Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Dumas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Dumas. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de diciembre de 2017

Las catacumbas / Túnel del terror en las entrañas de París



Túnel del terror en las entrañas de París

Las catacumbas de la capital francesa constituyen una red subterránea de 250 kilómetros que ha inspirado desde clásicos de la literatura hasta el más reciente cine de género.

París es una de las capitales mundiales de la neurosis.


ÁLEX VICENTE
París 4 OCT 2014 - 17:03 COT




Imagen de las catacumbas de París.
Imagen de las catacumbas de París. E. GAFFARD

Se les suele distinguir de lejos, formando una cola kilométrica y esperando mucho más de lo razonable para descender hasta una cripta donde se encontrarán cara a cara con sus mayores miedos. Hay quien ve en ellos la máxima ilustración del masoquismo contemporáneo. Decenas de turistas se amontonan cada día en la entrada de las catacumbas de la Place de Denfert-Rochereau, que en su día separaba a París de la periferia, para adentrarse en las entrañas de la ciudad, donde reposan cerca de siete millones de personas.

Una traducción para sacar a Dumas del purgatorio


Alejandro Dumas, retratado en 1855.
Alejandro Dumas, 1855


Una traducción 

para sacar a Dumas del purgatorio

Una nueva edición de ‘El conde de Montecristo’ revaloriza la novela


PAULA CORROTO
Madrid 23 DIC 2017 - 15:01 COT

Edmond Dantès se pasó 13 años en una prisión del castillo de If, condenado por un delito que no cometió y engañado por quienes consideraba sus amigos. Y más de un siglo estuvo El conde de Montecristo, la novela en la que este personaje desarrolla sus aventuras, escrita por Alejandro Dumas en 1844, condenada al ostracismo del folletín. No entró en la famosa Pléiade hasta los años sesenta del siglo XX y no tuvo su primera edición en esta colección hasta 1981. Tampoco le ayudaron las reediciones, ya que la primera realmente completa y que más se atiene al original fue realizada por el especialista en Dumas, Claude Schopp, en 1993. La traducción italiana rigurosa no llegaría hasta 2014 elaborada por Margherita Botto. Y la española acaba ahora de ver la luz de la mano del traductor José Ramón Monreal y la editorial Navona. Demasiado tiempo para una de las novelas más universales del canon occidental.

lunes, 14 de agosto de 2017

García Márquez / Las glorias del olvido

W. Somerset Maugham, 1946
Bernard Perlin

Las glorias del olvido


GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
BIOGRAFÍA
5 OCT 1983



Una de las injusticias de la literatura es que no existe una clasificación escalonada de los escritores de acuerdo con su calidad. En música se sabe que hay un paraíso más alto, donde están sentados para siempre Juan Sebastián Bach, Mozart, Beethoven, Bartok -y tal vez los Beatles-, pero hay todo un olimpo de compositores de segunda, y aun de tercera categoría, que escuchamos y admiramos a pesar de la certidumbre de que no son eternos. Ocurre lo mismo con los pintores. No hay más que pasearse por los museos del- mundo para darse cuenta de que junto a Goya y Velázquez, junto a Leonardo y Botticelli, junto a Rembrandt y Picasso, hay muchos colgados en la antesala de la eternidad que sin duda merecen estar donde están, pero en niveles distintos. En literatura no: o se es un escritor de primera línea o uno no encuentra donde ponerlo, y no sólo en los innumerables compartimentos del corazón, sino ni siquiera en los estantes de la biblioteca. En ese. sentido, el criterio más justo es el del mundo del boxeo: hay pesos pesados, pesos welter, pesos medios, pelos mosca, y cada, cual, disfruta de una gloria universal dentro de sus límites respectivos. En literatura, en cambio, sólo los pesos pesados van al cielo. Hablábamos de esta injusticia la otra noche con el escritor Pedro Gómez Valderrama, a propósito de un escritor que ambos admiramos sin ningún pudor, a pesar de ser conscientes de que no es uno de los más grandes: Somerset Maugham. El problema es dónde ponerlo. Sus novelas, que le hicieron famoso, sobre todo por sus adaptaciones al cine, no merecen ni un recuerdo piadoso. En cambio, hay un mundo de tesoros ocultos en sus casi 300 cuentos, muchos de los cuales no son más que obras maestras. Curioso: igual cosa ocurre con Hemingway, y sin embargo no nos cabe ninguna duda de que es y tal vez seguirá siendo para siempre una estrella de la primera división. Maugham, al contrario, es un autor que se olvida, aunque se sabe de la existencia de grandes lectores, críticos respetables y escritores consagrados que quisieran subirlo a un piso más alto, pero no se atreven. Así como hay muchos que lo siguen leyendo en secreto, y hasta algunos escritores que siguen nutriendo con la lectura la propia obra, y sin embargo lo niegan en público más de tres veces y mucho después de que ha cantado el gallo.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Tres clásicos franceses / Hugo, Balzac, Dumas



