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viernes, 18 de marzo de 2022

Liudmila Ulítskaya / "Sólo la familia es capaz de defender a la persona del Estado"

 

Liudmila Ulítskaya


LIUDMILA ULÍTSKAYA 

"Sólo la familia es capaz de defender a la persona del Estado"



Cecilia Dreymüller
29 de diciembre de 2009

Desde hace diez años Liudmila Ulítskaya (1943) es una de las escritoras rusas más relevantes en el panorama internacional. Fue a partir del Premio Médicis en Francia por su novela Sóniechka. Ulítskaya es una bióloga de formación que vive en Moscú y ha escrito una veintena de obras, entre narrativa, cuentos infantiles y obras de teatro estrenadas incluso en Alemania. La novela que acaba de aparecer en España, Sinceramente suyo, Shúrik, recibió en su país el Premio a la Mejor novela del año 2004.

sábado, 25 de enero de 2020

La ladrona de fruta / El nuevo libro de Peter Handke / Una gran experiencia lectora






Peter Handke
El escritor Peter Handke, en el Instituto Goethe de Madrid en 2017. BERNARDO PÉREZ

LA LADRONA DE FRUTA

El nuevo libro de Handke: una gran experiencia lectora

'La ladrona de fruta' seduce por su riqueza verbal y conmueve por su profundo conocimiento humano



Cecilia Dreymüller
9 de diciembre de 2019

El arte de la narración hace tiempo ya que se ha quedado estancado en las más tediosas convenciones del género, en la linealidad y la mínima exigencia estética. La mayoría de relatos y novelas contemporáneos ablandan el cerebro, pues son formalmente poco elaborados y aburren con personajes chatos en situaciones previsibles. Ni exigen concentración ni incitan a la reflexión, y la sorpresa argumentativa o el cosquilleo estético brillan por su ausencia. Se reducen a meros productos consumibles, fomentados por la industria librera que, al arrinconar todo lo demás, quiere hacernos creer que la literatura sea esto.

viernes, 23 de marzo de 2018

Imre Kertész / La cifra de Auschwitz



Imre Kertész
BIOGRAFÍA

La cifra de Auschwitz




CECILIA DREYMÜLLER
31 MAR 2007

"Cuando escribimos sobre Auschwitz, hemos de tener en cuenta que, al menos en cierto sentido, Auschwitz ha dejado la literatura en suspenso". Imre Kertész constantemente plantea paradojas de este calado y los libros presentes se sitúan en los polos opuestos de la respuesta del escritor húngaro a ese dilema aparentemente irresoluble. En Un relato policíaco se manifiesta el fabulador, el profesional de la mano ligera, mientras La lengua exiliada pertenece a un pensador implicado y de expresión concisa. Cuando Kertész escribió, en 1976, Un relato policiaco, aún no había precisado la fórmula que pronunciaría en su discurso del Premio Nobel de 2002: "De Auschwitz sólo se puede escribir una novela negra". Tras el título irónico se esconde una áspera parábola política, condicionada por la anemia de los personajes y la trivialidad de los diálogos. Sin embargo, dentro de su corte esquemático, la historia del torturador arrepentido de un imaginario país suramericano, depara una introspección lúcida de la mente del verdugo convertido en víctima. La cínica lógica del poder acaba por enmarañar y destruir al policía igual que al niñato idealista y al oligarca intocable; donde no existe derecho rige "la fatalidad", un mecanismo que Kertész ha explorado a fondo en sus novelas. Como ensayista, Kertész es conocido del lector español por los ensayos de Un instante de silencio en el paredón (publicado por Herder en 1999), donde asombraba tanto por el vigor de su análisis como por la argumentación diáfana y la concreción de su pensamiento. Pero si aquellos artículos y conferencias se centraban en el análisis escrupuloso de los procesos psicológicos y sociales que condujeron a los cambios paradigmáticos del siglo XX, la experiencia de Auschwitz y del totalitarismo, La lengua exiliada pone el acento más sobre cuestiones literarias e identitarias. En unos apuntes de viajes entre Viena y Budapest confronta con ironía el apocamiento del ciudadano del este de Europa con la prepotencia del capitalismo ("quien es humillado en su país también es humillado en el extranjero"); en Jerusalén, Jerusalén el judío contra su voluntad descubre emocionado conceptos hasta entonces inaccesibles para él: "Nación, patria, hogar", un lujo puntual que se permite una mente esencialmente escéptica, incapaz de disimular el creciente extrañamiento con su país y el "racismo democrático".



