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martes, 25 de marzo de 2025

Alejandro Zambra / Existen dos tiempos que no rivalizan: el del juego y el de la literatura"

 


Alejandro Zambra.

Alejandro Zambra. / JESÚS PRIETO


Alejandro Zambra

El escritor chileno visita Galicia para recoger el Premio San Clemente, un reconocimiento otorgado por estudiantes del instituto compostelano Rosalía de Castro

Belen Teiga
Santiago, 26 de marzo de 2025

jueves, 13 de marzo de 2025

Dos libros / Bonsai y La tentación del fracaso

 

DOS LIBROS

  • Bonsái

La primera novela del escritor chileno Alejandro Zambra fue publicada en el año 2006. Está magnífica obra sigue a Julio, su protagonista y lo ve crecer, con todo lo que esto implica. Desde sus primeros amores y las cicatrices impalpables que estos dejan hasta sus venturas en la literatura. Es una novela sobre el amor, sobre la literatura, pero sobre todo es una novela sobre la vida, los caminos tomados y las posibilidades perdidas.



  • La tentación del fracaso

Julio Ramón Ribeyro nos comparte en su diario personal. En este podemos ver la evolución del escritor peruano tanto en el plano artístico como en el personal. Amores y desamores, días de hambruna y noches de lujuria en Perú, París y Madrid. Con este libro el lector puede acompañar a Ribeyro en su viaje artístico y creativo en una Europa llena de artistas emergentes. La trayectoria de Ribeyro es reconocida mundialmente y esta obra permite ver los engranajes creativos y humanos de uno de los grandes escritores de Perú y de Latinoamérica.

ALTERNATIVA



lunes, 24 de julio de 2023

Alejandro Zambra /“Escribir se asemeja más que nada a desaparecer”

 


Alejandro Zambra, en su casa en Ciudad de México, el pasado 3 de septiembre.
Alejandro Zambra, en su casa en Ciudad de México, el pasado 3 de septiembre.ALEJANDRA RAJAL


Alejandro Zambra: “Escribir se asemeja más que nada a desaparecer”

El escritor chileno, considerado uno de los más importantes prosistas de la lengua española, reflexiona sobre su país, sus libros y su falsa timidez


Juan Cruz
Madrid, 26 de septiembre de 2021

martes, 12 de enero de 2021

Los 50 mejores libros de 2020 / Segunda Parte

 

Susan Sontag


Los 50 mejores libros de 2020

SEGUNDA PARTE
DEL 11 AL 20



11. La era del capitalismo de la vigilancia
Shoshana Zuboff. Traducción de Albino Santos Mosquera
PAIDÓS

Cada vez que usamos Internet cedemos inconscientemente parte de nuestra soberanía personal a un poder opaco, sin límites legales y sin fronteras geográficas. La socióloga Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Harvard Business School, ha puesto nombre a ese fenómeno en un libro de casi 1.000 páginas llamado a marcar época y a bautizar una era: el capitalismo de la vigilancia.




12. Despojos
Rachel Cusk. Traducción de Catalina Martínez Muñoz
LIBROS DEL ASTEROIDE

Consagrada con la trilogía formada por A contraluz, Tránsito y Prestigio, la autora canadiense da un giro a su obra con su particular distanciamiento de la ficción, Despojos, donde narra con crudeza y lucidez el naufragio de su matrimonio.





13. Sontag
Benjamin Moser. Traducción de Rita Da Costa
ANAGRAMA

Después de triunfar con su biografía de Clarice Lispector, Benjamin Moser se atrevió con uno de los grandes iconos de la intelectualidad del siglo XX: Susan Sontag. Las acusaciones de que la escritora había ocultado su homosexualidad y apoyado tibiamente la causa feminista desataron una polémica que contó con un bálsamo particular: el premio Pulitzer.


