La Dolce Vita marca un punto de inflexión en la filmografía de Federico Fellini. ¿Quién puede olvidar la escena en la que Anita Ekberg retoza en la Fontana di Trevi y Marcello Mastroianni se une a ella? Esta película, estrenada en 1960 y ganadora de la Palma de Oro en Cannes, anunció el singular lenguaje cinematográfico de Fellini, que se convertiría irrevocablemente en su sello distintivo. Inimitable. Con su entrelazamiento de secuencias, como bocetos. Y, sin embargo, provocó un enorme escándalo en su estreno, debido a su retrato de una sociedad italiana ociosa y depravada. Las escenas de orgías escandalizaron al público romano, que tal vez había olvidado la historia de su decadente imperio.
Vuitton celebra Roma con dibujos de Miles Hyman: 100 ilustraciones del ilustrador estadounidense.
Ispirato dall'atmosfera sorniona della città, dai monumenti che raccontano di una grandezza che fu e dalle architetture uniche di Roma, l'illustratore americano Miles Hyman ha realizzato 100 disegni che tracciano l'atmosfera e la vita quotidiana della Città Eterna. Un viaggio attraverso i disegni firmati dall'artista, su incarico della maison Louis Vuitton, che vuole rendere omaggio alla capitale, per la collana Travel Book della casa francese, presentata in una mostra a Palazzo Poli, sede dell'Istituto Centrale per la Grafica, in programma dal 5 ottobre all'11 novembre.
Hyman ha trascorso un periodo nella capitale con gli occhi rivolti verso il cielo romano, puntati sul dettaglio di un archetto, sul volto di una passante, su un portone di Trastevere o sulla cupola della chiesa di piazza Navona, con l'obbiettivo di raffigurare Roma per l'omonimo libro della collana Louis Vuitton Travel Book: Rome by Miles Hyman.
Un hombre hace una foto al hospital Gemelli, donde está ingresado el Papa desde el pasado viernes, este martes en Roma.ALESSANDRO DI MEO (EFE)
La salud del Papa empeora: ahora sufre una neumonía bilateral y sigue presentando “un cuadro clínico complejo”
El parte médico de la tarde señala que un TAC ha revelado una nueva patología, que se suma a la bronquitis y requiere una terapia adicional. No obstante, el Vaticano asegura que el Pontífice “está de buen humor”
ÍÑIGO DOMÍNGUEZ
Roma - 18 FEB 2025 - 12:19
La situación del papa Francisco no ha mejorado y, es más, se ha agravado con una nueva patología, una neumonía bilateral, que se añade a la bronquitis que ya padecía. Esa es la principal novedad del parte médico de la tarde de este martes, comunicado por el Vaticano pasadas las 19.30. “La infección polimicrobiana, que se presenta en un contexto de bronquiectasia y bronquitis asmática, y que ha requerido el uso de terapia antibiótica con cortisona, hace más complejo el tratamiento terapéutico. El TAC [tomografía axial computerizada] de tórax a la que se ha sometido esta tarde el Santo Padre (...) ha demostrado la aparición de una neumonía bilateral que ha requerido terapia farmacológica adicional”, explica el comunicado, el más detallado de los difundidos hasta ahora. “Los exámenes de laboratorio, las radiografías de tórax y las condiciones clínicas del Santo Padre continúan presentando un cuadro complejo”, concluye. En todo caso, añade la nota al final, “el papa Francisco está de buen humor”.
Después de que este lunes el Vaticano anunciara que Francisco sufría “un cuadro complejo” y la hospitalización se alargaba de forma indefinida, esta mañana quedó anulada su agenda hasta el domingo. Se han suspendido la audiencia jubilar del sábado, día 22, y la celebración de la misa del domingo en la basílica de San Pedro, donde sustituirá al Papa el cardenal italiano Rino Fisichella.
A las 12.30 de este martes, el portavoz vaticano dijo simplemente, en línea con los días anteriores, que el Papa había pasado una noche “tranquila”, había descansado, desayunado y luego se dedicó a la lectura de algunos periódicos. El último parte médico del lunes por la tarde confirmaba que las condiciones de Jorge Mario Bergoglio, de 88 años, eran “estacionarias”, no tenía fiebre y seguía con la terapia. Esta tarde no se ha aclarado si padece fiebre o no.
