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miércoles, 3 de julio de 2024

Margarita García Robayo: “La desigualdad es el tema que me obsesiona”

 


La escritora Margarita García Robayo, en Madrid el pasado 30 de mayo.

La escritora Margarita García Robayo, en Madrid el pasado 30 de mayo.ANDREA COMAS


Margarita García Robayo: “La desigualdad es el tema que me obsesiona”

La escritora colombiana radicada en Buenos Aires aborda con el ensayo ‘El afuera’ y el relato ‘Alegría’ la “incomodidad de habitar un espacio profundamente injusto”


Andrea Aguilar

30 de junio de 2024


En el arranque de El afuera (Anagrama) escribe Margarita García Robayo (Colombia, 44 años) que encontró en sus notas los apuntes sobre los que armó este ensayo “como una garrapata entre los pelos de un animal”. Puede parecer extraño que un texto sobre el tiempo en el que nacieron sus dos hijos tenga algo que ver con el parásito, pero el símil conecta bien con la historia que se propone contar y esa sensación de incomodidad que describe de forma directa y certera, —”casi seis años de estar clavando el ojo en eso que no entendía qué era y ahora me resultaba tan obvio como un elefante en mi salón”—. También desde la ficción en su nuevo cuento Alegría, ilustrado por Powerpaola y publicado esta primavera por Páginas de Espuma, García Robayo conecta con una atmósfera de peligros apenas escondidos, no tan ajena como pudiera parecer, a la descrita en su ensayo. La amenaza del espacio exterior se palpa desde otra perspectiva.

‘La encomienda’, de Margarita García Robayo / La rutina amenazada

 


MARGARITA GARCÍA ROBAYO

La escritora colombiana Margarita García Robayo.MARIANA ELIANO


‘La encomienda’, de Margarita García Robayo: la rutina amenazada

‘La encomienda’, de Margarita García Robayo, ofrece un examen de la propia imagen, una indagación en la identidad, el proceso de autoengaño, el camino hacia la madurez como un aprendizaje


Ana Rodríguez Fischer

20 de septiembre de 2022


La irrupción en nuestras vidas de un elemento ajeno a ellas puede causar reacciones que van del estupor a la incomodidad o la inquietud, pues “cualquier rutina, por sólida que sea, es arrasada por lo imprevisto”, como afirma la narradora de La encomienda, de Margarita García Robayo (Cartagena, Colombia, 1980).

Margarita García Robayo: “Nunca me importó la mirada de los otros”

 


La escritora colombiana Margarita García Robayo.
La escritora colombiana Margarita García Robayo.MARIANA ELIANO


Margarita García Robayo: “Nunca me importó la mirada de los otros”

La escritora colombiana reúne en ‘El sonido de las olas’ dos de sus novelas y un texto de no ficción, historias de prosa precisa y maquiavélica unidas por la presencia del mar y la voz de una narradora joven


LEILA GUERRIERO

—A mí me sirvió mucho irme. Creo que, cuando me fui, dije: “Listo, voy a ser escritora”.

Es una tarde de agosto de 2021. Margarita García Robayo reitera un gesto que la acompaña desde hace años: se acomoda el pelo a un lado y otro de la frente como asegurándose de que todo —el pelo, los pensamientos— permanece en orden. Está en Buenos Aires, donde reside desde 2005, lejos del sitio en que nació —Cartagena de Indias, Colombia— y del que, dice, le sirvió irse. Después de dejar Cartagena pasó un tiempo en Bogotá, en México, en Barcelona. Ese trasiego parece haber cesado en esta ciudad en la que vive junto a su pareja, Mariano Cohn (uno de los directores, junto a Gastón Duprat, de la película El ciudadano ilustre), con quien tiene dos hijos. Los movimientos de la obra de García Robayo son tan derivativos como los de su autora: su primera novela, Hasta que pase un huracán, se publicó en Tamarisco, Argentina, en Laguna, Colombia; su libro Primera personaen Marea, Argentina, en Pesopluma, Perú, en Laguna, en Tránsito. Y así todo.

martes, 22 de junio de 2021

Margarita Garcia Robayo aprendió a bucear


Margarita García Robayo


Margarita aprendió a bucear


30 Oct 2013 - 10:12 PM
José Luis Ramírez León


La autora, radicada en Buenos Aires desde hace diez años, explora una vida familiar muy ligada a su biografía.

