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martes, 18 de febrero de 2025

Marion Cotillard frente al espejo en la Berlinale: "Me resulta bastante difícil vivir conmigo misma"


Marion Cotillard


Marion Cotillard frente al espejo en la Berlinale: "Me resulta bastante difícil vivir conmigo misma"

La actriz presenta en el festival 'La tour de glace', un historia  basada en un cuento de Hans Christian Andersen sobre la fascinación por la propia imagen deformada. 


Mariona Borrull
Publicada16 febrero 202517:07h
Actualizada16 febrero 202517:38h

Hoy Cotillard vuelve dos veces. Por un lado, es la primera vez que trabaja para Lucile Hadzihalilovic desde que hace veinte años firmaran juntas Inocencia, primera de cuatro películas de una cineasta ya indispensable para el fantástico mundial. Y después, porque es la primera vez que la actriz vuelve a Berlín desde que La vida en rosa, su biopic sobre Edith Piaf, tuvo aquí su estreno mundial en 2007.

domingo, 3 de marzo de 2019

Willem Dafoe / “Solo soy un color en manos de los pintores”


Willem Dafoe

Willem Dafoe: “Solo soy un color en manos de los pintores”

El actor estadounidense recibe el Oso de Honor del festival como reconocimiento a una carrera versátil con más de cien películas de todo tipo y nacionalidad

Gregorio Belinchón
20 de febrero de 2018

Nadie habla de Willem Dafoe (Appleton, Wisconsin, 1955) en la industria del cine. Ni los técnicos, ni los directores, ni los periodistas. Pocas personas resultan tan amables y educadas como Dafoe en el showbusiness, y por eso su Oso de Honor por su carrera en la Berlinale ha sido tan aplaudido. Por eso, y porque efectivamente ha acumulado en su mochila más de cien películas de todo tipo y nacionalidad, rodando en cualquier parte del mundo a la búsqueda de ese algo especial que dice le motiva a la hora de seleccionar proyectos. Tres veces candidato al Oscar, la última este año gracias a The Florida Project (y tampoco parece que lo vaya a ganar a pesar de la inmensa calidad de su trabajo), en Berlín el actor, en una rueda de prensa en la que se ha permitido varias bromas, ha desmitificado su proceso de elección de proyectos, para acabar definiendo con meticulosidad su profesión: "No tengo agenda, y por eso no me importan si lo que me ofrecen son personajes protagonistas o secundarios. Yo solo soy la criatura, el animal o el sentimiento que alguien necesita para filmar su visión. Solo soy un color que necesita un pintor".

viernes, 15 de febrero de 2019

Isabel Coixet, Netflix y el primer matrimonio homosexual en España




Isabel Coixet, Netflix y el primer matrimonio homosexual en España

La directora catalana presenta el drama amoroso en blanco y negro 'Elisa y Marcela', y se defiende de quienes piden la retirada de su filme de la Berlinale por producirlo una plataforma


GREGORIO BELINCHÓN
Enviado especial a Berlín 13 FEB 2019 - 17:17 COT

Hace de ello más de un siglo, pero la Iglesia nunca anuló el matrimonio, por lo que podría considerarse la única unión lésbica religiosa aprobada. El 8 de junio de 1901, dos maestras gallegas, Marcela Gracia Ibeas y Elisa Sánchez Loriga, se casaron en la parroquia de Dumbría (A Coruña). Marcela y Elisa se habían conocido cuando eran estudiantes, habían convivido como pareja, y para acallar rumores convirtieron a Elisa en su fallecido primo Mario, con lo que el cura de Dumbría pensó que contraían matrimonio un hombre y una mujer. Pero las habladurías continuaron en Couso, la aldea donde daban clase, y tuvieron que huir a Portugal. En Oporto fueron detenidas el 16 de agosto y con Marcela embarazada entraron en prisión. ¿Quién fue el padre de la niña que nació el 6 de enero de 1902? No se sabe, como tampoco se conoce mucho más de la vida de la pareja en Argentina, adonde huyeron ese mismo año sin el bebé.



