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Muere el dramaturgo Tom Stoppard a los 88 años
Nacido en la antigua Checoslovaquia, fue uno de los literatos más brillantes del siglo XX, autor de obras como ‘Rosencrantz y Guildersten han muerto’ y ‘Shakespeare enamorado’

“Sé amable, sé curioso, sé travieso. Y mantén el sentido del humor”. Es el consejo que da Judi Dench a todo el que atreva a lanzarse con la interpretación (y a enfrentarse a la vida en general). Por desgracia, es posible que esta gran drama británica no regale ya nuevas travesuras en escena. La actriz, de 89 años, reconoció el pasado mayo que su progresiva ceguera le impedía leer guiones. Todo lo aprende hoy al dictado de amigos, como hizo Kenneth Branagh en Belfast (2021), “como un loro”, bromea. Tanto han empeorado sus síntomas que estar en un rodaje se ha vuelto casi inviable. Por eso un libro como The Man who Pays the Rent, donde repasa sus trabajos en obras de William Shakespeare, suena a una suerte de testamento.
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| Kirill Serébrennikov |
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| Kirill Serébrennikov |

Podría preguntarse ahora ¿Quién le teme a Edward Albee?, porque cientos de jóvenes universitarios de Estados Unidos y de otros países montan sus obras con el oculto deseo de que el autor las vea y diga “es un montaje excelente”, pero como Albee es tan sincero, el temor a fracasar se aloja en los grupos de teatro universitario como una curiosa enfermedad de la época.
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| Edward Albee Michael Shane Neal |
Edward Albee, un dramaturgo de éxito
Edward Franklin Albee nació un 12 de marzo de 1928 en Washington D.C., fallece en Montauk, East Hampton, Nueva York, el 16 de septiembre de 2016, a los 88 años de edad. Hijo adoptivo de Reed y Francis Albee de Larchmond, es bautizado con el nombre de Edward Franklin Albee III en distinción a su abuelo adoptivo, copropietario del Keith-Albee Theater Circuit. En 1939-1949 asiste a los cursos de la escuela diurna de Rye Country del distrito de Westchester, Nueva York; también estudia en la Academia Lawrenceville de Lawrenceville, New Jersey; a la Academia Militar de Valley Forge, Wayne, Pennsylvania, y se gradúa en la escuela Choate de Wallingford, Connecticut. Continúa durante año y medio los cursos en el Trinity College de Hartford, Connecticut.
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| Edward Albee |
Ciento treinta y tres dólares con treinta y tres centavos. Eso valió la vida de Edward Albee -según su biógrafo Mel Gussow- en tiempos de la Gran Depresión.
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| Edward Albee |
En cierta ocasión, el dramaturgo estadounidense Edward Albee dijo que, «probablemente no sabía cómo ser un hijo», dada la poca sensibilidad de sus padres adoptivos, la socialité Frances Cotter y el reconocido heredero Redd A. Albee, de quienes escapó a los 18 años.
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| Ilustración de Charris |
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| Tennessee Williams Andy Warhol |

