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| Darío Jaramillo Agudelo |
LA CRISIS DEL CORONAVIRUS
El presente continuo
No se puede planear nada, la dimensión temporal sólo abarca un lento presente continuo cuya marcha se contabiliza, a la hora de ponernos trágicos, en un conteo de víctimas
Darío Jaramillo Agudelo
4 de abril de 2020
Vivo en Bogotá. Vivo solo. Salgo poco a la calle. Ya jubilado, desde hace más de diez años, me recogí en este apartamento silencioso que mira a los cerros orientales. Aquí hago nada, a ratos leo, a veces escribo. Esa es mi vida que se volvió obligatoria desde el 17 de marzo, día en que el gobierno dictó el decreto de ‘aislamiento preventivo obligatorio para mayores de 70’. Los setentones somos población de alto riesgo, presa deseable para el virus. Además, añado otro ‘alto riesgo’, tengo enfermedad pulmonar como corresponde a un devoto tabaquismo de más de 50 años, del que tuve que abjurar a comienzos de este siglo. Dos razones más para seguir en mi casa, mínimo, lo dice el presidente en su decreto, hasta el 30 de mayo.