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sábado, 7 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Karl Ove Knausgård / Un hombre enamorado / Y la rutina se transformó en gran literatura






Los 25 mejore

libros


del siglo XXI

No 11


Karl Ove 

Knausgård

MI LUCHA

Y la rutina se convirtió en gran literatura

 El escritor Karl Ove Knausgård busca transformar la resaca de los días en algo que los justifique 


Los mejores libros en español de los últimos 25 años / 1990 - 2015

Los 21 mejores libros del siglo XXI


Karl Ove Knausgård



    'La esclusa' (1824), de John Constable.
    Cuentan que cuando Proust propuso a Gallimard el primer tomo de la inmensa novela que acabaría siendo En busca del tiempo perdido, André Gide, que trabajaba allí como editor, rechazó el manuscrito después de leer el primer capítulo diciendo: “No entiendo que un señor pueda llenar treinta cartillas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de poder conciliar el sueño”. Después de que la novela conociese el éxito merecido, Gide, como se sabe, presentó sus avergonzadas excusas al autor, pero su primera reacción ejemplifica claramente la rivalidad entre los dos campos en los que se inscribe toda ficción: aquel que se propone una recreación fotográfica de la realidad, tal como la memoria del autor cree verla, opuesta a aquel que desdeña esa documentación fidedigna y prefiere imaginarla. La primera se enorgullece de contar los hechos tal como se supone que han ocurrido; la segunda, de inventarlos para mejor serles fiel. Ambas mienten.

    miércoles, 31 de diciembre de 2014

    España / Los diez mejores libros de 2014


    Los 10 mejores libros del año 2014

    'Así empieza lo malo', de Javier Marías, destaca en un año marcado por la primera persona. Biografías y novelas autobiográficas, entre los elegidos por los críticos de 'Babelia'



    Así empieza lo malo. Javier Marías. Alfaguara
    “La historia de Muriel y su mujer es solo el ángulo privado para un enfoque colectivo sobre la España que sale de la dictadura con una reconversión acelerada de múltiples biografías ligadas al franquismo y, de golpe y en apariencia, desligadas de él y hasta prestigiosamente antifranquistas. La novela desvela unos cuantos camelos y camelistas con ensañamiento pero sin nombres propios, aunque sí alusiones. Hacia 1980 se saben demasiadas cosas de demasiados médicos, abogados, arquitectos, profesores como para que todos comulguen con la versión naíf y disfrazada de su pasado”.  JORDI GRACIA

    El impostor. Javier Cercas. Literatura Random House
    Ni Soldados de Salamina iba sobre Rafael Sánchez Mazas, ni Anatomía de un instante fue sobre Adolfo Suárez, ni El impostor va sobre Enric Marco. He ahí la grandeza de esta novela que nunca quiso serlo: el más humilde de los héroes reales de Javier Cercas, el hombre que se inventó como superviviente de un campo de exterminio, lleva camino de erigirse en una de sus más perdurables re-creaciones; y también, de paso, en el mejor reflejo del autor y de su sociedad. De todos nosotros, en fin, de una era en la que la verdad de las mentiras, y su reverso, dejan de ser el síntoma para convertirse en la enfermedad. RICARD RUIZ GARZÓN

    José Ortega y Gasset. Jordi Gracia. Taurus
    Empecé a leer la biografía-ensayo sobre Ortega y Gasset, alentada por la poderosa sugestión magnética con la que Jordi Gracia nos atrapa y sitúa ante Ortega y su mundo. Una vez allí, en un escenario tan rico y complejo como apasionante, sabremos del titanismo que supuso la forja de una personalidad impar, con sus vaivenes iniciales, las negaciones obligadas, el desasimiento o la soledad. El enfoque atento de la “refundación” del joven furioso que elige ser “hacedor de ideal”, y las consecuencias de tal mutación a través de la acción política y pedagógica o de las varias “empresas” culturales, inunda estas páginas de meditaciones tan vigentes como necesarias. Y sin apologías sospechosas, ni sin soslayar fracasos o turbiedades, salvan a Ortega con las armas que él nos legó: la razón crítica, el coraje, la pasión... ANA RODRÍGUEZ FISCHER

