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viernes, 5 de julio de 2019

El negocio editorial del envejecer

El negocio editorial del envejecer

Los sellos aprovechan sus aniversarios para rentabilizar el fondo. Este año es el turno de Tusquets y Anagrama (50), Planeta (70), y Acantilado y Minúscula (20)


LAURA FERNÁNDEZ
Barcelona 1 JUL 2019 - 16:01 COT
La cultura española no recuerda, pero anda loca por conmemorar, escribió Rafael Sánchez Ferlosio hace casi tres décadas, y su improvisado aforismo le viene como un guante a este 2019 en el que todo son aniversarios editoriales. Cumplen años Tusquets y Anagrama (50), Planeta (70), Acantilado y Minúscula (20), pero también lo hacen ciertos títulos, como El tiempo entre costuras, de María Dueñas (10), y El primer hombre, de Albert Camus (25), por citar algunos ejemplos. ¿Y qué ocurre cuando una editorial, o cierto título, cumplen años? Que, entre sus celebraciones se incluye una nueva apuesta por el título en cuestión, cuando la efeméride es de un libro, o el relanzamiento de la parte de su catálogo que puede resultar más rentable, cuando es de un sello. Las operaciones son recurrentes e inducen a pensar que, a diferencia de, pongamos, en la danza clásica, envejecer resulta rentable en el mundo editorial.

domingo, 31 de marzo de 2019

Jorge Herralde / En la cueva del tesoro de Anagrama

Jorge Herralde

Jorge Herralde

En la cueva del tesoro de Anagrama

Las cartas que se conservan en el archivo de la editorial permiten reconstruir los 50 años de dedicación de Jorge Herralde a los libros







Jorge Herralde lee 'Escritos de un viejo indecente', de Charles Bukowski, en una imagen de finales de los setenta.Ampliar foto
Jorge Herralde lee 'Escritos de un viejo indecente', de Charles Bukowski, en una imagen de finales de los setenta. LALI GUBERN

Creo que es totalmente seguro afirmar que estaré con vosotros el 27 de septiembre”, escribió en abril de 1988 Raymond Carver en respuesta a la invitación a Barcelona de su editor en español, Jorge Herralde. Fue poco antes de que el cáncer precipitara ese verano el final con un golpe seco, como en uno de los lacónicos cuentos que hicieron de él un maestro de las letras estadounidenses. La muerte, como los impuestos y otros hechos inevitables, emerge con cierta frecuencia en el océano de papeles del archivo de la editorial Anagrama, que este abril cumple medio siglo. Como en esa misiva de Alberto Méndez, de junio de 2003. “Hago votos por que esto no cueste dinero”, dice sobre la inminente publicación de su único título, Los girasoles ciegos. Méndez, a quien Herralde había frecuentado durante décadas como parte del paisanaje del mundo de los libros, se reveló como un brillante escritor tardío y como un pésimo adivino: murió en 2004, sin saber que ganaría los premios Nacional y de la Crítica y que su debut, que ha superado los 380.000 ejemplares vendidos, sería ciertamente rentable.

viernes, 23 de marzo de 2018

Cinco de los más importantes editores de España en la previa de Sant Jordi

Mesa redonda con cinco editores: Elena Ramírez, Sílvia Sesé, Emili Rosales, Claudio López Lamadrid y María Bohigas (Mané Espinosa)



La Vanguardia reúne a cinco de los más importantes editores del país en la previa de Sant Jordi

