
José Zuleta
Lo que no fue dicho
~ Capítulo i ~
En Lisboa nos alcanzó la noticia: «Ha muerto tu mamá», decía el mensaje de texto. No lloré. Entré en un retraimiento profundo. Silencio retrospectivo. Un dolor minucioso buscaba el extremo del hilo para rehacer el tejido. Los primeros recuerdos a su lado son frágiles, fragmentos de niñez, retazos de sueños. Lo cierto es que cuando tenía tres años mis padres se separaron y no la volví a ver ni a saber nada de ella hasta que tuve veintisiete. Mucho después, una vida después, me buscó. Estaba enferma. Quería contarme su vida y que yo le contara la mía. Empezó ella. Nos veíamos cada mes. Yo viajaba a Bogotá y mamá contaba. Así se estableció una carrera entre la memoria, la distancia y la enfermedad. Grabamos lo que decía. La enfermedad comenzó a minarla y su memoria se fue quebrando, se repetía. Al final parecía una cantante que ha olvidado sus letras, recordaba estrofas, pero ya no tenía consigo la canción. Allí precisamente me cedió el turno. Yo debía contar cómo había sido mi vida sin ella, mi infancia sin ella. Ahora, frente al hecho rotundo de su muerte, mi vida ignorada se impone con una nitidez nueva. Como una vindicación, como una canción que hay que cantar.
José Zuleta Ortiz escribió una novela autobiográfica para contarle a su mamá su vida, esa que no conoció porque lo dejó cuando estaba niño. Foto: Cortesía autor. 