Una mujer sujeta dos velas con la imagen del Papa en el exterior del Hospital Gemelli donde se encuentra ingresado, este martes. MASSIMO PERCOSSI (EFE)
El comunicado vespertino ha señalado, por lo demás, que el Papa recibió esta mañana la comunión, lo que quiere decir que no celebró él la misa, y el resto del día “ha alternado el descanso con la oración y la lectura de textos”. El Vaticano ha añadido que Francisco “agradece la cercanía que siente en este momento y pide, con corazón agradecido, que se siga rezando por él”.
Los detalles que ha dado a conocer hasta ahora el Vaticano indican que el Pontífice ha cambiado dos veces de terapia, señal de que los médicos han ido probando antibióticos hasta dar con el adecuado, y la ausencia de fiebre, según los expertos, era síntoma de que el tratamiento está funcionado. El diagnóstico hasta ahora, una infección polimicrobiana de las vías respiratorias, quiere decir, según los expertos, que la patología se debe tanto a virus como bacterias.
El propio Papa se ha referido estos días a su enfermedad solo como una “bronquitis”, lo que descartaba una neumonía, más grave, pero ese escenario ha cambiado esta tarde. Ya al día siguiente de su ingreso en el hospital Gemelli, el Vaticano indicó que la terapia había sido “ligeramente modificada”, y el lunes se confirmó un nuevo cambio. La aparición de la neumonía ha añadido más fármacos al tratamiento por tercera vez.
Hasta el día del ingreso fue tratado con cortisona, razón por la que presentaba el rostro hinchado, pero quedó en evidencia que no era suficiente. Además, Bergoglio, con fama de no ser muy buen paciente y reacio a los médicos, insistía en continuar con su ritmo de trabajo. Ya el 5 de febrero, en una audiencia con fieles, demostró dificultad para respirar y hablar. Él mismo comentó que tenía una bronquitis y delegó la lectura del discurso.
Exterior del hospital Gemelli de Roma donde se encuentra ingresado el papa Francisco.CIRO DE LUCA (REUTERS)
Los pulmones son uno de los puntos débiles del Papa y desde 2023 sufre fuertes resfriados y bronquitis en cuanto empieza el frío. A pesar de ello, quiso presidir la misa dominical en San Pedro al aire libre. Luego los médicos le forzaron a no moverse de su residencia, donde continuó recibiendo las visitas habituales. El mismo viernes, antes de ser ingresado, mantuvo cinco audiencias. Como continuaba sin curarse, finalmente aceptó ir al hospital. Un parón que además le obligaba a descansar.
A la hora de seguir el estado del Papa, suele haber dos breves comunicados del Vaticano. Uno, por la mañana, para dar una primera información, no médica, de su estado, como ya ha sucedido hoy. Si ha dormido bien, ha desayunado, qué hizo la tarde anterior. El segundo, por la tarde, ya contiene detalles médicos y es el más relevante.
Pese a la convalecencia, Francisco incluso ha trabajado un poco. Estos días, por ejemplo, se han hecho públicos algunos nombramientos y hoy ha aceptado la renuncia de un obispo canadiense, Jean-Pierre Blais, de la diócesis de Baie-Comeau, acusado de abusos sexuales. También hace llamadas telefónicas, algo confirmado porque ha mantenido su costumbre de los últimos meses de llamar a diario a la parroquia católica de la Sagrada Familia, en Gaza, para mostrarles su cercanía. El párroco, Gabriel Romanelli, aseguró el lunes que el Papa “estaba cansado, pero su voz era clara”.
Siempre me han gustado los libros de viaje y los mapas. Disfruto hojeando guías, buscando lugares en google o trazando líneas en el plano de una ciudad. La preparación de un viaje es un placer en sí mismo. Cuando no podemos viajar con la realidad lo hacemos con la imaginación.