Un pobre diablo llega a este mundo a sufrir. Es un incomprendido, un pelele que será maltratado en el carnaval humano. Su padre se lo advierte: «Pronto conocerás todo y sentirás la nostalgia del calor del hogar». Pero Federico García, el hijo del diablo, no teme por sus pelos. Se enamora sin ser correspondido, pierde todos sus pelos (inútiles, en este mundo que nada tiene que ver con el de los Grimm), es apaleado por viejas camanduleras, recibe un baño a las malas (hábito que termina por adoptar, feliz); en otras palabras, como buen ángel caído, el joven diablo choca con la humanidad al tiempo que trata de entenderla.
| Ilustración de Alekos |
Pelos de diablo es una obra de teatro con mucho humor físico. Está inspirada en el cuento de los hermanos Grimm, «Los tres pelos de oro del diablo», en el que el diablo es engañado por su propia esposa para beneficio de un astuto don nadie que quiere casarse con la hija de un rey. Aquí, aunque el pequeño diablo no resulta particularmente astuto, sí se queda con Margarita del Viento, la hija de una furibunda mujer que ahuyenta al pretendiente a escopetazos. La única arma de este diablo, sin embargo, son las cosquillas. Provoca cosquillas a todos en el pueblo, y esto lo mete en problemas, pero también lo convierte en un héroe.
La puesta en escena tiene tres actos, el primero es la llegada del diablo y su desencuentro con Margarita. En el segundo, gracias a la charla disparatada de dos viejas chismosas, nos enteramos de cómo el diablito salvó el banco del pueblo a punta de cosquillas y pasa de pelele a «ejemplo para nuestra juventud». En el tercero, don Gerardo García, el padre del diablo, se lleva a su hijo de vuelta al infierno y todos en el pueblo se quedan extrañándolo, pero el pequeño diablo encuentra la manera de volver y seguir haciéndole chanzas a los humanos que le han cogido cariño.
Sin embargo, aunque los avatares del hijo del diablo son muy divertidos, el picante de esta obra está en los diálogos de Triunfo; son juegos de palabras llenos de eso que él llama «lógica poética» y que sacan una sonrisa al lector cuando remiten a otras obras (García Márquez, Ciro Alegría, Lorca) o simplemente a refranes populares que dan un ritmo especial a toda la historia. Son estos juegos los que dan carácter a los personajes y dinamismo a la obra.
Luego, Triunfo nos regala una breve cátedra teatral en la que no solo nos cuenta el origen de la obra, sino que además comparte su experiencia de más de tres décadas trabajando teatro para niños y con los niños; un teatro que no es otra cosa que «un juego con reglas». Es justo después de leer este breve apartado —en el que Triunfo aborda los personajes, la lectura, el escenario y las luces—, que uno entiende la libertad sobre la que está basado este juego: la improvisación.
En esta historia el conflicto nunca escala a niveles dramáticos, todo se soluciona con un gesto, con un sombrero o con unas cosquillas. El quid de la cuestión, a donde parece querer llevarnos Triunfo, es a ponernos nosotros mismos sobre las tablas, bailar como diablos y ver qué pasa. Con rigor, claro está, «Hay una historia por contar y debe respetarse», pero dando el espacio y el tiempo precisos para la improvisación, para que los actores hagan otras lecturas posibles y hagan suya la obra que están interpretando. Este es el camino que Triunfo nos propone en Pelos de diablo: el puro goce de ser un diablo
*Es editor independiente y traductor.
| Harold Pinter |
No se fíen de ninguna quiniela del Nobel de Literatura. No hay favoritos porque el sistema de la Academia Sueca es completamente hermético (salvo las sospechas del escándalo de Jean-Claude Arnault) y las listas de las casas de apuestas son solo un reflejo de lo que los apostantes creen premiable. Este jueves 7 de octubre a las 13.00 h. (en directo en RTVE), como cada año, el secretario permanente de la Academia Sueca, Mats Malm, abrirá la puerta de su despacho para pronunciar un nombre a los periodistas agolpados.
Personajes
Gus
Ben
Habitación en un sótano, en algún lugar de Birmingham. Es una noche de otoño. Hay dos puertas a derecha e izquierda, respectivamente, de la pared de foro. En el centro de la pared se ve una saliente que luego resulta ser un montaplatos. Hay dos camas, una a derecha y otra a izquierda de la saliente; la de la derecha pertenece a Gus y la de la izquierda a Ben. Ambas tienen las cabeceras colocadas contra la pared y los pies hacia el público. Contra la pared de la izquierda, adelante, hay una silla de respaldo recto. La puerta de la izquierda conduce al lavatorio y a la cocina. Las dos camas están hechas, pero algo revueltas; en cada una de ellas penden las corbatas, los chalecos y los sacos respectivos de ambos hombres. Bajo cada almohada, un revólver y una pistolera.
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| Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello El montaplatos de Harold Pinter |
“Siempre volvemos a releer sus obras”, asegura el director y actor Alejandro Vizzotti en referencia al dramaturgo inglés Harold Pinter, a la hora de iniciar la búsqueda de material de trabajo para su compañía, De Carencia Virtú, con quien había realizado en 2012 la puesta de un clásico del autor, Los Sketches de Revista. El inicio del aislamiento obligatorio sorprendió al equipo dos semanas antes del estreno de El Montaplatos, obra de 1959, estrenada en Buenos Aires diez años después por Jorge Petraglia, uno de los introductores del llamado teatro del absurdo en el país. Con la actuación de Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello, la obra puede verse en El extranjero (Valentín Gómez 3380) los domingos a las 18. El vestuario y la iluminación son obra de Gabriella Gerdelics y Mariano Dobrysz, respectivamente, y la escenografía es de Ariel Vaccaro. Por su parte, Rafael Sucheras tuvo a su cargo el diseño sonoro.


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| Kirill Sérebrennikov
Foto de DAMIR YUSUPOV
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El dramaturgo Kirill Serébrennikov pasó año y medio prácticamente sin salir de su casa. Procesado por malversación de fondos públicos, el famoso director de cine y teatro ruso estuvo 20 meses bajo arresto domiciliario. Ahora, aunque el polémico caso —tras el que muchas voces del mundo de la cultura vieron un intento de silenciar al controvertido creador, muy criticado en los círculos conservadores— sigue investigándose, ya puede salir con más libertad. Desde esa experiencia que le dio aquel encierro, que aprovechó para terminar la película Leto, sobre el joven cantante de rock Victor Tsoi, muerto en 1990, y dirigir la ópera Nabucco, Serébrennikov da una decena de consejos para afrontar el autoaislamiento debido a la pandemia de coronavirus, que muchos países están recomendando o decretando, como España.
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| Henrick Ibsen |
