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lunes, 21 de septiembre de 2026

Gabriela Boscio Santos / Tres poemas

 



Gabriela Boscio Santos

TRES POEMAS





LA LUNA ME HA MORDIDO

La luna me ha mordido
los ojos.
Ahora solo veo
en blanco.
(el mundo es leche traslúcida)

Figuras aparecen
como fantasmas
de luz.
Sus siluetas suaves me hablan,
pero yo solo oigo las olas
del mar.

La luna me ha mordido
el corazón.
Ahora solo quiero
la noche
cuando la blancura cesa
y en la oscuridad,
finalmente,
puedo ver otra vez.

martes, 21 de julio de 2026

Stephen Dunn / Poema

 



Poema para personas que, comprensiblemente, están demasiado ocupadas para leer poesía

Relájate. Esto no durará mucho. 
O si dura, o si los versos 
te dan sueño o te aburren, 
ríndete al sueño, enciende 
la televisión, reparte las cartas. 
Este poema está hecho para resistir 
tales cosas. Sus sentimientos 
no pueden ser heridos. Existen 
en algún lugar dentro del poeta, 
y yo estoy lejos. 
Recógelo cuando quieras. Empieza 
por la mitad si lo deseas. 
Es tan accesible como un melodrama, 
y ​​puede ofrecerte violencia 
si es la violencia que te gusta. Mira, 
hay un hombre en una acera; 
la forma en que le tiembla la pierna, 
nunca volverá a ser el mismo. 
Este es tu poema 
y sé que estás ocupado en la oficina 
o que los niños te están sacando de quicio. 
Tal vez es sexo lo que siempre has deseado. 
Bueno, yacen juntos 
como los abrigos desabrochados de la fiesta, 
desplomados en la cama 
esperando que brazos ebrios los muevan. 
No creo que quieras que continúe; 
cada uno tiene sus expectativas, pero este 
es un poema para toda la familia. 
Ahora mismo, Budweiser 
gotea de una cascada, 
los desodorantes silban en las axilas 
de personas a las que te pareces, 
y los dos amantes se visten ahora, 
diciendo adiós. 
No sé qué música 
puede crear este poema, pero claramente 
es necesaria. Porque es evidente 
que nunca se volverán a ver 
y necesitamos música para esto 
porque nunca hubo música cuando él o ella 
te dejó plantado en la esquina. 
Verás, quiero que este poema sea más bonito 
que la vida. Quiero que lo mires 
cuando la ansiedad zigzaguee por tu estómago 
y el último tranquilizante se haya acabado 
y necesites que alguien te diga 
que estaré aquí cuando me necesites 
como el sonido dentro de una concha.
El poema te lo está diciendo ahora. 
Pero no le des nada a este poema. 
No espera mucho. Nunca dirá más 
de lo que escuchar puede explicar. 
Solo guárdalo en tu maletín 
o en tu casa. Y si no te has dormido 
ya, o no estás aburrido hasta la médula, 
el poema quiere que te rías. Ríete de 
ti mismo, ríete de este poema, de toda la poesía. 
Vamos: 

Bien. Ahora mira lo que la poesía puede hacer. 

Imagínate una oruga. 
Hay un encogimiento de hombros terrible y, de repente, 
Eres hermosa mientras vivas.


Stephen Dunn | Historia

 




Stephen Dunn

HISTORIA

Una mujer pasea al atardecer 
por Chestnut, una calle sin acera donde 
las casas con caminos de grava 
se encuentran apartadas entre los pinos. Solo la casa 
del perro agresivo está cerca de la carretera. 
Una cerca eléctrica lo mantiene a raya. 
Cuando llega a esa casa, la mujer 
siempre cruza al otro lado.

Soy el marido de la mujer. Es un problema 
querer demasiado a tu protagonista. 
Pronto el perro va a atravesar 
la valla, mostrando los dientes, y atacará a mi mujer. 
Ella estará indefensa. Yo estoy fuera de la ciudad, 
también indefenso. Ahí viene el perro. 
¿Qué clase de perro? Un perro rabioso, un perro 
como esos adolescentes que pierden el control 
en el patio de recreo y matan a un profesor.