Suena a material para una gran película. Lo mismo pensó Isabel Coixet hace ya más de diez años, cuando conoció la historia en un viaje a Galicia de boca de Narciso de Gabriel, estudioso del caso, y autor de Elisa y Marcela. Más allá de los hombres (Libros del Silencio), la guía de Coixet para este viaje. O como aseguraba ayer la cineasta en la rueda de prensa de Elisa y Marcela en la Berlinale: "Solo puedo decir que las historias me encuentran. Y que habitualmente me centro en mujeres fuertes porque es el tema que controlo".

viernes, 11 de enero de 2019

‘Elisa y Marcela’, de Isabel Coixet, competirá por el Oso de Oro en la Berlinale



La película ‘Elisa y Marcela’ de Isabel Coixet competirá por el Oso de Oro en la Berlinale

El filme de Netflix trata sobre el primer matrimonio de mujeres en la historia


Barcelona,11 de enero de 2019

La película de la cineasta catalana Isabel Coixet Elisa y Marcela participará en la Sección Oficial a Competición en el festival de cine de Berlín que se celebrará del 7 al 17 de febrero en la capital alemana, ha informado la plataforma Netflix en un comunicado este jueves.
Escrita y dirigida por la directora barcelonesa, la película se estrenará mundialmente en la Berlinale y después estará disponible en Netflix. Producida por Rodar y Rodar, Zenit TV, Lanube Películas y TV3 en asociación con Film Factory, trata sobre el primer matrimonio de mujeres en la historia, celebrado en Dumbría en 1901, de dos maestras gallegas que, tras ser descubiertas, ocuparon las portadas de diarios de todo el mundo.

"Ir a Berlín a competición con Elisa y Marcela significa mucho para mí: es la culminación de un trabajo de muchos años, la recompensa al esfuerzo y la perseverancia en empujar este proyecto y la oportunidad de que un público internacional conozca esta historia única en el mundo", ha destacado Coixet. La cineasta ha pronosticado que el público va a enamorarse de ambos personajes y de las dos "formidables actrices" que las encarnan: Natalia de Molina y Greta Fernández.

jueves, 22 de febrero de 2018

Joaquin Phoenix / “Aún me sorprende que mi trabajo conecte con la gente”


Joaquin Phoenix en el pase de gala de 'Don't Worry, He Won't Get Far on Foot'. 

Joaquin Phoenix: “Aún me sorprende que mi trabajo conecte con la gente”

El actor se convierte en el más serio aspirante al premio de interpretación por su labor en 'Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot'


Gregorio Belinchón
Berlín, 22 de febrero de 2018

El martes al mediodía, a mitad de la rueda de prensa de Don’t Worry, He Won’t Get Far on Foot, la película de Gus Van Sant que protagoniza y que le ha traído a la Berlinale, Joaquin Phoenix (San Juan, Puerto Rico, 1974) decidió sentarse de lado y no mirar a la prensa. Ayer por la mañana, al sentarse para charlar con cuatro periodistas europeos media hora, lo primero que hace es disculparse. “Me abruma, funciono mejor en las distancias cortas”, asegura y sonríe. La sonrisa se convierte en carcajada cuando alguien le habla de un posible premio que sumar al que obtuvo en el pasado Cannes con En realidad, nunca estuviste aquí. “Veremos”. Bromea hasta con su barba: “Esconde mi papada”.

Phoenix encarna a John Callahan, uno de los más irreverentes humoristas gráficos estadounidenses, que realizó toda su obra sujetando los rotuladores con dificultad. Vivió más de la mitad de su vida atado a una silla de ruedas, parapléjico por culpa de un accidente de tráfico provocado por su alcoholismo y el del conductor, lanzados ambos a una farra sin fin. Rehabilitado, Callahan se convirtió en un héroe local en Portland, por donde paseaba a la máxima velocidad que le permitía el motor de su silla. “Fue muy frustrante caerme de la silla yendo ni siquiera la mitad de rápido que él”, recuerda Phoenix. “Cuando me llamó Gus, comentando este proyecto que había capitaneado Robin Williams, yo solo pensé en repetir con Gus”, con quien hizo su primer personaje de adulto en la pantalla con Todo por un sueño, hace 23 años. “Estábamos buscando un proyecto en común; el guion era fantástico, bebía de las mismas palabras del libro de John, me emocionó y dije que sí”, recuerda. “Yo no he cambiado mucho. Sigo igual de inseguro, para regodeo de mis amigos, y aún me sorprende que mi trabajo conecte con la gente”.

