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martes, 31 de agosto de 2021

Angel Gonzàlez / El poeta de la amistad



El poeta de la amistad

Homenaje al autor de ‘Áspero mundo’. Amigos de Ángel González, fallecido hace diez años, se reúnen para cantar y leer sus versos



Juan Cruz
11 de enero de 2018


La madrugada era su tiempo, y la amistad y la noche jugaban con él hasta las tantas. Y de madrugada murió en un hospital de Madrid el poeta Ángel González a los 82 años, hace de esto hoy 10 años exactamente.

Anoche, en la sala Galileo de Madrid, amigos suyos de todas partes, y de todas las canciones, desde Joan Margarit a Ángel Gabilondo, de Benjamín Prado a Javier Rioyo y Chus Visor, Pedro Guerra, Almudena Grandes, Miguel Ríos y Luis García Montero, con otros, le dedicaron un homenaje con sus versos a la misma hora en que, en otro tiempo, él comenzaba a transitar la noche de las ciudades, Madrid, Oviedo, donde nació y donde vivió el miedo de su madre al sonido de los bombardeos en la guerra. Se sumaron tres cantantes, Marwan, Luis Ramiro y Rozalén. Y un gentío que desbordó la sala; mucha gente fuera, al relente. Y el poeta ausente, visible en los versos, en las anécdotas que se airearon, en el espacio infinito que ya habita su poesía.

Gabilondo vino desde la filosofía a darle entonación ética a su tocayo y Joan Margarit leyó en su lengua catalana y en el español de González un in memoriam. “Así es para mi tu poesía:/ un lugar limpio, bien iluminado”. Almudena Grandes contó que se hizo de los sonetos por uno de los de Áspero mundo. Allen Josephs, hispanista de Florida, relató uno a uno los lugares en que el poeta puso trono a la noche: La Corralada, Oliver, Bocaccio, Conde Xiquena, la madrugada hasta el alba de la geografía que Ángel transitaba “con su paciencia insondable”… Y así, música y verso, controlados por la otra paciencia, la de la editora Ángeles Aguilera, que hizo de maestra de ceremonias…

Luis García Montero (izquierda) y Marwan en el homenaje de este miércoles al poeta Ángel González, en Madrid.
Luis García Montero (izquierda) y Marwan en el homenaje de este miércoles al poeta Ángel González, en Madrid. ÁLVARO GARCÍA

En Oviedo, también celebran hoy su huella de la amistad y de la madrugada. Será en el Teatro Campoamor, donde Ángel recibió un día el premio Príncipe de Asturias. Allí estarán Josefina Martínez, viuda de Emilio Alarcos, uña y carne de Ángel; Aurelio González Ovies, Ángeles Carvajal, Javier Almuzara, Rocío Acebal... Y al tiempo aparece en Oviedo un monográfico que recoge textos de otros incondicionales: Luis Antonio de Villena, José Ramón Ripoll, Javier Bozalongo, Ben Clarck, Verónica Aranda... En ese homenaje escrito su editor, Mario Vega, ha contado con cinco poemás inéditos del autor de Palabra sobre palabra. La viuda del poeta, la profesora Susana Rivera, los cedió para esta ocasión.

Su muerte dejó en sombra a mucha gente, no solo a los poetas que le seguían desde la noche hasta el alba. Pero él fue amigo también de las calles de una ciudad que, como decía su amigo y compañero Juan García Hortelano, notaba en la alegría que mostraban los bares que Ángel había regresado de sus clases en Nuevo México.

Almudena Grandes, este miércoles en el homenaje a Ángel Gabilondo.
Almudena Grandes, este miércoles en el homenaje a Ángel Gabilondo. ÁLVARO GARCÍA

Para él era más fructífero un amigo que un verso, una conversación a las tantas que un libro entero de poemas. Y, cuando se fueron yendo sus amigos antes que él, Hortelano entre ellos, acuñó una frase como una lágrima arrojada sobre los calendarios: “Se me adelgaza el tiempo”.

De esa vena afectiva se benefició el alma de mucha gente: Alarcos, los jóvenes poetas, Juan Marsé, las madrugadas en las que rasgó la guitarra junto a su amigo Pedro Ávila (que, como Sabina y como Pedro Guerra o Joaquín Pixán, hicieron canciones de sus versos) en el café Libertad de Madrid... Siempre tuvo, además, la hospitalidad tranquila de Pepe y Pepa Caballero Bonald, y hasta el último instante, y hasta ahora, la compañía y el amor de Susana Rivera, a quien dedicó La primavera avanza: “Si sale amor, la primavera avanza”.