LA LENGUA EXILIADA

IMRE KERTÉSZ
TRADUCCIÓN DE ADAN KOVASCICS
TAURUS. MADRID, 2007
168 PÁGINAS.
20 EUROS

UN RELATO POLICIACO

IMRE KERTÉSZ
TRADUCCIÓN DE ADAN KOVASCICS
ACANTILADO. BARCELONA, 2007
104 PÁGINAS. 12 EUROS

Con una refrescante amplitud de registros, los artículos y discursos surgidos a partir de 1989 trazan una línea de pensamiento directa desde la experiencia del campo de concentración a la realidad política de hoy y esto resulta incómodo. "Odio y mentira: probablemente éstos han sido los dos componentes más importantes de la educación política que recibió el hombre del siglo XX". Verdades como ésta, perteneciente a La libertad de autodeterminación, tan escuetas como evidentes, colocan las vergonzosas prácticas políticas actuales en un contexto universal: con Auschwitz se ha roto el consenso cultural humanista y sus consecuencias corruptoras nos alcanzan aquí y ahora.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de marzo de 2007







Imre Kertész / “En la dictadura, la literatura te devuelve a tu propia existencia”

Imre Kertész
Ilustración de Loredano


Imre Kertész: “En la dictadura, la literatura te devuelve a tu propia existencia”

BIOGRAFÍA
CECILIA DREYMÜLLER
31 MAR 2007
Desde Berlín, donde reside y siente la libertad, el Nobel húngaro evoca la vida bajo una dictadura y reflexiona sobre lo que significa crear bajo su dominio. El escritor, sobreviviente del Holocausto, que publica un libro de ensayos y recupera una de sus primeras narraciones, repasa la historia de su país en el siglo XX y habla de lo que significa tomarse en serio la escritura.




Kertész recibe en el lujoso café -"es mi oficina"- del hotel Kempinski de Berlín, ciudad donde mantenía un piso de trabajo y a la que acaba de trasladarse. La suavidad de su voz concuerda con la finura de sus modales y la delicadeza de su expresión en un alemán culto y algo quebrado. Aunque atiende con amabilidad, se diría que se ha propuesto atajar definitivamente las servidumbres periodísticas, ya que acaba de publicar en Dossier K. Una investigación (que saldrá en otoño en Acantilado) una irreverente y muy sagaz "autoentrevista", donde un Kertész socarrón interroga a un Kertész remiso sobre su obra y su vida. La vida de un hombre (Budapest, 1929) que a los 15 años fue internado en Auschwitz y después trasladado a Buchenwald. El autor húngaro publica en España el libro de ensayos La lengua exiliada y Un relato policiaco.
PREGUNTA. Un relato policiaco nace, en 1976, como una especie de relleno, para la publicación de otra novela.
RESPUESTA. Así es. El editor era un gran conocedor de la literatura universal. Tiene que haber un mínimo de diez octavillas, dijo. Para completar el volumen de mi novela El rastreador necesitaba otro texto de una determinada extensión. Yo, entonces, desde hacía mucho tiempo, rumiaba la idea de Un relato policiaco y, de repente, se presentó esta emergencia. Lo tuve que escribir con extrema celeridad, porque en el llamado socialismo un libro tardaba dos años en ser publicado, y si uno se quedaba fuera del plan, había que esperar cuatro años. De modo que me instalé con mi proyecto en una casa de escritores, y en dos semanas lo terminé; así aparecieron los dos textos juntos.
P. Lo que no se explica es cómo semejante historia pudo pasar la censura.



