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martes, 23 de agosto de 2016

Leopoldo María Panero / Diario de un seductor



Leopoldo María Panero
Diario de un seductor

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
                                      desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.









DE OTROS MUNDOS


Leopoldo María Panero / El circo



Leopoldo María Panero
El circo



Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos 
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté tan vacía.
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre hoy, ayer, mañana. Seres
sin cabeza cantarán sobre mi tumba
una canción incomprensible.
Y se repartirán los huesos de mi alma.
Mi alma. 
               Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.



Leopoldo María Panero / Ars Magna



Leopoldo María Panero
Ars Magna

Qué es la magia, preguntas
en una habitación a oscuras.
Qué es la nada, preguntas,
saliendo de la habitación.
Y qué es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitación.







domingo, 22 de marzo de 2015

Leopoldo Maria Panero / Seré un monstruo pero no estoy loco

Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero

'Seré un monstruo pero no estoy loco'

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 30 OCT 2001

Recluido en el psiquiátrico de Las Palmas, el poeta madrileño, que acaba de publicar su Poesía completa y dos nuevos libros, habla de literatura, política, psiquiatría y de la autobiografía en la que trabaja. Leopoldo María Panero 'Seré un monstruo, pero no estoy loco'

'Estoy harto de ser Leopoldo María Panero. Todo ese rollo del malditismo vendrá de que tiene morbo que esté en un manicomio'
Lo ha escrito él mismo: 'Sólo soy a ratos'. Y, es cierto, hay al menos dos Paneros dentro de Leopoldo María Panero: el que se siente solo y el que dice sentirse acompañado 'por los gremlims', el que sabe de memoria muchos de sus poemas y los teléfonos de sus editores y el que contesta con un lacónico 'no sé', el que no busca más que ser 'una persona normal' y el que se considera la reencarnación de Charles Baudelaire, el que pide voluntariamente su ingreso en un sanatorio y el que clama por salir de él.
El día en que tuvo lugar esta conversación, uno de los tantos Paneros posibles acudió a la recepción del hospital psiquiátrico de Las Palmas escuchando en un walkman a Los Chichos -'me gusta la marcha, la pachanga. También Alban Berg y Stockhausen'- y con una bolsa de tela al hombro de la que a lo largo de las horas fue sacando unas gafas de concha, varias cintas y un puñado de libros, entre ellos, un ejemplar del Locus Solus,de Raymond Roussel, otro de las poesías de Emily Dickinson, traducidas por Silvina Ocampo, y el original ajado de Prueba de vida, la particular autobiografía 'de la muerte' en la que lleva meses trabajando. Una vez en la sala de visitas del sanatorio, Panero se derrumbó en un sillón y sacó uno de los tres paquetes de cigarrillos que llevaba en el bolsillo de la camisa. Salvo a la hora de la comida, nunca dejaría de fumar. Lo hace compulsivamente, sin solución de continuidad, mientras bebe litros de café y coca-cola. 'Hay mucha gente rara en este sanatorio', afirmó nada más llegar. 'Esto parece una mezcla entre el Folies Bergère y el infierno de Dante. Estoy deseando marcharme. Aquí no hacen más que torturarme'.

Leopoldo María Panero / La poesía sirve para ganar dinero

Leopoldo María Panero
Fotografía de Luis Magán

Leopoldo María Panero

"La poesía sive 
para ganar dinero"


Los novísimos vuelven a ser nuevos

El festival Cosmopoética rinde homenaje a la revolucionaria generación del 68

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS Córdoba 5 OCT 2012 - 01:18 CET