Llega Sant Jordi. El día más importante del año para el sector editorial: libreros, lectores, autores, editores... la calle se llena de libros y gente con ganas de comprarlos. Para hablar de ello, y del estado de salud de este invento único, y en consecuencia del estado de la cultura, La Vanguardia reunió esta semana en torno a una mesa a Elena Ramírez, directora de ficción internacional del Grupo Planeta; Emili Rosales, director editorial de Grup 62; Maria Bohigas, editora de Club Editor; Claudio López de Lamadrid, director de Literatura Random House; y Silvia Sesé, directora editorial de Anagrama.
¿El día de más trabajo del año?
Ramírez. Es un sueño. No sólo por las ventas sino por el entusiasmo alrededor del libro.
Rosales. Y porque cada vez hay más actos alrededor del libro y porque además es primavera. La gente está muy contenta.
Bohigas. Es cierto, y hay una sensación un poco irracional, los editores tenemos una sensación de ir a jugar al casino, a dar el golpe de dados.
López. Yo no tengo la sensación de ir a jugar a los dados. Lo bonito es que coincide el entusiasmo de toda la cadena del libro, desde el almacén hasta el jefe de la empresa. Es un día de entusiasmo.
Sesé. Yo destaco que es un día de encuentro entre lectores y autores, y nosotros en medio. Sientes esa conexión viva y matérica.
López. ¿Yo puedo preguntar?
Claro.
López . ¿Esto puede durar siempre? El milagro de es que exista, con miles de personas en la calle.
Mejor, ¿no?
López. Claro, pero el sector ya está pensando en el 2019, con la idea de llevarlo a paseo de Sant Joan, porque es más ancho.
¿Qué cambiarían?
López. El año que viene es difícil, porque el 22 es lunes de Pascua.
Rosales. Sant Jordi no debe cambiar, sería absurdo. Sí podemos expandirlo, generar pequeños santjordis, más repartidos. Y hay otros días que cada año cogen más vuelo, como la Setmana del Llibre en Català o Navidad. Hay que crear más días importantes para el libro.
López. ¿Tanto?
Bohigas. Sí. Si llueve o hay un lío político te suicidas. La concentración es salvaje. Y la gente espera el descuento, sobe todo en los libros que cuestan más de veinte euros. Tenemos cuatro meses válidos, el resto es el desierto. Por ello, creo que situar la Setmana en septiembre es un pésimo error, porque la gente está sin un duro. Como gremio deberíamos reflexionar al respecto.
El ser humano se explica con la ficción, necesita la ficción. Si en el siglo XIX la literatura era hegemónica, en el XX surgió el cine y más tarde la TV, hasta hoy, con multitud de canales. ¿Les condiciona, a la hora de editar…?
Bohigas. No estoy de acuerdo en que antes fuera hegemónica ni en que hoy ya no sirva. La literatura siempre ha sido marginal. Los que mandan, quienes representan el éxito social, no leen. Y hoy, aunque seamos esclavos del audiovisual y de las redes, creo que el libro sigue siendo el lugar donde se transmiten las cosas importantes. Aquel que quiere contar cómo ha superado una enfermedad no lo cuelga en la red, escribe un libro. Un género con gran tirada es la autoficción.
Es un discurso pesimista.
Ramírez. Es realista.
Rosales. En el siglo XX, el cine suplió a la literatura como fábrica de ficción, pero la literatura gozó de excelente salud. Y ahora son la series o los videojuegos. Por ello, debemos buscar las interconexiones. Han salido nuevos géneros, como los youtubers o la poesía urbana, que en buena parte es juvenil… Y paradójicamente, la crisis tremenda de estos años la hemos visto más en el lector adulto que en el lector joven. Ha resistido mejor el libro juvenil. Y hay otra cosa: me fascina cómo pese al torrente informativo diario, la influencia del libro sigue vigente. Oímos de Trump cada día, pero un libro sobre él resiste muy bien el paso de los meses.
Sesé. Entiendo el pesimismo, que vivimos cada día con las cifras. Pero leer siempre ha sido minoritario. Me preocupa que haya perdido el deseo aspiracional que antes tenía para mucha gente ver los libros y la literatura como algo que te situaba.