"Todo es ficción, el ser humano es ficción. Si contemplo mi vida, veo que me hago escritor cuando nada indicaba que lo fuera"

R. Mire, en Hungría, en aquella época -estamos hablando de 1977- teníamos lo que se llamaba el "comunismo gulash", una versión blanda del comunismo anterior y, de hecho, la censura no era la misma. Cada redactor jefe o director de una editorial era responsable de su propia empresa. Una censura central, tal como la había en Polonia o en la antigua Checoslovaquia, no existía en Hungría. Se trataba de una historia seudo-suramericana. Todo era ficción; no había un Estado suramericano así. De modo que el editor lo podía leer como algo completamente inocuo, incluso dijo: ¡pero si es como aquí! (risas). Y así fue como se publicó. No llamó mucho la atención, como todos mis libros, y después desapareció.
P. En su ensayo de 1990, Budapest, Viena, Budapest, llama a la literatura "el único sentido de la vida". ¿Opina hoy igual que entonces sobre la importancia de la literatura?
R. Mi actitud no ha cambiado, pero me he dado cuenta de que la literatura ahora no posee, ni por asomo, la importancia que tenía entonces en Hungría. Pero eso me da igual. Aunque la literatura resulte superflua, para mí es esencial. Esto es todo; no quiero y no puedo valorar de forma objetiva si vale lo que escribo. Simplemente escribo porque me apetece.
P. Me refería a que en una dictadura la literatura constituye un canal para el desarrollo de una actividad mental.
R. Ah, sí, desde luego. En la dictadura la literatura adquiere una relevancia existencial, al menos cuando uno se toma en serio la escritura. La literatura te devuelve a tu propia existencia, ya que ocuparse cada día con uno mismo sirve para aclararse la vida. Es triste, pero imprescindible.
P. En Ensayo de Hamburgo afirma ser un escritor que saca su inspiración exclusivamente de lo negativo. ¿Cómo logra inspirarse en la actualidad?
R. (Risas) Bueno, hoy escribo más desde lo positivo. Mi último libro, Dossier K.,probablemente sea mucho más alegre que mis otras obras. Es algo que he disfrutado mucho. Pero en aquel entonces -hay que trasladarse mentalmente a los años setenta, ochenta- no había ninguna esperanza de que se produjera un cambio. No era previsible que esta superpotencia, ese mamut, ese elefante, se derrumbase algún día. Fue un milagro.



"Me tomo las cosas alejándome de la realidad; no siempre puedo diferenciar los distintos niveles y menos cuando escribo. Me sorprendo a mí mismo con algunas frases"