    Un hombre enamorado (Mi lucha II). Karl Ove Knausgård. raducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Anagrama
    “Hermoso y rotundo como una patada”, define un poeta peruano a su padre y vale también para Un hombre enamorado. La novela trata del amor apasionado y las segundas oportunidades, pero también de la nimiedad y lo pueril. Combina confesiones autobiográficas, digresiones sobre la vida o el arte literario, con descripciones de la vida de un hombre que cambia pañales o discute con un vecino. El amor, aquella fuerza poderosa que impulsa a la vida, también nos introduce en ella dramáticamente, sin cuento de hadas. Knausgård no nos ahorra nada: ni el aburrimiento ni la inteligencia. Puro y profano, pero jamás solemne. En un mundo donde todos hacen trucos para ser asombrosos, la honestidad de Un hombre enamorado es hermosa y rotunda como una patada. IVÁN THAYS

    Días de mi vida (Vida I). Juan Ramón Jiménez. Pre-Textos
    Caleidoscopio, rompecabezas, sopa de letras: esta reconstrucción, que han hecho las editoras Mercedes Juliá y María Ángeles Sanz Manzano. JRJ (1881) (“¡Capicúa!”, anota el poeta) le dio vueltas toda la vida, como en él era habitual si se trataba de su Obra, a esta suerte de autobiografía-cajón de sastre, donde cupiera toda su vida: vida y obra siempre juntas como un par de cerezas unidas por el rabo. Todo lo dejó anotado para que, ahora, dos atentas editoras se lo reconstruyan, y este —deslumbrante— es el primer volumen. Cabe todo: su infancia y sus ambiciones, su madurez y sus obsesiones, sus (des)afectos (a esos que le llamaban Miss Poesía), y Zenobia y las mujeres enamoradas, de él, o él de ellas. Vida. Obra. El poeta (capicúa). JAVIER GOÑI

    Hasta aquí. Wislawa Szymborska. Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán. Bartleby
    La poeta polaca Wislawa Szymborska (Premio Nobel 1996) decía que al escribir buscaba “ese efecto que en pintura se llama claroscuro. Quisiera que en mis poemas se encontraran e incluso se fundieran cosas magníficas y triviales”. Hasta aquí, su último libro, se publicó después de su muerte, ocurrida en 2012, y reúne 13 poemas (además de una entrevista con sus traductores al español). Son 70 páginas de edición bilingüe, recorridas por una poesía de simplicidad falsa (porque solo se consigue con trabajo de picapedrero), en la que Szymborska desenfunda sus mejores garfios de poeta, con una austeridad asombrosa y una capacidad única de ser desoladora sin ser brutal, de producir desazón y, a la vez, dejar brillando, en el risco del poema, un extraño rayo de luz. LEILA GUERRIERO

    La hierba de las noches. Patrick Modiano. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Anagrama
    Toda la obra de Patrick Modiano gira en torno a la imposibilidad del lenguaje de recordar con precisión. Hay que recorrer los lugares, los nombres, las inscripciones en la memoria que al ser evocadas nos dan la justa medida de nuestra existencia, incompleta, parcial. Entre el sueño y la vigilia, entre obsesión y olvido, Jean intenta saber quién fue Dannie, darle una coherencia, reescribir ese fragmento de vida, solo que al hacerlo se da cuenta de que entrar en ese laberinto es también perderse y, de alguna manera, caminar sobre muertos. Si la obra de Modiano tiene esa seducción hipnótica que la identifica es porque sus novelas son como las lámparas encendidas en la noche, iluminan. Están ahí como un mapa humano que nos lleva a recorrer marcas y a reconstruir desde las ruinas. PATRICIA DE SOUZA

    El balcón en invierno. Luis Landero. Tusquets
    Estaba el esbozo de una novela y su posterior abandono. Y un paseo. El escritor recorriendo el barrio. De vuelta a casa, el balcón, ese lugar que está “a la intemperie y al resguardo”, como el propio Landero en el hecho mismo de contarse. Ahora es el verano de 1964. Anochece. En el balcón, Luis, su madre y un futuro incierto. Escucho al niño, al poeta adolescente, al oficinista malhumorado. Oigo a la madre: el sonido de la tricotosa. También el rasgueo de guitarra: es Landero. Y está el carácter hosco del padre y el significado del viaje aun yendo al frente de guerra. Y está el entender. Chasquido de guijarros mientras camino senderos de infancia. Paladeo palabras que se señalan en El balcón en invierno: iridiscente, plenitud, errabundo. Leo: “En cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso van a partes iguales”. Y digo: esta autobiografía de instantes posee la inconmensurable belleza de lo que parece sencillo. Una maravilla. MARÍA JOSÉ OBIOL

