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lunes, 24 de julio de 2023

Juan Cruz / Hablar inglés, aunque sea mal


Hablar inglés, aunque sea mal

El futbolista Sergio Ramos ha sido víctima de burlas por su pronunciación, algo muy común en España. Para muchos angloparlantes el español resulta bastante complejo



El inglés es casi una obligación social en muchos ámbitos. Sin embargo, la mayoría de los españoles lo desconoce. / RAYMON FORBES
Un funcionario inglés entró hace décadas en un bar de Chinchón, gritando:  "¡Socorro para una foto!" El turista repitió dos veces lo que quería de ellos y al final uno de los parroquianos agarró la cámara e inmortalizó ese instante, un acontecimiento familiar. El inglés quería ayuda para hacer una fotografía. Ayuda en inglés es socorro. Help,recuerden los Beatles. Él se sabía las palabras, pero desconocía que la apelación parecía una urgencia.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Sandro Romero Rey / Miriam Gómez vuelta a visitar


Miriam Gómez
Fotografía de Lalo Borja
Miriam Gómez vuelta a visitar
Por Sandro Romero Rey
El Malpensante No. 149
Febrero de 2014

En noviembre de 2013, Galaxia Gutenberg publicó Mapa dibujado por un espía, la tercera obra de Guillermo Cabrera Infante editada póstumamente. En esta entrevista, la viuda del escritor repasa recuerdos desvaídos de Cuba y narra sus avatares en la tarea de preservar la herencia literaria de Caín.

Fotografía de Lalo Borja
Tras su muerte en Londres, en el año 2005, el escritor Guillermo Cabrera Infante se ha ido consolidando como un clásico. Y cuando un escritor se convierte en un clásico, quiere decir que le cae bien a todo el mundo. Incluso sus detractores más acérrimos han decidido “tomar su pedazo” de Caín para su santoral particular. Baste solo con mirar lo que está sucediendo en su Cuba natal: de ser, desde 1968, un autor proscrito y condenado por el régimen, en el nuevo milenio pareciera que existiese un toque de tolerancia en la isla, un “aquí no ha pasado nada con Cabrera”, y ya se han publicado dos libros donde su “prehistoria” se convierte en patrimonio de la humanidad. Estos dos libros, Sobre los pasos del cronista, el quehacer intelectual de Guillermo Cabrera Infante en Cuba hasta 1965 y su complemento, Buscando a Caín, escritos al alimón por Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, han sido recibidos por los “cabrerófilos” de fuera de Cuba con evidente desconcierto, por no decir con ira. Porque inventarse una supuesta objetividad sobre su obra, después de haberlo considerado el peor de los gusanos, no produce sino sospechas. ¿Qué pretenden los jerarcas de la cultura oficial cubana con la tolerancia hacia el autor de Tres tristes tigres? ¿Por qué publicar sendos libros donde se reivindica la figura olvidada de la primera esposa del escritor, de quien Cabrera se separase mucho antes de su partida hacia Europa y de la que no quiso saber más? ¿Hay, en realidad, un diáfano interés por buscar un acercamiento entre los cubanos de la isla y sus mejores intelectuales en el exilio? Sí: convertirse en un clásico trae sus consecuencias.

martes, 10 de noviembre de 2015

Londres / Con Miriam Gómez y su tarántula


Miriam Gómez

Con Miriam Gómez y su tarántula

La viuda de Cabrera Infante es adicta a las joyas de Christopher St. James. 

Su Londres también es fantástico




Miriam Gómez lleva en su adorado Londres más de cuarenta años. Compartió la mayoría de ellos con su marido, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, hasta el fallecimiento de este en 2005. Miriam es, ante todo, generosa con lo que posee, ya se trate de la vasta cinemateca que difunde en el blog de Zoé Valdés o de bienes intangibles como su conocimiento de Londres. Su deseo de que el visitante se lleve el mejor recuerdo de la ciudad es evidente en todas sus recomendaciones. Aquí figuran algunas:

01 El Kensington de T. S. Eliot

Para disfrutar Londres hay que conocer su historia", comenta Miriam cuando paseamos por South Kensington, su barrio de siempre. De ahí que en plena Gloucester Road, a dos pasos del metro del mismo nombre, señale que en el 133 de la calle vivió J. M. Barrie, el autor de Peter Pan, y repare también en la iglesia anglicana de St. Stephen: "Aquí fue sacristán durante veinticinco años T. S. Eliot, y en estas calles están inspirados sus poemas sobre gatos que dieron lugar al musical Cats". En efecto, una placa en la iglesia confirma el dato.
Cuando sale a comer por el barrio, Miriam frecuenta Mohsen, "una fondita persa donde tú mismo te puedes traer el vino de casa". Aunque South Kensington sea una especie de sucursal de Francia en Londres, a Miriam no se le ocurre entrar en un bistró: "Es una bobería: son lugares caros y en España los hay mejores".

