Jorie Graham
Jorie Graham
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| Jorie Graham |

Jorie Graham (Nueva York, 1950), premio Pulitzer en 1996, es una de las más afamadas poetas estadounidenses vivas. De ella se publica ahora, en una excelente traducción, su décimo libro, Rompiente (Sea Change, en inglés). Se trata de un libro complejo y denso, deudor del flanco más sofisticado de la poesía estadounidense, pero también del más directo y claro y luminoso. Whitman podría ser la referencia para englobar esas dos direcciones, pero, habría que añadir otras enseñanzas, como la del experimentalismo de Pound, el intelectualismo emotivo de Stevens o el prístino lirismo de W. C. Williams. El lector reconoce una impulsividad natural, casi cercana al célebre “desbordamiento espontáneo de los sentimientos/emociones llenos de fuerza” (Wordsworth). Esto proporciona al libro espesura y frescura, al tiempo que sinceridad, que lo liberan de su más temible amenaza: la opacidad ungida de falsa trascendencia. Los poemas tienen un dinamismo semejante, y a todos les afecta el versículo whitmaniano del que se vale el discurso, con simétricos cortes que convierten la página en una extraña cadencia de espacios largos y cortos, con encabalgamientos brutales, insólitos, que harían enrojecer al mismísimo fray Luis. El comienzo suele acudir a un escenario estático, que señala la época del año o el tiempo: “Después de una gran lluvia, calor del verano, mitad de invierno, luna llena, luna menguante, anochece, sol que irrumpe…”. A partir de ese dato, que origina una predisposición contemplativa llena de torbellinos existenciales, empieza a hilar un discurso en el que se entremezclan largas tiras de frases enhebradas solo por la sucesividad de la conciencia sin freno y sentencias llenas de intensa y acuciante carga filosófica junto con pedazos de expresividad netamente lírica, en los que la transparencia emotiva deslumbra. La mezcla de esos tres registros define la totalidad de este libro. No apto para banales ni holgazanes.
Rompiente. Jorie Graham. Traducción de Rubén Martín. Bartleby. Madrid, 2014. 119 páginas. 14 euros
DE OTROS MUNDOS
Jorie Graham
Luna menguante. Se alza ahora. Un crujido, se marcha. Profunda
sobre exhaustos continentes. Me asombro dice mi
plenitud. Nadie nadie dice la habitación en la que
yazgo muy quieta en la
oscuridad observando. Tu corazón dice la luna, se mengua y se alza más. Dónde está. Tu
cautela, tus ojos tu dedo índice en
gatillo tu espina dorsal tu raciocinio—preferible
rechazar el contacto,
mantener la distancia, que mane de ti la sangre y las estrellas blancas te corroan, y el espino
que es tan blanco allí en el prado,
y la arena como sábana por las extensas playas, soldados que se aprestan, la rápida
mirada al cielo cuando las palabras clave, de plegaria, antes
de la captura, son pro-
feridas, escalofrío que no contiene odio pero no es amor, es neutral, sí, ex-
angüe, por ejemplo un brote cerca de donde
una mano descierra un
cerrojo de seguridad te llama
a voces, es un ejemplo del nadie-allí, y el sonido del agua se oscurece, y el viento
agita las hierbas, y sin
un grito fluye el frío como ojos de un perro
guardián, el guardián que fija su atención en la diferencia—solo la diferencia—y actos
cometiéndose en tu nombre, tus presos que llegan
a tu centro de detención, allí, en tus
ojos, la prisión, en la profundidad de tu pupila, el ablandamiento, tú entregando toda tu aten-
ción, tus ojos, tu celda, tu cautela, tu control,
después de todo es tuyo, sí, lo que has atrapado, aférralo, aferra
esto, aquí no hay ley, no estás expuesto a
enjuiciamiento, mira todo lo que quieras, se retorcerá para ti, ahí, en esta luz que se alza, protegido