14. Poeta chileno
Alejandro Zambra
ANAGRAMA

En esta novela hay de todo: relaciones familiares alejadas del canon y eso que llaman nuevas masculinidades, ambiciones personales y literarias y una defensa de —puro Zambra— la inmadurez. En este libro, bienhumorado pero profundo sin pretenderlo, hay de todo, hasta poesía.

15. Otoño
Ali Smith. Traducción de Magdalena Palmer
NÓRDICA

La escocesa Ali Smith ha escrito una novela titulada como cada una de las estaciones del año y el resultado es uno de los grandes frescos narrativos de la literatura británica actual. Con las dosis justas de humor y mala uva, Smith retrata el Reino Unido posterior al referéndum sobre el Brexit.

16. Las malas
Camila Sosa Villada
TUSQUETS

Con su relato —en parte autobiográfico— sobre la cruda vida de un grupo de travestis en la ciudad argentina de Córdoba, Camila Sosa se ha alzado este año con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a la mejor novela escrita en 2020 por una mujer. Una crónica de la incomprensión y el desamparo escrita a sangre y fuego, sin medias tintas.

17. M. El hijo del siglo
Antonio Scurati. Traducción de Carlos Gumpert Melgosa
ALFAGUARA

Ahora que la palabra “fascista” se usa para casi todo, he aquí una novela (sin ficción) oportunísima para conocer a uno de los padres de la criatura: Benito Mussolini. A lo largo de 800 páginas, con las que su autor ganó el Premio Strega en 2019, asistimos a un retrato impecable de los turbulentos albores del siglo XX.


18. Como polvo en el viento
Leonardo Padura
TUSQUETS

Convencido de que ya resulta imposible retratar la realidad cubana sin tener en cuenta a la Cuba peregrina, Leonardo Padura se lanza a contar las vidas cruzadas de un grupo de exiliados en distintas partes del mundo. Empezando, por supuesto, por Miami. Y por la propia La Habana. Una foto colgada en Facebook desata la intriga y la pregunta catedralicia por el momento en que la isla se fue al traste para parte de sus habitantes.







19. Madrid
Andrés Trapiello
DESTINO

Como casi todos los madrileños, Trapiello no nació en Madrid, sino en León. Llegó a la capital en 1975 y en este libro recorre tanto su vida como la de unas calles cargadas de literatura, pero a las que les faltaba un libro total como este. Muy bien ilustrado y escrito con el desparpajo habitual de su autor, este Madrid mezcla magistralmente historia y memoria.



20. Casas vacías
Brenda Navarro
SEXTO PISO

Una mujer pierde a su hijo mientras jugaba en el parque. Otra mujer roba a un niño en un parque. Ese es el punto de partida de esta novela, armada por la escritora mexicana Brenda Navarro tejiendo magistralmente los, a veces delirantes, luminosos a veces, monólogos de esas dos mujeres. La maternidad y la precariedad contadas sin tapujos.






miércoles, 30 de diciembre de 2020

Alejandro Zambra / Poeta chileno / La verdadera sociedad es cómica


Image is Everything: An Interview with Alejandro Zambra
Alejandro Zambra


Los 50 mejores libros de 2020Alejandro Zambra

POETA CHILENO


«La verdadera seriedad es cómica», decía Nicanor Parra, y esta novela sobre poetas que desprecian las novelas lo demuestra brillantemente.


Gran literatura menor

Alejandro Zambra vuelve en grande a la novela con este magnífico libro sobre familias hechizas, poetas y poetastros. Una hermosa, desenfadada y seriamente divertida declaración de amor a la poesía. 

Durante buena parte de esta novela Gonzalo es un poetastro que quiere ser poeta y un padrastro que se comporta como si fuera el padre biológico de Vicente, un niño adicto a la comida para gatos que años más tarde se niega a estudiar en la universidad porque su sueño principal es convertirse –también– en poeta, a pesar de los consejos de Carla, su orgullosamente solitaria madre, y de León, un padre mediocre dedicado a coleccionar autitos de juguete.