Va a ocurrir algo que no puede pasar 
en una buena historia: de repente, un coche 
atropella al perro. El perro sale 
volando y cae en la hierba. 
Mi esposa está llorando. La mujer que atropelló 
al perro se ha bajado del coche. Se cubre 
la cara con las manos. La dueña 
del perro ha salido corriendo de su casa. Tres mujeres 
llorando en la calle, cada una por un motivo diferente.

Todo esto es tan improbable; es como si 
me encontrara en un país de hechos puros, 
a kilómetros del reino más exigente de la verdad. 
Cuando escuché la historia de mi esposa por teléfono, 
supe que la aceptaría, la contaría 
de mil maneras hasta que tuviera un orden 
y un punto final engañoso. Eso es lo que 
siempre hago ante la impotencia: 
hacer arreglos si puedo.

¡Bendito sea el mundo, tan peculiar y fortuito! 
Nada de lo que yo hubiera imaginado 
habría podido detener a ese perro.
Solo los hechos la salvaron.



Stephen Dunn | Sesenta

Ilustración de Triunfo Arciniegas

 


Stephen Dunn
SESENTA

Porque en mi familia lo primero que falla es el corazón 
y casi nadie supera la década de los cincuenta,
creo que me quedaré hasta tarde con unos cuantos sinvergüenzas
de mi elección y me resistiré a los buenos consejos.
Inventaré un secreto pergamino perdido por los egipcios
y revelaré su contenido: las direcciones
que llevan a tu casa, las recetas del perdón.
El historial dice que mis ventrículos son callejones adoquinados,
mi propio corazón una ciudad con un terrorista
atrincherado en el despacho del alcalde.
Estoy de un humor que me lleva a puntuar
sólo con esa fábrica de promesas, los dos puntos:
siguiente, siguiente, siguiente, dicen, Dios los bendiga.
Como podría haber escrito García Lorca: algunas personas
se olvidan de vivir como si una gran langosta de arsénico
pudiera caérseles encima en cualquier momento.
Mañana cumpliré sesenta años.
Venid, jugad conmigo al póquer,
quiero que me desplumen.
Ya estoy harto de hijos de puta pusilánimes.
Un corazón es para gastarlo. En cuanto a mí, compartiré
mi trituradora con cualquiera que necesite triturar.
Es hora de abandonar la búsqueda de lo invisible.
Incluso en los mejores días no contamos más
que con la más vaga de las insinuaciones. El milenio,
querido, nos va a defraudar, seguro.
Creo que seguiré describiendo las cosas
para asegurarme de que en verdad han sucedido.



Stephen Dunn
En otro momento
Editorial Delirio.

miércoles, 8 de julio de 2026

Erica Jong / Alcestis en el circuito poético

 


Erica Jong / Photo by Christian Als Berlingske

ALCESTIS EN EL CIRCUITO POÉTICO

(In memóriam Marina Tsvetayeva, 
Anna Wickham, Sylvia Plath, 
la hermana de Shakespeare, etc., etc.)


La mejor esclava
no necesita que le peguen.
Se pega a sí misma.

Y no con un látigo de cuero,
ni con un palo o con ramas,
ni con un mazo
o una porra, sino con el delicado látigo
de su propia lengua 
y los sutiles golpes 
de su mente.

¿Quién puede odiar su mitad tanto 
como ella se odia a si misma? 
¿Y quién puede igualar la finura 
de su propio maltrato?

Para esto se requieren
años de entrenamiento.
Veinte años
de sutil autoindulgencia,
de perdonarse a una misma;
hasta la sometida
se considera una reina

y sin embargo mendiga, 
las dos cosas al tiempo. 
Debe dudar de sí misma 
en todo excepto el amor.

Debe elegir apasionada
y malamente.
Debe sentirse como un perro perdido
sin su amo.

Debe referir todas las cuestiones morales
a su espejo.
Debe enamorarse de un cosaco
o un poeta.