domingo, 8 de noviembre de 2015

Guillermo Cabrera Infante / El espía que surgió del calor

Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante

Guillermo Cabrera Infante

El espía que surgió del calor

Si alguien pudiera arrogarse ser el símbolo del exilio físico e intelectual cubano ese es, sin duda, Guillermo Cabrera Infante



Guillermo Cabrera Infante. / DANIEL MORDZINSKI. (EL PAÍS)
Si alguien pudiera arrogarse ser el símbolo del exilio físico e intelectual cubano ese es, sin duda, Guillermo Cabrera Infante, el primer “gusano” de fama internacional y, probablemente, el mayor resistente de los ataques del Régimen castrista y de la intelligentsia europea y latinoamericana, un selecto grupo de triunfadores que no supieron, o no quisieron, ver más allá de su autosatisfecho ego.
La biografía de nuestro personaje es ya muy conocida: hijo de los fundadores del Partido Comunista de Gibara, periodista en las postrimerías del Régimen de Batista, colaborador entusiasta de la Revolución, espléndido novelista crítico de cine y reportero, todo ello trastocado por la defensa de un ingenuo cortometraje, P. M., codirigido por Orlando Jiménez Leal y su hermano, Alberto Sabá Cabrera Infante, de los desmesurados ataques, y prohibición, del Gobierno de Castro. Así comenzó el fin de su fe revolucionaria.
Trasladado forzosamente a la Embaja de Cuba en Bélgica como agregado cultural (siempre apostillaba que “el primer secretario era el que abría la puerta”), comenzó un largo, y con frecuencia cruel, peregrinaje: Bruselas, Barcelona, Madrid... y tras serle negado el asilo en España (contradicciones del franquismo con un Fraga Iribarne recibido amistosamente por Fidel), recaló en Londres, donde pudo desarrollar su extensa y magnífica obra literaria y su no menos extensa y lúcida obra periodística, además de unos guiones cinematográficos, con total libertad y sin que remitieran los ataques del régimen cubano y, decrecientemente, los de esa intelligentsia que comenzaba a caerse de un guindo.
Y en la vida y en la obra de Guillermo Cabrera hay una figura esencial: su mujer Miriam Gómez, apoyo permanente del escritor, que dejó una brillante carrera de actriz en su Cuba natal por acompañar en su largo y doloroso viaje hacia la dignidad al autor de Tres tristes tigres.
Cabrera Infante sobrevivió al desprecio de la mayor parte de sus coetáneos del boom latinoamericano, a la persecución intelectual, y en ocasiones física, del castrismo, sobrevivió incluso al lamentable comportamiento de Mario Lacruz cuando accedió a la dirección de Seix Barral, con su obra más premiada y vendida, los ya citados tigres tristes, enterrándola en un cajón durante años como venganza por unas declaraciones de su autor en las que criticaba el gusto literario del editor y, como no podía ser de otra manera, sobrevivió al tardío y paulatino reconocimiento de quienes le habían tratado como un apestado literario y social que, desencantados de la otrora encantadora Revolución cubana, tuvieron a bien correr un tupido velo sobre sus años dogmáticos.
Hablar de Guillermo Cabrera Infante es hablar de alguien con un enorme sentido del humor, con unos extraordinarios conocimientos cinematográficos y musicales, un personaje que nunca abandonó su añorada Cuba desde el pequeño piso de Gloucester Road y su vegetación sorprendentemente antillana, un gran amigo de sus amigos, desde Manolo Blahnik o Terenci Moix, a Néstor Almendros, Javier Marías, Fernando Savater o Vicente Molina Foix, todos ellos más jóvenes y menos deslumbrados por una revolución que hacía tiempo se había convertido en una burocracia cruel trufada de redentorismo barato.
Pero hablar de Guillermo Cabrera es, inevitablemente, hablar de Miriam Gómez, la mujer que realizó uno de los mayores ejemplos de amor al editar a su muerte un gran libro-reportaje, Mapa dibujado por un espía, en el que el autor no sólo describe con maestría sus últimos meses en La Habana sino que relata con gran talento una intensa infidelidad.





