Mostrando entradas con la etiqueta Sharon Olds. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sharon Olds. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de abril de 2022

Sharon Olds / Poema al padre


Sharon Olds
POEMA AL PADRE

De pronto te imaginé
de niño en aquella casa, habitaciones oscuras
y cálida chimenea con el hombre enfrente
callado. Te movías a través del grávido aire
con tu corpórea belleza, un chico de siete años,
indefenso, avispado, hubo cosas que el hombre
hizo cerca de ti, era tu padre,
el molde con el que fuiste creado. Abajo en el
sótano, los barriles de dulces manzanas,
cogidas del árbol en su momento álgido, se pudrieron
y descompusieron y por delante de la puerta del
sótano el arroyo corría y corría, y algo
no te fue dado, o algo te fue
robado, algo con lo que naciste, y hoy
incluso a tus 30 y 40 años te llevas
la oleosa medicina a tus labios
cada noche, ponzoña para ayudarte
a caer inconsciente. Siempre pensé que
la clave fue lo que nos hiciste
de adulto pero luego recordé a aquel niño
siendo moldeado frente al fuego, los
diminutos huesos de su alma
retorcidos y fracturados, los pequeños
tendones sujetando el corazón
partidos en dos. Y lo que ellos te hicieron
tú no me lo hiciste. Cuando ahora te amo,
me gusta pensar que estoy dando mi amor
directamente a ese chico de la habitación tórrida
como si ese amor pudiese alcanzarlo a tiempo.







Sharon Olds / Dos poemas





Sharon Olds

DOS POEMAS


Querer


Esperé en el pasillo mientras su mujer
preparaba todo para la noche,
ajustaba el goteo, limpiaba la saliva 
seca de las comisuras de sus labios,
comprobaba que la escupidera estuviera cerca,  
el timbre prendido de la sábana,
como un chupador a la cuna.
Mientras, yo pensaba en el goteo,  
en la manivela de acero de la cama,
en el timbre, en la taza, en la luz.
Siempre lo supe un objeto es un mundo de objetos. 
Y es que no hablaba, a veces, por una semana, 
se limitaba a hacer esas señas suyas:
si abría y cerraba los dedos como un pico, 
mujeres parloteando; si se golpeaba la frente, 
la estupidéz de las mujeres te destruye.
Yo había dejado de esperar que me hablara
con sinceridad antes de morir. Aguardé
junto a la enfermería, donde las mujeres dejan
las flores cuando se llevan sus bebés a casa.
Cuando ella salió de su habitación estaba radiante:
él le había tomado las manos, le había agradecido
cuánto había hecho por él durante veinte años,
y después le había dicho:
Quiero dedicarte el resto de mi vida.





Exclusividad

(para mi hija)

Me acuesto ahora en la arena de la playa y te miro
a vos que estás también
acostada en la arena. Quiero grabarte en mi memoria
para cuando no estés más conmigo: tus labios
turgentes y brillantes de rouge bajo el sol,
tus labios suaves como los labios interiores
de una concha de mar; tu piel dorada de vainilla,
barnizada y apenas irregular como la superficie
de una vainilla, tu pelo atado en un rodete serio.
Te amé en vez de a otros,
te amé como una forma de no amar a nadie más,
cada partícula precisa de tu cuerpo
hacía el dios, así como vos fuiste hecha dentro mío,
en un mundo sellado. ¿Y qué si de tus labios aprendí
el amor de otros labios, si de tus trenzas y gomitas
el amor de otros lazos, si de tus ojos que
se estremecen cerrados, el amor de otros ojos,
de tu cuerpo los cuerpos,
de tu vida las vidas?
Hoy veo que hay algo que aprender de vos
y es a amar lo que no me pertenece.







Sharon Olds / No hay nada más natural que hablar de sexualidad

Sharon Olds


Sharon Olds

“Para mí no hay nada más natural que hablar de la sexualidad”

Sharon Olds recibe este sábado el Premio Leteo en León. Su voz se caracteriza por la radicalidad de temas de sexualidad y política

La poeta Sharon Olds, en su apartamento de Nueva York. / PASCAL PERICH (EL PAÍS)