    Diccionario de la lengua española. Real Academia Española. Espasa
    Con 300 años cumplidos, la 23ª edición del Diccionario y un nuevo director (el trigésimo), la RAE ya no parece vivir amparada en el palacio que la acoge. Desde allí se extienden buenas noticias para discutir que podrían haber sido mejores. Una nueva edición del Diccionario es un prodigio. Un libro que dice: “Este es el idioma que hablas, y estos, los significados de las palabras que empleas”. Ningún otro libro es más intrigante. Parece coacción, pero se trata de hospitalidad. Registra las palabras de uso y otras, innumerables, que no conocíamos, con el propósito de no agravar las dudas. Tal vez tenga pretensión de totalidad, pero es una exigencia honorable. Al usuario suspicaz le queda el alivio de saber que en la suma de las palabras no cabe toda la realidad. FRANCISCO SOLANO

    10 Como la sombra que se va. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral
    Superponer historias de distintos planos en la misma cartografía hasta lograr una panorámica en 3D. Con la mejor literatura posible, la que hace ya tiempo caracteriza al autor; por ejemplo, la de La noche de los tiempos o la de Sefarad. Perseguir, acorralar, saborear al asesino de Martin Luther King reivindicando, como una música de fondo que siempre acompaña al texto y nunca molesta, el mítico movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos. Bucear en los detalles de una vida (¿la del líder negro, la suya propia?), de una ciudad, de unos años cercanos, pero diferentes. “He llegado a saber tanto de él, que me parece recordar cosas de su vida, lugares que él vio y yo nunca he visto”, dice obsesionada la primera persona que relata el medio millar largo de páginas. ¡Qué ratos de lectura tan buenos, acompañado de Gerry Mulligan, Chet Baker, Clifford Brown y tantos otros! JOAQUÍN ESTEFANÍA
    En la encuesta de los libros del año han participado 41 críticos y periodistas de EL PAÍS. Cada uno de ellos otorgó 10 puntos al primero de su lista, 9 al segundo y así sucesivamente.

    Días de mi vida / Juan Ramón Jiménez inédito



    Juan Ramón Jiménez inédito

    Uno de los libros más largamente pensado por Juan Ramón Jiménez fue 'Vida', su autobiografía

    La muerte en el exilio del premio Nobel de Literatura dejó inédito un proyecto que ahora ve la luz



      Juan Ramón Jiménez, en 1951. / JRJ ÁLBUM (RESIDENCIA DE ESTUDIANTES)
      Juan Ramón Jiménez fue uno de los hombres más desdichados y atormentados de su tiempo, habiendo sido también uno de los más grandes. Acaso por eso fue el escritor más combatido y parodiado de todos. “Más calumniado”, dirá él. No creo que ningún otro poeta viviera durante casi sesenta años, desde sus dieciocho, sacudido por ataques tan continuados de pánico, excusados en dolores físicos que lo mismo lo levantaban al vértice de la locura que lo hundían en la desesperación y la misantropía. Un verdadero infierno para un enfermo no siempre imaginario. Tanto como su obra, conmueve su vida, y anonada. Y pese a su extraña enfermedad, o precisamente por ella, escribiendo sin desmayo miles de páginas: poemas, aforismos, retratos, críticas, prosas, ensayos, recuerdos, cartas, conferencias, cuentos… y la mayor parte de ello de primer orden, con mil registros distintos, desde la lírica más exaltada hasta la sátira. “El martirio de escribir”, lo llamará. Nadie trabajó tanto como él, ni los grandes galeotes de la literatura. ¿Cuál fue, pues, la fórmula, cómo pudo entonces hacer posible que una obra tan colosal como esa cupiese en una vida tan rota como la suya? Yo creo que pudo ser esta: “No os toquéis en el dolor”.
      La historia de este dolor ve ahora la luz: “Si yo estuviera sano, sería uno de los hombres más grandes del mundo… ¡Ah, si supierais los jérmenes decididos a estallar que llevo dentro! ¡Si yo pudiera emplear mi vida entera en mi pensamiento! ¡Si mi salud igualara a mi voluntad, al ansia de saber, al afán de viajar, de obrar, de aniquilar, de construir!”, confesará.