De izquierda a derecha, sentados, Pere Gimferrer, su pareja Cuca de Cominges, José María Álvarez y Antonio Colinas. De pie, Vicente Molina Foix, Luis Alberto de Cuenca, Guillermo Carnero, Jenaro Talens y Jaime Siles. / FRANCISCO J. VARGAS
“¿Tiene algo de Leopoldo María Panero?” El dependiente de la librería Luque pone cara de asombro al ver al poeta preguntar por sus libros. El asombro se duplica cuando añade “soy yo” antes de llevarse —con descuento— su edición de Matemática demente, de Lewis Carroll. Panero lleva nueve años en el psiquiátrico de Las Palmas, pero ha venido a Córdoba para participar en el ciclo que el festival Cosmopoética dedica hasta el domingo a los novísimos.
El autor de El último hombre, cuya conversación es un alarde de memoria y delirio, llegó el martes para asistir a una proyección de El desencanto, la película sobre su familia que Jaime Chávarri filmó en 1976. La sesión no fue del todo bien: “No se podía fumar”, dice contrariado. Y añade: “Después de tantos años [la continuación de 1994, a cargo de Ricardo Franco] me gusta más. Por la música y los colorines. La otra es más fría. José María, ¿puedo decir unos versos tuyos?”.

Leopoldo María Panero / Todo poeta busca una manera de vengarse del mundo

Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero
"Todo poeta busca 
una manera de vengarse del mundo"

Un maratón de 'zapping' literario

El Festival Eñe reúne y enfrenta durante dos días a autores de todas las tendencias

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS Madrid 14 NOV 2009




"Todo poeta busca una manera de vengarse del mundo". La voz pastosa de Leopoldo María Panero se mezcla con el humo de su cigarrillo en la oscuridad de la sala de columnas del Círculo de Bellas Artes. Su respiración recuerda a la de Hall, el ordenador de 2001, una odisea del espacio. Fuma sin parar en un edificio en el que está prohibido. También sin parar trasiega coca-cola de lata. Se levanta dos veces para ir al baño. Pide un pañuelo de papel: "Para limpiarme la baba". Se lo dan. "Tengo derecho a un juicio justo", dice. También dice que tiene 200 euros para llegar a fin de mes: "¿A qué día estamos?". De cuando en cuando su editor, Antonio Huerga, le pasa un poema para que lo lea. Él recita: "Qué siniestro el oficio de escritor". Parece el lugar apropiado para decirlo, porque Panero acaba de inaugurar el festival literario Eñe, que hasta esta noche llenará el Círculo de editores, autores y lectores.

El 'tú a tú' Esther Tusquets, Ana Maria Moix es uno de los platos fuertes
No es el Hay de Segovia o Granada pero las escaleras obligan a hacer casi tantos kilómetros como allí. Eso, cuando no interrumpe el tráfico un performerdesnudo -de un festival paralelo- que colapsa uno de los rellanos. Los peldaños están salpicados de greguerías. Una de ellas dice: "Filósofo: turista fracasado". No lejos de allí, José Antonio Marina diserta, es el lugar apropiado, sobre la necesidad que tiene el ser humano de crear, de escribir historias. "Fijaos en las posibilidades que estoy encontrando yo donde vosotros no encontráis nada", dice que dicen los artistas. Esas posibilidades están en el poema de Neruda a la alcachofa tanto como en una puesta de sol. Sólo hay que saber mirar. Finalmente, lanza una definición de las que "entran en el examen": "La felicidad consiste en la armoniosa satisfacción de nuestras tres grandes necesidades: disfrutar, querer y ser queridos y sentir que creamos algo".

lunes, 10 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero / Letanía de la consumación

Leopoldo María Panero
según Agustín Sciammarella
Leopoldo María Panero


En los arrabales de la modernidad ideó Baudelaire el sumidero del poeta maldito, en el que se abismaron los simbolistas, los escritores fin de siècle, los profetas de la calamidad expresionista o de la violencia de dadá..., y así hasta constituir un Averno lírico dominado por la podre, la enfermedad, la ruina y el dolor sin sentido. Heredero de la escatología desolada de Trakl o de la obscenidad del mal de Genet, a Leopoldo María Panero lo llamó Túa Blesa “el último poeta”, sambenito retórico y excesivo que remedaba un título del propio autor (El último hombre,1984). Ya es bastante ser el último Panero, si se considera la vastedad de esa necrópolis familiar donde se enfrentan, arraigo contra desarraigo, Leopoldo (padre) contra Leopoldo María (hijo).
Su poesía había dejado al aire todas las esquinas de su estilo y el albañal de los temas (suicidio, necrofilia, nihilismo, blasfemias, drogas, alucinaciones monstruosas) a partir de Así se fundó Carnaby Street,libro de 1970 que constaba aún como inédito en Nueve novísimospoetas españoles (1970), la antología en que lo incluyó el mestre José María Castellet ¿otra ausencia presente?, rendido a los elogios con que venció sus reservas el ya por entonces sabio Pere Gimferrer. Allí daba cuenta de su pertenencia al feudo de lo ido, ese que se sitúa en el envés de la civilización, con sus pompas y sus obras: “Sitting Bull ha muerto y no hay tambores / para hacerlo volver desde el reino de las sombras. / Deseo de ser piel roja”.