En su último libro, de retratos de seres inolvidables de la cultura del siglo XX, Examen de ingenios (Seix Barral, 2017), Caballero dedica este párrafo a su amigo sobre la frecuencia con la que reavivaban, según el propio Ángel, el más preciado de los logros de su generación: “Los encuentros con Ángel siempre suponían una lección entre irónica y erudita. Alcanzó una solvente madurez sin abandonar nunca la ruta emprendida con Áspero mundo, su primer libro. Fue avanzando sin dejar de ser fiel a sus orígenes”.

Ángel Gabilondo, en el homenaje.
Ángel Gabilondo, en el homenaje.  EL PAÍS

Y el mismo Ángel González explicó esos orígenes en uno de sus más bellos poemas, Para que yo me llame Ángel González, reconstrucción histórica y lírica del universo difícil al que amaneció en Asturias. Está en Áspero mundo: “Para que yo me llame Ángel González, / para que mi ser pese sobre el suelo, / fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo: / hombres de todo mar y toda tierra, / fértiles vientres de mujer, y cuerpos / y más cuerpos, fundiéndose incesantes / en otro cuerpo nuevo”. Un cuerpo nuevo que deviene, al fin, en “un escombro tenaz, que se resiste / a su ruina, que lucha contra el viento, / que avanza por caminos que no llevan / a ningún sitio. El éxito / de todos los fracasos. La enloquecida / fuera del desaliento”.

El poeta de la amistad y de la noche. Dijo García Montero: “Fue uno de esos milagros que a veces suceden. El maestro verdadero se convierte en amigo. Ángel representó la calidad de una poesía cívica imprescindible, la verdad de los que vivimos sin esperanzas, pero con convicciones. Mi melancolía es una forma de vitalidad gracias a él”.

La melancolía de Ángel: una herencia innumerable que se disfruta invariable hasta hoy mismo. Con esa melancolía acabó la noche esta vez. Rozalén cantó a los republicanos represaliados en homenaje a los hermanos de Ángel. Miguel Ríos y Pedro Guerra le pusieron música al poeta. El granadino leyó Pequeña evocación, uno de los grandes poemas de Ángel. Y el tinerfeño acabó con Me basta así. Terminaron antes de lo que tardaban las noches del poeta. Pero es que las noches de Ángel ya sólo son posibles en el amor a su recuerdo.

EL PAÍS


martes, 10 de agosto de 2021

Ángel González / Siempre lo que quieras





Ángel González
Siempre lo que quieras


Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo
-pero luego no digas que no sabes lo que haces.

Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.

Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.




Ángel González / La vida en juego

 


Angel González
La vida en juego

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.




Ángel González / Elegía pura

 


Ángel González
Elegía pura


Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo:
irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha
y tira.




miércoles, 14 de julio de 2021

Ángel González / Cumpleaños



Ángel González
Cumpleaños


Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.




sábado, 23 de abril de 2016

Javier Rodríguez Marcos / Escritores con demasiadas virtudes







Escritores con demasiadas virtudes


Ángel González
Dicen que de todo empieza a hacer 20 años, pero es mentira: empieza a hacer 30. Por ejemplo, de la entrada de los poetas de los cincuenta en el Parnaso de los inmortales. El trabajo promocional que había empezado con la visita a la tumba de Machado en 1959 y con las antologías de Castellet culminó con el favor de los lectores y una serie de coloquios que en los años ochenta dieron a aquellos niños de la guerra justo tratamiento de clásico. Uno de ellos reunió en Oviedo durante tres días de mayo de 1987 a Carlos Barral, Francisco Brines, J. M. Caballero Bonald, Ángel González, José Agustín Goytisolo, Claudio Rodríguez y Carlos Sahagún. Tiempo después, aquellas conversaciones dieron cuerpo a un volumen mítico pero ya agotado: Encuentros con el 50. La voz poética de una generación.

miércoles, 27 de enero de 2016

Ángel González / Inventario de lugares propicios al amor



Amor en Nueva York
Times Square, NY, 2012
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Ángel González 
Inventario de lugares propicios al amor