P. ¿Cree que "el intelectual superfluo" del que habla en su ensayo del mismo título ha desaparecido?
R. No, creo que sigue estando allí. En Hungría, por descontado. Y, desgraciadamente, desempeña un papel importante en la sociedad y en la política. Hungría está pasando por una crisis y en esta crisis se dan muchos problemas artificiales de rasgos superfluos que simplemente no pertenecen a la época actual: nacionalismo, antisemitismo, derecha e izquierda, no son conceptos que ayudan a un país a vivir. Pintan problemas de hace cien años, se lo aseguro, ya que el pasado histórico no asumido de Hungría empieza con la Primera Guerra Mundial. Al final de aquella guerra, Hungría pierde dos tercios de su territorio y el resentimiento que surge entonces sigue vigente hoy. Después, la época de entreguerras, el papel de Hungría en la Segunda Guerra Mundial, la alineación del comunismo después de 1956, nada de esto será asumido. Son cuestiones muy difíciles que representan una pesada carga para una sociedad; además, fueron hábilmente eludidos. No sé cómo ha sido en España; al principio, después de la dictadura de Franco, parecía más difícil, pero hoy no se percibe ninguna dificultad.
P. ¿En qué dirección se mueven las nuevas generaciones de intelectuales húngaros?
R. No lo sé muy bien, no tengo demasiado contacto con mi país para pronunciarme con certeza, pero hay mucha extrema derecha. Un joven, que me encontré casualmente en el avión, me contó que estudia en la Universidad de Budapest y le llamaba la atención, al conocer otras universidades en Occidente, que en todas los jóvenes son de izquierdas, mientras que en Budapest la mayoría tiende a la derecha. Y esto es fruto del resentimiento, la incapacidad de superar el pasado. Es como una enfermedad que brota una y otra vez, igual que en Yugoslavia y Polonia. Es una señal muy significativa de que Europa todavía está lejos de estar unida; existen, como mínimo, dos Europas.
P. En su obra reelabora siempre experiencias vividas. ¿Por qué se opone al término "ficción autobiográfica"?
R. Porque todo es ficción, el ser humano es una ficción. Si contemplo mi vida, veo que me hago escritor cuando nada indicaba que lo fuera. No contaba con nada, no conocía nada, no tenía un proyecto, y los que emprendía eran completamente irreales, imposible vivir de ellos o verlos publicados en una sociedad como la de la Hungría comunista. Pero me atenía a esta ficción que me había inventado y llevaba una doble vida: una vida secreta, grandiosa y una vida muy estrecha en la superficie. Me decía entonces que vivía como un escritor inglés: me levanto, reflexiono, escribo algo; lo único que no hago es jugar al golf y al tenis y no conduzco un coche. Me atenía firmemente a esta ficción y así me convertí en una ficción. Lo que me permite escribir de mí mismo como de un extraño, como en Dossier K.: es un diálogo, aparentemente es un diálogo entre yo y mí mismo, pero poco a poco aparece una tercera persona que observa discutiendo a estos dos, controlando que, como en una partida de pimpón, intercambiamos correctamente la pelota. Un juego curioso.
P. La ficción está estrechamente relacionada con un tema muy recurrente en su obra: el concepto de la realidad, la realidad construida interiormente y la realidad en un sistema totalitario.
R. Yo creo que siempre vivía en la irrealidad, siempre fui una invención, hasta que me empezaron a doler las muelas. El dolor de muelas me hizo comprender que existía (risas) e iba al dentista. Pero, aparte de esto, me tomo las cosas alejándome de la realidad; no siempre puedo diferenciar los distintos niveles y menos cuando escribo. Me sorprendo a mí mismo con algunas frases. Cuando estuve trabajando en Yo, el otro, una frase fue muy importante para mí: "La libertad no se puede experimentar en el mismo lugar donde uno ha sido esclavo". Esto, simplemente, lo había escrito así, como una frase clara con un ritmo, y diez años más tarde se había convertido en una profecía. Fue mi verdad existencial: tenía que marcharme de allí.