      Antonio Muñoz Molina / Crónica y expiación



      Crónica y expiación

      Muñoz Molina combina en ‘Como la sombra que se va’ un ejercicio de introspección, una narración de tintes casi policiacos, una teoría de la novela y una historia de amor y familia




      El motel Lorraine de Memphis, en el que fue asesinado Martin Luther King, 
      fotografiado por Elvira Lindo.


      El 4 de abril de 1968, cinco años más tarde del magnicidio de Dallas, el líder negro Martin Luther King cae abatido de un único disparo en la parte inferior de la cara. Su asesino se llamaba James Earl Ray. Un hombre del sur americano, blanco y ferozmente racista. Su huida le exige cambiar de identidad y de país. Aparece, como de la nada, a los pocos días de su cronometrado crimen en Lisboa. Solo estará unos días, hasta que sea atrapado en el aeropuerto de Londres. En 1987, un joven funcionario del Ayuntamiento de Granada hace un viaje relámpago a la capital portuguesa para terminar la novela que tiene entre manos, la novela que escribe en los ratos libres que le dejan su obligación laboral y familiar (mujer y dos hijos pequeños). La novela se titulará El invierno en Lisboa. Su autor se llama Antonio Muñoz Molina. Este son los dos soportes argumentales sobre los que se erige Como la sombra que se va, la nueva novela de Antonio Muñoz Molina.
      La novela es un ejercicio múltiple de ficción: implacable autointrospección, exposición de la teoría sobre la novela que defiende Muñoz Molina, una especie de making of de El invierno en Lisboa, una historia de amor y otra de desamor sin explicitar, un acto de expiación respecto a las víctimas colaterales que la empecinada vocación deja por el camino, una crónica casi policiaca sobre uno de los tres asesinatos más determinantes que se cometieron en Estados Unidos durante la década de los sesenta. Para que todos estos niveles queden soldados de manera que el lector no tenga nunca la sensación de desequilibrio, ni de falta de unidad, el autor de Úbeda otorga las propiedades ventrílocuas con que suele dotar a sus voces narradoras. La voz que se narra a sí mismo, esa primera persona que designa al autor de El invierno en Lisboa como si fueran dos seres distintos, el del presente y el del pasado, pero arrastrando un mismo posible espejismo y un mismo sufrimiento vital, por momentos parece transformarse también en la conciencia oscura del asesino de Luther King. Como si nuestro autor volviera a las atmósferas asfixiantes y a aquella clínica descripción del mal que experimentó con deslumbrante eficacia en Plenilunio.

      Sobre esta materia escribieron Don DeLillo y Norman Mailer con no más mérito que nuestro autor