Son pocos. 
La primavera está muy prestigiada, pero 
es mejor el verano. 
Y también esas grietas que el otoño 
forma al interceder con los domingos 
en algunas ciudades 
ya de por sí amarillas como plátanos. 
El invierno elimina muchos sitios: 
quicios de puertas orientadas al norte, 
orillas de los ríos, 
bancos públicos. 
Los contrafuertes exteriores 
de las viejas iglesias 
dejan a veces huecos 
utilizables aunque caiga nieve. 
Pero desengañémonos: las bajas 
temperaturas y los vientos húmedos 
lo dificultan todo. 
Las ordenanzas, además, proscriben 
la caricia (con exenciones 
para determinadas zonas epidérmicas 
-sin interés alguno- 
en niños, perros y otros animales) 
y el «no tocar, peligro de ignominia» 
puede leerse en miles de miradas. 
¿A dónde huir, entonces? 
Por todas partes ojos bizcos, 
córneas torturadas, 
implacables pupilas, 
retinas reticentes, 
vigilan, desconfían, amenazan. 
Queda quizá el recurso de andar solo, 
de vaciar el alma de ternura 
y llenarla de hastío e indiferencia, 
en este tiempo hostil, propicio al odio.



Ángel González / Tratado de urbanismo / 1967


Angel González / Quédate quieto
Angel González / Todo amor es efímero
Angel González / Me basta así
Angel González / Inventario de lugares propicios al amor






sábado, 10 de enero de 2015

Angel González / Me basta así

Foto de Helmut Newton
Angel González
ME BASTA ASÍ

Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.




Angel González / Quédate quieto
Angel González / Todo amor es efímero
Angel González / Me basta así
Angel González / Inventario de lugares propicios al amor

martes, 25 de diciembre de 2012

Ángel González / Todo amor es efímero


David Lynch e Isabella Rossellini
Fotografía de Helmut Newton

Angel González
TODO AMOR ES EFÍMERO

Ninguna era tan bella como tú
durante aquel fugaz momento en que te amaba:
                                                                   mi vida entera.




Lea, además
NOVENARIO POÉTICO 2010
NOVENARIO POÉTICO 2011


miércoles, 13 de julio de 2011

Angel González / Quédate quieto

Monte Carlo, 1998
Fotografía de Helmut Newton
Angel González
QUÉDATE QUIETO
Deja para mañana
lo que podrías haber hecho hoy
(y comenzaste ayer sin saber cómo).
Y que mañana sea mañana siempre;
que la pereza deje inacabado
lo destinado a ser perecedero;
que no intervenga el tiempo,
que no tenga materia en que ensañarse.
Evita que mañana te deshaga
todo lo que tú mismo
pudiste no haber hecho ayer.



miércoles, 20 de enero de 2010

Juan Marsé / Peliculeros

Juan Marsé
Ilustración de Triunfo Arciniegas


Peliculeros

Juan Marsé
14 de enero de 2010


A riesgo de alimentar una polémica que no deseo y de la que podría beneficiarse una película que desprecio, debo salir al paso de las declaraciones de Andrés Vicente Gómez publicadas en este diario con fecha del 8 de enero de 2010. Contienen tal sarta de mentiras y mala baba que no deben quedar sin respuesta. Y si eso publicita su engendro fílmico, pues con su pan se lo coma.

En primer lugar, mi disgusto no proviene del hecho de que A. V. G. no me encargara el guión de la película, como él dice. Esto es una burda falacia. Nunca habría aceptado tal encargo, nunca mostré el menor deseo de intervenir en un proyecto que desde el principio, desde antes incluso de que el primer tratamiento del guión (que ya presagiaba el dislate que finalmente ha sido) llegara a mis manos por mediación de Agustín Villaronga, el primer director propuesto, que vino a consultarme lleno de dudas y malos presagios.


La solvencia, el rigor, la verdad y la belleza brillan por su ausencia en el filme sobre Gil de Biedma
¿Estar casado con una criada es para el señor productor una prueba de insolvencia?

En segundo lugar, este pequeño escritor tampoco está dolido, como afirma A. V. G., porque en la película "se muestran aspectos de su vida privada". ¿Vida privada? ¿Qué entenderá por vida privada el avispado productor? No voy a negar que estuviera en tal o cual sitio o que hiciera tal cosa o dijera más o menos tal otra, como muestra de manera tan plana y sosa alguna escena, pero sí afirmo que no hay nada (dejando a salvo la contención mimética y el buen hacer del actor) en esta burda parodia de los amores y desamores y de la gimnasia sexual (de la que por cierto abominaba hablar) del poeta Jaime Gil de Biedma, nada absolutamente, ni un solo plano, ni una sola frase, que tenga algo que ver con mi vida, ni privada ni pública. La razón es muy simple: a los guionistas y al director no les fue concedida la gracia de saber transmitir la verdad y la vida en una ficción. Porque a fin de cuentas, la cuestión es ésta: la solvencia profesional, el rigor en el trabajo, la exigencia en el logro de un cine que busque la verdad y la belleza brillan aquí por su ausencia.