Phoenix disfrutó mucho descubriendo el humor absolutamente incorrecto de Callahan, que falleció en 2010. “Siento que era su objetivo en la vida, la broma irreverente. Vi muchas horas de grabaciones suyas, fui al mismo rancho donde aprendió a controlar su cuerpo tras el accidente”, asegura. “Construyes pero también resucitas”.




El actor asegura que a él solo le interesa “trabajar en el cine”, porque disfruta “del proceso”, y eso hace que la vida le llevara de encarnar a Jesucristo en María Magdalena a interpretar a Callahan una semana más tarde. “Todos tienen sus problemas. Seguro que Jesús también sufría sus propios conflictos. Al final, en cada película, cada vez que leo un guion, llevo a la misma conclusión para encarar el reto: el personaje es solo un hombre, y debo averiguar qué siente en ese momento”.
¿Rebusca en su interior ecos del personaje cuando lo construye? Phoenix, alcohólico rehabilitado como Callahan, arranca rápido: “Probablemente siempre lo haga”. Y a continuación alaba el coraje del viñetista al encarar sus problemas y sus reuniones terapéuticas, desviando la atención de su propia vida. “Cuando escojo un proyecto, espero que encaje la calidad del guion, del personaje y del director. A veces descubres que la experiencia es una mierda —no digo el filme, sino el proceso—, porque nunca sabes qué va a pasar”. Respira: “A mí lo que me chirría son los tiempos muertos entre películas, porque en un rodaje tengo el día a día muy programado. Acabas y de repente una mañana te levantas y te planteas: ‘Hoy, ¿qué hago?'. Ahora mismo me pasa eso”.
Durante mucho tiempo, su mejor amigo fue el actor y director Casey Affleck, hoy su excuñado y alguien marcado por varias acusaciones de abusos sexuales. Así que Phoenix medita su opinión sobre el movimiento #MeToo. “Hace unos días charlaba con mi madre, que vivió la lucha por los movimientos civiles en los setenta, y le encontraba cierto paralelismo. Es una revolución excelente para nuestra cultura, debemos prestar más atención a nuestros comportamientos, y estoy seguro de que dentro de veinte años celebraremos haber estado ahí y haber formado parte de #MeToo”.


DE OTROS MUNDOS



miércoles, 15 de febrero de 2017

“Me llamo Chavela Vargas. No lo olviden”

Chavela Vargas

“Me llamo Chavela Vargas. No lo olviden”


Un documental muestra la vida tan salvaje como creadora de la cantante mexicana, una artista que luchó por defender su libertad y su opción sexual


GREGORIO BELINCHÓN
Enviado especial a Berlín 11 FEB 2017 - 07:34 COT


Chavela Vargas tuvo muchas vidas. Todas desaforadas, todas llenas de ansias por su libertad. Algunas más dichosas, unas con más amor, otras con más alcohol. Y en cada una de ellas luchó por no traicionarse, por ser quien quería ser. Catherine Gund y Daresha Kyi han condensado todas las Vargas posibles en Chavela, que ayer se estrenó en Berlín en la sección Panorama, y que en 90 minutos condensa con éxito una existencia de 93 años.

martes, 13 de diciembre de 2016

Ken Loach / El consumismo sólo genera destrucción

Ken Loach

Ken Loach

"El consumismo 

sólo genera destrucción"