      La novela que leemos se pudo gestar entre el 2 de diciembre de 2012 y los primeros días de febrero de 2014 en un Nueva York nevado. El autor de El invierno en Lisboa vuelve a Lisboa a visitar a su hijo, el mismo que en 1987 tenía un mes de vida. Ahora es cuando recuerda la historia que leyó sobre James Earl Ray. Es el comienzo de la novela que leemos, y el comienzo del recuerdo doloroso del pasado privado y la recuperación casi arqueológica de la novela que lo salva, para su propia sorpresa, de la grisura provinciana en que transcurría su vida.
      Voy a comentar algunas cuestiones que tienen que ver con la novela (que leemos) y con el género según lo entiende Muñoz Molina. La historia del asesino de Luther King, un tipo que disfruta leyendo novelas de James Bond y enciclopedias obsoletas, adquiere su sentido cabal si no se olvida la historia de las últimas horas de vida, que también se cuenta, de la víctima. Juntas, conforman la cara desoladora de la historia americana. Sobre esta materia escribieron Don DeLillo y Norman Mailer con no más mérito que nuestro autor, pero con igual afán indagatorio sobre algunos grandes misterios humanos (y políticos).
      Para esta historia Muñoz Molina se vale de una ingente documentación, de la misma manera que Mailer usó el Informe Warren para construir su visión de Oswald. La ruina moral, la sordidez y la desdichada personalidad que dibujó nuestro autor en el psicópata de Plenilunio, la reencontramos casi intacta en el dibujo del asesino del líder negro.
      Me interesan ahora, sobremanera, dos ideas en la novela: la del punto de vista en las novelas y la del porvenir de las historias que se cuentan, lo que ocurre con las vidas después del final de esos relatos que leemos. Primera idea: Muñoz Molina tardó siete años para encontrar la voz narradora de Beatus Ille (1986), su primera novela. Por ello no extraña que ahora haga mención de El gran Gatsby, uno de los grandes paradigmas del punto de vista. Dice Muñoz Molina: Gatsby era un héroe porque alguien como Nick Carraway lo miraba. Segunda idea: los relatos tienen un final, una exigencia cartesiana de orden. Una mujer o un hombre son un relato mientras los tenemos enfrente; en cuanto se alejan de nuestra existencia, esos relatos han finalizado, como si hubieran muerto para nosotros, pero sus vidas continúan y las nuestras también. Por ello tampoco extraña que cite al personaje más olvidado de la historia de la narrativa universal, Berta Bovary, la hija de los protagonistas que termina en la novela como obrera.
      En Como la sombra que se va vuelve la rigurosa transparencia narrativa de su autor. Y el fraseo medido de la escritura para indagar entre las brumas. A la memoria, atrapada siempre luminosamente entre la verdad y la ficción, se le suma ahora la urgencia de una reparación crucial que no llega tarde. Algunos misterios de la vida se suman a ese misterio que es toda narración.

      Como la sombra que se va. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral. Barcelona, 2014. 536 páginas. 21,90 euros (digital: 10,99)


      Nuevo Diccionario de la lengua española









      EL LIBRO DE LA SEMANA / EL NUEVO DICCIONARIO

      Jugando al juego del ‘mouse’ y el ratón

      La 23ª edición del 'Diccionario', publicado 13 años después que la anterior, trata de abrirse a América y huir de la perspectiva exclusivamente española. Le queda camino por recorrer


      Ejemplares del nuevo diccionario en la encuadernadora de Barcelona. / MASSIMILIANO MINOCRI
      Una nueva edición del Diccionario por antonomasia siempre es un acontecimiento. Pero este 23º diccionario no se limita a dar fe de novedades que ya conocíamos por su web: aprovechando la oportunidad, se ha modernizado la obra y mejorado su utilización. Recordemos que en el origen remoto de los diccionarios académicos está el de Autoridades (acabado en 1739). Desde entonces ha habido una veintena de ediciones, la última hace 13 años, que mantenían la mayoría del vocabulario y parte de las definiciones presentes en su lejano progenitor, añadiendo por supuesto muchas otras: esta edición cuenta con 4.600 entradas más que la anterior. Por eso elDiccionario es una obra singular, que conserva la herencia (y a veces el peso) de sus orígenes, que lleva siglos gozando de gran popularidad, pero que no renuncia a reflejar la modernidad, y eso es problemático. El edificio de la lengua cambia ante los mismos ojos del lexicógrafo: áreas enteras del vocabulario se convierten en ruinas (que tendrá que etiquetar como tales), mientras que debe construir alas nuevas con ladrillos de estabilidad incierta.

      martes, 30 de diciembre de 2014

      Jordi Gracia / José Ortega y Gasset / Reseña

      José Ortega y Gasset
      Ortega desde Ortega

      La biografía del filósofo escrita por Jordi Gracia sigue muy de cerca sus libros y su acción política