sábado, 7 de noviembre de 2015

Juan Cruz / Guillermo Cabrera Infante, un desgarro literario


Cabrera Infante, un desgarro literario


Llega a las librerías ´Mapa dibujado por un espía`, sobre su despedida de Cuba


JUAN CRUZ Madrid 4 NOV 2013 - 09:54 CET


Guillermo Cabrera Infante. / DANIEL MORDZINSKI
En los primeros años de su exilio en Londres, y en los días más fríos, Guillermo Cabrera Infante se iba despojando de su ropa, de su saco, de los pantalones, de la ropa interior, de los calcetines, hasta que se quedaba completamente desnudo ante su máquina de escribir, una Smith Corona que le acompañó siempre. Así, desnudo, cerca de un mapa de La Habana, escribió La Habana para un infante difunto. Y, aun más, escribió un libro que hasta ahora ha permanecido secreto, Mapa dibujado por un espía, que su mujer Miriam Gómez y su editor Antoni Munné (Galaxia Gutenberg) han decidido dar a la imprenta.
Dar a la imprenta este libro secreto fue una decisión dolorosa. “Pero tenía que salir”, confirma Miriam Gómez. “La materia de la escritura de Guillermo era él mismo. Y este libro es él mismo, en su dimensión humana más descarnada”. Lo que cuenta en Mapa dibujado por un espía le cambió la vida. Ocurrió en 1965, cuando ya había ganado el premio Biblioteca Breve por Tres tristes tigres y era agregado cultural del embajador cubano en Bruselas; fue entonces cuando recibió la noticia de la muerte de su madre, Zoila Infante, y viajó a La Habana para velarla. Lo que ocurrió a partir de entonces fue un conjunto de vejaciones que él relata con la naturalidad asustada de un perseguido. No deja un detalle fuera; es tan minucioso, y tan triste, como el relato de un condenado en un campo de concentración. No oculta la vida doméstica y sus miserias, ni los amores y sus intrigas, y es en todo momento descarnado hasta hacerse sangre, y hasta hacer sangre.
En seguida supo Cabrera Infante que en aquella atmósfera no podía quedarse y decidió que debería regresar a Europa por cualquier medio. Hasta que lo logró. La sensación que tienen Miriam Gómez y Munné es que él escribió ese relato minucioso y terrible al poco de salir de la isla; probablemente era lo que escribía cuando se desnudaba ante la Smith Corona en aquellos amargos, y gélidos, días de Londres después de que lo sometieran los médicos a los electroshocks con los que quisieron aliviarle su crisis nerviosa.
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Miriam Gómez conserva en la mesa de su comedor, en el loft en el que convirtieron los dos su casa de siempre en Londres, un mapa de La Habana. Siguiéndolo paso a paso él recuperó su memoria de la ciudad. Y este Mapa dibujado por un espía es también, como dice Antoni Munné, “la cartografía de una despedida”. Nunca volvió a La Habana, pero se la sabía de memoria. Aquí, en este mapa, esa memoria está intensamente herida.
“La Habana era para él un recuerdo”, dice Miriam Gómez, “pero allí se le convirtió en un infierno”. Reconstruyó, en La Habana para un infante difunto, por ejemplo, todo lo que ya se había derruido. Y no tenía nostalgia. Uno no tiene nostalgia del infierno”.