P. ¿Es ésa la razón por la que vive ahora en Berlín?
R. Sí, así es. Durante cuarenta años yo no he tenido pasaporte. Ni siquiera podía viajar a un país vecino. Yo soy un hombre de la gran ciudad, me siento a gusto en un entorno extraño, me encanta estar rodeado de una lengua extranjera. Y vivía atado a mi tierra como un hombre de la Edad Media. Ésta es una de las razones por las que vivo aquí, aunque también me siento a gusto en Berlín. Es una ciudad interesante, liberal, abierta, donde vivo con más libertad y, sobre todo, no tan cargado de problemas que no me importan. No tengo que repetir como un loro mi fidelidad a Hungría o que soy escritor; ya no me tengo que ocupar de los problemas de mi país.
P. En su discurso del Premio Nobel señala que tal vez el lenguaje ya no sirva para "representar los procesos reales, los conceptos que en otros tiempos eran inequívocos". ¿Qué puede ofrecer el lenguaje al escritor del siglo XXI?
R. Ésa es la cuestión en la que hay que ahondar. En todos mis libros el lenguaje es diferente. Eso se manifiesta de forma muy marcada en Sin destino. La cuestión era ¿se puede crear un "lenguaje atonal"? Empleo este término musical para caracterizar un lenguaje que no posee tónica, no tiene tonalidad de do mayor o de si bemol menor, lo cual significa que no existe un consenso entre los seres humanos, que no hay una cultura válida; en otras palabras, los términos han cambiado por completo. Crear un lenguaje atonal suponía para mí desentenderme del todo de los significados originales de las palabras; todas las palabras han adquirido un contenido nuevo en la situación en la que tiene lugar mi historia. Este "lenguaje atonal" implicaba en Sin destino que la novela no debe narrar, una técnica en la que siempre hay un presente, pero nunca una narración. La manera en que se vive el presente, mediante momentos discontinuos, muestra el desgarramiento, lo inconcebible, el falso orden del mundo. Es una técnica que hay que variar en cada libro.
P. Su "lenguaje atonal" recuerda mucho el lenguaje de Kafka.
R. Kafka se publicó muy tarde en Hungría. El primer libro de relatos de Kafka lo pude leer alrededor de 1964. Tenía un diario de Kafka que pude comprar en Budapest en alemán, pero mi alemán entonces no era lo suficientemente bueno para leerlo sin dificultades. En realidad, Kafka no ha tenido tanta influencia en mí, lo cual fue una suerte para mí. No sé si hubiera podido escribir mi obra bajo la influencia de una cabeza tan excepcional y, sobre todo, un talento literario tan extraordinario. Su forma de representar pequeñas cosas, cómo describe a un hombre, es fantástico. En cambio, un libro que sí quería urgentemente leer, cuando trabajaba en Sin destino, del que me enteré por los periódicos húngaros que hablaban del proceso de Eichmann en Israel, porque trataba del mismo tema que me ocupaba a mí, la banalidad del mal, fue Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt. Tampoco lo conseguí.
P. ¿Quiénes fueron sus maestros literarios cuando decidió ser escritor?
R. Sobre todo, Thomas Mann y Camus, dos puntos estelares completamente distintos; ellos fueron mis pilares. A Thomas Mann, gracias a Dios, lo leí relativamente pronto; en 1954 se publicó un libro de relatos con La muerte en Venecia, etcétera, y me hizo un gran efecto. Esa monotonía literaria del estalinismo, esas novelas soviéticas con su mala literatura: encontrarme, de repente, con un texto existencial fue grandioso. Después de 1956 leí El extranjero,de Camus. Eso lo he descrito en Dossier K.: ambos escritores acabaron conmigo, pero cuando resucité me sentía feliz de haberlos conocido.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de marzo de 2007