Nunca debe salir de casa
a menos que lleve una capa de pintura.
Debe llevar zapatos estrechos
para que recuerde su esclavitud.
Nunca debe olvidar
que está enraizada al suelo.

Aunque aprenda deprisa
y sea supuestamente lista,
su duda natural con respecto a sí misma
la hace tan débil
que cuenta brillantemente
con una docena de talentos
y así embellece
pero no cambia
nuestra vida.

Si es artista
y se acerca a lo genial,
el propio hecho de su don
le produciría tal dolor
que se llevaría su propia vida
antes que lo mejor de nosotras.
Y después de que muera, lloraremos
y la haremos santa.

martes, 7 de julio de 2026

Erica Jong / Parábola de cuatro columnas

Esta lámina muestra el torso de una persona de perfil, mirando hacia la derecha. La cabeza está ligeramente inclinada y los ojos cerrados. Su cabello oscuro y ondulado cae en cascada sobre su cuello. Su piel es de un color verde azulado uniforme, con sus rasgos delineados en blanco. Sostiene un objeto grande, rojo y de forma irregular contra su pecho con una mano. El fondo es negro con una textura que deja ver parte del papel color canela.
El corazón 
Edvard Munch

Erica Jong
Parábola de cuatro columnas

 

Porque ella quiere tocarlo
ella se separa.
Porque ella quiere hablarle
ella se calla.
Porque ella quiere besarlo
ella se aleja
y besa a un hombre que ella no quiere besar.

 
Él observa
pensando que ella no lo quiere.
Él escucha
escuchando su silencio.
Él se aleja
pensando que ella es distante
y besa a una mujer que él no quiere besar.

 
Ellos se casaron­:
un error de cuatro formas.
Él va a la cama con su esposa
pensando en ella.
Ella va a la cama con su esposo
pensando en él.
Y todo esto sucede en una vieja cama de cuatro columnas.

 
¿Ellos vivieron su final triste?
Por supuesto.
¿Ellos resolvieron sus errores?
Nunca.
¿Quién es la victima aquí?
El amor es la víctima.
¿Quién es el villano?
El amor que nunca muere.


lunes, 1 de junio de 2026

Federico García Lorca / Canción de jinete




Federico García Lorca
CANCIÓN DE JINETE


Federico García Lorca /  Canção do ginete

Córdoba.
Lejana e sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba

Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja,
la muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡ Ay qué camino tan largo !
¡ Ay mi jaca valerosa!
¡ Ay que la muerte me espera!
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.
Lejana y sola.




Federico García Lorca / El lagarto viejo


Federico García Lorca
EL LAGARTO VIEJO

En la agostada senda
he visto al buen lagarto
(gota de cocodrilo)
meditando.
Con su verde levita
de abate del diablo,
su talante correcto
y su cuello planchado,
tiene un aire muy triste
de viejo catedrático.
¡Esos ojos marchitos
de artista fracasado,
cómo miran la tarde
desmayada!

¿Es éste su paseo
crepuscular, amigo?
Usad bastón, ya estáis
muy viejo. Don Lagarto,
y los niños del pueblo
pueden daros un susto.
¿Qué buscáis en la senda,
filósofo cegato,
si el fantasma indeciso
de la tarde agosteña
ha roto el horizonte?

¿Buscáis el azul limosna
del cielo moribundo?
¿Un céntimo de estrella?
¿O acaso
estudiasteis un libro
de Lamartine, y os gustan
los trinos platerescos
de los pájaros?

(Miras al sol poniente,
y tus ojos relucen,
¡oh dragón de las ranas!
con un fulgor humano.
Las góndolas sin remos
de las ideas, cruzan
el agua tenebrosa
de tus iris quemados.)