Alejandro Zambra / Poeta chileno / Gran literatura menor

 


Los 50 mejores libros de 2020

POETA CHILENO

Gran literatura menor

Alejandro Zambra reivindica una prosa opuesta a la grandilocuencia con una novela que se hace fuerte en sus limitaciones, humorística y emocionante


Carlos Pardo
24 de abril de 2020



Gran literatura menor

Una de las mayores cualidades de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) es haber encaminado el encanto de su prosa y una destacada inteligencia lectora a la defensa de la literatura menor. Una “gran” literatura menor que incide en la honestidad y la tenue idealización de las circunstancias más comunes; e incluso mediocres, si despojamos esta palabra de sus connotaciones negativas. Porque este “menor” no se opone a lo “grande”, sino a lo “grandilocuente”. Y la vindicación de maestros como Paul Leáutaud, Julio Ramón Ribeyro o Natalia Ginzburg (en el maravilloso No leer), o la brevedad elocuente de sus propias novelas (Bonsái, Formas de volver a casa) señalan una hoja de ruta del autor: poner en marcha una imaginación poderosa en un campo acotado, dar al gesto contenido una amplia resonancia.

viernes, 15 de mayo de 2020

El desorden de leer 3 / Alejandro Zambra / Salsa de tomate en mi ejemplar de ‘La montaña mágica’

El escritor chileno Alejandro Zambra, el pasado mayo, en Barcelona.
Alejandro Zambra
Barcelona, 2020

EL DESORDEN DE LEER 3

Salsa de tomate en mi ejemplar de ‘La montaña mágica’

Descubrir o redescubrir 'No leer', del chileno Alejandro Zambra, procura un placer grande, picudo y redondo


JUAN CRUZ
1 DE ABRIL DE 2020


Qué placer tan grande, tan picudo y tan redondo, es leer, y aún más releer, pero nunca no leer, a Alejandro Zambra. Este libro, No leer (Anagrama, 2018; hubo ediciones anteriores, en Diego Portales y en Alpha Decay), prolonga desde dentro, como si fuera su diario de combate, su modo de tachar, como los surrealistas o los Beatles, todo aquello que fuera cursi o exagerado. En el prólogo él declara que muchas veces se pelearon con él poetas o narradores, por las críticas que aquí recoge en parte. Pero cuando se lee el libro se advierte, como si una navaja abriera el cerebro de los enfadados, que en los casos en que esos cabreos se produjeran quienes respiraron por la herida merecían, por lo menos, el silencio eterno. Pero ahí siguen, Zambra no los mató, sólo escribió de ellos, los puso de manifiesto.

jueves, 23 de abril de 2020

Las lecturas obligatorias de 14 escritores


Las lecturas obligatorias de 14 escritores

Margaret Atwood, Bret Easton Ellis, Javier Cercas y otros invitados al festival Capítulo uno de Madrid, que se suspendió por la crisis sanitaria, escogen a sus autores de referencia en el Día Internacional del Libro


Babelia
23 de abril de 2020

¿Cuáles son los libros de cabecera de Margaret Atwood, Bret Easton Ellis, Javier Cercas, Manuel Vilas, Mathias Énard, Alejandro Zambra o Cristina Morales? Los 15 autores invitados al festival literario Capítulo uno, organizado por Matadero Madrid con la colaboración de Casa del Lector, Cineteca Madrid y las Naves del Español y siete grandes sellos editoriales españoles, han escogido sus lecturas de referencia en ocasión del Día Internacional del Libro, que se celebra este jueves. El festival, que debía tener lugar a finales de marzo y que se suspendió a causa de la crisis sanitaria, ha sido aplazado hasta el otoño.