DANIELA CREAMER
Berlín 20 FEB 1994

Ken Loach, a sus 58 años, no ha perdido ni la fuerza de su rabia ni su mirada lúcida hacia los desfavorecidos de la sociedad inglesa. Su cine polémico de radicalismo de izquierda y su lucha contra el sistema posthatcheriano han hecho de Loach el director político social más importante de Europa. Su última película, Ladybird Ladybird, título inspirado en una poesía infantil británica, narra otro episodio real de su país. Es la historia de una mujer que combate por la tutela de sus cuatro hijos, fruto de otras tantas relaciones. La burocracia inglesa no le permite recuperarlos."El aspecto más importante de esta obra es el desarrollo emocional de sus protagonistas, a través de vivencias trágicas: la violencia y la crueldad con que el servicio social le arrebata a sus pequeños. Yo no estoy contra dichas autoridades, pero sí contra la destrucción personal que provoca esta gran injusticia", explica Loach.

jueves, 5 de noviembre de 2015

David Trueba / La Rampling

Charlotte Rampling


BERLINALE 2019

David Trueba

La Rampling 

Hay un tópico que asegura que las actrices mayores de 40 años se quedan sin papeles. Y es cierto, pero sería injusto no añadirle un detalle innegable. Es a partir de esa edad cuando reciben sus mejores papeles. Lo cual no es poco. Sin servir de referencia, el Oscar a la Mejor Actriz ha premiado en la última década a profesionales como Julian Moore (53), Cate Blanchett (44), Meryl Streep (62), Sandra Bullock (46) o Helen Mirren (61), entre paréntesis la edad que tenían al recibirlo. Lo cual viene a confirmar que además de la irrupción del esplendor juvenil, los jurados también afinan para compensar la madurez bien llevada a la pantalla. Está sucediendo este año con Charlotte Rampling, que ha recibido los premios de Berlín y Valladolid por su papel en una delicada e inteligente película, 45 años, donde interpreta a una mujer que se enfrenta con sutileza a los celos retrospectivos, la incomunicación y el vaciado de la pareja.


Si uno repasa la carrera de Charlotte Rampling, encontrará varias evidencias. La primera es que no recibió ningún galardón de importancia durante varias décadas, reafirmando ese otro tópico, menos reconocido, por el que se suele castigar la belleza con un terco juicio de negación del talento. Ha sido el poso de los años, y el talento para dejar que se posen sobre una, lo que le ha acabado por acercar los mejores papeles de su carrera. Después de la peripecia de actriz europea, saltando entre coproducciones más o menos solventes, con su aire de extranjera en todas partes, y con la caduca morbosidad de El portero de noche siempre a la espalda, parece haber llegado la hora de los reconocimientos.

Dirigida por Andrew Haigh y basada en un cuento de David Constantine, poeta y autor de relatos nada introducido en España, 45 años recorre emociones similares desde la orilla opuesta a Los muertos de James Joyce, que llevaron al cine los Huston. En este caso el amor del pasado no es evocado, sino que se alza como una sombra que enturbia el aniversario de una pareja modélica. Charlotte Rampling es la protagonista absoluta al lado de un Tom Courtenay, cuyos papeles más relevantes se remontan a los años sesenta del siglo pasado. Es un oficio, pues, el de actor, para personas con paciencia y sentido de la espera. Como dijo Antonio Gamero, en ese trabajo solo hay dos posibilidades: morirte de hambre o morirte de sueño, entendido como el olvido y la fama sin términos medios. Pero como logra Rampling con su premiado personaje, todo vale la pena si un día logras resumir la vida en un solo gesto.

martes, 25 de febrero de 2014

Gregorio Belinchón / El silencio irónico de Lars von Trier

Lars von Trier

El silencio irónico de Lars von Trier

El danés muestra en su visita a Berlín una camiseta en la que se burla del festival de Cannes