El palacio Domus Aurea, patrimonio de la Unesco, construido por Nerón en Roma, durante el siglo I d.C.SIR FRANCIS CANKER PHOTOGRAPHY
La Roma de Nerón no era tan diferente del mundo actual: alquileres imposibles, gentrificación y tráfico caótico
El historiador Dimitri Tilloi-d’Ambrosi publica un ensayo sobre la vida cotidiana en la capital del Imperio, entre contaminación acústica, mezcla de nacionalidades, barrios exclusivos y otros asociados a la plebe
Guillermo Altares Madrid, 6 de abril de 2024
En el siglo I de nuestra era, Roma fue la primera ciudad con un millón de habitantes. Hasta el XIX, con Pekín y Londres, ninguna otra urbe alcanzó esa población. Aunque la distancia temporal y humana que nos separa de la Roma clásica es enorme —era un mundo extremadamente violento, con esclavos y emperadores—, los problemas urbanos se repiten a lo largo de los siglos. Juvenal (60-128) ya advertía en sus Sátirasque el coste de una hermosa residencia en un pueblo del sur de Roma equivalía al alquiler anual “de un tugurio en la capital”. El historiador francés Dimitri Tilloi-d’Ambrosi recoge esta anécdota en su ensayo24 horas en la Roma de Nerón(Crítica, traducción de Silvia Furió) en el que describe lo que nos aleja, pero también lo que nos une a un mundo a la postre no tan lejano.
El final de la escapada del último asesino de Julio César
El periodista británico Peter Stothard relata la fuga de Casio de Parma tras el magnicidio de los Idus de marzo, así como la violenta destrucción de la República romana
Guillermo Altares
Madrid, 25 de diciembre de 2021
El apuñalamiento de Julio César, en los Idus de marzo del año 44 antes de nuestra era, es tal vez el magnicidio más famoso de la historia, con permiso del asesinato de John F. Kennedy en Dallas en 1963. Sobre pocos crímenes se ha escrito tanto y especulado de una manera tan intensa. Y pocos acarrean un valor simbólico tan poderoso y, a la vez, contradictorio. Puede leerse como la historia de una traición o como un intento de acabar con la tiranía. Y seguramente las dos versiones sean correctas. Ronald Syme, uno de los grandes historiadores de la Roma antigua, escribió en su libro de referencia La revolución romana (Crítica): “Las tragedias de la historia no surgen del conflicto entre el bien y el mal convencionales. Son más complejas. César y Bruto, los dos, tenían la razón de su parte”.
Ni Bruto, ni Casio: Décimo es el nombre clave en la muerte de César
Una investigación sobre el asesinato de Julio César revela un nuevo personaje clave en el magnicidio de los idus de marzo
Guillermo Altares Madrid, 9 de marzo de 2015
"El asesinato de Julio César es un carajal". Así resumió, con su habitual estilo directo, la gran latinista Mary Beardtodos los hechos que rodearon el apuñalamiento del político romano en el pórtico de la Curia de Pompeyo, el 15 de marzo del 44 antes de nuestra era. En cualquier acontecimiento de esta magnitud, resulta casi imposible separar la leyenda de la historia, pero este caso es especialmente complejo por su enorme valor simbólico y porque se cruzó Shakespeare de por medio. La fuerza de su obra es tan grande y la influencia de sus personajes tan profunda que se han apoderado de la realidad. Sin embargo, los historiadores siguen peleándose con los hechos, luchando contra las leyendas. El profesor de clásicas de la Universidad estadounidense de Cornell, Barry Strauss, acaba de publicar The Death of Caesar, un libro en el que lanza una novedosa teoría sobre lo que ocurrió en aquellos idus de marzo. "Hubo un tercer hombre en el complot para matar a César", explica Strauss, un experto en historia militar, autor de libros como La guerra de Espartaco o La batalla de Salamina. "Bruto y Casio no estaban solos. Décimo fue un personaje clave. Los conspiradores no eran aficionados, políticos civiles, sino generales que organizaron el magnicidio con una precisión militar. Los gladiadores también tuvieron un papel importante, al igual que varias mujeres de la élite romana", prosigue Strauss (Nueva York, 1953) en una conversación por correo electrónico.