Bohigas. Depende del ámbito... creo que el libro de entretenimiento está perdido, pero también creo que hay todo un sector de lectores que en los años de crisis se está girando hacia la literatura. ¡La literatura es un lugar donde no se miente!
López. Se lee mucho menos. Incluido yo. Perdemos horas y horas en las redes.
Sesé.¿Y no crees que eso cambiará?
López. Creo que leemos más que nunca, pero a trozos. Lo que sí que creo es que la literatura conserva el prestigio. Creo que todo el entertainment de la literatura efectivamente ha migrado a las redes. Y hoy nadie lee 500 páginas de Platón. Te lo dirá cualquier catedrático. Los estudiantes leen resúmenes. Por eso como editores debemos pensar en nuevos formatos.
Sesé. Es que a mi me preocupa la absoluta disociación entre la universidad y la edición. Es absurdo. Mis amigos profesores están alarmadísimos. Nadie lee un libro. El interés literario en la academia es bastante peregrino.
Bohigas. Y en otros países. Es general, desgraciadamente.
Ramírez. Confluyen varias cosas: la irrupción de las tecnologías, los recortes... Estoy en el lado pesimista aunque creo que podemos ver cambios. Las cosas cambian a una velocidad escalofriante. No soy pesimista irreversible, sino pesimista presente.
López. Como editores debemos adaptarnos. Pongo tres ejemplos: el libro de Jordi Amat, el de Eduardo Mendoza y los de Chimamanda [Ngozi Adichie]. Son libros de 5 euros que la gente lee rápido. Leemos en el móvil, estamos cambiando.¡De Chimamanda vendo mil a la semana!
¿De qué hablan los manuscritos que reciben?
Ramírez. La literatura del yo es constante. La influenciada por series de TV, el crimen… y diría también probablemente tipos de entretenimiento que evadan de una situación política, económica y social de alta inestabilidad.
López. Y feminismo.
Sesé. Sí, en un sentido amplio.
Bohigas. Y el de la relación con la naturaleza. Cognetti, Thoreau… Es interesantísimo que coincide con que todos esos amantes de la naturaleza la aman tanto que la destruyen, con sus visitas. Es muy ilustrador de cómo somos. Creo que el auge responde a otra cuestión: la soledad. El extremo individualismo.
Sesé. Muchos manuscritos van en esta línea. Más crítica, más rebeldes, en varios aspectos, sobre todo en la relación del individuo con la sociedad y en relación con su cuerpo, con la agresión al cuerpo, en un sentido amplio, casi filosófico. En esto creo que entronca con los libros sobre naturaleza. Cómo encontrar una forma más sana y armónica para vivir en este mundo. Hay mucha literatura de rebelión, de grito.
Ramírez. Por el contrario, lo que parece interesarnos menos es el género distópico, el apocalipsis.
¿Y el proceso?
Rosales. Nosotros hemos publicado muchísimo sobre ello. Creo que hasta ahora no se han convertido en libros populares. Esta semana el Frankfurter Allgemeine recomendaba al juez del caso Puigdemont que antes de decidir lea Operació urnes. Es un gran éxito. Un reportaje periodístico, no ideológico, sobre la logística de todo el proceso.
Sesé. Nosotros hemos tenido el de Jordi Amat, que lleva ya cuatro ­ediciones en catalán y otras cuatro en castellano, y sigue vendiéndose, por su nivel de información ypor su calidad literaria.
Bohigas. Y porque la figura de Amat está cogiendo una gran fuerza.
¿Se han recuperado las librerías?
Bohigas. Sí. Aunque hay libros que si salen en una semana informativamente fuerte es como si se cerrara un grifo. Pero los picos de ansiedad pasan rápido. Y el proceso ha generado un interés por cuestiones vecinas…
Sesé. …sí: rebelión, propuesta de acción… Como los de Marina Garcés.
Rosales. Pero esto vuelve a poner el libro en una posición de privilegio, como generador de ideas.
Barcelona es una capital editorial . ¿Puede hacer más?
Sesé. Se puede hacer mucho mejor. Creo que tenemos que trabajar unidos y hacer algo potente, quizás un premio a lo Goncourt, con impacto.
Rosales. Las ciudades y los países pueden singularizarse a través de la cultura. Barcelona y Catalunya y España tienen una oportunidad única con el libro. Es que además está hecho, sólo tienen que aprovecharlo. Barcelona es la gran fábrica de ideas y de imágenes de Europa.
Sesé. Pero debemos implicarnos.
Rosales. Claro. Barcelona ya es una capital editorial, eso es un hecho.