Se sumerge en aguas turbias y profundas. Difíciles por lo densas. Margarita baja a través de los remolinos de la memoria familiar, y vuelve a la superficie a escribir lo que pesca. Trae con ella jirones de recuerdos paternos en su época de infancia, fragmentos de vivencias con su madre y hermanos incubados en el calor del trópico cartagenero, remembranzas de momentos políticos y sociales de un país que a comienzos de los noventa le apostaba a una nueva “oportunidad sobre la tierra”. A pesar del título de su primera novela, Lo que no aprendí, ella aprendió. Y de qué manera.

lunes, 7 de diciembre de 2020



Feminismo: 27 libros para tener una visión actual

La palabra también protagoniza el 8 de marzo. El Día de la Mujer dispara la publicación de novedades que, ya sea en formato ensayo, novela, ilustración o poesía, explican o contextualizan las teorías feministas.

ANA MARÍN | 04 MAR 2019 23:59

1 DE 27

‘Feminismo para torpes’. Nerea Pérez de las Heras (mr). "Lo mío es hacer pedagogía con chistes y en ese camino he llegado a explicar el feminismo con marionetas. No es una broma, ni es una metáfora, me refiero a marionetas de verdad. En realidad eran unos calcetines a los que una amiga cosió ojos. Uno hacía del patriarcado y el otro de las dos primeras olas del feminismo”… Y así, en su primer libro, la periodista y monologista hace un recorrido por las preocupaciones y contradicciones del feminismo contemporáneo. Siempre recurriendo al arma más poderosa para la crítica: el humor. “¿Por qué las personas que tratamos de cambiar las cosas deberíamos parecer inofensivas si no lo somos? El feminismo representa un cambio radical de todo: de lo que hemos aprendido que era importante en la historia de la humanidad, de nuestra manera de cuidarnos los unos a los otros, de legislar, de transitar por las calles… El feminismo es un movimiento a favor de los derechos humanos que se justifica por la existencia de una serie de desigualdades, violencia y prejuicios muy fáciles de apoyar con datos”.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Raúl Zurita / Escritores a domicilio






El poeta Raúl Zurita en una escuela de Guadalajara.
El poeta Raúl Zurita en una escuela de Guadalajara. SAÚL RUIZ


Escritores a domicilio

127 escritores de 28 países acuden durante la FIL a las escuelas de Guadalajara

Acompañamos al poeta Raúl Zurita y a la novelista Margarita García Robayo


Javier Rodríguez Marcos 
Pablo de Llano
Guadalajara (México) 
6 DIC 2015 - 05:54 COT

Vestido de blanco de los pies a la cabeza, barba incluida, Raúl Zurita entró el viernes en el auditorio de la escuela Preparatoria 6, levantada en la falda de un cerro y con vistas a una cementera en el sur de Guadalajara. Allí se topó con cien muchachos puestos en pie y aplaudiéndole. “Le tenemos una sorpresa”, le había dicho la “maestra” María Cristina Galindo después de contarle que días antes les había visitado la donostiarra Arantxa Urretabizkaia, a la que ella llama cariñosamente Arantxa Plisetskaya. Galindo es profesora de danza y los dos escritores han ido a “la Prepa” dentro del programa Ecos de la FIL, que cada noviembre lleva a los institutos de Jalisco un buen puñado de autores de entre los que acuden a la feria del libro.