Su poesía dejó al aire las esquinas de su estilo y el albañal de los temas: suicidio, nihilismo...
Desde Poemas del manicomio de Mondragón (1987) sus versos ya no parecen avanzar, sino solo percutir obsesivamente en el mismo yunque, con una soltura en la construcción que contradice las tensiones del resultado. Su obra fue creciendo como una proliferación celular desordenada en que la identidad autorial se disolvía en sus colaboraciones con otros autores, y, desde mitad de los ochenta, asoma como un catafalco en sucesivas “poesías completas” que, abandonado Panero a una suerte de escritura automotriz, dejaban de serlo antes de salir de la imprenta.
Por lo dicho, cabría entender que la llamarada negra que emite esta poesía puede asimilarse a la lírica gesticuladora a la que se entregó, en la España de la longa noite de pedra (Ferreiro), una nutrida legión de airados hijos de la ira. Pero no es así. Si algo sorprende en ella ¿si algo asusta de ella? es la falta de arrebato interjectivo, acaso porque el furor existencial necesita de un Dios mayúsculo que actúe como un muro contra el que romper(se), y aquí solo hay un dios minúsculo y perturbado que se monda sus pústulas en un estercolero mientras resuena (Gólem, 2008) una letanía de la consumación: “Fetidez del dolor / mal olor de las lágrimas / espanto de existir / a solas con la nada”.
Ángel L. Prieto de Paula es poeta y crítico literario.

EL PAÍS





DE OTROS MUNDOS


Leopoldo María Panero / Rezarle a la muerte


Leopoldo María Panero, 1996
Foto de Santi Burgos

Leopoldo María Panero

Rezarle a la muerte


Leopoldo María Panero se instaló en Canarias "por razones climáticas" en 1997

Su casa estaba en el hospital psiquiátrico y su actividad literaria, en intercambio cultural con escritores marginales, transcurrió en bares y cafés

MARIANO DE SANTA ANA Las Palmas de Gran Canaria 6 MAR 2014 - 18:33 CET


El poeta Leopoldo María Panero, en una terraza de un bar de Las Palmas de Gran Canaria. / JOSÉ CARLOS GUERRA
“Me despierto a las cuatro de la madrugada y me arrodillo para rezarle a la muerte. Mi madre pisotea mi tumba. ‘No debes beber”. En cierta ocasión Leopoldo María Panero pronunciaba una conferencia en un antro nocturno de Las Palmas en la que se presentaba como un trasunto racial y castizo de Charles Manson. Mientras su reflejo repetía sus más mínimos gestos en un espejo situado a su espalda, el poeta, envuelto en humo y luz artificial, continuaba: “La verdad, la única verdad, es un balazo en el cerebro”.
Se había instalado en la isla en 1997 “por razones climáticas”. Su primera residencia fue el Hospital Psiquiátrico de Gran Canaria, emplazado en un barrio disperso de la periferia de Las Palmas, en donde ingresó voluntariamente. Además de su habitación, durante el tiempo en que vivió allí, Leopoldo María dispuso de una pequeña estancia para su biblioteca en la que los libros de Ezra Pound y Propercio convivían con una antología de textos de Lutero, el epistolario completo de Indalecio Prieto y un ensayo sobre Victor Tausk, “un psicoanalista”, explicaba a un visitante, “que se suicidó después de una entrevista con Freud”.