Ese manuscrito permanecía entre los papeles secretos que dejó Cabrera Infante cuando murió, en febrero de 2005. “No los toques”, le había dicho a Miriam. Nunca lo abrió. Ella sabía muchas de las historias que contenía el sobre, incluso las más duras para ella, pues ahí su marido contó avatares sentimentales muy íntimos, que a ella la podían dañar. Y dejó a Munné que decidiera sobre lo que había en ese sobre cerrado. Dice el editor: “Lo leí en un par de noche en Londres. Fue una sensación tremenda. Es un testimonio enormemente humano y melancólico de alguien que sufre una enorme decepción. Una decepción que no le viene de nuevo, porque él ya albergaba muchísimas dudas acerca del curso de la Revolución, pero que se le confirma y se le aumenta. Y cuando digo que es enormemente humano me refiero a la peripecia vital: un hombre joven de 36 años que asiste a una pesadilla kafkiana que le hace comprender que va a perder amigos, familiares, país, y que ve cómo se derrumba todo aquello que había vivido; todo eso son síntomas de que eso no tiene vuelta atrás”.
El resultado, para este primer lector, fue “de una profunda tristeza, y esa misma tristeza se ha reproducido en todas las lecturas posteriores”. “Te va a doler”, le dijo a Miriam Gómez. Pero ella aceptó. “Yo le tenía pánico al libro, conocía el romance que cuenta. Pero me daba miedo leerlo. Lo leí, cuando Munné lo había acabado. Fue un golpe terrible para mí. No podía creer lo que estaba leyendo”. ¿Y qué pasó? “Se agrandó mi admiración por él. Él es la materia de su escritura, y aquí está grande, inmenso. Un padre bueno. Un hombre entero, sufriendo, sabiendo que si no se alejaba de aquella monstruosidad, la Cuba de Castro, iba hacia la destrucción. Cuando él vio la realidad se dio cuenta de que no podía ser cómplice de lo que estaba pasando ahí”. La historia de mujeres que hay en el libro es dura, pero no inesperada. “Guillermo era un loco por las mujeres, creía que eran superiores, para él su madre misma era un ser superior. Cada vez que tenía un problema, él se agarraba a las mujeres…”.
“Mapa dibujado por un espía parece escrito de un tirón”, dice Munné, como “un exorcismo necesario, para no olvidar nada”. Pero logra mantener el interés en todas las páginas, como un cronista notarial que no quiere que se le escape ni el menor atisbo de las metáforas, duras o simples, que hay en la vida cotidiana. Es el libro más desgarrador de Cabrera Infante. Su descubrimiento, dice el editor, contribuye a conocerlo mejor. “Constituye un testimonio de uno de los más grandes escritores en lengua española. A la altura de lo que fue el viaje a la URSS de Gide o de la obra de grandes disidentes como Orwell y Koestler”.
Munné revindica su publicación “como algo que el lector tenía derecho a conocer”. Su viuda, Miriam Gómez, piensa lo mismo. “Su escritura era él, él era la materia de sus libros. Cuando lo veía desnudarse ante la máquina de escribir me decía a mi misma: ‘Qué estará escribiendo este hombre’. Se estaba desnudando por fuera y por dentro. Por eso es tan desgarrador leer ahora este tremendo testimonio doloroso”.



