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domingo, 12 de septiembre de 2021

Jean Rhys / El loto





Jean Rhys
BIOGRAFÍA

EL LOTO
Traducción de Enrique Hegewicz


—Dice Garland que es una furcia.
—¡Una furcia! Mi querida Christine, ¿la has visto alguna vez? Al fin y al cabo, hay límites.
—¿Límites? ¿Aquí en Portobello Road? Lo dudo mucho.
—Bobadas —dijo Ronnie—. Está escribiendo una novela. Sí, cariño —abrió los ojos y apuntó hacia abajo las comisuras de sus labios—, sobre una chica a la que seducen...

jueves, 17 de octubre de 2019

Jean Rhys / El día en que quemaron todos los libros



Jean Rhys 
BIOGRAFÍA

El día que quemaron todos los libros

Traducción de Enrique Hegewicz



Mi amigo Eddie era un chico bajito y flaco. Se le veían venas azules en las muñecas y las sienes. La gente decía que estaba tísico, y que no duraría mucho en este mundo. Yo le quería, pero a veces le despreciaba.
Su padre, Mr. Sawyer, era un hombre extraño. No había nadie capaz de adivinar qué podía estar haciendo en nuestra parte del mundo. No era hacendado ni doctor ni abogado ni banquero. Tampoco tenía una tienda. No era maestro ni funcionario del gobierno. No era —ésa era la cuestión— un caballero. Teníamos varios románticos residentes que se habían enamorado de la luna o del Caribe: todos ellos eran unos caballeros y absolutamente distintos de Mr. Sawyer, que carecía por completo de señorío. Además, detestaba la luna y todo lo que tuviera que ver con el Caribe, y no le importaba decirlo.

lunes, 14 de agosto de 2017

Jean Rhys / El ancho mar de los sargazos


Jean Rhys
BIOGRAFÍA
EL ANCHO MAR DE LOS SARGAZOS

A principios de los años cuarenta del pasado siglo, Jean Rhys leyó por primera vez Jane Eyre, la famosa obra de Charlotte Brontë, y decidió rendir su peculiar tributo a la gran autora inglesa imaginando ella también la historia de una mujer tentada por la locura. Fue así cómo nacieron las primeras páginas de Ancho mar de los Sargazos, la novela que por fin, ya en el año 1966, concedió a Rhys el aplauso unánime de la crítica y el público.Hija de un tiempo lejano, obligada a vivir entre las cuatro paredes de unas mansiones siniestras y rodeada por la vegetación lujuriosa de Jamaica, Antoinette Cosway es una mujer que busca crear un mundo propio, a medias entre los modales distinguidos de su familia británica y las vidas misteriosas de los isleños, que llenan la casa de canciones extrañas y conjuros maléficos. Un joven inglés, atraído por la perversa ingenuidad de Antoinette, arriesga su fortuna y su buen nombre casándose con ella, pero después del matrimonio empiezan a circular inquietantes rumores sobre el comportamiento de la esposa. Los fantasmas acechan, y la escritura de Jean Rhys les da cuerpo y voz para poder contar esas emociones que asoman de repente bajo los faldones de la decencia.

domingo, 10 de enero de 2016

Jean Rhys / Los tigres son más hermosos


Jean Rhys
BIOGRAFÍA
Los tigres son más hermosos

«Mein Lieb, Mon Cher, My Dear, Amigo», empezaba la carta: 
Me largo. Quería irme desde hace algún tiempo, como indudablemente sabes, pero estaba esperando el momento de tener valor para dar el paso que me expusiera otra vez al frío mundo. No me apetecía una escena de despedida. 
Dejando a un lado muchas otras cosas que es mejor olvidar, no tienes ni idea de lo harto que estoy de todas ésas falsas declaraciones de comunismo, y de todas las falsas declaraciones sobre todo lo demás, si vamos a eso. Todos vosotros sois exactamente iguales, comoquiera que os llaméis a vosotros mismos: Intocables. Os creéis indispensables, y os moriríais de languidez si no tuvierais alguien a quien mirar desde arriba e insultar. Me dio la sensación de que estaba rodeado de un montón de tigres tímidos que esperaban a saltar en cuanto apareciese alguien con algún problema o sin dinero. Pero los tigres son más hermosos, ¿no crees?