Leopoldo María Panero / Poeta múltiple, hombre solo

Claudio Rizzi y Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero

Poeta múltiple, hombre solo

"Todas mis palabras son la misma que se inclina hacia muchos lados, la palabra FIN, la palabra que es el silencio, dicha de muchos modos”



    El poeta Leopoldo María Panero / EL PAÍS
    “No tenía a nadie”. Así resumía hace unas horas el editor Antonio Huerga la soledad en la que ha muerto Leopoldo María Panero a los 65 años. Lo decía para explicar la incertidumbre sobre los restos del poeta: “¿Incinerarlo? ¿Enterrarlo? ¿Quién decide? No tenía a nadie”. Tras la desaparición de su hermano Juan Luis en septiembre pasado, la muerte de Leopoldo es el último capítulo de una convulsa historia familiar llevada al cine por Jaime Chávarri y Ricardo Franco. Él decía que prefería la película del segundo “por los colores”. Lo decía como lo decía todo, con una salvaje ingenuidad llena de citas de poemas ajenos y propios, teorías conspirativas, críticas a España, a la OTAN, a sus editores o a sus compañeros en el psiquiátrico de Las Palmas, donde se había recluido voluntariamente hace más de una década. Los elogios quedaban reservados para sus colegas de generación: Gimferrer, Colinas o Ana María Moix, fallecida la semana pasada.

    domingo, 9 de marzo de 2014

    Silvia Blanco / La lógica de Leopoldo María Panero

    Leopoldo María Panero
    Foto de Ramón de la Rocha

    La lógica de Panero

    "Yo no me suicido ni a tiros", afirma el poeta, que publica dos nuevos libros: 

    'Papá, dame la mano que tengo miedo' y 'Jardín en vano'


    "Este camarero está planeando cómo matarme". Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) está sentado en una terraza de la Feria del Libro de Madrid. Ha salido unos días del hospital psiquiátrico de Las Palmas, su casa desde hace años, para presentar dos nuevos libros, uno de narrativa -Papá, dame la mano que tengo miedo (editorial Cahoba)- y otro de poemas -Jardín en vano(Arena)-. Acaba de llegar a la cita con su pantalón de pinzas azul y su camisa de cuadros y lo primero que quiere contar el autor de Así se fundó Carnaby Street (1970) o Poemas del manicomio de Mondragón (1987) es que está "harto del proletariado". Cree que la CIA tiene un plan para asesinarlo y no se sabe muy bien si son "los masones" o "los aliados" la "pandilla de tipejos" que pretende cortarle, dice, "los pies y la polla".
    Es jueves. La gente curiosea en las casetas instaladas en el Retiro. Hace sol. Pegada a él ha venido Tania Fránquez, una chica de 20 años amiga suya. "Nos conocemos porque Leopoldo viene todos los días a la librería-bar en la que trabajo, allí en Las Palmas", explica. Lo cuida, le da las medicinas. Vigila que no le atropelle un coche. Traduce su idioma. Ella nunca ha estado antes en Madrid. Descubre la ciudad al lado de Panero.
    De camino hacia la Fnac de Callao, donde él hablará sobre sus nuevos libros a las ocho, va cantando la canción del mariachi, de Desperado, película que protagonizaba Antonio Banderas. "Me gustan las mujeres, el vino y el ron... ay, ay, ay, ay mi morena de mi corazón". Panero necesita coger un taxi: "No soporto andar por la calle. Todo el rato me llegan mensajes telepáticos de la gente, me llegan sus pensamientos, aunque yo no he oído voces en mi vida" -en Papá, dame la mano... dice que los libros le hablan-. "Estoy en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos".
    Cuando Panero habla no hay solución de continuidad entre Wittgenstein y Eliot, entre ETA -"no entiendo por qué pusieron la bomba en la T-4"- y Poe, que es "un poeta en abstracto".

