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martes, 21 de junio de 2022

Hablando de malditos / Welles y Hopper

 

Orson Welles, en el rodaje de 'Al otro lado del viento'.
Orson Welles, en el rodaje de 'Al otro lado del viento'.GARY GRAVER (NETFLIX)

Hablando de malditos: Welles y Hopper

Son dos señores que alborotaron en distintas épocas la forma de hacer películas. Es cruel comparar la poderosa ‘Ciudadano Kane’ y la desquiciada ‘Easy Rider’



Carlos Boyero
10 de septiembre de 2020

Leo con interés en la edición de papel de este periódico las crónicas de la Mostra de Venecia que firma el modélico periodista cultural Álex Vicente. Y me sorprende la abundancia y el protagonismo de documentales, retratos caseros sobre la pandemia, o ese mediometraje que ha rodado el artista de La Mancha adaptando La voz humana de Cocteau. No dudo del atractivo que desprenderán esas cosas, pero sospecho que la casi totalidad de ellas están destinadas a su visión en las plataformas. Y me pregunto qué tipo de películas se van a estrenar durante la próxima temporada en los cines, cuáles van a ser los señuelos para que el público salga de sus casas y paguen nueve o 10 euros por la entrada. La sensación de parálisis en la industria es lamentablemente real. Tendrá que reinventarse para sobrevivir.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Françoise Sagan / Entre recuerdos

Françoise Sagan

Françoise Sagan, entre recuerdos

  • La escritora francesa recorre las grandes pasiones de su vida en una recopilación de textos publicada por la editorial El Cobre · Orson Welles, Jean-Paul Sartre y Billie Holiday, entre otros, desfilan por sus páginas

Alfredo Asensi
26 de enero de 2009

Vivió deprisa, con riesgo, literariamente. Una vida de excesos, libros, divorcios, viajes, alcohol e irreverencia. De sobredosis, contradicciones, fraudes fiscales. Era lúcida, burguesa, vertiginosa, distinta. Françoise Sagan, una de las más pasionales y brillantes escritoras francesas del siglo XX, regresa a la actualidad literaria con la publicación de Desde el recuerdo (El Cobre Ediciones), una recopilación de estampas autobiográficas por primera vez traducidas al español. Sagan, fallecida hace cinco años, relata en la obra sus encuentros con grandes mitos del siglo XX como Orson Welles, Billie Holiday o Jean-Paul Sartre. Con desprendimiento y cinismo, con sinceridad y entusiasmo, la autora de Buenos días, tristeza repasa algunas de las aficiones y adicciones a las que se entregó sin reservas, entre ellas el juego, la velocidad y la lectura.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Quince obras maestras de la cultura que fueron masacradas en su momento

Edgar Allan Poe

Quince obras maestras de la cultura que fueron masacradas en su momento

Discos, pinturas, películas o libros que hoy son piezas fundamentales fueron en origen maltratadas por los críticos e ignoradas por el público. Esta es la historia de algunas de ellas

Eduardo Bravo
5 de diciembre de 2019

Al entierro de Edgar Allan Poe (Boston, 1809- Baltimore, 1849) asistieron siete personas. Murió sin un centavo y sin que nadie reconociera su talento. Y eso que trabajó a destajo publicando sus poemas y sus cuentos en revistas y editoriales que le pagaban una miseria. La historia de la cultura está llena de artistas y obras incomprendidas que años más tarde obtuvieron todo el reconocimiento. Para algunos fue tarde (habían muerto); con otros, sin embargo, se hizo justicia en vida.
Estos son algunos casos...

jueves, 3 de septiembre de 2020

Los bulos que mataron a Cleopatra

'La muerte de Cleopatra' (1874), de Jean André Rixens.
'La muerte de Cleopatra' (1874), de Jean André Rixens.