        ANTONIO ELORZA 20 JUN 2014 - 12:48 CET


        José Ortega y Gasset visto por Sciammarella
        La fascinación ejercida por Ortega sobre el historiador Jordi Gracia quedó de manifiesto en el artículo Fulgurante Ortega, publicado hace un mes en estas páginas: “Cuando Ortega se olvida de sí mismo —escribe—, cuando desiste de ser quien es, desatado y brioso, entonces en un ensayista arrebatado y arrebatador: el mejor antídoto contra el idealismo embaucador, el más sugestivo intérprete de sucesos en movimiento, el más apto para fabricar en silencio, rumiando, personas libres y contingentemente felices, como lo fue el mismo: un escritor del siglo XXI”. El artículo, brillante síntesis del libro que comentamos, reúne ya, en una lectura cronológica, los principales hitos del pensamiento y de la actividad del filósofo, y anticipa para el lector de este modo los supuestos en que el historiador sustenta su valoración.
        Una interpretación lúcida de las obras de Ortega, por fin disponibles en una edición crítica gracias a la Fundación y a Zamora Bonilla, el trabajo de investigador sobre un archivo ahora abierto de par en par, y la atención al contexto, a fuentes y bibliografía complementarias se funden para dar vida a esta biografía sensacional. Pienso cómo hubieran disfrutado con su lectura discípulos como Julián Marías y el bueno de Paulino Garagorri (un poco menos, Maravall y Díez del Corral por las caracterizaciones limitadas al falangismo que Gracia hace de ambos en los años 1940, lo cual es insatisfactorio: El liberalismo doctrinario es de 1945). Para reconstruir la trayectoria vital de Ortega, Jordi Gracia no se limita a sus escritos y actuaciones filosóficas y/o políticas, sino que precisa cuidadosamente la complejidad de su formación y relaciones intelectuales, sin olvidar la sensibilidad amorosa de ese hombre bajito y cabezón a quien sin embargo Conchita Montes encontrara “tan flamenco”.

        Aunque lógicamente habla de Ortega en tercera persona, es tal la minuciosidad, el ritmo y la precisión con que el autor desarrolla su reconstrucción que el lector se siente inmerso en el curso de la narración, al modo de esas filmaciones de fórmula 1 donde las imágenes proceden de la cámara instalada en el vehículo del conductor. Tampoco faltan los comentarios recurrentes de Ortega sobre sus éxitos, frustraciones, propósitos y reacciones ante esta o aquella postura de un amigo o de un contemporáneo, similares a las que expresa el piloto en el desarrollo de la carrera sobre sus propios problemas y la amenaza de sus competidores.
        El único reproche que cabe realizar a este enfoque es que de vez en cuando, en momentos cruciales, resulta imprescindible no solo dar cuenta puntual de una actitud, una declaración o, sobre todo, de una reflexión teórica, sino distanciarse para tratar de elaborar un cuadro de situación. A veces es suficiente con una inteligente pincelada, como cuando Gracia explica el sentido del viraje hacia la filosofía al fundar la Revista de Occidente en 1923, respecto de los años anteriores en que se sucedieron los proyectos políticos fallidos: “La elección del imperativo de intelectualidad no deja de ser causada por el fracaso de la acción”.

        El lector se siente inmerso en el curso de la narración, al modo de esas filmaciones de fórmula 1 donde las imágenes proceden de la cámara instalada en el vehículo del conductor
        En cambio, no bastan las cuidadas paráfrasis ni la exactitud de la crónica para dar cuenta, en un momento inmediatamente anterior, del significado de la condena a la lectura escolar del Quijote, puesto que Ortega cree necesario inculcar en el niño “la posibilidad del heroísmo”. A ello se une su reivindicación de la nobleza en una España donde la miseria moral de los privilegiados resulta evidente, y sobre todo la conversión de su juvenil propuesta de la movilización del país por minorías cargadas de modernidad, de la patria comoKinderland, en una ordenación jerárquica regida por “unos cuantos hombres” frente a las masas ignorantes y rencorosas. Ortega nunca fue fascista, ni prefascista —en todo caso “un Nietzsche civilizado” (Gracia)—, pero hasta que la dictadura de Primo de Rivera le mostró su verdadera cara, distó de ser un opositor. Entonces, como más tarde en los años 1930, la orientación de su pensamiento no fue ir hacia una democracia reformadora, ni al socialismo liberal de 1910.
        El pensador hizo la lectura de la crisis orgánica que siguió a la Gran Guerra en un doble sentido: de reflexión penetrante, excepcionalmente penetrante, sobre las nuevas implicaciones de una política y de una mentalidad ligadas a la ampliación del sujeto de la historia (La rebelión de las masas), y de rechazo terminante a que esas “masas ignaras” se hicieran dueñas de la escena. No es que Ortega se fosilizase, sino que pasaba a adoptar una postura defensiva, en plena sintonía con su visión previa del orden social. Cuando llega la República, la historia se repite y la propuesta orteguiana de articulación entre la nación y el trabajo se enfrenta ya a cuanto propone el nuevo régimen. No es cuestión de actitud, sino de incompatibilidad. El contraste con Urgoiti hubiese sido aquí útil. El “no es eso” aparece de inmediato.
        Vista desde el siglo XXI, la grande bellezza de la personalidad de Ortega debe pasar a primer plano, según propone Jordi Gracia. Pero eso no invalida que desde generaciones de estudiosos anteriores se viera justamente en Ortega, como se pudo ver en Azaña, al protagonista del brillante y trágico fracaso de la modernización política de España, lo cual no borra, sino que resalta, su grandeza. Y el legado no fue solo filosófico: en octubre de 1955, el cortejo fúnebre de Ortega se convirtió en la primera expresión del movimiento estudiantil contra el régimen, anticipo de su salida a la luz en febrero de 1956. En torno a la figura del pensador, la historia retomaba con nuevos aires el camino de la modernidad.
        José Ortega y Gasset. Jordi Gracia. Taurus. Madrid, 2014. 687 páginas. 20 euros (electrónico, 10,99)