Solo cuatro años después de su proceso contra Verres, en 66 a. C. Cicerón arengó al pueblo romano sobre la seguridad del imperio en una reunión pública. Ahora, siendo pretor y con los ojos puestos en el Consulado, hablaba en favor de una propuesta presentada por un tribuno para poner a Pompeyo al mando de la eterna e intermitente guerra contra el mismo rey Mitrídates, contra el que los romanos habían estado luchando, con relativo éxito, durante más de veinte años. Los poderes otorgados a Pompeyo incluían el control casi total de una extensa franja del Mediterráneo oriental durante un período ilimitado, con más de 40 000 tropas a su disposición, y el derecho de firmar la paz o declarar la guerra y de establecer tratados de forma más o menos independiente.
De manera indirecta y con rodeos, Livio, que a veces parece lento y pesado en su análisis, ofrece una respuesta perspicaz a las preguntas de qué era lo que hacía tan buenos a los ejércitos romanos de este período obteniendo victorias y de cómo pudo Roma extender su control tan rápidamente sobre gran parte de Italia. Esta es una de las pocas ocasiones en que mira por debajo de la superficie de la narración y menciona los factores estructurales y sociales subyacentes, desde la organización del mando romano hasta los recursos de Roma en cuanto a efectivos. Vale la pena insistir un poco más en el argumento de Livio, reflexionar sobre lo que fue, retrospectivamente, el inicio del Imperio Romano.
En el siglo VI a. C., Roma era sin duda una pequeña comunidad urbana. A menudo resulta complicado decidir cuándo se convierte una simple aglomeración de cabañas y casas en una ciudad consciente de ser una comunidad, con una identidad y aspiraciones compartidas. Sin embargo, la idea de un calendario romano estructurado, y con él una cultura religiosa y un ritmo de vida compartidos, muy probablemente se remonte al período monárquico. Los restos arqueológicos dejan pocas dudas de que en el siglo VI a. C. Roma tenía edificios públicos, templos y un «centro de la ciudad», claros indicios de una vida urbana, aunque a pequeña escala, según nuestros parámetros. La cronología de estos restos es objeto de polémica: no hay una sola evidencia sobre cuya datación estén de acuerdo todos los arqueólogos; y los nuevos descubrimientos alteran constantemente el panorama (¡aunque a menudo no tan significativamente como querrían los descubridores!). No obstante, haría falta un escéptico muy tenaz y estrecho de miras para negar el carácter urbano de Roma en este período.
Las numerosas historias de Rómulo y de los otros fundadores nos dicen mucho sobre cómo veían los romanos su ciudad, sus valores y sus defectos. Muestran también cómo debatían el pasado los eruditos romanos y cómo estudiaban su historia. Pero no nos dicen nada, o a lo sumo muy poco, acerca de lo que ellos afirman: es decir, de cómo era la Roma arcaica, de los procesos mediante los cuales se convirtió en una comunidad urbana y cuándo. Un hecho es obvio. Roma ya era una ciudad muy vieja cuando Cicerón era cónsul en el año 63 a. C. Pero si no se ha conservado literatura del período fundacional y no podemos fiarnos de las leyendas, ¿cómo podemos acceder a algún tipo de información sobre los orígenes de Roma? ¿Hay alguna manera de arrojar luz sobre los primeros años de la pequeña aldea junto al Tíber que creció hasta convertirse en un imperio mundial?
La antigua Roma es sumamente importante, por lo que ignorar a los romanos no es solo dar la espalda al pasado remoto, ya que Roma todavía contribuye a definir la forma en que entendemos nuestro mundo y pensamos en nosotros, desde la teoría más elevada hasta la comedia más vulgar. Después de 2000 años, sigue siendo la base de la cultura y la política occidental, de lo que escribimos y de cómo vemos el mundo y nuestro lugar en él.