JOERG CARSTENSEN (EFE)
La mañana del domingo en la Berlinale suele un momento de emociones fuertes. Y en esta 64ª edición dos acontecimientos muy potentes compartían horario. Por un lado, en el palacio de la Filarmónica, el hogar de esta orquesta berlinesa, se proyectaba la versión restaurada de El gabinete del doctor Caligari (1920), 75 gloriosos minutos de cine obra de Robert Wiene, uno de los primeros thrillers psicológicos de la historia y toda una lección de fotografía. Para la ocasión el músico John Zorn ha compuesto una nueva banda sonora, que él mismo ha interpretado con la orquesta Filarmónica de Berlín: de ahí el lugar elegido para la proyección.
Y a la misma hora se presentaba la versión extendida de Nymphomaniac Vol 1, de Lars von Trier, con 30 minutos más –en realidad, sencillamente las secuencias se alargan un poco más y los personajes se explican algo mejor- que la versión estrenada comercialmente. En la sesión de fotos –que no en la posterior rueda de prensa- estaba anunciada la presencia del danés: y sí, estaba. Llevaba una chaqueta que abrió para descubrir debajo su camiseta negra, en la que en dorado, y debajo de la Palma de Oro, el logotipo del festival de Cannes, el lema “Persona non grata”. El danés jamás deja escapar una ocasión para la publicidad y la ironía. Desde su metedura de pata en la rueda de prensa de presentación en la presentación en el certamen francés de Melancolía, su posterior expulsión y su silencio autoimpuestos seis meses más tarde, cada gesto de Von Trier es analizado con sumo cuidado.
En la rueda de prensa posterior a la proyección estaban presentes todos los actores, a excepción de Charlotte Gainsbourg: desde Stellan Skarsgård a Stacy Martin, pasando por Christian Slater, Uma Thurman –bellísima y muy expresiva- y Shia LaBeouf. Este último, que lleva un par de meses en un remolino de acusaciones de copia de un cortometraje, de también copiar su posterior disculpa y de sumirse en un extraño agujero de “no sé lo que hago, me retiro, en realidad es todo una pantomima porque estoy haciendo arte”, aprovechó la primera pregunta que le hicieron, sobre el sexo explícito del filme, en el que los protagonistas han sido doblados por actores porno, para afirmar: “Cuando las gaviotas vuelan sobre una lancha es porque piensan que caerán sardinas en el mar”. Se levantó y se fue. Por cierto, la cita tampoco es suya, sino del futbolista francés Eric Cantona. Las ruedas de prensa del mundo Von Trier son siempre enormes. El resto de su reparto apenas pudo llegar al nivel de LaBeouf hablando de lo sensible que el cineasta danés. Con espectáculos así, el estreno del debutante argentino Benjamin Naishat con Historia del miedo, a camino entreCanino y Gente en sitios, ha quedado completamente eclipsado.



sábado, 8 de febrero de 2014

The monuments men / Georg Clooney se ahoga en su propio carisma







George Clooney se ahoga 


en su propio carisma


  • 'The monuments men', la película más esperada de la Berlinale, aburre tanto que hasta humaniza en su desastre al siempre intocable George Clooney.


George Clooney bromea con Bill Murray este sábado, durante la...
George Clooney bromea con Bill Murray este sábado, durante la presentación del filme en Berlín. AFP