        EL PAÍS


        domingo, 28 de diciembre de 2014

        Javier Cercas / El impostor / Reseña

        Javier Cercas

        ¿Salvar al impostor?

        La verdadera y folletinesca vida de Enric Marco, la historia personal de su propia búsqueda y sus reflexiones sobre la escritura son los tres escenarios que alterna Cercas



          Enric Marco. / CONSUELO BAUTISTA
          En un attacco espléndido, el autor confiesa que esta es una novela que ha querido y no querido escribir, que temía y deseaba a la par. De hecho, se habla de ella, de El impostor, tanto como de su personaje principal, el falsario Enric Marco. Y resulta tan protagonista el uno como la otra, y como quizá lo sea también el mismo autor que busca manufacturar con probidad su relato. Escribir —cuando se trata de la vida real— es un gozo (al que Cercas no renuncia, afortunadamente para sus lectores), pero también una maldición. Y no es la primera vez que el autor la percibe… En este libro reconoce, con buen humor, el malestar psíquico de haber escritoAnatomía de un instante, su indagación sobre el 23 de febrero de 1981. Al acabar Soldados de Salamina sintió el vértigo de su propio éxito y lo purgó en las tensas páginas de La velocidad de la luz. Y en el camino de El impostor escribió Las leyes de la frontera —con más ficción, claro, que verdad— para expulsar de sí unas sombras que le hablaban de una posible —aunque remota— opción de haber sido otro.

          miércoles, 24 de diciembre de 2014

          Javier Marías / Así empieza lo malo / El libro de 2014



          ‘Así empieza lo malo’, 

          de Javier Marías, 

          libro del año de Babelia


          La verdad imprudente

          Ambientada en la Transición, la nueva novela de Javier Marías utiliza los secretos de un matrimonio para reflexionar sobre la oportunidad de la memoria histórica



            Javier Marías, visto por Sciammarella
            Ésta es la historia de dos desgracias y un final feliz: la desdicha de una mujer, la desdicha de un "país sucio" (que es España, y así lo llama un personaje) y la felicidad de un espectador escarmentado, reflexivo y egoísta, que es el narrador de la historia. Pero Eduardo Muriel es el maestro: un prolífico director de cine raro, supongo que con elementos de Jesús Franco o Jess Frank (tío de Javier Marías), y quizá algún reflejo de Juan Benet, que contrata a un joven de 23 años para asesorarlo en tareas de traducción y secretaría en 1980. Mucho tiempo después, ese joven necesita contar esa breve temporada de convivencia con Muriel y su mujer (dos desgracias juntas), tan decisiva en su vida y también en su modo de asumir y entender la madurez. Así empieza lo malo es quizá la novela de Marías con trama más compacta, y quizá por eso se remata con un epílogo que recapitula y acaba la historia: la vida del narrador ha venido a reproducir diabólicamente las condiciones de la vida de Muriel y su mujer, aunque sin los errores ni el dolor de ellos: callando. Pero no hay sermón ni doctrina, obviamente: este Marías es Marías, impávido y suculento, incluidos algunos de sus manierismos (en particular en la primera mitad de la novela) e incluidas esas magistrales suspensiones narrativas que dejan absorto al lector mientras nada sucede pero todo está pasando.