Tomaré el autobús de Plymouth. Tengo mis planes.

Vine a Londres cargado de esperanzas, pero todo lo que he sacado ha sido una pierna rota y suficientes abucheos para mis próximos treinta años de vida si llego a vivir tanto, Dios no lo quiera.

No creas que olvidaré tu amabilidad después de mi accidente, cuando tuve que vivir en tu casa y todo eso. Pero assez quiere decir basta.

Me he bebido la leche que había en la nevera. Estaba sediento después de la fiesta de ayer noche, pero si vosotros le llamáis a eso una fiesta yo le llamaría un funeral. Además, ya sabes lo poco que me gusta esa charlatanería (¡Freud! ¡ ¡San Freud!!). De modo que, amigo mío, compóntelas como puedas sin mí.

Adiós. Volveré a escribirte cuando vengan mejores tiempos.



HANS



Había también una posdata:

A ver si hoy escribes un artículo fantástico, pedazo de yegua mansa.


Mr. Severn suspiró. Siempre había sabido que Hans se iría tarde o temprano, pero entonces, ¿por qué aquel sabor en la boca, como si hubiese comido polvo?

Jean Rhys / El ruido del río

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Jean Rhys
BIOGRAFÍA
EL RUIDO DEL RIO


La bombilla eléctrica colgaba de un corto cable desde el centro del techo de la habitación, y como no había luz suficiente para leer se tumbaron en la cama y charlaron. El viento nocturno empujaba las cortinas y entraba, suave y húmedo, por la abierta ventana.

—Pero, ¿de qué tienes miedo? ¿A qué te refieres cuando dices miedo?

—Me refiero —dijo ella— a ese mismo miedo que tienes cuando quieres tragar una cosa y no puedes.

—¿Constantemente?

—Casi constantemente.

—Dios mío, qué cosa. Eres idiota.

—Ya lo sé.


Jean Rhys / Que lo llamen Jazz



Jean Rhys
BIOGRAFÍA
Que lo llamen Jazz

Un luminoso domingo por la mañana tengo un bochinche con mi casero de Notting Hill porque me pide un mes de alquiler por adelantao. Me lo dice cuando llevo aquí desde el invierno, pagando cada semana sin falta. No tengo trabajo en ese momento, y si le doy el dinero apenas me queda ná. O sea que me niego. El tipo ya está borracho tan temprano y me insulta: sólo palabras, a mí no me asusta. Pero su mujer es un mal bicho: ahora entra en mi cuarto y dice que tengo que darle el dinero. Cuando le digo que no, le pega una patá a mi maleta, que se abre. Se cae mi mejor vestido, y ella se ríe y le da otra patá. Dice que lo corriente es pagar un mes por adelantao y que si no puedo pagar que me busque otro sitio.

No me vengáis con cuentos sobre Londres. Hay mucha gente en Londres con el corazón como una piedra. Y si te quejas te contestan, «demuéstrelo». Pero, ¿cómo voy a demostrar ná si no hay nadie que lo vea, ningún testigo? Así que hago la maleta y me voy, pienso que es mejor no tener nada que ver con esa mujer. Es muy conchuda, y ni Satanás miente mejor que ella.

Me pongo a caminá hasta un sitio cercano que está abierto y donde podré tomar un café y un bocadillo. Allí empiezo a hablar con un hombre que se sienta a mi mesa. El ya me ha hablao, le conozco, pero no sé su nombre. Al cabo de un rato me pregunta:

