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miércoles, 16 de agosto de 2023

Fernando Villavicencio / Una muerte que le viene muy bien a Rafael Correa

 

Fernando Villavicencio


Una muerte que le viene muy bien a Rafael Correa

Lo odiaba a muerte desde que el fallecido periodista descubrió la personalidad torcida de quien se vendió como el presidente del cambio y el que desterraría de Ecuador la vieja politiquería (¿les suena?).

Salud Hernández-Mora
12 de agosto de 2023

Debe estar celebrando su muerte. No me atrevo a señalar que fue el cerebro del magnicidio, como aseguró un ex alto cargo ecuatoriano. Pero sí creo que Rafael Correa es el gran beneficiado del asesinato de Fernando Villavicencio.

domingo, 4 de febrero de 2018

Vargas Llosa / La derrota de Correa

Ilustración de Fernando Vicente

Mario Vargas Llosa

La derrota de Correa

La consulta del 4 de febrero no solo ha significado la derrota del expresidente sino también del chavismo y de su engendro ideológico, el “socialismo del siglo XXI”


4 de febrero de 2018

En la consulta popular celebrada en Ecuador, el domingo 4 de febrero no sólo fue derrotado el expresidente Rafael Correa, quien no podrá volver a ser candidato a la primera magistratura de la nación, sino el chavismo y su engendro ideológico, “el socialismo del siglo XXI”, del que aquél fue un entusiasta promotor. Durante los diez años en que estuvo en el Gobierno, el exuberante demagogo que alardeaba de su “socialismo cristiano” fue, al igual que el comandante Daniel Ortega en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia y Fidel y Raúl Castro en Cuba, propagandista tenaz de las políticas que destruyeron la democracia venezolana y la convirtieron en una dictadura devastada por la ruina económica, la violencia represora y la inflación.

domingo, 12 de julio de 2015

Vargas Llosa / El caballero Cipolla y el desvarío griego


Mario Vargas Llosa 

BIOGRAFÍA

El caballero Cipolla y el desvarío griego

El referéndum convocado por Tsipras ha sido una obra maestra de confusión y delirio hipnótico. La magia y el hipnotismo colectivos pueden encaramar al poder a cualquier demagogo sin escrúpulos



FERNANDO VICENTE
En el verano de 1926, Thomas Mann y su familia pasaron unas vacaciones en Forte dei Marmi; era una época en la que el fascismo estaba en pleno apogeo y los discursos de Mussolini retumbaban por toda Italia. Con estos recuerdos y el interés que en aquel decenio se despertó en Europa (y en Alemania en particular) por el hipnotismo, el espiritismo y las ciencias ocultas, el autor de La montaña mágica escribió Mario y el mago, un relato aparecido en 1930 en el que la crítica ha visto siempre una parábola sobre el efecto encantatorio de líderes carismáticos como Hitler y Mussolini sobre las masas, que, seducidas por la palabra del jefe, abdicaban de su soberanía y poder de decisión y lo seguían, ciegas y dóciles, en sus extravíos.
El espléndido y ceñido relato admite muchas interpretaciones y es, además de una parábola política, una historia que pone los pelos de punta. En un pueblecito de la costa, junto al mar Tirreno, Torre di Venere, el narrador describe un espectáculo en el que un mago hipnotizador, el caballero Cipolla, hombre malvado, repelente y deforme pero dotado de una fuerza psíquica irresistible, enajena a todo su auditorio y lo obliga a humillarse y hundirse en el ridículo más espantoso.
La verdad es que la lectura de Mario y el mago en clave política es tan actual como cuando los dictadorzuelos carismáticos campeaban por el mundo entero; en nuestros días, el caballero Cipolla se encarna no sólo en caudillos fascistas y comunistas, sino, también, en aparentemente benignos dirigentes democráticos, que ganan limpias elecciones y son capaces, gracias a sus poderes comunicativos, de imbecilizar a sus propios pueblos, privándolos de razonamiento y sentido común; en otras palabras, llevándolos a la ruina. ¿No es el caso de un Perón, un Evo Morales, un Rafael Correa, un Daniel Ortega? Ningún ejemplo es más doloroso que el de Argentina, el país más culto de América Latina: ¿cómo es posible que todavía la sociedad argentina siga cautiva de la hipnosis suicida con que la sedujo hace sesenta o setenta años un coronel inculto y fascistón y que ha llevado al país que fue el más avanzado del continente americano y uno de los más prósperos y modernos del mundo a la decadencia, la ruina económica y la miseria moral que representa la presidenta Kirchner?