miércoles, 7 de octubre de 2015

Guillermo Cabrera Infante / El periodista que escribía novelas


Guillermo Cabrera Infante

Guillermo Cabrera Infante

El periodista que escribía novelas

El ingente y brillante trabajo periodístico de Cabrera Infante, cuando firmaba con el seudónimo G. Caín, sus críticas, entrevistas y reportajes, muchos de ellos inéditos, se reúnen ahora en 'El cronista de cine', con el que se inicia la publicación de las 'Obras Completas'



La obra completa de Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) se compilará en ocho o nueve tomos. / DANIEL MORDZINSKI
A Guillermo Cabrera Infante le gustaba definirse a sí mismo como “un periodista que escribe novelas”. Lo que parecía casi una broma más del autor de Tres Tristes Tigres, que entendíamos como la reivindicación de su aparición continua e iluminadora en la prensa escrita, porque lo habíamos leído primero como novelista, tiene ahora significados nuevos: vocacionales y estrictamente profesionales. Efectivamente, Guillermo Cabrera Infante fue un periodista, un crítico y un informador, y de primerísimo nivel. Este primer tomo de las Obras Completas (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), que es también el primero de los tres dedicados al cine —si incluyen finalmente sus guiones—, rescata, en torno a Un oficio del Siglo XX, la infinidad de críticas, reportajes, entrevistas y artículos sobre cine, más de 1.500 páginas en total, que G. Caín, uno de los seudónimos del joven Cabrera Infante, firmó en la revista Carteles, entre 1954 y 1960. Es decir, cuando Guillermo Cabrera Infante era un “periodista profesional”. Y aparece exactamente cuando se cumplen siete años de su muerte.
Antoni Munné, editor de la obra —y léase la palabra editor en el sentido anglosajón de la palabra: que ha investigado, contrastado, recuperado y fijado cuanto aparecerá en los ocho (o nueve) tomos proyectados—, ve en este primer volumen un valor añadido: “Las críticas de cine, y en general sus trabajos periodísticos, son la escuela en que forja su estilo. Cuando publica Ella cantaba boleros, en 1961, o Un oficio del Siglo XX,en 1963, ya está formado el gran escritor de sus grandes novelas”. Un escritor que, para Toni Munné, todavía no ha sido enteramente valorado: “Tres Tristes Tigres y La Habana para un infante difunto ya han sido reconocidas, pero la publicación de las Obras Completas va ser una revelación. Vamos a ver a ese escritor profundamente renovador, a contracorriente, que fue muy incomprendido en su momento, porque la intelectualidad iba ideológicamente por otro camino. Yo creo que la escritura de Cabrera Infante pone en duda el canon de la literatura contemporánea, y que las Obras Completas le pondrán en el lugar que le corresponde”.
Toni Munné ha trabajado en íntima colaboración con Miriam Gómez, la viuda del escritor, durante más de tres años. “Se ha sentado aquí”, me dice Miriam Gómez, “días y días, horas y horas. Traía sus notas y preguntaba todo. Para que nada se le escapara”. Miriam dice de sí misma que sólo es “la médium” de Guillermo, pero es mucho más que eso: no sólo ha custodiado, leído y muchas veces “traducido” la enorme cantidad de papeles manuscritos, anotados, corregidos, que el escritor dejó en un montón de carpetas. Es que su memoria, y las notas que fue tomando en sus agendas a lo largo de los casi cincuenta años de convivencia, han servido de contraste y guía para la ordenación y localización de los papeles, para su certificación. Y hay muchos inéditos rescatados de las hemerotecas, particularmente en la de la Biblioteca de la Ciudad de Nueva York, donde se guarda la colección completa deCarteles, y otras revistas cubanas de la época. De ahí han salido esas mil páginas hasta ahora inéditas en libro. Por ejemplo, el que Miriam recordara todos los seudónimos que utilizó Cabrera Infante, Pastora Niño, entre otros, ha permitido la identificación y publicación de artículos que ni siquiera se le adjudicaban. Pero el hecho de que Toni Munné decidiera actuar como un lector que no da nada por sabido ha descubierto algunas claves. Una, da una vuelta de tuerca al sentido deUn oficio del siglo XX: dice Antoni Munné al final de su magnífico prólogo: “Sólo había un detalle que en todos estos años parece no haber llamado la atención de nadie. Al final del libro se indica, como es habitual, el lugar y las fechas de su escritura (…) Dice así: ‘Taco-Taco, 28 de diciembre de 1961-29 de febrero de 1962’. Triple broma”, continua Munné, “el 28 de diciembre es el Día de los Inocentes, el 29 de febrero de 1962 nunca existió, no fue aquel un año bisiesto. Y el lugar, ¡ah el lugar! Taco-Taco, lugar en el que nunca estuvo Guillermo Cabrera Infante, y que nunca más aparecerá en toda su obra, es… la prisión cubana de Pinar del Río”. Por cierto, un lugar clave para la victoria de Fidel Castro, cuya toma permitió su entrada en La Habana. Toda la literatura de Cabrera Infante es un milagroso juego de cajas chinas.
“La edición de la obra completa de Cabrera Infante es un work in progress”, dice Toni Munné. “Cuando empecé a trabajar con Miriam Gómez me di cuenta de que Guillermo había publicado en libro una parte muy pequeña de lo escrito. Hay mucho papel inédito y todo un ingente trabajo de periodista, no sólo en la prensa cubana de su juventud, o en la española y latinoamericana durante el exilio, sino también en la prensa inglesa, europea y norteamericana”. Sólo en este periódico, según datos de su servicio de documentación, Cabrera Infante ha publicado 224 artículos, desde el 17 de abril de 1977, en que inauguró su sección Icosaedros en el dominical, al 27 de febrero de 2005, en que se publicó, ya póstumo, La castroenteritis aguda, sin duda su último artículo. Aún el 28 de mayo, salió en Babelia ‘Una pesadilla con personajes cubanos’, el relato breve que había enviado a Esther Tusquets para su antología El libro de los sueños, poco antes de morir.