¿Venís quizá en la busca
de la bella lagarta,
verde como los trigos
de mayo,
como las cabelleras
de las fuentes dormidas,
que os despreciaba, y luego
se fue de vuestro campo?
¡Oh dulce idilio roto
sobre la fresca juncia!
¡Pero vivir!, ¡qué diantre!
me habéis sido simpático.
El lema de "me opongo
a la serpiente" triunfa
en esa gran papada
de arzobispo cristiano.
Ya se ha disuelto el sol
en la copa del monte,
y enturbian el camino
los rebaños.
Es hora de marcharse,
dejad la angosta senda
y no continuéis
meditando.
Que lugar tendréis luego
de mirar las estrellas
cuando os coman sin prisa
los gusanos.

¡Volved a vuestra casa
bajo el pueblo de grillos!
¡Buenas noches, amigo
Don Lagarto!

Ya está el campo sin gente,
los montes apagados
y el camino desierto;
sólo de cuando en cuando
canta un cuco en la umbría
de los álamos.


Federico García Lorca / El lagarto está llorando





Federico García Lorca
EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO

El lagarto está llorando. 
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta 
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer 
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo, 
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente 
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo, 
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son! 
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay, cómo lloran y lloran, 
¡ay! ¡ay! cómo están llorando!





Federico García Lorca / Canción del jinete II




Federico García Lorca
CANCIÓN DEL JINETE II

En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.

Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra,
sangraba el costado
de Sierra Morena.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.

Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?



Federico García Lorca / Las tres hojas




Federico García Lorca
LAS TRES HOJAS



Debajo de la hoja 
de la verbena 
tengo a mi amante malo. 
¡Jesús, qué pena! 



Debajo de la hoja 
de la lechuga 
tengo a mi amante malo 
con calentura. 



Debajo de la hoja 
del perejil 
tengo a mi amante malo 
y no puedo ir.


domingo, 19 de abril de 2026

Federico García Lorca / Canción de jinete


Federico García Lorca
CANCIÓN DE JINETE
En la luna negra 
de los bandoleros, 
cantan las espuelas.
Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto?
...Las duras espuelas 
del bandido inmóvil 
que perdió las riendas.
Caballito frío. 
¡Qué perfume de flor de cuchillo!
En la luna negra, 
sangraba el costado 
de Sierra Morena.
Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto?
La noche espolea 
sus negros ijares 
clavándose estrellas.
Caballito frío. 
¡Qué perfume de flor de cuchillo!
En la luna negra, 
¡un grito! y el cuerno 
largo de la hoguera.
Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto?



Federico García Lorca / Canción del mariquita




Federico García Lorca
CANCIÓN DEL MARIQUITA


El mariquita se peina 
en su peinador de seda. 

Los vecinos se sonríen 
en sus ventanas postreras. 

El mariquita organiza 
los bucles de su cabeza. 

Por los patios gritan loros, 
surtidores y planetas. 

El mariquita se adorna 
con un jazmín sinvergüenza. 

La tarde se pone extraña 
de peines y enredaderas. 

El escándalo temblaba 
rayado como una cebra. 

¡Los mariquitas del Sur, 
cantan en las azoteas!


Federico García Lorca / Cinco poemas de ‘Sonetos del amor oscuro’



Cinco poemas de ‘Sonetos del amor oscuro’, de Federico García Lorca


Soneto de la guirnalda de rosas

¡Esa guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero!
¡Teje deprisa! ¡Canta! ¡Gime! ¡Canta!
Que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de enero.

Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta,
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.

Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados,
bebe en muslo de miel sangre vertida.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.

lunes, 6 de abril de 2026

Charles Simic / Regreso a un lugar iluminado por un vaso de leche




 

Charles Simic

Regreso a un lugar 

iluminado por un vaso de leche

 

Ya avanzada la noche nuestras manos dejan el trabajo

reposan abiertas con huellas de animales

que viajan a través de la reciente nieve.

No ocupan de nadie. Las rodea la soledad.

 

En cuanto se acercan, mientras palpan,

son como dos arroyuelos

que de entrar a punto al ancho río

sienten el jalón del mar distante.

 

El mar es la habitación de un pasado remoto

alumbrada por los faros de un carro que pasa.

Un vaso de leche se enciende en la mesa.

sólo tú puedes alcanzármelo ahora.