sábado, 9 de enero de 2016

Jean Rhys / Fantástica



Jean fantástica

VICENTE MOLINA FOIX 13 AGO 2011

Una vida sin ti cuenta en cuatro novelas la vida de una joven que lleva nombres distintos en cada una pero siempre es la misma. Son novelas breves y dislocadas, como intenso y fraccionado es el tiempo, que uno calcula no superior a tres lustros, en que la autora llegó a Europa desde las Antillas, viajó sin parar, amó casi tanto como sufrió, tuvo un aborto y fue también muy feliz. En todos esos años de adolescencia y juventud, Rhys no escribió; bastante tenía con divertirse, con enamorarse, mientras, eso sí, miraba el mundo a su alrededor con un ansia de apoderamiento que es propia de los grandes artistas. Fruto de ese periodo frenético y de esa atenta mirada posesiva fue su primer libro (de cuentos), aparecido en 1927, cuando ella ya tenía los 37, y prologado por Ford Madox Ford, quien resaltó el "singular sentido de la forma" que aquella debutante aportaba a la literatura inglesa. Un año después apareció su magistral Cuarteto, primera de cuatro novelas claramente autobiográficas, todas muy estimadas por los connoisseurs pero poco atendidas por el gran público. Después vino el silencio. Cuando iba camino de los ochenta años, Rhys, hallada casi por azar en su retiro de Cornualles, reapareció con otra obra maestra, Ancho mar de los Sargazos, y el resto de su vida, que aún duró hasta 1979, pertenece al ámbito del culto legendario.

Una vida sin ti

Jean Rhys
Traducción de Catalina Martínez Muñoz
Lumen. Barcelona, 2011
621 páginas. 24 euros
Una vida sin ti recoge, en muy buena traducción, esas cuatro novelas centrales de la no muy extensa obra (ocho títulos) de la autora, que Lumen ofrece juiciosamente no según el orden de su publicación original sino siguiendo la cronología vital de la(s) protagonista(s). En Viaje a la oscuridad (aparecida en 1934) se narra la llegada a Londres de Anna, una antillana blanca y adolescente que siempre ha querido ser negra y a la que el frío de las Islas Británicas maltrata, casi tanto como los hombres. Su trabajo de corista, el ambiente de los teatritos provinciales, de los bares a punto de cerrar, de las pensiones sórdidas, marca un relato que, en Cuarteto (1928), nos presenta en París a la misma joven más crecida y ahora bajo el nombre de Marya, enredada en un triángulo amoroso con historia, pues está basado en el que Rhys mantuvo con el gran escritor Ford Madox Ford, descubridor, protector y manipulador -asistido por su propia esposa- del juego de seducción, sofisticado abuso y cruel desdén que la novela describe de modo fascinante.
Leída en el orden de esta edición o al aire de cada lector, Una vida sin ti es una sinfonía de cámara en cuatro movimientos y para una orquesta reducida, que interpreta, con un pequeño elenco de voces y en escenarios recurrentes, la peripecia vital de la narradora en sus agitadas variaciones, en sus gozosos crescendos y sus ayes de dolor. Si destaco Cuarteto es porque en el descenso infernal que en ella se cuenta, la ciudad, en este caso París y Cannes, adquiere una ultrarrealidad subyugante: el episodio del despertar con la melodía del pastor de cabras que pasa bajo las ventanas de la muchacha es característico del impresionismo lírico de la escritura de Rhys, atemperado a menudo por la visión prismática de las cosas. ¿Prosa cubista? No creo que a la autora le gustara el calificativo. Se trata más bien de su fenomenal capacidad de ver en la realidad lo que está debajo de la realidad, descomponiendo el componente superficial de las apariencias. Con ese don visionario, Jean Rhys se muestra siempre como una fantaseadora desbordada, y de manera acusada en Buenos días, medianoche, última de las cuatro en esta edición y en la fecha de composición, 1939. Es la más amarga y caleidoscópica, quizá porque, escrita a punto de cumplir cincuenta años, Rhys, con su agudeza intacta, empezaba a serenarse.



Raúl Teixidó / Las mujeres solitarias de Jean Rhys

Ilustración de Triunfo Arciniegas

Raúl Teixido
Las mujeres solitarias de Jean Rhys

Dentro de la narrativa de la primera mitad del Siglo XX, es de rigurosa justicia destacar el nombre de Jean Rhys (1894-1979), escritora inglesa que se dio a conocer entre 1927 y 1939, con cinco novelas breves, y se sumió luego en un largo silencio –27 años, ni uno menos—durante el que fue virtualmente relegada al olvido. Tras aquel prolongado paréntesis, reapareció, ya en plena madurez, con una novela que se haría famosa (El ancho mar de los Zargazos) y un volumen de cuentos, que supusieron una tardía restauración de su prestigio literario.