¿La o una capital?
Rosales. A nivel mundial no me atrevo a decir que sea la capital.
López. Del español sí.
¿Aún?
Bohigas. Claramente, sí.
López. Y si algún día deja der serlo, si la llega a compartir con alguien, como la del inglés son a la vez Nueva York y Londres, no la va a compartir con Madrid sino con México, que está cogiendo una potencia brutal.
Sesé. Las sedes de los dos grupos más potentes están aquí.
López. Por el contrario, yo creo que sí se hacen cosas. Premios, encuentros… ¿Qué hace Londres que no hagamos nosotros?
Sesé. Creo que podemos hacer más.
López. La suerte es que en Barcelona nos llevamos todos más o menos bien. Mirad esta mesa… En Madrid se sacarían los ojos.
Sesé. Yo me refiero a crear algo… un premio… con una institución neutral, y que eso suponga unas ventas en el mercado relevantes. Eso nos falta absolutamente.
Este diario lo ha propuesto.
Bohigas. Yo creo que se puede hacer mucho. Lo del premio es una buena idea, pero inaplicable. La situación de los premios también nos define… es un funcionamiento mediterráneo puro. Barcelona podría ser un lugar más estimulante. Por ejemplo, tenemos un patrimonio turisticocultural, y la arquitectura, y somos la capital del anarquismo en el mundo anglosajón. La Barcelona de la época de Picasso es fascinante ¿alguien lo trabaja a nivel tursticocultural? ¡De ninguna manera! El modelo turístico no es apto para acoger valores que nos irían muy bien, que crearían un clima… Estamos huérfanos. Tampoco tenemos un festival literario, en el que pudiéramos tener autores latinoamericanos, españoles y catalanes.
Sesé. No podemos perder esa relación con América.
López. La hemos perdido ya.
Bohigas. No, no, no…
López. La hemos perdido, se van a México. Por el euro. Aquí no pueden vivir.
¿La capital de la edición en castellano será México?
López. Es Barcelona, pero con la literatura en el castellano acabará pasando como con el inglés, que tiene dos capitales, Londres y Nueva York. México y Barcelona competirán por la edición española, como en Italia compiten Turín y Milán. México es más barato. Europa tienen un problema de coste de la vida.
Hay una asimetría del mercado: el 75% es castellano y el 25%, catalan. ¿Se sienten rivales?
Ramírez. No. Somos cómplices. Compartimos gastos, trabajo, precios... Incluso cuando la editorial catalana no es del mismo grupo.
Rosales. Es cierto. El catalán continua teniendo el problema de que un alto porcentaje prefiere leer en castellano, y ahí hay mucho campo por recorrer. Pero a nivel editorial el catalán se ha adaptado muy bien al hecho de que Barcelona sea capital de la edición en castellano. Hay una estructura de primera magnitud. Si analizamos los grandes sistemas editoriales en Europa, no hay otro de la dimensión del catalán, o mayor, que traduzca tanto. Eso es por creatividad editorial pero también por la colaboración con los editores en castellano.
Hablan de hábitos de lectura, pero sólo en papel. Quizás habría que empezar a pensar en los hábitos de concentración... ¿hace suficiente el sistema educativo?
Ramírez. No. Lo que estamos constatando es que los hábitos de lectura de los jóvenes chocan con formas de ocio que no tienen nada que ver con la lectura. Es ahí donde hay que actuar. No esperar a que sean mayores y entonces intentar cambiarlos.
Sesé. Dirigirse a los no lectores a ultima hora es muy complicado. Acabas haciendo libros no-libros.
López. A la escuela no llegamos.
Bohigas. Convertir a una persona que no lee en una que lee es muy complejo.
Ramírez. Cuando he querido montar actos en los institutos, la primera pregunta es ¿quién paga qué?
Rosales. Hay profesores admirables, que hacen un trabajo heroico, pero el modelo educativo no favorece el gusto por la lectura.
Bohigas. Es que a medida que se va desplegando el Plan Bolonia, te das cuenta de que no es que no tengamos un cómplice: es que tenemos un enemigo. El sistema está pensado para crear obreros cualificados, no personas que piensen. Hay una ideología ambiente mecanicista y que concibe el mundo interior de una persona como una máquina. ¿La imaginación dónde está?