Margaret Atwood

El talón de hierro, de Jack London
Mirando atrás, de Edward Bellamy
Un mundo feliz, de Aldous Huxley
1984, de George Orwell
Dudo errante, de Russell Hoban
The Death of Grass, de John Christopher (Samuel Youd)
La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. LeGuin
Mujer al borde del tiempo, de Marge Piercy
Parentesco, de Octavia Butler
The Water Knife, de Paulo Bacogalupi
Estación once, de Emily St. John
Mandel Company Town, de Madeline Ashby
El poder, de Naomi Alderman

sábado, 22 de junio de 2019

Alejandro Zambra / “Es fácil convertirte en el escritor que odias”






El escritor chileno Alejandro Zambra, el pasado mayo, en Barcelona.
El escritor chileno Alejandro Zambra, el pasado mayo, en Barcelona.  EL PAÍS


Alejandro Zambra

“Es fácil convertirte en el escritor que odias”

Alejandro Zambra orquesta en 'Tema libre' un alegato en forma de ensayos, crónicas y relatos en favor de la literatura como combate y salvavidas


Laura Fernández
Barcelona, 5 de junio de 2019

Relatos que no pensaba publicar, conferencias en las que habla de esos mismos relatos y de la manera en que se cruzaron en su vida pero también de cómo su generación fue siempre “sospechosa” por no tener, en apariencia, nada qué contar al no haber sufrido ningún embate histórico, y algo parecido a crónicas, crónicas sobre su despertar al absurdo, a través de canciones de Roberto Carlos, y sobre mudanzas que te obligan a plantearte cómo de distinta es la vida en el país que has dejado y el que te recibe. Algo de todo eso y más reúne el brevísimo último libro de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 43 años), Tema libre (Anagrama), mosaico y motor de ideas que piensan, desde dentro, el acto de crear, el de dejarse seducir por lo creado y la condición misma del mensajero: el lenguaje.

Roberto Bolaño / La parte de Chile


Roberto Bolaño

Roberto Bolaño
La parte de Chile

Por Alejandro Zambra 

Antes de que comenzaran a llegar los libros de Roberto Bolaño, la literatura chilena se debatía entre el triunfalismo y la desesperación: los narradores intentaban, con mayor o menor delicadeza, contradecir o al menos reproducir la atormentada perfección de las novelas de José Donoso; los malos poetas procuraban no parecerse a Neruda, mientras que los buenos luchaban sin pausa por no parecerse a Nicanor Parra o a Gonzalo Rojas o a Enrique Lihn o a Rodrigo Lira; por su parte, los críticos elogiaban o condenaban a los escritores nacionales con celosa cortesía, pero reservaban sus adjetivos predilectos para ponderar a los clásicos (y durante aquellos años hasta Tolkien era considerado un clásico). Los profesores, en tanto, aprovecharon ese valioso tiempo —el de la renaciente democracia— para modificar a su antojo la lista de lecturas obligatorias: fue así como las novelas de Isabel Allende, Luis Sepúlveda y Marcela Serrano se transformaron en inamovibles materiales de estudio.

domingo, 31 de marzo de 2019

Jorge Herralde / Cuatro libros singulares



Alejandro Zambra

Jorge Herralde

Cuatro libros singulares

Tanto Alejandro Zambra (1975) como Juan Pablo Villalobos (1973) son ya mucho más que dos jóvenes promesas


28 de septiembre de 2018

En la fiesta ritual de la Feria del Libro de Madrid en 1986, en casa de Miguel y Mari Paz (es decir, Antonio Machado Libros), estábamos sentados Carmen Martín Gaite, Lali y yo con Adelaida García Morales y, si bien recuerdo, Víctor Erice, cuando Carmiña, ya autora de excelentes novelas y magníficas obras de indagación histórica, empezó a hablar con gran entusiasmo de su futuro libro, Usos amorosos de la postguerra española, que me había ofrecido para publicarlo. Yo acogí la noticia con entusiasmo algo impostado: pensé que el tema quedaba ya muy remoto para los más jóvenes y poco interesante para los de la época. Y, claro está, me equivoqué rotundamente: el libro, además de ser excelente, resultó un best seller extraordinario que se convirtió en long seller y ganó el Premio Anagrama de Ensayo y también el Premio de la Crítica.