    Interrogante

    A la media hora del encuentro, queda claro que no hay ninguna razón para suponer que el discurso del poeta podría adquirir forma en una fórmula pregunta-respuesta. También Papá, dame la mano... es un libro mestizo, ni una novela ni un poema en prosa. Más bien se parece a una perfecta elaboración de su manera de hablar. Cuando no fuma o bebe Coca Cola light,cita constantemente, también en inglés y francés. En la escritura le ayuda su amigo Félix Caballero. Su misión consiste en atrapar sus palabras, canalizar su poesía. Un interrogante eterno serpentea en estos dos libros: "¿Quién soy yo?". Y sobre la identidad él responde que Oscar Wilde la perdió cuando llegó a París.
    No hay dónde sentarse en el salón de actos de la Fnac. Los fans de Panero, muy jóvenes, han venido con libros y cámaras digitales. Además de firma, quieren tener una foto con él. Panero sonríe. Para las fotos levanta el puño en plan comunista. En la presentación declara: "Yo no me suicido ni a tiros, aunque ganas no me faltan porque me han destrozado la vida sistemáticamente".





    DE OTROS MUNDOS

    Leopoldo María Panero / España es la que está loca, no yo

    Leopoldo María Panero, 2005
    Foto de Luis Magán

    Leopoldo María Panero

    "España es la que está loca, no yo"


    La cita es en la Residencia de Estudiantes, y están con él dos amigos: el poeta canario Félix Caballero, con quien Panero ha escrito ya dos libros, y Amaraba, una fan misteriosa. Los dos fuman como él (hay siete paquetes abiertos sobre la mesa) y asisten risueños a la exhibición de Panero, que lleva ingresado cinco años en el manicomio canario del doctor Rafael Inglod (ahora sólo duerme dentro), tras pasar 14 en el de Mondragón. Hablando también escribe poesía.

    Leopoldo María Panero y Michi Panero con el director de cine Ricardo Franco (izq.), director de la película "Después de tantos años", continuación del "Desencanto", dirigida veinte años antes por Jaime Chávarri, durante la presentación de la misma el 9 de febrero de 1995.
    Foto de Ricardo Gutiérrez