Detalle de 'Júpiter, Neptuno y Plutón' (1597), pintado por Caravaggio en la Villa Ludovisi de Roma.GETTY
Se vende villa de lujo en Roma, incluye el único mural conocido de Caravaggio
La disputa entre los herederos de la propiedad acaba con la subasta de la construcción con un precio de salida de 471 millones de euros
Lorena Pacho
Roma, 26 de octubre de 2021
Se vende villa de lujo en Roma con sorpresa incluida. Y no es una playa privada, una pista de aterrizaje propia, ni tampoco lo que habitualmente se entiende por unas vistas de impresión. Sobre el papel, en el anuncio público, figura como un complejo monumental, situado entre la popular vía Vittorio Veneto, la Porta Pinciana y Villa Borghese, “en una de las zonas más elegantes de la capital”, compuesto por una villa catalogada como oficina y tres garajes, con una superficie total de 2.800 metros cuadrados, por un precio base de 471 millones de euros. Y en la práctica se trata de una antigua y genuina construcción, una maravilla artística, con el único mural conocido deCaravaggio que se conserva.
Es la Villa Aurora o también conocida como el Casino de la Aurora, una joya del barroco romano, en otro tiempo perteneciente a la desaparecida Villa Boncompagni Ludovisi, que se levantó en 1570 en una colina estratégica de la Ciudad Eterna, en el mismo emplazamiento que antes ocupó una villa romana de Julio César. En su interior alberga una gran cantidad de obras de arte. La más célebre es la pintura mural firmada por Caravaggio en 1597 y titulada Júpiter, Neptuno y Plutón. Se la encargó al maestro del barroco el cardenal Francesco Maria del Monte para el techo de su reducido laboratorio de alquimia (la sala no alcanza los tres metros de ancho). La composición es un homenaje al mundo de la alquimia, con alegorías de tres dioses olímpicos y sus elementos característicos: Júpiter, que representa el aire y el azufre; Neptuno, que encarna el agua y el mercurio, y Plutón, que simboliza la tierra y la sal. El pintor no usó la técnica del fresco, más extendida para este tipo de creaciones, sino la del óleo sobre estuco. Y a pesar de que los trabajos en los que se ha empleado este procedimiento se suelen deteriorar con facilidad, como La última cena, de Leonardo Da Vinci, el mural de Caravaggio se conserva en buen estado. Aunque se desconocía la existencia de la obra hasta que en 1969 la redescubrió la historiadora del arte Giuliana Zandri.
En 1621 la villa pasó a manos del cardenal Ludovico Ludovisi, perteneciente a una de las familias de la nobleza más poderosas de Roma, mecenas de las artes y la literatura, con una imponente colección artística. Para decorar su nueva adquisición, llamó al artista Guercino, que a su vez colaboró con el pintor y delincuente Agostino Tassi en algunas de las múltiples y valiosas obras que albergaba en su interior, como el mural de la diosa Aurora en la sala central. También el exterior era de impacto, plagado de esculturas de épocas clásica y barroca. El escritor francés Stendhal describió el jardín de la Villa Ludovisi como uno de los más bellos del mundo.
Vistas del complejo de la Villa Ludovisi en un grabado de Giovanni Battista de 1683.DEA / ICAS94 (DE AGOSTINI VIA GETTY IMAGES)
A finales del siglo XIX, la familia Ludovisi vendió casi toda la propiedad al gobierno de la ciudad de Roma, y la mayoría de los edificios fueron destruidos para abrir paso a la gran vía Veneto. La Villa Aurora quedó como último vestigio del complejo. En 2018, con la desaparición del príncipe Nicolò Boncompagni Ludovisi, su último propietario, se abrió una disputa por el patrimonio que ha llevado a los herederos a poner en venta el inmueble.
La subasta se celebrará el próximo enero y, en principio, cualquier comprador de la gama alta del mercado inmobiliario podría pujar. La cifra podría aumentar solo si el Estado italiano no ejerce su derecho de tanteo, es decir, el mecanismo que regula la adquisición preferente de bienes culturales. Los gastos de la restauración que necesita el edificio se calculan en torno a los 11 millones de euros.