martes, 12 de abril de 2016

Alejandro Zambra / Algunos rostros de Nicanor Parra

Nicanor Parra


Algunos rostros de Nicanor Parra


Por Alejandro Zambra

I
Hace unos meses me disponía a empezar una clase con algún concepto sobre la obra de Nicanor Parra, cuando el propio poeta, con la actitud de un alumno que llega atrasado, golpeó la puerta. Fue un gesto muy bello. Le había contado, por teléfono, que comenzaríamos a leer Hojas de Parra y él averiguó por sí mismo el día y la hora y arregló todo para viajar a Santiago y concretar la sorpresa.
No es frecuente que un autor ingrese, como si nada, al lugar donde cuarenta y tantos lectores comentan sus poemas, sobre todo si tiene 95 años y es, como se dice, una leyenda en vida de la poesía. Aquella mañana mis alumnos reaccionaron, al principio, con timidez, pero de a poco se atrevieron a hacer algunas preguntas que Nicanor contestó generosa y largamente.

Alejandro Zambra / Julio Ramón Ribyeiro en su tela de araña


Julio Ramón Ribeyro según Javier Prado


Julio Ramón Ribeyro en su tela de araña


Por Alejandro Zambra


1. Cada escritor tiene la cara de su obra, pensaba Julio Ramón Ribeyro, pero no es fácil dibujar la cara de Ribeyro: el pelo largo o corto o a medio crecer, la boca semiabierta, con o sin cigarro, con o sin bigotes, y un gesto serio o una leve sonrisa o una imprevista carcajada. Es como si hubiera elegido despistar a los curiosos con disfraces rudimentarios. La cara de Ribeyro es la cara de un estudiante de leyes que despreciaba la abogacía, la de un limeño que quería vivir en Madrid, y que en Madrid soñaba con ir a París, y que en París extrañaba Madrid, y así, según las becas y las faldas, y sobre todo en busca de tiempo que perder escribiendo, en la soledad de Munich, o de Berlín, o de París, de nuevo, por una larga temporada. La cara de Ribeyro es la cara de un solitario que amontonaba copas sucias y arrojaba las cenizas por el balcón. La cara de Ribeyro es la cara de un eterno convaleciente que nació en 1929 y murió en 1994, dos años después de comenzar la publicación de La tentación del fracaso, el asombroso diario que escribió durante más de cuatro décadas.
2. Era, quizás, la persona más tímida que he conocido, ha dicho Mario Vargas Llosa, el escritor menos tímido del Perú. Enrique Vila-Matas, en cambio, al conocer a Ribeyro enmudeció, y no de admiración, sino simplemente a causa del pánico que mi timidez y la suya habían provocado en mí. Ribeyro era un tímido que creía que todos “casi todos” los peruanos eran tímidos: Tememos al ridículo de una manera enfermiza, nuestro gusto por la perfección nos conduce a la inactividad, nos fuerza a refugiarnos en la soledad y en la sátira, escribe en su diario.
3. Mi vida no es original ni mucho menos ejemplar y no pasa de ser una de las tantas vidas de un escritor de clase media nacido en un país latinoamericano del siglo xx, dice Ribeyro, en su Autobiografía. La extravagancia de su obra proviene, justamente, de esta renuencia al heroísmo. Incluso en las páginas más confesionales de su diario persiste un matiz impersonal, que lo mantiene a salvo de la exhibición y del anecdotismo. Ribeyro escribe para vivir, no para demostrar que ha vivido. Un fragmento de 1977 es, en este sentido, revelador: La verdadera obra debe partir del olvido o la destrucción (transformación) de la propia persona del escritor. El gran escritor no es el que reseña verídica, detallada y penetrantemente su existir, sino el que se convierte en el filtro, en la trama, a través de la cual pasa la realidad y se transfigura.