La escritura de Cabrera Infante pone en cuestión el canon de la literatura contemporánea.
Antoni Munné
El trabajo de Miriam Gómez y Antoni Munné tiene que ordenar todo ese material, en dos direcciones: por un lado, ir cumpliendo el proyecto de las Completas, que no ha hecho más que crecer a medida que se descifraban y ordenaban los papeles, entre los que hay un importante material escrito en inglés. Como éste, todos los ocho tomos —que pueden ser nueve — irán vertebrados en torno a un libro publicado en vida, de modo que las piezas se vayan ajustando como en un puzle. (Pienso que a Guillermo, que tantas veces combinó sus textos en ordenaciones distintas, siempre con significados nuevos, le hubiera encantado este juego). Por otro lado, tienen que ir dando a conocer las obras cerradas pero inéditas. Cuando Guillermo murió, había, al menos, cuatro novelas inéditas, Cuerpos divinos y La ninfa inconstante, que ya han visto la luz, y dos más: La ciudad perdida, escrita a partir del guión de cine que hizo para Andy García, y la que muchas veces había anunciado como Itaca vuelta a visitar, o Mapa dibujado por un espía, en la que, dice Munné, que la ha leído, “relata los cuatro meses que pasó retenido en La Habana, adonde había regresado a la muerte de su madre, y de resultas de los cuales fue el exilio”. No va a ser la próxima que se publique. Dice Miriam Gómez: “Necesito tiempo. Tengo que leerla, y todavía no he sido capaz. Este texto lo escribió Guillermo en Londres, después de lo que él llamaba ‘su locura’. Se refiere a los cuatro meses que pasó retenido en Cuba, en su último viaje, cuando fue al entierro de su madre. Y cuenta el horror y el terror que pasó. Como yo le recibí tal como volvió, destrozado, sé que aquel viaje fue indescriptible. Creo que escribir el Mapa… fue una suerte de terapia, que contribuyó a su curación. Lo escribió del tirón y lo guardó, y nunca me lo dejó leer, ni volvió sobre ello, aunque alguna vez lo mencionó. Toni sí lo ha leído y está entusiasmado, pero respeta mis ritmos. En cualquier caso, ya está en un disco duro, bueno, en varios, como todo el resto de los papeles. Y una vez que me sienta con fuerzas para leerlo, se publicará”.
Tampoco estarán los cuentos de Las lecciones de agosto. Lo primero que aparecerá como obra individual e independiente será El cartucho.Se trata de un proyecto de la década de los ochenta: una caja, un envoltorio, un cucurucho, que en cubano —como aquí, cuando se trataba de chocolatinas en los cincuenta— se llama cartucho. Lleno de papelitos con ideas sueltas, bromas, hallazgos… “Queremos hacer dos ediciones: una en libro convencional, con esas notas sueltas que Guillermo tomaba al hilo de las lecturas, de la tele, de la vida, ordenadas por temas, y otra, una tirada corta, de doscientos o trescientos ejemplares, como él la quería: un cartucho con los papelitos sueltos, dentro. Guillermo empezó a hablar de él, y a guardar esos papelitos, hace muchos años”. Yo creo que un doble sentido no se le habrá escapado a Guillermo, el de proyectil de escopeta, para que me entiendan.
Pero aquí, en El cronista de cine, está, sobre todo, el periodista. Ese que convierte en personaje de ficción cuando recoge algunas críticas, en Un oficio del siglo XX, y, consciente del significado de su acróstico, G. Caín, lo mata, convirtiéndolo en Abel por un momento, por un libro, porque “la única forma en que un crítico puede sobrevivir en el comunismo es como ente de ficción”. Y muerto. El resto, todas en realidad, nos muestran a un periodista moderno, uno que tiene una historia que contar. Así, encontraremos temas recurrentes, tanto en las magníficas entrevistas como en las críticas, de una extrema coherencia. El neorrealismo, por ejemplo; la omnipresencia del contraste entre el cine europeo y el norteamericano, las difíciles condiciones del difícilmente existente cine cubano… Resuelve de manera maestra, en entrevistas y reportajes, el conflictivo equilibrio entre el sujeto que escribe y la objetividad de lo narrado, sin escaquear su presencia formidable y sin achicar la distancia entre lo vivo y lo pintado. O lo filmado, o lo escrito. Y con una habilidad descriptiva, apenas un par de adjetivos muy descargados, muy objetivos, pone a sus personajes en suerte. O a sus ambientes. Es, en más de un sentido, un “nuevo periodista”. Y no se puede saber qué fue antes, si el huevo o la gallina: si el que estaba escribiendo Así en la paz como en la guerra nutría al autor de la entrevista con Hemingway, con Buñuel o con tantos otros, o al revés. El tema es que Cabrera Infante estaba, casi proféticamente, legitimando los recursos literarios en la escritura periodística. Advirtiendo que, siempre, cuando algo está escrito, se trata de eso, de escritura.
El cronista de cine / Obras completas. Volumen I. Guillermo Cabrera Infante. Edición y prólogo de Antoni Munné. Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2012. 1.536 páginas. 39 euros.