Los bulos que mataron a Cleopatra

Una investigación de universidades europeas sobre los rumores en la historia rescata las falsedades que los dirigentes romanos extendían para su propio interés con fines políticos o militares



Vicente G. Olaya
Madrid, 17 de abril de 2020







El senador Lucio Sergio Catilina nunca quiso quemar Roma, pero gran parte de los ciudadanos de la ciudad así lo creyó, lo que le costó la vida. El político romano Escipión Nasica le hizo una broma a un campesino sobre sus excesivamente callosas manos, pero la anécdota denigrante se extendió y se deformó, así que perdió las elecciones para convertirse en edil. Julio César nunca cruzó el río Rubicón —la frontera entre Italia y la Galia— con un inmenso ejército; sin embargo, eso creyeron sus adversarios, que huyeron despavoridos. Y hasta Marco Antonio y Cleopatra terminaron sus vidas por una burda falsedad que no pudieron detener.

martes, 2 de mayo de 2017

Shakespeare / Macbeth, una lección




'Macbeth', una lección

EDUARDO HARO TECGLEN
18 SEP 1983


Heriría quizá mucho a la gente del cine decir que Orson Welles enriqueció como lo hizo el arte cinematográfico porque era un hombre de teatro. Pero fue uno de los pocos que supo que el cine no nacía del aire ni de los hermanos Lumière, sino del teatro -al que querría matar, al estilo freudiano, edípico-; pero que no tenía que ser teatro fotografiado ni tampoco retorcimientos inhumanos de la cámara o deformaciones de la óptica. Su Macbeth de 1948, como después su Otelo de 1955, fueron una demostración de esta especie de ley genética y de cómo se puede innovar sin dejar de respetar. Su Falstaf(Campanas a medianoche) fue más personal, pero no dejó de ser teatro-cine.Shakespeare le llenaba, le inundaba, desde sus días de comediante en Irlanda (esa inmensa cuna del teatro contemporáneo) en el Abbey, en el Gate. Lo había representado, dirigido, editado con notas y con ilustraciones, investigado, adorado. En 1936 hizo con él un experimento ya de vuelta a Estados Unidos: la dirección de un Macbeth interpretado exclusivamente por negros.


El origen del proyecto era político, un proyecto federal dentro de cual estaba el Negro People's Theatre, y recibió -aparte del éxito teatral- las clásicas críticas radicales: los negros tenían sus propios problemas, su angustia natural, y debería serles ajeno un tema escocés de la Edad Media. Con la respuesta consiguiente:Macbeth no es un problema escocés de la Edad Media, sino una universalización del tema de la ambición, de la lucha hasta el fin por el poder, de una forma de relaciones morbosas entre marido y mujer, de la sangre derramada por el triunfo del absolutismo.
Por entonces, el mensaje tenía el nombre propio de Hitler y el genérico de fascismo. Mensaje que haría más concreto, después con un Julio César (lo representó en lo que fue ya su propia compañía, el Mercury Theatre, y en vestuario actual).


Una nueva forma de narrar
Lo que quiere decirse aquí es que cuando Welles llegó al cine está vigorizado, formado y apasionado por el teatro en todas sus vertientes; que estaba profundamente nutrido por el estudio de Shakespeare, y que cuando produjo este Macbeth tenía, además de ese gran vigor inicial del teatro, toda la fuerza del cine inventado por él en Ciudadano Kane y en The magnificient Ambersons. Loque aportó al cine fue una forma nueva de narrar, una utilización del sonido -como música y como palabra- y unas determinadas formas de utilizar la cámara, en el gran ángulo o en el corte de escenas, tras de la cual, sí raspamos un poco el celuloide, nos encontramos con la suntuosidad del teatro.Todo ello es especialmente visible, especialmente admirable, en este Macbeth por el que no pasan los 34 años de su vida, aunque pasen más difícilmente todos sus matices por el ojo de aguja de una pantalla de televisión, demasiado pequeña para su magnitud, que se ilustra hoy con esta riqueza.
Desde las brujas brumosas hasta el bosque en marcha que precipita el desenlace todo es teatro y, al mismo tiempo, todo es cine; todo es Shakespeare y, al mismo tiempo, todo es Orson Welles. Ahora que se plantean tantos enigmas entre teatro-cine-televisión, tantos desgarrones, tantas mezquindades sobre la propiedad, los valores, los elementos diferenciales, y tanta lucha de pequeñuelos, este Macbeth de Orson Welles puede ayudar a comprender -a condición de que se quiera- cómo pueden funcionar las cosas, cómo todo es lo mismo siendo distinto. Una lección.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de septiembre de 1983