TRES CLÁSICOS FRANCESES

Hugo, Balzac, Dumas



JOSÉ MARÍA GUELBENZU
15 NOV 2008

Tres clásicos franceses han venido a juntarse en las librerías y no deja de ser curioso el nexo que los une: las tres son novelas de intriga que transcurren en el mundo de lo criminal. La primera de ellas es una de esas novelas redondas y totales que apunta, desde luego, mucho más lejos que a la mera intriga, pero que es, formalmente, un melodrama de tomo y lomo: Los miserables, de Victor Hugo. La reconocemos, sin la menor duda, como una de las grandes novelas del XIX de la que poco queda por decir, pero de la que siempre hay aspectos que recordar. El primero, la briosa escritura romántica de su autor, aún cerca del romanticismo nacionalista instaurado por Walter Scott, que pone en boca del narrador una fuerza expresiva abrasadora. El segundo, la posición omnisciente de ese mismo narrador, álter ego de Hugo, que no sólo ilustra a la perfección sobre el escenario histórico sino que interviene en él, ponderando y opinando con el arrojo de un convencido de asistir a un cambio social de primera magnitud. Habrá que esperar a Flaubert y su Educación sentimental para que lo histórico y lo personal se suelden en un todo, pero el esfuerzo de Hugo es de gigante. El tercer punto es la figura de Jean Valjean, que no es sino la del mártir en favor del prójimo, un trasunto de la figura de Jesús traído a la Francia posrevolucionaria hasta la Comuna de París. Y, cuarto, todo ello queda inscrito en una minuciosa descripción del escenario humano y social dentro de una lucha entre la inocencia y la malicia que tiene el empaque de la tragedia, pero que se desarrolla en el terreno del melodrama, un melodrama desde cuya altura se puede observar la insignificancia de los melodramas actuales, miserables culebrones.



La fe hacia el costurón que la Revolución Francesa abrió en la historia sigue transmitiendo el entusiasmo de antaño

La fe de Hugo hacia el costurón que la Revolución Francesa abrió en la historia del mundo sigue transmitiendo hoy el entusiasmo de antaño y sus personajes, bajo su apariencia de inmediatez, transmiten a su vez una complejidad cuyo misterio nace, precisamente, de la calidad expresiva de la escritura de Hugo.

Un asunto tenebroso es señalada por su prologuista como la primera novela policiaca de la historia. Yo sigo creyendo que el creador del género es Poe y que la primera es La piedra lunar, de Wilkie Collins. Pero Carlos Pujol también tiene su parte de razón aunque él mismo señale que es más novela que policiaca, lo que quiere decir que no es en la resolución de la intriga policial donde Balzac pone el acento. El libro relata un episodio ocurrido durante el paso de Napoleón de primer cónsul a emperador, y esto es lo verdaderamente importante porque donde Balzac ancla a sus personajes es en una novela política centrada en el enfrentamiento entre realistas y bonapartistas. De hecho, la mayoría de los personajes no tiene la enjundia de otros suyos que conocemos bien, pero el conjunto -dejando aparte un exceso de celo a la hora de relacionar a unos con otros, lo que carga el libro de información poco narrativa- ofrece un cuadro novelesco excelente.
Pujol, con su habitual perspicacia, atribuye a los tres verdaderamente importantes (Michu, Laurence, Corentin) la representación de los valores literarios en los que se cuece la novela: la fidelidad abnegada, el orgullo indómito y el poder en la sombra. Aquí sí que es donde Balzac se muestra con toda eficiencia y hace de la intriga de un caso real una pieza eminentemente narrativa.

Alejandro Dumas escribe la crónica -y utilizo esta palabra deliberadamente contra la palabra novela- de otro caso real: el juicio y condena de Marie Capelle, hija bastarda de rey, por el envenenamiento de su marido, M. Lafarge. Dumas conoció a Marie y, aunque no resuelve un caso que, como tal, poseía la intriga suficiente y los suficientes puntos débiles como para quedar envuelto en la duda tras la condena, es evidente que escribe a favor de Marie; no tanto por perseguir su posible inocencia cuanto por explicar los motivos que pudieron hacer de ella una asesina. En realidad, Dumas toma la posición de quien considera que todo reo, culpable de lo que sea, no deja de ser también una víctima; es decir: que todo reo procede de una serie de circunstancias que tienen mucho que ver con que haya llegado a consumar su delito. La crónica, pues, se convierte en la novelización de la vida de Marie Capelle, a la que Dumas sentó sobre sus rodillas cuando era una niña. Lo que cabe reprocharle es que se haya apoyado tanto en las memorias de la propia Marie. Dumas tuvo fama de utilizar negros, cosa creíble dada su voluminosa producción; pues bien, en este caso, el negro es la propia y desdichada Marie. Lo que sí que no pierde nunca el autor es su innata habilidad para atraer con una historia.
Los miserables. Victor Hugo. Traducción de Nemesio Fernández Cuesta. Planeta. Barcelona, 2008. 1.632 páginas. 45 euros. Un asunto tenebroso. Honoré de Balzac. Traducción de Pedro Darnell Gascou. Planeta. Barcelona, 2008. 272 páginas. 23 euros. El caso de la viuda Lafarge.Alejandro Dumas. Traducción de Juan Camargo. Emecé. Barcelona, 2008. 416 páginas. 22 euros.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de noviembre de 2008