Parece uno, pero son tres. Clooney director, Clooney actor y Clooney espíritu santo. No en balde, y ya desde Platón, el tres es el número perfecto; el que resume las tres cualidades del hombre: material (es rico), espiritual (es el mejor mito maduro de nuestro tiempo) e intelectual (encima es listo). Pues bien, todo ello es el hombre que mejor sonríe del planeta. De hecho, Clooney antes que cualquier otra cosa, es fundamentalmente una manera de enseñar los dientes.
Llegó a Berlín y, en efecto, se abrieron los cielos. No es metáfora. Hacía hasta sol. Y en pase de prensa hubo un desmayo. Y tal como sonó la caída tampoco es metáfora. Tan resplandeciente es este hombre que la concurrencia tardó en darse cuenta de que la película que presentaba, 'The monuments men', roza el simple desastre. La verdad es que el ser mezquino que algunos llevamos dentro (y no mire para otro lado) respiró tras comprobar que no todo le sale bien a este hombre. De vez en cuando, la envidia da estas alegrías.
Y todo pese a que el punto de partida (cualquiera de ellos) no puede ser más prometedor. De entrada, la historia que cuenta posee el brillo de esas heroicidades anónimas que tanto alivian del sinsentido de todo esto. En plena Segunda Guerra Mundial, un grupo de hombres arriesgaron sus vidas para que 'La adoración del cordero místico', deJan Van Eyck, o 'La madonna de Brujas', de Miguel Ángel, no fueran destruidas por la estupidez y la furia del nazismo agonizante.
Fue sin duda el mayor tesoro rescatado en la historia, según reza el subtitulo del libro de Robert M. Edsel en el que se basa la película, y, de paso, constituyó el último amago de sensatez; el último esfuerzo de dignidad que conoció el mayor desastre en la historia del hombre.
Cuenta Clooney que es difícil encontrar enfoques nuevos a un género (el bélico) y una guerra que ha conocido de todo. Y tiene razón. Añade que lo que se trataba de salvar no era unas obras de arte, "sino la posibilidad de un futuro digno". Y claro, no queda otra que darle la razón puestos en pie. Recuérdese, estamos en Berlín, capital del Tercer Reich.
Cuenta más cosas, claro. Que que no quería hacer una película irónica. "Aunque fuera una vez", dice y se ríe. Toda la rueda de prensa, de hecho, se fue en chascarrillos, preguntas fuera de lugar y silbidos. Hasta canturreo entera la música de la película. Pregunta: ¿Qué le parecen la cerveza y las bellas mujeres belgas? Respuesta de Clooney: "Está seguro que ése es el orden correcto?". Y así. Puro carisma.
Sea como sea, encantos y sonrisas a un lado, la estrategia de la película consiste en reunir un 'casting' irresistible de maduros irresistibles (junto al propio Clooney, Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin y, de premio, Cate Blanchett) y componer un divertimento de aire trágico a medio camino entre 'Doce del patíbulo' y 'Ocean's Twelve'.
Si tenemos en cuenta, además, que de las manos del Clooney-director han salido películas tan notables como 'Confesiones de una mente peligrosa', 'Buenas noches, y buena suerte' o 'Los idus de marzo' (de 'Ella es el partido' nos olvidamos), nadie podía imaginar que todo podría resultar tan triste, tan aburrido, tan obvio.
El problema básico es el exceso de reverencia mostrado en todo momento hacia lo que se trae entre manos. Impresionado quizá por el tamaño de la historia y de los propios personajes que la llevaron a cabo, Clooney se limita, de la mano de un guión protocolario y sin alma, a levantar acta de lo ocurrido. Hay documentales de Canal Historia con más nervio.
Todo discurre entre escenas mal ligadas y más pendientes de contar con detalle lo que ocurrió que de colarse en el alma del relato; de entrar en las entrañas mismas del horror y la gloria que supuso uno de los episodios que mejor describe lo que sucedió exactamente. ElHolocausto es esto.
¿Vale un cuadro la vida de un hombre? Se pregunta con insistencia la película por aquello de dar profundidad melodramática a lo que vemos. Y ahí está el error. La pregunta es al contrario: ¿Vale la pena la vida del hombre sin las pruebas de lo que le hace hombre? Cualquier dictadura sabe la respuesta. Salvar una sola de las obras de arte recuperadas significaba vencer. Y no había opción. Ya se sabe, la forma más rápida de quemar vidas es empezar por objetos como los libros, los cuadros...
El error es la credibilidad. No basta con repetir que la cultura hace al hombre con la insistencia de un ministro del ramo en fuga. No, hay que creérselo. Y es eso lo que le falta a la propuesta de Clooney:credibilidad. Como si sucumbiera víctima de su propio carisma; incapaz esta vez de ir más allá de la sonrisa fotogénica. Es dramático, y hasta doloroso, la poca implicación emocional que siente el espectador con cada una de las muertes. Deberían doler, pero de otra manera. No sé si me explico.
Sea como sea, queda Clooney; un tipo que, en realidad, son tres, como tres son los dioses que gobiernan el mundo: Júpiter, Néptuno y Plutón. O, mejor, dinero, fama y buenos amigos en política. Sonríe y se apagan las luces. Esta vez, sin embargo, no. Se siente. Cómo es la envidia, Dios.