lunes, 25 de septiembre de 2017

Morir en primavera, de Ralf Rothmann / La verdad detrás del vacío

Ralph Rothmann

La verdad detrás del vacío

'Morir en primavera', de Ralf Rothmann, es la mejor novela en años sobre el final de la Segunda Guerra Mundial y un hermoso relato antibélico de validez universal


CECILIA DREYMÜLLER
21 NOV 2016 - 06:39 COT


Deportados franceses vuelven a Francia en 1945.
Deportados franceses vuelven a Francia en 1945. RUE DES ARCHIVES / CORDON PRESS

Sobre la época nazi y la Segunda Guerra Mundial se han escrito tantos libros que cada nueva novela con sádicos comandantes de las SS y atroces combates en el frente oriental no sólo produce cierto hartazgo temático, sino también suscita la sospecha de que los autores se sirvan de los hechos históricos como reclamo publicitario o como pantalla de proyección para sus fantasías de violencia y destrucción. Demasiados precedentes avalan este temor al abuso (uno no muy lejano, especialmente abyecto, era Las benévolas, de Jonathan Littell).

domingo, 24 de septiembre de 2017

Literatura alemana actual / Las novelas de la era Merkel

Alissa Walser
Poster de T.A.


Las novelas de la era Merkel

La inmigración ha enriquecido las letras alemanas de la última década, marcada por la carismática canciller, que este domingo busca la reelección

CECILIA DREYMÜLLER
22 de septiembre de 2017


¿Mansa y conservadora, como la política de la canciller? ¿Acomodada e intrascendente? La literatura alemana de la era Merkel, si se caracteriza por algo es por no caracterizarse por nada, más allá de su potencia de mercado. Alemania es el país europeo con la industria editorial más potente y su sistema de premios, becas y casas de literatura produce y promociona cada año unos 10.000 títulos. La mera cantidad —mejor dicho, su presencia mediática—, junto a la progresiva desaparición de una crítica literaria vocacional y perspicaz, hace que para el lector sea tarea ardua discernir el grano de la paja, o simplemente abstraerse del fragor publicitario de las grandes editoriales y librerías.

viernes, 23 de octubre de 2015

Peter Handke / “La invención y la ficción son la verdad”

Peter Handke

Peter Handke: “La invención y la ficción son la verdad”

El pensador, escritor y dramaturgo austriaco reedita su condición de implacable analista de nuestras sociedades contemporáneas. Su nuevo libro es una reivindicación del retiro, la meditación y el silencio


Cecilia Dreymüller
París, 23 de octubre de 2015




Peter Handke, fotografiado recientemente durante una conferencia en Estoril.
Peter Handke, fotografiado recientemente durante una conferencia en Estoril.  REUTERS

Ensayo sobre el lugar silencioso (Alianza) se llama la cuarta entrega de una serie de cinco textos de Peter Handke que exploran temas y lugares aparentemente marginales como el cansancio, las jukeboxes, los bares del extrarradio de las ciudades o las estaciones de tren. En un cadencioso tono narrativo se alternan declaraciones inusualmente sinceras acerca de la trayectoria propia y lúcidas reflexiones sobre la necesidad de retiro en un volumen que se presenta como una libre y ligeramente irónica divagación sobre el valor contemplativo del cuarto de baño.
El escritor austriaco completa aquí su teoría de la percepción ralentizada con una nueva reivindicación del aislamiento y del espacio de meditación. Combativo defensor del silencio, Handke (Carintia, 1942) que se afincó hace 25 años en Francia, no vive en la ciudad, sino en un suburbio de París, cerca de los grandes bosques que rodean el sur de la capital francesa. Aun así, los ruidos le alcanzan su casa rodeada de árboles y de un pequeño jardín, donde recibe a sus visitas. Y al abrir la verja y aparecer con la mano vendada, explica con cara absolutamente seria que ha derribado de un puñetazo a un vecino aficionado a las máquinas jardineras.
Pregunta. Los lugares del silencio aparecen prácticamente en todos sus libros y a veces adquieren un significado casi religioso, ¿es esto así?



Toda esa escritura de reportaje que pretende reproducir en escala de uno por uno la realidad es falsa: no existe la reproducción uno por uno"