Tomás González / La luz difícil / Reseña de Alejandro Zambra



Tomás González

LA LUZ DIFÍCIL

Por Alejandro Zambra


Los colombianos cambian el tono cuando hablan de Tomás González. Recuerdo hace algunos años, en una visita a Bogotá, a una joven lectora que, con ese talento para la parodia que solo tenemos cuando hablamos de nuestros compatriotas, destruyó en una hora y media a todos los escritores colombianos que yo conocía y admiraba. Gracias, le dije bromeando, mientras pedíamos otra aguardiente: ya no tengo que leer a ningún colombiano más. Me miró sorprendida, tal vez consciente de que había exagerado, y entonces me dijo sí, tienes que leer a Tomás González, y yo anoté el nombre en un papel que se me perdió, pero el nombre volvió a aparecer en todas las conversaciones que luego tuve con otros bogotanos, que no aguantaban las ganas de disertar sobre la muy discutible pero para ellos tan evidente (y alarmante) crisis de la literatura colombiana, y sin embargo al final cambiaban la voz y me recomendaban, con esa seriedad conmovedora que tienen los colombianos cuando dicen algo que realmente les importa, que leyera a Tomás González.

lunes, 26 de agosto de 2013

Alejandro Zambra / Las palabras todavía son importantes


Alejandro Zambra
“Las palabras todavía son importantes”

Por Angélica Gallón
El Espectador, 22 de septiembre de 2011

El escritor chileno estuvo en Colombia lanzando su más reciente novela, ‘Formas de volver a casa’, un libro que reconstruye la época de la dictadura desde la mirada de un niño. El escritor fue invitado a la Fiesta del Libro de Medellín y estuvo en Bogotá presentando su novela.




Nació en 1975 y claro, cuando los años 80 transcurrían, el escritor chileno Alejandro Zambra aún un chiquillo, crecía viendo a Don Francisco y a Pinochet por la tele. Su manera de mirar el mundo parecía vedada por una tela gris que sus padres habían desplegado para protegerlo, quizás, de los extremismos que coloreaban para entonces la realidad chilena.
Zambra fue creciendo y su manera de acercarse a lo que afuera acontecía empezó a ser consignada en poemas que por accidente terminaron un día en manos de algún profesor loco que puso a que todo un grupo de estudiantes los aprendieran y recitaran. Los libros también le ayudaron a entender, los cientos que devoraba con devoción y que le hacían decir que cuando fuera grande sería simplemente lector. Pero para ser lector, se hizo escritor.
Escribió dos cortas novelas: Bonsái, con la que ganó el Premio de la Crítica en Chile en 2006 y que fue traducida a más de diez idiomas, y La vida privada de los árboles, con la que además fue seleccionado por la revista Granta como uno de los mejores escritores en español menores de 35 años.
Zambra ha vuelto a escribir y utiliza esta vez su escritura, su universo de libros infinitos guardados en la memoria, para contar esa infancia de los 80, no la suya propiamente, pero sí la de su generación, una a la que quiere sacudirle la nostalgia.
El joven escritor estuvo de paso por Bogotá y El Espectador quiso hablar sobre sus letras y su nueva novela.


¿Por qué se inclina por la escritura corta? ‘Bonsái’ no superó las 94 páginas y algo parecido sucedió con la siguiente.
No hay un motivo preciso. Las novelas son hijos rebeldes y éstas simplemente no quisieron crecer más.
¿Cómo logra que aún en la brevedad se puedan conocer los destinos de las personas, su vida emocional?
Yo creo que escribir es, entre muchas cosas, un desafío de precisión. Me gusta un mundo donde las palabras son todavía importantes. La verdad es que miro mucho antes de escribir, me demoro un montón en elegir esos dos o tres detalles reveladores que siempre hay en las personas o en los paisajes.
¿Qué fue lo que hizo de ‘Bonsái’ una novela tan especial para tanta gente y en tantos idiomas?