Pero la sorpresa no es el aplauso. La sorpresa es el danzón que 18 estudiantes han ensayado para Zurita (Santiago de Chile, 1950). “Esto no lo voy a olvidar en la vida”, dijo, emocionado, el autor de Purgatorio tratando de conciliar su párkinson con el micrófono ya en el aula de audiovisuales en la que le esperaba otra tanda de adolescentes. “Soy alguien con un oficio que es una obsesión y para la cual no hay escuela”, lanzó antes de relatar el hecho que lo convirtió en poeta cuando era estudiante de ingeniería: el golpe de Estado de Pinochet el 11 de septiembre de 1973, que dio con sus huesos en un barco-prisión: “Lo único que me impedía enloquecer era imaginar llanuras, cordilleras, versos escritos en el cielo…”
Para el escritor, uno de los maestros de la poesía chilena actual, lo importante era mantener la mente en libertad. “Eso ya es ser el artista más grande de la creación”, añadió ante la expectación de los estudiantes. “Algunos pintarán los murales de Orozco y otros solo los imaginarán, pero los dos serán artistas”, dijo en referencia a la serie que el muralista mexicano pintó en el antiguo hospicio de la ciudad.
Si alguien pensaba que el discurso del poeta era elevado no tenía más que esperar a las preguntas de los estudiantes, todas ellas de alto voltaje: ¿Qué significa la esperanza? ¿Qué es el amor a la vida? ¿De qué se arrepiente? ¿Hay que sufrir una experiencia traumática para ser escritor? “Rotundamente no. No está decretado por ningún dios que el sufrimiento sea natural”, respondió a esta última antes de pasar a las preguntas fáciles. La de un muchacho interesado en saber si escribía a mano: “Me gustaba. Luego no pude y aprendí con la computadora. Ahora apenas puedo tipear y voy a tener que acostumbrarme a dictar”. También la de alguien que había tomado nota de la referencia a la Divina Comedia apuntada por el profesor que presentó al poeta: “Mi abuela, que era italiana, tenía nostalgia y me contaba cuentos del infierno. Creo que empecé a escribir no por intelectual sino para volver a oír la voz de mi abuela”. Cuando le preguntaron si había logrado en la vida lo que quería, Zurita respondió: “Me conformó con dejar una marca. Puede que un día alguno de ustedes se acuerde del día en que un poeta vino a su escuela. Y se preguntará: ¿era chileno o argentino?”.





La escritora Margarita García Robayo en una escuela de Guadalajara.ampliar foto
La escritora Margarita García Robayo en una escuela de Guadalajara. GONZALO GARCÍA


A la hora en que Raúl Zurita terminaba su intervención en la Preparatoria 6, una escritora se disponía a empezar la suya ante otro grupo de adolescentes en el otro extremo de Guadalajara. Margarita García Robayo (Cartagena de Indias, 1980), que llegó a la escuela Tonalá Norte desde el aeropuerto mochila en mano. El profesor Harold Escobedo define su escuela como “un oasis en un lugar marginal”. Antes de llegar se pasa una cancha de fútbol reseca. Pero la escuela tiene una de césped sintético. Escobedo dice que combaten problemas como los embarazos o el consumo de crystal meth.
Los alumnos de la Tonalá recibieron a la novelista en un auditorio pulcro y con el aire acondicionado más ajustado para una novelista del Mar Báltico que para una del Caribe –si bien la autora de Cosas peores (Seix Barral, Premio Casa de las Américas 2014) y de Lo que no aprendí (Malpaso) lleva diez años en Argentina–. La escritora se acomodó en una butaca junto a una estatuilla del Quijote que no la ablandó a la hora de criticar la clásica imposición escolar de leer a los clásicos. “Creo que la lectura no tiene que venir forzada por el canon sino porque te dé placer leer”. Y un chico preguntó: “¿Qué es canon?”.
Canon no es la biblioteca de los padres de García Robayo. Ella se aficionó a leer rebuscando en las estanterías de su casa, un corpus que ofrecía desde obras de espiritismo a novelas de Corín Tellado y que se fue zampando tumbada en cama bajo el ventilador de su cuarto.
La temperatura no es inocente. La alumna Ana Casillas, de 17 años, comentaba después de la charla que el clima tiene “culpa” de que los mexicanos lean poco. “Todo el tiempo puedes estar en la calle. En los países que llueve, la gente lee”. Sin embargo ella está leyendo El retrato de Dorian Gray de Óscar Wilde. Daniel Saldate, de 18, cuenta que lo suyo es el monopatín, pero también lee. Aunque sus padres son fieles católicos, él avanza en la lectura de El Anticristo de Nietzsche.
La escritora les contó que se hizo escritora al mudarse de su país. En términos ambientales: al separarse del calor de la familia. “La distancia te enfría la mirada, y puedes escribir sin sentir que estás cometiendo un atentado contra tu entorno”. Les dio un consejo para escribir aplicable a todo en la vida, “Lo primero que hay que hacer es mandarte, tirarte al agua”, y repitió que en su formación fue fundamental el escritor mexicano José Emilio Pacheco. En el “oasis” de Tonalá, Margarita García Robayo homenajeó al creador de Las batallas en el desierto.