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miércoles, 28 de octubre de 2020

Gene Wolfe / El hombre de Nebraska y la nereida

 


Gene Wolfe

El hombre de Nebraska y la nereida





El hombre de Nebraska caminaba junto al mar cuando la vio. Un par de ojos oscuros, un hombro torneado, un seno vislumbrado y el asomar de un muslo; luego, la mujer desapareció. Un momento más tarde, él oyó un apagado chapoteo; o tal vez fuera tan sólo la séptima ola de la fábula, la ola que es más fuerte que las otras, al romper sobre las rocas.
    Casi corriendo, se acercó al borde del pequeño farallón y miró al este por encima del mar. Sobre las aguas azules del Sarónikos Kolpos podía verse la mar picada, pero nada más.

Gene Wolfe / Kevin Malone



Gene Wolfe

KEVIN MALONE



    Marcella y yo nos casamos en abril. Perdí mi puesto en Ketterly, Bruce and Drake en junio, y al llegar agosto estábamos desesperados. Conservamos el apartamento -creo que ambos pensábamos que si permitíamos que bajase nuestra posición no habría luego posibilidad de volver a recuperarla-, pero el alquiler fue mermando nuestros pequeños ahorros. Durante todo el mes de julio yo había intentado encontrar trabajo en otra firma de corretaje, y en agosto llamaba ya a los hermanos de la fraternidad universitaria, a los que no había visto desde mi graduación, para expresarles mi total disposición a trabajar en cualquier tipo de negocio que sus padres poseyeran. Creo que uno de ellos fue quien nos hizo llegar el anuncio.
    Pareja joven y atractiva, bien educada y con buenas relaciones, recibirá vivienda gratis y un generoso estipendio para sus gastos a cambio de servicios mínimos.
    Había un número de teléfono, que omito por razones que más adelante se comprenderán.
    Enseñé el recorte a Marcella, que estaba tumbada en la chaise longue con su coctelera en la mano. Dijo: «Por qué no», y marqué el número.

Gene Wolfe / Thag

 



Gene Wolfe

THAG


Érase una vez un niño llamado Eric que tenía un cuervo domesticado y una gorra muy raída y no tenía botas, y vivía con su madre en una cabana del bosque. Eric y su madre eran muy pobres, pero poseían sin embargo un gran tesoro, un talismán antiguo y poderoso. Consistía éste en el cráneo de un oso, que colgaba de la viga del techo de su pequeña casa cogido a una cadena de hierro. Era obra del bisabuelo de Eric, quien para conseguirlo había ahogado al oso con luz de luna y llenado su cráneo con patas algodonosas de conejo y orina de las sombras, y plumas negras arrancadas con gran riesgo de la parte baja de la pata izquierda de un águila, y otras muchas cosas. En el cráneo del oso habitaba Thag, al igual que la colmena es la casa de las abejas; Thag era un poderoso espíritu, aunque a menudo se hallara ausente.