El lugar del que emerge la voz poética de Sharon Olds (San Francisco, 1942) no resulta fácil de rastrear. Para algunos se trata de una voz incómoda. Helen Vendler, una de las críticas de poesía más autorizadas de Estados Unidos, la rechaza abiertamente. Entre otras cosas, la voz de Olds se caracteriza por la radicalidad con que da cuenta de experiencias a las que ningún ser humano es ajeno. “A muchos les molesta la manera en que abordo la sexualidad o ciertos aspectos de la intimidad familiar como qué significa ser madre o ser hija. O que escriba la dolorosísima crónica del abandono de una esposa por parte del marido. O las fases terribles de la muerte de un padre, víctima de cáncer”. Pero es en esto en lo que radica la fuerza de su poesía. El salto del ciervo,su libro más reciente hasta la fecha, galardonado en 2013 con el Premio Pulitzer, es la crónica de las secuelas que deja en una mujer un divorcio inesperado.
La voz de Olds logra conectar con lectores que no están acostumbrados a leer poesía, arrastrándolos hacia zonas primordiales de la percepción y el sentimiento de un modo que resulta tan directo y elemental como profundo. Y sí, la experiencia puede resultar perturbadora, pero también liberadora. La voz de Olds penetra en la sensibilidad de quien la lee con una inmediatez poco común y en cualquier momento puede dar un giro desconcertante, que a la propia poeta no le resulta fácil de explicar, como ocurre con el poema titulado El pene del Papa, cuya intención, pese a lo que pueda sugerir el título, no es irreverente. Una voz que hoy recibirá el León el XV Premio Leteo, que concede el Club Cultural Leteo, presidido por Rafael Saravia.
¿Cuál es el origen de sus versos? “En primer lugar está la danza… el baile, en su sentido primigenio … La verdad es que la poesía siempre ha estado ahí, desde que era muy niña. Dentro de mí había una voz que cantaba, y se trataba de sacarla fuera, primero llevándola al mundo de los sonidos, luego al de la página”. Esto último tardó muchos años en suceder. Olds tenía 37 años cuando publicó su primer libro, Lo que dice Satán. El volumen sorprendió, entre otras cosas, por la naturalidad con que habla de la experiencia sexual. Nadie había abordado el asunto con la desnudez con que lo hace ella. “Eso molestó a mucha gente, pero para mí no había nada más natural. Como poeta, me pareció un regalo, como si me dijeran: he ahí una zona de la experiencia humana que o se trata de un modo que la envilece o se pasa por alto, ¿por qué no hablas de eso? Y es lo que hice, pero no es sólo el tema de la sexualidad en sí. Hablo de manera parecida de lo que significa ser madre, y de hecho, el motivo por el que no publiqué antes es que yo era madre a tiempo completo. La maternidad es algo que yo elegí libremente y que me hizo sentirme plenamente realizada. Luego, cuando escribí sobre lo que significa tener hijos, también hubo gente a la que le molestó mi manera de hacerlo”.
La poesía de Sharon Olds tiene una dimensión decididamente política: “No puedo permanecer callada ante lo que veo que sucede en mi país. No puedo sancionar con mi poesía las atrocidades que lleva a cabo mi gobierno. Por eso cuando el marido de Laura Bush me invitó a la Casa Blanca rechacé la invitación”. Consciente de la imagen negativa que tiene muchas veces su país en el exterior, la visión de Estados Unidos a la que se acoge Sharon Olds es la de Emerson (sobre quien escribió su tesis doctoral), Whitman y Thoreau, la América del Norte representada en poesía por las grandes voces de la democracia: “La gran suerte de la tradición poética norteamericana reside en el hecho de que tenemos una madre y un padre formidables, Emily Dickinson y Walt Whitman. Nuestra tradición está firmemente anclada en la unión de dos voces poderosísimas, una masculina y otra femenina. De esa conjunción milagrosa deriva todo lo demás”.
Uno de los libros más potentes de Sharon Olds es El padre (1992), crónica desgarradora de la agonía y muerte de su padre. La influencia de Sylvia Plath es muy patente, aunque la singularidad de su voz sigue siendo algo inexplicable. “Muchas veces me preguntan dónde se forman mis poemas y nunca sé qué decir, de la misma manera que no sé qué es la imaginación. No soy una poeta intelectual. ¿En los pulmones? ¿En el movimiento físico del brazo? Cuando escribo no tengo la menor idea de lo que estoy haciendo… Cuando los jóvenes poetas me piden consejo siempre les digo lo mismo, que lleven una vida sana, porque el lugar del que procede la poesía es un lugar sano”.



miércoles, 7 de noviembre de 2018

El otoño de los corazones rotos



Sharon Olds en su casa, en Nueva York, en 2015.
Sharon Olds en su casa, en Nueva York, en 2015. PASCAL PERICH

El otoño de los corazones rotos

Este curso proliferan los libros sobre rupturas amorosas

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
6 NOV 2018 - 14:10 COT

El amor es un género literario. Su final, también. Sobre todo este otoño, que parece marcado por el tema de marras en la narrativa, en el cine y en el puente que lleva de la una al otro. El próximo día 23 se estrena en España El veredicto, adaptación de La ley del menor (Anagrama), una novela de Ian McEwan que mezcla la borrasca matrimonial de una jueza con un dilema moral que la tiene en vilo. Como al lector. La película de Richard Eyre completa un capítulo de separaciones cinematográficas cuyo buque insignia en lo que va de curso es, sin duda, Cold War, de Pawel Pawlikowski. Después de firmar la estupenda Ida, el cineasta polaco ha fundado un subgénero melodramático con hora y media de videoclip en blanco y negro: el anuncio de Martini más largo de la historia, el La La Land del Telón de acero.

sábado, 5 de abril de 2014

Sharon Olds / La ética y la muerte


Sharon Olds
BIOGRAFÍA
La ética y la muerte
Versión de Mori Ponsowy


No es algo malo su muerte.
Ni bueno, ni malo.
Queda fuera del mundo moral.
Cuando las enfermeras vacían la bolsa del catéter
y vierten el fluido ámbar y pálido
en una taza para medir, no hacen
algo bueno ni malo: es sólo
su cuerpo. Incluso cuando el dolor
crispa su rostro, su boca
cuando hace un chasquido,
su quijada al contraerse,
no son malos, no hay alguien haciéndoselo,
no hay culpa, ni vergüenza:
sólo placer o dolor. Es el mismo reino
del sexo, de los impulsos nerviosos,
un reino sin iglesia, en él lo besamos,
en él acariciamos su cabello pringoso,
su mujer y yo,
una a cada lado, secando restos
de saliva en sus labios blancuzcos.
Su cuerpo nos siente atenderlo
fuera del mundo de la moral,
como si le hiciéramos el amor en un bosque,
escuchando desde una pradera remota
los cánticos distantes de una asamblea:
gotas más pequeñas que las más pequeñas gotas de rocío
cubren su cuerpo cuando nos inclinamos a tocarlo.


Sharon Olds
El Padre
Madrid, Bartleby Editores, 2004