He leído estos últimos días algunos comentarios de gacetilleros que son auténticas falacias. ¿Película valiente, temeraria, transgresora, que nos muestra al poeta desnudo de cintura para abajo? ¡Cuánta miseria y gilipollez! Una peliculilla de Betty Boop podría escandalizar más. El poeta no fue ni quiso ser nunca un transgresor, ni un exhibicionista, ni un valiente y activo militante comunista sufriendo todo el santo día por ser miembro de una familia riquísima. Su papá nunca visitó su apartamento. Pero es en la decantación tendenciosa hacia su homosexualidad esgrimida como una bandera (nunca lo hizo), tan omnipresente y sombría y apesadumbrada en toda la película, tan insoportablemente plasta por reiterativa, predominando en perjuicio de otros aspectos de la personalidad del poeta menos llamativos y morbosos, pero no menos interesantes, como su vitalidad desbordante y su alegría, por ejemplo, lo que convierte su imagen cinematográfica en una burda caricatura.

Pero volviendo a las falsedades de A. V. G., dice que las adaptaciones al cine de mis novelas me han dado más dinero que el obtenido por publicarlas. Pues hombre, sí, muchas gracias, no hay más que ver el éxito inenarrable de esas adaptaciones, que han sido repuestas en la tele continuamente y han sido aclamadas y elogiadas por todos los públicos. La verdad es que algunas merecían un lugar en el benemérito y patético Cine de barrio de TVE, pero ni siquiera valen para eso. Mejor están en el olvido. Él las produjo.

También cae A. V. G. en la tentación de insinuar maliciosamente, como ya hicieron otros muchos (ésta es una vieja historia que divertía mucho a Jaime Gil), que el poeta intervino decididamente en la composición del personaje principal de una de mis novelas -en la película parece como una obsesión verbal y sexual del poeta, de un modo ridículo: un ejemplo de hasta qué punto los guionistas arrimaron el ascua a su sardina-.

La verdad es que, antes de publicarse la novela, Jaime Gil sólo había leído el último capítulo, en compañía del poeta Ángel González. Pero donde aparece la rencorosa mala baba del productor es cuando dice que yo "era un pequeño escritor empleado en una joyería y casado con la criada de una marquesa". Notable. Podría ser el reclamo publicitario de su próximo engendro, un melodrama sobre el descrédito y el incierto futuro de los pequeños escritores que se casen con criadas.

Pero no debería reírme, porque detrás de las palabras asoma la verdadera talla moral del sujeto que las pronuncia. Mi mujer fue la peluquera particular de María Rosa Campos, amiga ésta de Jaime Gil y de Ángel González desde mucho antes de que yo conociera a ambos poetas. Pero da lo mismo, Joaquina podía haber sido su criada, ¿y qué? ¿O es que estar casado con una criada es para el señor productor una prueba más de la insolvencia social, profesional y moral del pequeño escritor? ¿Qué tiene contra las criadas el señorito Andrés?

Dice nuestro hombre no entender que uno "venda los derechos de sus obras y luego no le guste nada de lo que hacen y acabe mal con todos los directores". ¿De verdad no lo entiende? Pues se lo voy a aclarar de una vez, y de paso que tomen nota otros posibles interesados en el asunto, otros que incluso han ido más lejos al negarle al autor la libertad de opinar sobre la adaptación de su obra, y calificándole, si se atreve a hacerlo, de idiota público, ignorante y mala persona, o imbécil. Pues bien, la explicación no puede ser más sencilla: yo vendo los derechos, no mi silencio ni mi criterio. Y cualquier escritor que se respete dirá lo mismo.

¿En nombre de qué debo callarme la boca? La arrogancia y la desvergüenza de algunos peliculeros (cineastas es palabra que no merecen) llega hasta el extremo de creerse que al comprar mis derechos también compran mi adhesión inquebrantable, y que su película tiene que gustarme por narices. Y ya vale.

Para terminar diré que no deja de ser curioso que la que más me gusta, de entre todas las adaptaciones de obras mías, es una película que no se hizo, pero que conservo gratamente en la memoria.