Alessandro Zuccari, profesor de historia del arte de la Sapienza de Roma, participó en 2019 en la tasación de la edificación y de las múltiples obras del interior y el exterior. Recogió en 200 páginas las conclusiones exhaustivas de nueve meses de trabajo, con constantes consultas a expertos en pintura, arquitectura, escultura, arqueología y otros campos, como explica a este diario. “La operación de valoración fue compleja e insólita”, señala. Sobre todo en lo relativo al mural de Caravaggio y el resto de frescos. “No son obras móviles, sino pinturas murales de grandes dimensiones y de elevadísima calidad. Señalé al tribunal que se ocupaba del proceso que no se podía calcular el valor porque es inconmensurable”, apunta. Pero el proceso vinculado a la pugna entre los herederos obligaba a dar una cifra. Para la obra de Caravaggio, el gran artista del barroco, el experto propuso 310 millones de euros. Indica que se trata de un caso sin apenas precedentes y que para la tasación utilizó dos parámetros de referencia: las estimaciones que elaboran las compañías aseguradoras cuando un museo o coleccionista presta una de las obras del pintor y el cálculo del posible valor de una obra de Caravaggio en el mercado, teniendo en cuenta que es su única obra del estilo y que la pintura no se puede separar del techo. “El mural, que fue restaurado a finales de los años ochenta del siglo pasado, se conserva en buen estado”, confirma Zuccari.
Otro de los murales, el de la Aurora elaborado por Guercino “en los mejores años de su carrera”, tiene un valor estimado de 52 millones de euros. Uno de los cuadros de este pintor que también estaba en la propiedad ya se ha vendido por cerca de dos millones de euros. “La unidad de arquitectura, pintura, escultura y decoración de la villa le da un valor añadido, es algo único en el mundo”, apunta el experto.
'La muerte de Cleopatra' (1874), de Jean André Rixens.
Los bulos que mataron a Cleopatra
Una investigación de universidades europeas sobre los rumores en la historia rescata las falsedades que los dirigentes romanos extendían para su propio interés con fines políticos o militares
Vicente G. Olaya
Madrid, 17 de abril de 2020
El senador Lucio Sergio Catilina nunca quiso quemar Roma, pero gran parte de los ciudadanos de la ciudad así lo creyó, lo que le costó la vida. El político romano Escipión Nasica le hizo una broma a un campesino sobre sus excesivamente callosas manos, pero la anécdota denigrante se extendió y se deformó, así que perdió las elecciones para convertirse en edil. Julio César nunca cruzó el río Rubicón —la frontera entre Italia y la Galia— con un inmenso ejército; sin embargo, eso creyeron sus adversarios, que huyeron despavoridos. Y hasta Marco Antonio y Cleopatra terminaron sus vidas por una burda falsedad que no pudieron detener.
Vista de Roma con el monumento a Víctor Manuel II, en la plaza de Venecia, al fondo a la izquierda.HARALD NACHTMANNGETTY IMAGES
La ciudad como protagonista literaria
Los paisajes urbanos evocan los recuerdos y sostienen una trama. Cuatro escritores llevan de viaje al lector por los escenarios de Nápoles, Roma y Marsella
Javier Aparicio Maydeu
31 de julio de 2020
Manhattan Transfer es la sinfonía que John Dos Passos le compuso a Nueva York humanizando esos desolados espacios urbanos que retrató Berenice Abbott. También el Ulises, de James Joyce, es una guía lingüística de Dublín, y Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin, una guía etológica de Berlín, y El zafarrancho aquel de Via Merulana, de Carlo Emilio Gadda, la guía guiñolesca de Roma. Entre La hierba de las noches y En el café de la juventud perdida, con su topografía urbana, sus plazas, bulevares, cafés de barrio y estaciones de metro, Patrick Modiano construye un plano de París por el que merodean sus personajes cuando salen de incógnito de inmuebles como el que Georges Perec reveló en La vida instrucciones de uso, convirtiendo por sinécdoque un edificio en un mundo.
La plaza Largo di Torre Argentina, en Roma.GETTY IMAGES
QUÉ VER EN ROMA
Por Santiago Posteguillo
25 de enero de 2019
A los seis años quedó fascinado ante el Coliseo. “Después he ido muchas veces a Roma y he leído mucho. Allí está lo mejor y lo peor del hombre expresado a través de su historia. El impacto que me ha causado ha influenciado en el tipo de novelas que he escrito”. Como su trilogía Africanus, sobre Escipión y Aníbal, o Yo, Julia, premio Planeta 2018. De la capital italiana destaca Largo di Torre Argentina, una plaza con restos arqueológicos que apenas visita nadie. Un lugar “histórico, poderoso y sangriento”; allí fue asesinado Julio César.