No lo sé muy bien. Cuando terminé de escribirla simplemente pensé que debía publicarla, pero no tenía muchas teorías sobre la novela. Tampoco ahora. Y que se lea en otros lados es para mí muy extraño, pues siempre pensé que era una novela muy chilena, no de manera explícita, pero muy chilena.
¿Cómo ha cambiado su relación con esta novela en el tiempo?
Con mis libros tengo sobre todo una relación amorosa. Los quiero mucho. Pero no me interesa defenderlos ni reescribirlos ni hablar demasiado sobre ellos. No siento que tenga una ‘obra’. Más me interesa el libro en que trabajo ahora.
¿Qué es eso tan profundo que encuentras en la lectura?
En la lectura encuentro salud. Me siento bien leyendo. Me hace bien. Es mucho mejor que hacer deporte. Creo que descubrí la literatura gracias a los relatos sobre el terremoto del 39 en Chillán que hacía mi abuela (nos contaba historias para hacernos dormir, pero era imposible dormir después de escuchar que había perdido a sus padres y a sus hermanos en los escombros); gracias a la misa, porque cuando chico yo era muy creyente y me gustaba sobre todo el lenguaje raro y solemne de la misa, aunque confundía las frases (por ejemplo, esa parte en que dice “Mi paz os dejo, mi paz os doy”, yo pensaba que decía “Ni pasos dejo, ni pasos doy”, lo que me parecía bellísimo); y también gracias a los relatos radiales de Vladimiro Mimica, recuerdo que grababa los partidos y volvía a escucharlos una y otra vez, me encantaba ese lenguaje tan divertido.
Usted fue un crítico literario consagrado en Chile. ¿Qué hace que una crítica de libros sea buena?
A veces es un poco incómodo, porque en verdad no estoy tan interesado en lo que se diga sobre mis libros, pero de todos modos, inevitablemente, me entero. A veces me sorprende, sobre todo cuando algún crítico postula sentidos o interpretaciones que yo no había previsto.
Por mucho tiempo fue testigo de lo que pasaba en materia literaria en su país. ¿Qué diría que caracteriza la escritura chilena? ¿Cree que aún hay elementos nacionales en la escritura?
Bueno, sí. Hay elementos nacionales, claro que sí. Creo que siempre los hay, incluso si no escribes sobre tu país. Me siento tentado a decir que hay un grupo importante de escritores jóvenes o ya no tan jóvenes, haciendo cosas nuevas y sobre todo trabajando con autonomía, sin comprar una receta generacional. Pero de todos modos entiendo que algo nos une, incluso algo más que nuestro dialecto chileno, tan falto de palabras y sin embargo tan secreta y susurradamente rico.
¿Qué es en su historia como escritor este nuevo libro que publica en Colombia con la editorial Anagrama, ‘Formas de volver a casa’?
Es un libro que siempre quise escribir, aunque no sabía cómo era. Es un libro sobre el lugar donde viví casi veinte años, en las afueras de Santiago. Y es un libro sobre la familia. Yo creo que este es un libro muy distinto a los anteriores, sobre todo porque está en primera persona. Pero también entiendo que hay una familiaridad o una continuidad con los libros que lo preceden.
¿Por qué decide afrontar de nuevo ese tema transversal en muchos autores chilenos: la dictadura? ¿Qué necesidades existenciales lo alentaron a volver sobre el tema?
Más que escribir sobre la dictadura me propuse escribir sobre la infancia, esa fue la única decisión ‘temática’ que tomé. Y en mi caso era absolutamente imposible escribir sobre la infancia sin hablar sobre la dictadura. Lo de las necesidades existenciales es algo que solamente podría abordar con mi terapeuta, si es que tuviera uno, aunque si tuviera uno quizás no escribiría libros.
Ha dicho que quisiera escapar de títulos que encasillen la novela, pero se alcanzan a percibir varias referencias a lo político. ¿Cómo conversa la literatura y la política en su quehacer como escritor?
La literatura nos permite ver mejor. Y es una forma de conocimiento. Creo que gracias a ella podemos entender mejor nuestro pasado. Los escritores no estamos obligados a nada, salvo a mirar bien, a ser precisos, a buscar más allá de los primeros signos. Y eso te lleva siempre a la política, seas explícito o no.