal, de sábado. Vino una señora de nuestra juventud, bella todavía, y Claudio, que la recordaba como personaje de su barrio, de la calle Condell, de la plaza Bernarda Morín de los años cincuenta, de parajes cercanos e igualmente pasados de moda, quedó impresionado. Era el regreso de Chile, de la adolescencia, de una belleza terrenal posible, entre arbustos perfumados, pimientos, plátanos orientales, calles transitadas por un ocasional Ford "de bigote".
Pintura de Claudio Bravo


Lo invité por segunda vez, y solo pudo confirmar que asistía en el último minuto. Había estado sometido a exámenes médicos durante una semana entera y había pasado mucha angustia. Pero ahora podía sentirse más tranquilo. Le habían diagnosticado una forma leve de epilepsia, fácil de controlar, y tenía la sensación de que la vida normal continuaba. Parece, sin embargo, que no hay vida normal que valga, y que todos los diagnósticos pueden equivocarse. Regresó a una de sus casas en el interior de Marruecos, sufrió un nuevo ataque de epilepsia, que tuvo esta vez complicaciones cardiacas, y su corazón se detuvo en los momentos en que la ambulancia todavía se encontraba a mitad de camino. Habíamos hecho muy buenas migas, quizá porque ambos veníamos de vuelta de muchas cosas, y tuve una impresión intensa de pérdida: no tanto de un amigo, sino de una amistad posible, abierta, divertida, estimulante, que estaba entera por desarrollar.
El mito coincidía, se enriquecía, se ramificaba, y el proceso continúa después de la tumba. El arquitecto Borja Huidobro, que estuvo presente en el segundo de mis encuentros con Claudio Bravo, me llama, absolutamente conmovido, "sin habla", y me dice que el pintor, a sus 10 u 11 años de edad, se sentaba en el pupitre de atrás en la división del Colegio de San Ignacio, ya que en las divisiones, bajo la mirada severa y el puntero amenazante del padre Lorenzo, convergían cursos diferentes, de diferentes edades. "¿Y sabes lo que hacía? Dibujaba todo el tiempo, sin parar, con una perfección increíble". Bravo era el Ingres de la pintura contemporánea. No tenía necesidad de hacerse demasiado presente, ya que los compradores, en México, en Nueva York, en muchos otros lados, se arrebataban sus cuadros, y aprovechaba esa marginalidad con inteligencia, con algo de ironía, con un buen ingrediente de astucia. Habría que estudiar mejor a estos excéntricos de una especie nueva, a estos campeones de la contracorriente: Balthus, Claudio Bravo, ¿Giorgio de Chirico?, algún norteamericano del Medio Oeste, algún brasileño, algún uruguayo que se nos escapa. No sé si alguno de los numerosos seguidores de Bravo tiene su precisión, su perfección de dibujo, su luz controlada y tamizada, su pátina. Algunos caen en el más estrepitoso colorinche. Parecen ilustradores de cajas de chocolate.
Conversé en unas jornadas organizadas por los jesuitas de hoy con el actor Héctor Noguera, que fue compañero de curso del pintor en el San Ignacio, y también contó que dibujaba todo el santo día, impertérrito, con un virtuosismo precoz que deslumbraba. En una ocasión tuvieron que rendir exámenes de matemáticas y Héctor, el futuro actor, fue testigo del siguiente diálogo. "No me pregunte de matemáticas porque no sé nada", le dijo Bravo a su examinador. "¿Y de qué le pregunto, entonces?". "Pregúnteme", respondió el pintor en ciernes, "sobre el Renacimiento en Italia". El examinador hizo un gesto de asentimiento, el examinado desarrolló una explicación brillante, y la comisión examinadora, después de una breve deliberación, le puso un siete, la nota máxima. Un siete en matemáticas y sin saber las cuatro operaciones. Es una demostración de flexibilidad pedagógica, de modernidad en la pedagogía, digna de ser estudiada.
En buenas cuentas, he perdido a un amigo posible y me he quedado sin casa de vacaciones, o de hibernación, en algún lugar de Marruecos. Hay conversaciones virtuales que ya no se realizarán y confrontaciones, contradicciones, chispazos, que no tendrán lugar. Perdí algo que no existía y gané algo que no había previsto. El balance, después de todo, tiene un lado triste, pero no es tan malo.
Jorge Edwards es escritor.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de junio de 2011

martes, 14 de junio de 2011

Claudio Bravo / El hiperrealista que se mudó al desierto

Pintura de Claudio Bravo

Claudio Bravo 

(1936 - 2011)

El hiperrealista que se mudó al desierto

FIETTA JARQUE
Claudio Bravo
14 DE JUNIO DE 2011

Hay una contradicción, casi una maldición, para el buen pintor. Cuanto más fiel es a la realidad lo reflejado a través de la pintura, más difícil es que esta brille con el halo del arte. Lo saben bien los pintores hiperrealistas, como el chileno Claudio Bravo. Un artista que consiguió sin dificultad el reconocimiento de galerías y coleccionistas, de aristócratas y gente adinerada que hacía cola para ser retratada por él. No siempre fue bien considerado por la crítica y los museos. Él se dejó acariciar por el mundo de la fama, pero llegó un momento en que eligió seguir su búsqueda del arte a solas. Completamente aislado en el desierto marroquí, donde murió el pasado 4 de junio de un infarto de miocardio, a los 74 años.
El éxito profesional lo acompañó desde muy joven. Nacido en Valparaíso en 1936, realizó su primera exposición a los 17 años. Solo había tenido un maestro de pintura, por lo que su formación se desarrolló a lo largo de cada uno de los días de su vida. Prácticamente autodidacta, Claudio Bravo saboreó el triunfo a la edad en la que cumplir los sueños es lo primero. Se compró un avión y recorrió Chile. Luego decidió ir a París a principios de los años sesenta. El transatlántico Americo Vespucio le dejó en Barcelona y ahí se quiso quedar. Luego se trasladó a Madrid, donde se convirtió en el retratista más demandado. Se dice que pintó unos 300 retratos en casi ocho años, entre los que se contaban los de la familia real y algunos miembros de la del dictador. El Museo del Prado era uno de los polos de atracción para él, admirador de Velázquez, Zurbarán, el barroco y el Renacimiento. Siempre fue un pintor de género, cultivó también el bodegón, el desnudo, los temas religiosos, costumbristas y mundanos. A veces con composiciones que le acercaban a lo fantástico, pero sin perder una envoltura realista hasta la obsesión.
Pintura de Claudio Bravo

En los años ochenta tuvo mucho reconocimiento en Nueva York con una serie de cuadros de bolsas y papeles arrugados. Quizá lo más arriesgado que hizo en cuanto a temática. Hastiado de la popularidad y la vida frívola, decidió instalarse en Marruecos. Primero en Tánger, en los años noventa, en un palacio de refinada decoración pero aislado de lo mundano. Una excéntrica vida monacal dedicada al trabajo y a los placeres más exquisitos: los de la mesa, el paisaje, los caballos de raza. Algunos amigos célebres le visitaban. En 2002, el Consejo de Ministros le concedió la nacionalidad española por sus méritos y aportes artísticos. En 2008 decidió alejarse aún más del ruido y se construyó otra residencia en Tarudant, al sur de Marruecos, donde vivió hasta el fin, acompañado solo por sus numerosos sirvientes. Solo, pero vinculado a su entorno y apreciado por ellos al donar al pueblo un hospital y una escuela. Pintaba a diario durante largas jornadas. Alguna vez habló de "la angustia de la creatividad". Quizá estaba buscando acabar con la maldición de lo excesivamente real.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de junio de 2011