Virgilio, uno de los poetas más sabios y atentos a los requerimientos del espíritu romano, personificó en Eneas la lucha esencial del hombre, “desgarrado entre la voluntad y la carne, entre el orden del mundo y los imperativos de su existencia, entre lo divino que no alcanza a comprender y los sentimientos capaces de transportarle más allá de sí mismo”, como apunta Pierre Grimal en El amor en la antigua Roma.
Ovidio, otra de las plumas romanas más privilegiadas, decide muy pronto, a los veintitrés años, entregarse enteramente a la poesía, su auténtica vocación, lo que no impidió que en diversos textos lamentara sin tapujos la situación de los poetas en Roma, añorando los tiempos de la Grecia arcaica, cuando el poeta cumplía la función de educador y guía espiritual de la comunidad. Su vida queda definitivamente trastocada cuando, en el año 8 d.C., es desterrado por Augusto a los confines del Imperio. Es en la actual Constanza (por entonces llamada Tomos), rodeado de “bárbaros” (extranjeros) que apenas chapurreaban algo de latín, donde pasa la última etapa de si vida. En Roma había dejado a su tercera esposa, a su hija y todos sus bienes.
Si para ti no es algo necesario
vigilar a tu amada, necio, al menos
procura vigilarla
por mí, para que yo la quiera más.
Ovidio, Amores, 2, 19
En aquellos momentos de transición cultural y social (desde antiguo el amor de las cortesanas por parte de los hombres casados había estado permitido en Roma), Augusto promulgaba una severa ley contra el adulterio(Lex de adulteriis coercendis), mientras que Ovidio no dudó en defender la relación extramatrimonial en dos de sus obras más afamadas: Amores y Arte de amar. Las obras del poeta fueron entonces excluidas de las bibliotecas públicas y, por precaución, no era recomendable la posesión de las mismas por riesgo a ser denunciado frente a las autoridades públicas.
Lo curioso de este caso es que, a ojos de los especialistas, Ovidio fue siempre fiel a sus mujeres (inmerso en una vida familiar muy honorable), y mediante la redacción de sus poemas sólo pretendía pasar por uno de aquellos jóvenes a los que les eran perdonadas sus aventuras amorosas. Es por ello que el poeta no se inspira en su propia experiencia personal, sino que más bien intenta representar con fidelidad la opinión que sus contemporáneos tenían sobre el amor. Como explica Grimal en la obra mencionada, “para Ovidio, el amor es, antes que nada, deseo. En latín, amare, amar, significa en primer lugar ser el amante o la amante de alguien, y el Arte de amarserá el libro donde se encontrarán los consejos más eficaces para obtener los favores de una mujer”.
Lo que está permitido, desagrada.
Lo prohibido nos quema con más fuerza.
De hierro es el que ama lo que otro le permite.
Tengamos los amantes
un tanto de esperanza, otro de miedo,
y que deje un lugar para el deseo
de vez en cuando alguna negativa.
¿Para qué quiero yo una buena suerte
que nunca se preocupa por fallarme?
Yo no siento ningún amor por algo
que no me da ninguna vez molestias.
Ovidio, Amores, 2, 19
Más allá de los curiosos consejos que Ovidio nos ofrece a la hora de conseguir el objeto de nuestro deseo en Arte de amar (cuidado del cuerpo y belleza –tintes, pelucas y peinados–, el vestido, la higiene, la utilización de cosméticos e incluso una lista de los poetas que la mujer “debe leer”), es llamativo el papel dominante que ostenta la mujer a lo largo de estas composiciones: es ella quien se alegra del poder que los dioses le han otorgado de poder atraer e los hombres, lo que exige ante ella una rendición sin condiciones. Por eso define Ovidio la tarea del amante como “una especie de servicio militar” (militiae species amor est).