Respuesta. Bueno, no sé si religioso, describo lugares de ensanchamiento, donde las fronteras no son estrechas. Pero en el fondo quería contar lo que son los lugares silenciosos en la vida de una persona. Se trata de una especie de autobiografía fragmentaria mía. Y espero que no trate solamente de mi vida, que resulte permeable para otras biografías, como Ensayo sobre el JukeboxEnsayo sobre el cansancio y Ensayo sobre el día logrado, o, más recientemente, Ensayo sobre el loco de las setas. Son fragmentos en los que se dejan muchas cosas abiertas, hay niveles diversos, hay lagunas y hermosos desiertos y mucho suspense para nada. Siempre pensé que la vida es demasiado corta para escribir una autobiografía de verdad. No entiendo del todo a Goethe, a quien venero como a nadie más: qué necesidad tenía de escribir Poesía y verdad. Eso no es para mí. Siempre he pensado que la vida está para ser transformada a través de la escritura en ficción. Como dijo Hermann Hesse una vez: “Hace tiempo que echo de menos el peligro de la ficción”. Toda esa escritura de reportaje que pretende reproducir en escala de uno por uno la realidad es falsa: no existe la reproducción uno por uno. La invención, la ficción son la verdad. Por eso la literatura es más espontánea, me refiero a la literatura que se expone al riesgo de lo espontáneo, de la ficción, de la imaginación. Pero de la imaginación exacta, tal como la entendía Ludwig Hohl: “La imaginación no es una fantasía cualquiera, es el calentamiento de aquello que existe”. Hoy, la literatura está en peligro de volverse periodística, de resultar indistinguible del periodismo. Cuando lo precioso de la literatura es la ficción, la transformación, el relato sin receta previa. En el periodismo todo es receta, todo son moldes y pautas que se pueden aprender. La literatura no se puede aprender. Como mucho, se puede aprender lo que no hay que hacer.
P. Es porque mucha gente confunde ficción con trama.
R. Pues sí. La invención es algo distinto. Cuando en la experiencia destella la chispa de la invención, ahí la vida es divina. Tal cual. Se está pasando totalmente por alto que la ficción hoy día se da raras veces, que es un fuego que se enciende raras veces.
P. Leyendo Ensayo sobre el lugar silencioso (Alianza), sin embargo, da la sensación de que no es la ficción la que impulsa el relato, sino el lenguaje mismo.
R. También, sí, a menudo es el ritmo. Y se daba el caso de que la transformación vino por sí sola, lo vivido se transformaba en algo indeterminado, en algo que yo no experimenté en mi propia carne. También Goethe decía de sí mismo que no sabía lo que había escrito, que escribía como un sonámbulo. En el fondo, mi prosa surge de un sonambulismo diurno, con ayuda de lo vivido, por supuesto. Pero no me basta referir únicamente las vivencias, me hace sentirme como un embustero. Sólo cuando se transforma en algo que se había vivido y que a la vez será vivido en el futuro —lo que antes se llamaba utópico—, entonces soy un super-embustero, es decir un escritor.
P. ¿Por qué es tan necesario el aislamiento?



Hay una diferencia muy grande entre, el silencio y la mudez. Las sociedades de hoy están más amenazadas que nunca por hacer enmudecer al individuo"

R. A mí me pasa que en según qué compañía el yo enmudece, me quedo sin palabras. Es cuando ha llegado el momento de desaparecer y buscar un lugar silencioso —no tiene que ser el baño—, con algún pretexto, pues allí vuela el habla. Ahí estaba el punto de energía del libro: tienes que apartarte de la sociedad para volver a ser sociable, para que vuelva el lenguaje. Para que puedas hablar contigo mismo. Es muy importante que un hombre pueda hablar consigo mismo. Cuántas veces me ha pasado esto, nada más cerrar una puerta detrás de mí y en mi interior algo empezaba a hablar. Mientras antes, en medio de la gente, estaba sumido en la más absoluta mudez. Hay una diferencia muy grande entre, el silencio y la mudez. Las sociedades de hoy están más amenazadas que nunca por hacer enmudecer al individuo.
P. El año pasado le dieron el Premio Henrik Ibsen en Oslo y los periodistas le volvieron a preguntar sobre su asistencia al funeral de Milósevic en 2006.



En ninguna parte hay tanta estupidez como entre los políticos occidentales

R. Los periodistas se hacen los tontos para poder vender de alguna manera una afirmación inequívoca. Una vergüenza. En cuanto al tema de Yugoslavia, al menos en Alemania y Austria, ahora con la llegada de tantos refugiados, no solo de Siria sino también de Albania y del Kosovo, hay cada vez más políticos que reconocen que este problema se remonta a la guerra de la Otan de 1999. Aunque en ninguna parte hay tanta estupidez como entre los políticos occidentales. Se cometieron muchas estupideces por parte de Occidente, empezando en Irak. Ahora dicen que eso empezó con la guerra de Irak, pero yo siempre digo que empezó con Yugoslavia, con esos bombardeos humanitarios. Yo sigo esperando que todos los que en aquel entonces levantaron sus aullidos contra mi posición me digan que hicieron el gilipollas (risas). Esto nunca sucederá, caerán en la tumba sin haberse dado ni cuenta. Esos, los que dejaron que los pueblos se mataran entre sí, son los verdaderos criminales. La estupidez nunca muere. Sin embargo, hace morir a los demás.