viernes, 4 de agosto de 2017

Editores en verano / El caso de la isla de Herralde







El editor Jorge Herralde, retratado en 2015.
El editor Jorge Herralde, retratado en 2015. GIANLUCA BATISTA

El caso de la isla de Herralde

¿A dónde van los editores en verano? ¿Leen libros de la competencia? ¿Coinciden en resorts de lujo con escritores?


Laura Fernández
3 de agosto de 2018

Durante mucho tiempo circuló el rumor en el sector, esto es, entre escritores, editores y periodistas literarios, de que Jorge Herralde, el legendario editor de Anagrama, pasaba sus veranos en una especie de isla desierta junto a su mujer, Lali Gubern. La isla desierta no era en realidad una isla desierta, sino una isla de alquiler. Se decía que la fortuna del último mohicano de la edición española era tal que podía permitírselo. Pero ¿era cierto? “¡La isla existe!”, me asegura Silvia Sesé, desde Anagrama. ¿Tiene ella una isla desierta a la que mudarse en verano? No. Sus veranos son, “en esencia, breves”, tan breves que ni siquiera tiene tiempo de leer a la competencia. Este año piensa viajar con un único libro: Le lambeau, la novela que Philippe Lançon escribió tras sobrevivir a la matanza en la redacción de Charlie Hebdo.
Pero la isla existe. Seguro que Claudio López Lamadrid sabe de su existencia, pero no habla de ella. Habla, en cambio, de los libros que piensa leer este verano. “Mi ambición no tiene límites”, dice el editor al frente de la división literaria de Penguin Random House. Claudio no tiene una isla, tiene una casa en Comillas, en la que se instala cada verano. Pasa allí las cuatro semanas porque “con tanto viaje al año, pasarme casi un mes sin moverme no tiene precio”. ¿Y lee mucho? Demasiado. “Ya un par de meses antes empiezo a acumular sobre una mesa los libros que me propongo leer en verano y este año, cuando me puse a hacer las maletas, había más de 20”, dice. “Un auténtico disparate que se repite cada año”, añade. Es metódico. Intenta leer cada verano un clásico, un libro de poesía y una biografía, además de novelas, pero todo debe estar “interconectado”. ¿Algún libro de la competencia? “Me tiran mucho El libro del mar, que acaba de publicar Salamandra, y Pura vida, de Patrick Deville, en Anagrama”.
Con Pura vida en la maleta ha viajado Enrique Redel, de Impedimenta, al sur de Portugal, a un lugar cerca del cabo de San Vicente. “Hace poco coincidí en Lugo con los hijos del poeta gallego Uxío Novoneyra y estuvimos hablando de la generación de su padre, autores que había leído mucho cuando tenía 20 años y que me apetecía recuperar. Así que me he traído Bretaña, Esmeraldina y Arrianos, de Méndez Ferrín, y Galván en Saor, de Darío Xohán Cabana. Estoy releyendo también La saga/fuga de J. B., de Gonzalo Torrente Ballester, un libro increíble y creo que injustísimamente olvidado”, relata. “Leer es la actividad principal cada verano, de ahí que no elijamos destinos muy activos, sino sitios que ya conocemos y nos permiten desconectar”, admite. Esto parece una constante entre editores. Luis Solano, de Libros del Asteroide, también viaja cada año a Canido, al sur de Vigo, para no hacer otra cosa que leer, pasear y dormitar. ¿Y qué piensa leer este verano? Casi de todo. Desde La pastoral americana, de Philip Roth, hasta los Apegos feroces, de Vivian Gornick, pasando por La penúltima bondad, de Josep Maria Esquirol, en Acantilado. Hablando de Acantilado, Sandra Ollo, su editora, también viaja cada año a los mismos sitios: Navarra y el valle de Arán, y este verano lo hará con Creer que se cree, de Vattimo, “y el último libro de Muñoz Molina”. Subamos la apuesta, en lo que a veranear en los mismos sitios se refiere. La agente Mónica Carmona lo hace en una casa junto al mar, en Mallorca, que fue propiedad de un pintor inglés de origen sevillano que resultó ser un espía del MI5. Casi nada.
En cualquier caso, todos coinciden en que en verano se lee por placer, no por trabajo. Elena Ramírez (Seix Barral) viaja con el iPad cargado hasta los topes —“horror vacui o vicio lector”, dice— y un buen puñado de libros en papel. Este año, además de todos los del monje budista Thich Nhat Hanh (que lee cada mañana, “siempre después de 20 minutos de meditación”, especifica), sale de casa con los Grandes éxitos de Antonio Orejudo —“un autor infalible”—; La vida en tiempo de paz, de Francesco Pecoraro —“una recomendación”—, y Denuncia inmediata, de Jeffrey Eugenides —“una perdición”—, entre otros. “No hay mayor placer que despertarse por la mañana muy temprano y leer en la cama”, dice Ramírez.
¿Se despierta también temprano Herralde en su isla y lee en la cama? No lo sabemos, lo que sabemos es que este año leerá a la vez por placer y por trabajo “los extensos diarios de Chirbes”. Viene siendo habitual que sus lecturas de verano sean “manuscritos de la editorial o libros en francés, inglés o italiano con previsible destino en Anagrama”, dice. “Un año se produjo una ruptura de stockpero me acompañaban, como precaución, dos tomos de la Recherche de Proust en la edición de La Pléiade”, añade. Pero acabemos de una vez con la leyenda, ¿tendrán las lecturas lugar en una isla de alquiler? Le imagino sonriendo. Dice: “Las lecturas tendrán lugar en el resort de una diminuta islita caribeña”, en cuya “larguísima” playa, informa, “Lali y yo vimos a veces chapoteando a Ken Follett y a su tribu: esposa, hijas, familiares y amigos”. Vaya, así que la isla existe e incluye a Ken Follett. Maravilloso.