Ewan McGregor se atreve a dirigir el fin de la inocencia según Philip Roth
El actor escocés lleva a la pantalla 'Pastoral americana', su adaptación de la novela de Roth sobre la Guerra de Vietnam y el derrumbe de una familia en los sesenta
GREGORIO BELINCHÓN
San Sebastián 24 SEP 2016 - 09:45 COT
Philip Roth provoca en el cine una curiosa dicotomía: por un lado es un escritor dotado de una prodigiosa narrativa, fluida y accesible a todos los lectores; por otro, las innumerables capas que esconden sus novelas, textos en los que uno se zambulle a disfrutar como Pastoral americana, Me casé con un comunista, La mancha humana, La conjura contra América o las historias protagonizadas por Nathan Zuckermann, hacen casi inasumible su adaptación al cine. Casi, porque junto a grandes fracasos como La mancha humana, Isabel Coixet propuso en Elegy una estupenda aproximación a El animal moribundo, y este año en la Berlinale se pudo ver la soberbia Indignation, en la que James Schamus, debutante en la dirección pero con un impresionante currículo como productor, sabía destilar la esencia de Indignación. Incluso Barry Levinson supo traicionar el texto de La humillación para quedarse con su melodía en La sombra del actor.

A Ewan McGregor (Perth, 1971) el reto le picó desde la interpretación. Él quería ser Seymour El Sueco Levov, aunque su físico no sea el adecuado. Para los lectores, Levov es una especie de Thor del judaísmo de Nueva Jersey, un dios de la burguesía de Newark, al que la vida va dando golpes paciente y constantemente. Su deterioro, primero para convertirse en un wasp y finalmente para diluirse en un infinito viaje hacia la frustración, es el motor de una obra que también habla de clases sociales, disturbios raciales -se desarrolla en los sesenta y setenta-, relaciones paternofiliales y del fin de la industria manufacturera en EE UU, cuyas fábricas cierran para reabrirse en países con mano de obra más barata (la empresa familiar del Sueco se dedica a los guantes). "Para mí, es la historia de un enfrentamiento familiar, pero también la de América", cuenta un sonriente McGregor. Que el escocés haya saltado a la dirección se debe a que llevaba años con el personaje, pero en un momento dado el proyecto se quedó sin director y con la sensación de que podía irse a pique. "No me preocupaba tanto la actuación como la responsabilidad de capitanear el conjunto, algo que ni intuyes hasta que llega el momento. Di el paso adelante cuando vi que la cosa se hundía, y los productores me dijeron que por supuesto. Ahí sí que empecé a ponerme nervioso. Porque yo no conocía todo el proceso de preproducción, esos meses en los que estás aún solo, sin reparto ni equipo técnico. Yo decidí vivir la novela, absorberla. Después llegaron las reuniones con los cabezas de cada apartado, con los que empecé a concretar mi visión. Para sentirme seguro, estuve en las localizaciones desde 12 semanas antes de que se iniciara la filmación, porque para mí era importante concienciarme del espacio. Escuché constantemente un audiolibro que hizo que hasta en el coche o cuando iba a correr estuviera la novela de Roth a mi alrededor".