Ampliar fotoAnnie Ernaux: “Feminista era un insulto hace no tanto”
El Premio Formentor, que recibe la próxima semana, y varias reediciones de sus libros convierten a la escritora francesa en una de las grandes protagonistas del otoño. En un tiempo en el que triunfan la autoficción y la narrativa basada en hechos reales, es una de las autoras más influyentes de su país, una maestra de la escritura sin adornos
Alex Vicente
16 de septiembre de 2019
Contar la verdad, caiga quien caiga. Y evitar que la memoria individual, estrechamente ligada a la colectiva, termine arrastrada por el paso del tiempo. Si todas las imágenes y todos los recuerdos están condenados a desaparecer, Annie Ernaux (Lillebonne, Francia, 1940) se encierra en su escritorio cada día buscando un antídoto a ese inexorable olvido. Sus libros son, en el fondo, una copia de seguridad. Es la conclusión a la que llega la autora tras casi dos horas de conversación en la casita con jardín, aislada en medio de la nada, en la que reside desde hace cuatro décadas. Ernaux encontró su hogar en Cergy-Pontoise, a unos 40 kilómetros de París, una de esas villes nouvelles que Pompidou levantó de la nada para atenuar la concentración urbana en la capital. La ciudad, dotada de un espectacular ejemplo del neoclásico posmoderno de Ricardo Bofill, es un lugar sin historia. Una curiosa elección para una escritora obsesionada por el recuerdo. “Sé que parece una contradicción, pero esta urbe sin pasado era el único lugar donde me sentía bien. Las ciudades históricas me recuerdan a una larga tradición de exclusión social. Aquí podía vivir sin sentirme sometida a ese determinismo”, explica Ernaux, siempre influida por las tesis del sociólogo Pierre Bourdieu.