Jean Rhys / Los tigres son más hermosos / Reseña

Jean Rhys
Ilustración de Triunfo Arciniegas

Los tigres son más hermosos, de Jean Rhys: una obra maestra del género de relatos.


Jerof
20 de julio de 2015
Tigers are Better-looking
Los relatos de Los tigres son más hermosos habían sido escritos durante ese período de ostracismo, de pensiones, casas míseras, alcohol, vagabundeo siguiendo a un segundo marido, aislamiento cuidando del tercero, broncas con los vecinos, visitas a comisaria, multas... y contienen el eco de todo eso pero, como toda obra de arte, lo trascienden: no se trata de relatos más o menos autobiográficos, sino de auténticas obras maestras del género.

Si hay algo que llama la atención desde el primer momento que se lee a Jean Rhys es su rareza: su sabor extraño y familiar al tiempo. Es tentador ponerla en compañía de otro par de excéntricas contemporáneas, Djuna Barnes y Jane Bowles, pero aun en tan singular compañía, Jean sigue siendo un caso aparte. Leyendo Los tigres son más hermosos me ha venido a la mente el nombre de otra mujer alérgica a los moldes, la baronesa Blixen; y no porque la temática o el estilo de los cuentos de una y otra tengan nada que ver, sino por la particularidad de que ambas te obligan a jugar con sus reglas desde el principio, como dos Circes en sus islas de papel.

Abre el fuego "Hasta septiembre, Petronella", una miniatura sobre un fin de semana en el campo de dos parejas de artistas ( ellos)/ coristas ( ellas) en lo que parecen los años 20, narrada con asombrosa naturalidad y en donde ya aparecen los temas recurrentes del esnobismo inglés, la hipocresía inglesa, la ironía destructora inglesa, lo frío, lo gris, etc... Lo sigue "El día que quemaron los libros", relato que bien podrían haber escrito Truman Capote, Carson McCullers o cualquier otro niño perdido del Sur. "Que lo llamen jazz" es sencillamente magistral: abunda en los temas del primer relato pero la construcción de la protagonista/narradora lo mejora. Antológico, sin duda. "Los tigres son más hermosos" vuelve a hacer referencia a la oposición espontaneidad-sinceridad con hipocresía-ironía ( inglesas, por supuesto) y aparecen la policía, la cárcel, los juzgados... "Fuera de la máquina" es más convencional, aunque muestra cómo se reproduce la sociedad inglesa en una sala de hospital francés. "El loto" es de los más flojos, aunque eso significa que es mejor que la mayor parte de lo que se publica. O tal vez parece el más flojo porque el siguiente, "Una casa sólida", me tiene aún con la boca abierta. Sólo se me ocurre la palabra asombroso para describirlo. Diré que iguala uno de los más famosos relatos de Henry James, y no digo más; de lo mejor que he leído nunca. "El ruido del río" es más convencional, pero es un buen cuento.

Leer estos relatos lleva a pensar en lo que llamamos el genio o el don; como el Espíritu Santo, sopla donde quiere y sólo Él sabe dónde va: uno puede ir a cien talleres de relato, hacer veinte cursos de escritura creativa, pasar por dos o tres departamentos de literatura y no ser más - pero nada menos- que un competente artesano. Jean Rhys, que aprendió a leer en casa, que hasta los veinte años bien entrados, en un piso miserable de Chelsea, no descubrió que podía escribir, que se pasó la vida a base de ginebra, de pensiones y pueblos hostiles y a pesar de eso no pensaba más que en escribir para que su vida no fuera un fracaso, como atestiguan sus cuadernos y diarios, fue siempre una gran artista.