de las consecuencias, haciendo de ti un
fantasma, sin un grito, sin un grito la
tarde se convierte en noche, las palabras parecían serlo todo y así
el equipo jurídico los declarará exentos,
exenciones para el drenaje de los lagos, para el asesinato de los mares, los esclavos en sus
aguas, no son de nuestra especie, exención que se llama
adelante, mezcla la sangre, toma de la carne, haz caja, prende fuego, postula el ecuador, oculta
el origen, di que estáis todos perdonados, di que son sólo
técnicas coercitivas de interrogación y contrarresistencia, como en dame tu
nombre, dámelo, te lo arrancaré, te lo re-
clasificaré, te ocultaré de ti, así mismo, solo un rato, no dolerá
mucho, piensa en un jardín, aparta tu mente de las
cosas, piensa mar, viento, trueno, raíz, piensa árbol que te mantendrá
erguido, imagina que te mantiene
erguido, elige ser quien eres, deprisa, elígelo, eso ayudará. La luna es más fría
de lo que piensas. Está llena de nada como
esta nuestra quietud. Intentamos que no se fijen en nosotros. Estamos en la quietud como si fuera
una vida otra en que infiltrarse. En nuestra piel
deslumbramos de inexistencia. Es un truco por supuesto pero a veces funciona. Si no lo
hace nos encontrarán, nos harán
gritar y arrastrarnos. Ansiaremos el perdón. No importa para qué, aquí no hay
hechos. Luna, ¿quién escribirá
el último poema? Tu velo echa a volar, su inutilidad hace sentir que aún
hay tiempo, ahora es cosa de dos,
me estás pidiendo que me pierda a mí misma.
En este desbordamiento de mi ojo,
lo hago.
Jorie Graham, Rompiente, 2008
DE OTROS MUNDOS
Jorie Graham
Luna llena, y las ramas del árbol vacío—corrección—las ramas
del árbol,
la exponen y rescatan, de repente, la dejan fluir y aumentar un poco, después
la envuelven otra vez,
tratándola como algo sin valor, ningún tesoro allí arriba se torna más
azul e incandescente,
cuando el viento agavilla las altas y extendidas ramas con in-
teligencia
en su nerviosa continuidad—de este minuto, de aquel—
Toda la luz de allí
toca estas ramas como cuerdas hasta que
puedes
escuchar la
helada ofrenda del invierno que es el viento entre los árboles que velan y
desvelan la luna, y hace
frío y
dentro de la casa alguien
manda instrucciones. Alguien cree que la muerte se puede
reparar.
Dentro hay magia, las huellas de pisadas nunca se hacen
visibles. La luna extiende su fluido en este ir y venir
humano sin dejar ahí huella. La luna
por toda la
idea de que ese “todo”
podría ser (y a nadie le importaría) un
juego. Ruido, sacerdotes, provincias, códigos postales,
se enroscan en la hierba
en torno a él. Los colectivos
toman el poder. El honor existe. El castigo justo existe. El sonido de
esclavos que no
son liberados. A los que se dice: queda otra vez pospuesto. La esperanza tal
como ahora existe en
ellos. Los que una vez vivieron cómo no están
aquí en esta
luz de luna, y cómo hay cosas en ella de las que uno se avergüenza
al instante, y también, al con-
templarla, el sentimiento de una lengua materna en la boca—y cómo, al mirar más lejos, puedes
hacer que esos árboles se apoyen, argentados, en
la idea de lo universal—apoyarse realmente—los extremos de sus ramas intentan
arañarla—
Hasta que crepita en uno: cómo podría uno engendrar, es lo que dice el
resplandor, y que no existen países
lejanos, sí los enemigos, y como si buscases el gran manto de
individualidad (luminoso) y de
inocencia y de fortuna—levanta tu mirada: el torturador bosteza esperando que termine
su día—se apoya en
los árboles para descansar, el instrumento destella, él levanta su mirada.
Jorie Graham, Rompiente, 2008
A life in poetry / Jorie Graham / ‘I am living in the late season, but it has its songs, too’