    Pregunta. ¿Cómo es el manicomio?
    Respuesta. El puto infierno. El asunto del veneno empezó en Mondragón, pero lo de Inglod es peor. Me han dado toneladas de haloperidol y todavía no he muerto. Lo de Rasputín fue una noche y a puerta cerrada; lo mío va para 20 años y es a la luz del día: el diario de un hombre infinitamente envenenado. España es la que está loca, no yo.
    P. ¿Por qué le dan haloperidol?
    R. Porque me pasé tres años sin cerrar la ventana.
    P. ¿Y qué le hace?
    R. Atonta. Pero más inteligente que yo, imposible. Soy tan inteligente como Nieztsche.
    P. ¿Cómo se vive dentro?
    R. Todo ingreso es un secuestro clínico, toda internación es ilegal. Allí se tortura: no dejan fumar, te hacen hacer la cama siete veces, azuzan a los locos contra mí y no les atan... Atan a los viejecitos por nada y a esos cabrones no los atan.
    P. ¿Le dan electroshocks?
    R. López Ibor te daba electroshocks y luego te ponía una imagen de santa Teresa en la mesilla. No he visto un nazi parecido en los días de mi vida. Ahora, la lobotomía y el electroshock están prohibidos, y las correas también, salvo en caso de sangre o pelea...
    P. ¿Mienten los locos?
    R. El loco yerra pero no miente, tiene la perniciosa manía de decir la verdad, como el borracho.
    P. ¿Acaso existe la locura?
    R. No. Los locos son gente muy puteada y se esconden para que no les hagan más daño. El mito de la enfermedad mental, de Thomas S. Szasz: si el loco es un hipócrita, no está loco, es un hipócrita y punto. Yo aprendí telepatía en París, entendí que pensar venía de hablar, y hablaba y leía en voz alta. Me quedé telépata. "El cante sin guitarra, / el cante a palo seco, / el cante sin meis nada". Es un poema de João Cabral de Melo Neto.
    P. Ah. ¿Le gusta el flamenco?
    R. No creo en la clase obrera española. Son payasos alfredolandescos. Tras 40 años sin ideología obrera, sólo queda la picaresca y un proletariado chistoso.
    P. ¿Psiquiatría o poesía?
    R. He pensado dejar la poesía como Rimbaud para dedicarme a la psiquiatría, pero a la real, no a esa falsa que Wittgenstein llamó La máscara y el lenguaje.
    P. ¿La literatura cura?
    R. Alguna sí. Los literatos españoles se dividen en dos: el burgués ambicioso y los mamarrachos abominables.
    P. ¿Cree en la democracia?
    R. Soy anarcoindividualista, pero creo. Me sorprende que alguien dijera que la democracia es un anacronismo. No creo que Tejero sea muy moderno. Pero los diputados están como cabras.
    P. ¿Qué le parece la ley de matrimonio homosexual?
    R. Yo soy bisexual y sadomasoquista. Sádico con las mujeres y masoca con los hombres, aunque también sádico con algunos tíos, depende de lo guapos que sean.
    P. ¿Cómo se hizo poeta?
    R. A los cinco años. Mis padres estaban aterrados. El poema decía: "Mi corazón temblaba y no era un sueño / fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey / y mi corazón seguía temblando".
    P. ¿Freud o Lacan?
    R. Freud se creía el anticristo, pero era ambiguo. Decía: "¡¿Sabía usted que soy el diablo y Dios construye catedrales en torno a mí?!". Lacan sabía que los locos sabían que él era el anticristo. Según Jung, Cristo y el anticristo son el sí mismo. El yo no existe en la especie humana. Es lo que Lacan llamaba "el sombrero de Napoléon". El yo es en lo que se pierde el loco. Y el anticristo son los bancos.
    P. ¿Por qué no abre un dispensario antipsiquiátrico?
    R. Pensé hacerme millonario con la antipsiquiatría y lo sería si me pagaran los derechos.
    P. ¿Su poesía es automática?
    R. No me prohíbo nada salvo cagar en la silla. Pero mi poesía es técnica. Hablando del cuerpo, Spinoza dijo: "Nadie sabe lo que puede el cuerpo". Y Neruda: "Te escucho orinar al fondo de la habitación". Voy a echar una meada.
    P. [Se va, vuelve] ¿Cuál es su poeta favorito?
    R. Neruda no me gusta. Mallarmé, sí. Escribe científicamente [recita un poema en francés].
    P. ¿Preferiría ser francés?
    R. Querría irme a París. Allí no están tan locos como aquí. Aquí no se puede pensar. No es raro que el Quijote sea el ídolo. A san Juan de la Cruz casi lo queman porque se lavaba todos los días. Este país está obsesionado con el sexo desde hace siglos y por eso odian a Dios, porque lo ven castrador.
    P. No le gusta el Quijote.
    R. Es una novela río asquerosa. Me gusta El licenciado Vidriera.
    P. ¿Quién le dicta sus poemas?
    R. Como no sea mi conciencia... El hombre no habla, es hablado, dijo Lacan.
    P. ¿Escribe en trance?
    R. No creo en la bestia de la inspiración, yo cultivo el espanto como una ciencia.
    P. ¿El nuevo Papa?
    R. Un filonazi. Mi doble.
    P. ¿Zapatero?
    R. El príncipe de las tinieblas. "Oh, Satán, tú tienes dos cosas: el oro y el regazo de la mujer" (Goethe).
    P. ¿Negociar con ETA?
    R. Por supuesto. Hace siglos dije que sólo ETA hace oposición.

    Un falso majareta, culto y sarcástico

    "Hola. ¿Es usted Mora o Mantilla? ¡Da igual! ¿Me puede traer cinco paquetes de Nobel?". Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) fuma como un loco pero apaga los pitillos antes de la mitad. Sufre esquizofrenia, o eso dicen los psiquiatras. Los únicos síntomas aparentes son sus murmullos inaudibles, su enganche a la coca light y su paranoia (comprensible) con la CIA. Por lo demás, su lucidez destellante, su inteligencia sarcástica, su cultura-baúl (suelta citas y recita en varias lenguas y sectores: Lacan, Marx o ¡Ana Torroja!: "Y los jamones son de York") y su curiosidad insaciable (poesía, literatura, psiquiatría, antipsiquiatría, física...) le convierten, más bien, en estos tiempos lelos, en un cuerdo tan indispensable como inalcanzable.






    DE OTROS MUNDOS