Jerof


viernes, 8 de enero de 2016

Escritoras olvidadas / Jean Rhys


Jean Rhys
Ilustración de Triunfo Arciniegas

ESCRITORAS OLVIDADAS

Las voces recuperadas de Jean Rhys

JOSÉ MARÍA GUELBENZU 5 DIC 2009


Los lectores de la inmortal Jane Eyre -y la propia Jane- recordarán siempre a la mujer fantasmal que vive encerrada bajo llave en Thornfield Hall, la mansión del reconcentrado y atormentado Rochester, esa mujer que una noche prende fuego a sus habitaciones en un ataque de locura en una escena memorable. Poco sabremos de ella: que era una criolla antillana con quien Rochester, obligado a un exilio en las colonias por su padre y su hermano, contrajo un matrimonio de interés. El padre y el hermano mueren y Rochester hereda la fortuna y propiedades familiares y puede volver a Inglaterra, lo que hace acompañado de su esposa, que sufre periódicos ataques de locura y a la que se ve obligado a enclaustrar. Pues bien, aquí tenemos, en El ancho mar de los Sargazos, un reto literario de primer orden: novelar la vida de aquella mujer, Antoinette Cosway, bajo la sombra imponente de una de las grandes novelas del siglo XIX inglés, Jane Eyre, de Charlotte Brontë.

El ancho mar de los Sargazos 

Una sonrisa, por favor

Jean Rhys
Traducción de Catalina Martínez Muñoz
Lumen. Barcelona, 2009
190 y 198 páginas. 17,90 euros cada uno
La hazaña de Jean Rhys es singular, única. Formidable creadora de personajes femeninos solitarios, desamparados y desnortados, tiene en el de Anna Morgan (Voyage in the dark) el antecedente más directo de su Antoinette. Jean Rhys, al cabo de cinco novelas bien acogidas por la crítica y pronto olvidadas porque se adelantaban a su época, desapareció de la vida literaria y reapareció muchos años más tarde por casualidad: era una anciana que vivía en Cornualles y preparaba una novela, la que ahora nos ocupa. Su edición, tras variaciones interminables, le concedió la fama que se le había negado y murió poco después. Como su Sasha Jensen, el olvido, el alcohol y la desdicha la escondieron del mundo, pero al contrario que ella, alcanzó la gloria literaria con una novela imperecedera.

Secuelas / Con o sin permiso

Jean Rhys
Ilustración de Triunfo Arciniegas

Secuelas

CON O SIN PERMISO

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO 25 JUL 2012 - 00:23 CET


Elizabeth Costello, protagonista de la ficción homónima de Coetzee (2003), había escrito en su juventud una novela con el punto de vista de la gribaltareña Molly Bloom, la infiel Penélope del Ulises joyceano. John Stoppard centró en dos personajes secundarios de Hamlet su drama existencial Rosencrantz y Guildenstern han muerto (1966), en el que —justicia poética— el irresoluto príncipe de Dinamarca juega un papel muy marginal. Alonso Fernández de Avellaneda aprovechó el éxito apabullante de la primera parte del Quijote para continuar a su modo envidioso las aventuras del hidalgo, lo que obligó a su legítimo autor a modificar en la segunda parte el itinerario de su criatura inmortal.
Ancho mar de los Sargazos (1966), de Jean Rhys, es una precuela de Jane Eyre en la que se nos relata la existencia caribeña de quien, posteriormente, acabaría loca y casada con el señor Rochester (la verdad, no sé qué es peor). Alexandra Ripley logró cierta fama (y se hizo millonaria) gracias a Scarlett (1991), la insufrible secuela (autorizada) de Lo que el viento se llevó. Elizabeth Bennet, la sensata e independiente protagonista de Orgullo y prejuicio, ha reaparecido en numerosas narraciones posteriores; en algunas de las más recientes se ha mostrado como lesbiana, caníbal, asesina o zombi. Incluso la muy conservadora P. D. James la ha vuelto a resucitar, junto al resto de los personajes de la más célebre novela de Austen, para su thriller La muerte llega a Pemberley. James Bond, otro personaje muy secuelado (por Kingsely Amis, John Gardner, Sebastian Faulks o Jeffrey Deaver, entre otros,) volverá pronto de la mano de William Boyd, quien considera "una oportunidad magnífica" el ofrecimiento de los derechohabientes de Ian Fleming para que escriba una nueva aventura del mejor agente del MI6. No me extraña: hay mucha pasta de por medio y, además, Bond, un de los grandes iconos de la cultura popular, sigue siendo un personaje fascinante.