Otro de los más sobresalientes poetas romanos, Lucrecio, se refería de este elocuente modo a la insaciabilidad del amor:
Se agita en nosotros este semen que robustece nuestros miembros en la edad adulta. […] Tan pronto como éste sale arrojado de sus asientos, a través de miembros y órganos, se retira de todo el cuerpo reuniéndose en determinados lugares de los nervios y excita al punto las partes genitales mismas del cuerpo. […] Al fin, cuando se ha precipitado fuera de los nervios la pasión acumulada, se produce una pequeña pausa del violento ardor por poco tiempo. Luego vuelve la misma locura y retorna aquel furor, cuando ellos mismos se preguntan qué desean alcanzar, y no pueden encontrar el medio que venza este mal: hasta tal punto inseguros se consumen en su herida oculta.
Catulo, por su parte, nos recomienda olvidar nuestros apasionados sentimientos cuando el objeto de nuestro amor resulta inaccesible:
Brillaron de verdad para ti soles luminosos. / Ahora ella ya no quiere ; tú, no seas débil, tampoco, / ni sigas sus pasos ni vivas desgraciado, / sino endurece tu corazón y mantente firme. / ¡Adiós, amor!
Pero, a la vez, el propio Catulo no duda en exponer lo inevitable de un flechazo, lo imposible que resulta no caer en las arteras trampas de Afrodita:
En cuanto te miro, Lesbia, mi garganta queda sin voz, mi lengua se paraliza, sutil llama recorre mis miembros, los dos oídos me zumban con su propio tintineo y una doble noche cubre mis ojos.
Y es que los sentimientos, en muchas ocasiones, resultan contradictorios: “Odio y amo. ¿Por qué es así, me preguntas? No lo sé, pero siento que es así y me atormento”.
Para entregarse al amor, Ovidio exige al hombre una absoluta disposición positiva de su voluntad, que debe rendirse y tornarse esclavo de la pasión. En épocas más antiguas, la mujer sólo era respetada en el caso de que hubiera contraído matrimonio. Sin embargo, Ovidio explica cómo los hombres libres se vuelven esclavos de su soñada compañera que, ahora, cobra un papel de ser todopoderoso: basta un simple gesto para hundir al aspirante en la desesperación, o bien, para colmarlo de la más excelsa felicidad. Recomienda incluso que el amante pase por alto las infidelidades de su dama, que puede (y debe, para mantener la pasión) permitirse pasajeros antojos. Eso sí, explica Ovidio, “que vuestra falta se lleve con disimulo y que guarde el decoro” (Arte de amar).
No vi nada que no fuera elogiable, y / desnuda la apreté contra mi cuerpo. / ¿Quién desconoce el resto? Fatigados / los dos nos entregamos al reposo (Ovidio, Amores, 1, 5).
A pesar de los posibles escarceos y diversos juegos eróticos que surgen entre los amantes, de repente, casi de manera inesperada, aparece el amor. Ovidio recalca que no es sólo el placer lo que se perseguía, sino sobre todo aprender a compartirlo. Así lo muestra en el siguiente texto de Arte de amar:
Detesto el abrazo que no deja jadeantes a uno y otro, y ésta es la razón por la cual soy menos sensible al amor con un joven muchacho; detesto a la mujer que se deja hacer porque debe dejarse hacer, que parece de piedra y que durante esos momentos está pensando en su rueca de hilar; el placer que se entrega por cortesía no me resulta nada agradable; no me agrada que mi amante sea refinada conmigo. Lo que me gusta es oír palabras que confirmen su goce, que me pida que vaya más lento y que me retenga. ¡Oh, que pueda ver yo los ojos de mi amante abandonados de la conciencia; que se sienta sin fuerzas y que me impida, largo rato, volverla a tocar!
El placer queda convertido en amor, y éste, en ternura, que acaba por unir a los amantes en un olvido de sí mismos. Explica Grimal que “poco a poco, Ovidio descubre y revela a sus lectores que al amor, si sabe conjugar armoniosamente la ternura y el reconocimiento, basta para llenar toda una vida y para crear entre dos seres un vínculo perdurable”. Dicho brevemente: la felicidad es finalmente alcanzada por el hecho de amar y sentirse amado.
Ordenas, Lesbia mía, que mi pene esté siempre a tu disposición: créeme, una minga no es como un dedo. Aunque tú la estimules con manos acariciadoras y con palabras, tu rostro imperioso actúa en contra tuya (Marcial, epigrama erótico).