sábado, 13 de diciembre de 2014

El socialismo del siglo XXI y el ocaso del Alba



EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

El ocaso del Alba

La alianza que fundaron Hugo Chávez y Fidel Castro hace hoy 10 años ha perdido influencia tras la muerte del líder venezolano y la caída del precio del crudo

     

Chávez, Castro y Morales conversan durante la ceremonia por la entrada de Bolivia en el Alba, en abril de 2006 en La Habana. / CLAUDIA DAUT (REUTERS)
La visita de Hugo Chávez a La Habana hace hoy 10 años distó mucho de lo que se esperaba. Pocos pensaban que el acto político que se celebró en el teatro Karl Marx fuese a ir más allá de una escenificación de los lazos entre el entonces presidente venezolano y el líder cubano, Fidel Castro. Ambos, sin embargo, sorprendieron con la firma de un convenio que acababa con los aranceles a las importaciones entre ambos países y que facilitaba a Cuba inversiones y petróleo subvencionado por parte de Venezuela. “El ALCA ha muerto”, proclamó Chávez en referencia al Área de Libre Comercio de las Américas, que promovía Estados Unidos. Nacía el 14 de diciembre de 2004 el Alba (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), un organismo que creció gracias al petróleo, cuyos bajos precios hacen que hoy languidezca.
Los tiempos han cambiado. Al desplome del crudo se une la muerte de Chávez, en marzo de 2013 y la retirada de la escena pública de Castro, que han dejado sin liderazgo el organismo, al que se sumaron Bolivia, Ecuador y Nicaragua. El actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, carece del carisma de su antecesor, y otros mandatarios como el boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Rafael Correa o Raúl Castro, en Cuba, han optado por diversificar sus políticas exteriores con la participación en otros organismos como Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) o la Celac (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe), “más pragmáticos que ideológicos o doctrinarios, como el Alba”, para Rafael Rojas. “La diversidad ideológica de la izquierda iberoamericana ha acabado por imponerse sobre el proyecto hegemónico bolivariano”. dice el historiador cubano.

Nueve países miembros

El 14 de diciembre de 2004 Fidel Castro y Hugo Chávez fundan en La Habana la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) como contrapartida al Tratado de Libre Comercio que promovía Estados Unidos.
Tras la llegada de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, en abril de 2006, el país andino se convierte en el tercer miembro del organismo.
Nicaragua, con Daniel Ortega al frente, es el cuarto país en entrar a formar parte del Alba, en 2007, un año antes de que lo hiciese la Honduras de Manuel Zelaya.
Tras el golpe de Estado contra el presidente Zelaya, Venezuela decidió la salida de Honduras de Petrocaribe para evitar que la ayuda económica de Caracas fuese a financiar al Gobierno impuesto. La salida de Honduras se concreta en enero de 2010.
Ecuador es el último de los miembros más activos del Alba en entrar al organismo, en 2009, año en el que se cambia el nombre de la institución, que pasa a llamarse Alianza.
El ALBA lo completan Antigua y Barbuda, Dominica, Santa Lucía y San Vicente y Las Granadinas. Actualmente, tiene nueve países miembros.
Haití, Irán y Siria son miembros observadores del Alba, lo que siempre generó gran polémica.
Durante esta década de vida, los miembros han creado el Banco del Alba para financiar proyectos, y, en 2010, desarrollaron una moneda virtual: el sucre.
“El mayor logro fue cohesionar al bloque bolivariano, introduciendo una visión propiamente política de la integración frente a las visiones más comerciales y promercado”, opina el analista argentino Pablo Stefanoni, que añade: “El problema fue que su fuerza y sus límites estaban asociados a la diplomacia petrolera venezolana. El Alba era una extensión de la energía política de Chávez, y de su petróleo, y no se pudo avanzar en su institucionalización real, ni en el aterrizaje de sus horizontes ideológicos a políticas de integración concretas”.
La yunta de Cuba y Venezuela, piedra angular para el Alba desde 2004, sigue organizada en torno a este intercambio: Caracas entrega petróleo y derivados con grandes facilidades y descuentos, y La Habana, responde con bienes y servicios sobrevaluados. Cálculos independientes cifran en 100.000 barriles diarios el aporte de hidrocarburos que Venezuela hace a Cuba, suficiente para cubrir la demanda interna de la isla y permitir la venta de cargamentos de segunda mano en el mercado internacional —algo que ninguna de las dos partes reconoce—. Los poderes petrolero y financiero de Venezuela, ahora en cuestión, han ejercido en el Alba un influjo magnético. Al margen de pactos bilaterales y Petrocaribe, un club de consumidores de petróleo diseñado por Hugo Chávez para proyectar su propia influencia política en las Antillas, decir sí al Alba era el camino más fácil para obtener acceso a combustibles baratos, la eliminación de aranceles entre algunos países y la facilitación de alianzas regionales. Las exportaciones venezolanas a los socios promediaron durante el último quinquenio unos 4.000 millones de dólares al año.
Si el petróleo venezolano fue la argamasa para la alianza, esta corre el riesgo de derrumbarse. La producción de crudo en Venezuela está en declive. Hoy ronda los dos millones de barriles al día, acotada por la falta de inversión y la hemorragia de expertos sufrida por la estatal petrolera Pdvsa. El Gobierno de Nicolás Maduro, bajo presión por la caída de los ingresos petroleros, se ve en la necesidad de revisar su diplomacia de hidrocarburos baratos para sus aliados hemisféricos.
Hace dos semanas, el canciller venezolano, Rafael Ramírez, aseguró, en referencia a Petrocaribe, que a pesar de la caída en los precios internacionales, sus compromisos de suministro de combustibles en condiciones preferenciales son “perfectamente sostenibles en el tiempo”. La afirmación es coherente con el principio chavista de dar prioridad a la política. Pero en nada satisface las demandas internas de recortar esos subsidios que merman los recursos locales mientras financian sonados casos de corrupción, como el de Albanisa, en Nicaragua. La empresa encargada en ese país de administrar las donaciones petroleras de Venezuela, según investigaciones periodísticas, ha desviado ese dinero hacia negocios privados.
“La falta de transparencia y rendición de cuentas del Alba representa una inagotable fuente de corrupción, pero a los venezolanos esto parece no preocuparles. La premisa fundamental de esta cooperación no es de eficiencia económica o de desarrollo, sino política: que [el presidente Daniel] Ortega se mantenga en el poder”, considera el periodista Carlos F. Chamorro. Entre 2008 y 2014, Nicaragua ha recibido casi 4.000 millones de dólares, gracias al convenio de cooperación con el Alba, pero manejado a través de empresas privadas. Esto representa unos 550 millones de dólares anuales, un presupuesto paralelo equivalente al 5% del PIB, o el 20% de los ingresos presupuestarios del país centroamericano.
Si el futuro del Alba está vinculado al del petróleo, el Caribe parece la única zona de crecimiento. “En el fondo es un proyecto venezolano, de ahí la dificultad de encontrar relevos. Su dinámica está asociada además al Socialismo del Siglo XXI, que está bastante debilitado como horizonte”, incide Stefanoni.
Ni Ecuador ni Bolivia son potencias petroleras. Además, Correa y Morales, como Chávez en sus inicios, participan de distintos foros y ven en Unasur un motor de integración económica con un horizonte más claro que el del Alba. “Hay muy pocas opciones de que crezca como plataforma ideológica”, opina Rojas: “Venezuela está saturada de problemas domésticos. Ha perdido muchísimo liderazgo regional”.