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sábado, 4 de noviembre de 2023

Esplendor y sombra de las leyendas del 'boom'

Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, en una cena con más amigos en 1970


Esplendor y sombra de las leyendas del 'boom'

Un libro gozoso, 'Las cartas del Boom', recoge las correspondencias de García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Cortázar


Juan Cruz
8 de junio de 2023

El Boom de la literatura latinoamericana, que tuvo al menos cuatro santos, rompió la naturaleza rabiosamente humana de su iglesia cuando se enemistaron para siempre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, que habían sido hasta 1976 pilares sólidos de la hazaña que puso sus escrituras al nivel en el que siguieron tras su ruptura como pareja que parecía hecha para siempre, aunque sus relaciones ya nunca pudieron rearmarse.

Boom / Literatura sin complejos

Julio Cortázar





Literatura sin complejos

Nadie se parecía a nadie pero todos fueron –son- escritores magistrales

El grupo del boom era consciente de la necesidad de nombrarse e identificarse en el mercado literario y político

Un margen de libertad e intención y unos mecanismos de fabulación simplemente inéditos en lengua española.


JORDI GRACIA 
Barcelona , 9 de noviembre de 2012

jueves, 27 de julio de 2023

Cecilia Fuentes / 'Carlos Fuentes era un señor divertido, muy simpático y muy mujeriego'



'Carlos Fuentes era un señor divertido, muy simpático y muy mujeriego'


Entrevista con Cecilia Fuentes, hija de Carlos Fuentes, quien publicó las memorias de sus padres.

Gabriela Herrera Gómez

17 de julio de 2023

“Hoy amaneció enojado mi padre”. La primera noche que Cecilia Fuentes durmió en Bogotá soñó con él. Fue más bien una pesadilla, recuerda, porque la estaba regañando. No sabe por qué. Era su contextura aunque llevaba el peinado de García Márquez. “Se me cruzaron los dos y parecían uno solo”, señala.

Rita Macedo desnuda al México de excesos en su época dorada

 


Rita Macedo desnuda al México de excesos en su época dorada

Cecilia Fuentes compila y edita las memorias de su madre en un libro que se ha convertido en un fenómeno literario



LUIS PABLO BEAUREGARD
México - 03 ENE 2021 - 19:52 COT

Es fácil comprender por qué Mujer en papel (Trilce, 2019) se ha convertido en un fenómeno literario en México y ha sido nombrado el libro del año por la cámara de la industria editorial. Las memorias inconclusas de la actriz Rita Macedo, quien se suicidó a los 58 años en diciembre de 1993, son generosas en confidencias e indiscreciones. El texto es también un retrato crudo de una mujer que se abría paso en el México de la posguerra, con una pujante industria del cine y el teatro. Macedo fue dirigida por Luis Buñuel en Ensayo de un crimenNazarín y El Ángel Exterminador y trabajó con los grandes actores del cine de oro como Pedro Armendáriz, María Félix o Emilio El Indio Fernández, además de los reyes de las tablas escénicas, como Manolo y Fela Fábregas. En el recuento de su vida se plasman las inseguridades que le provocaban los trabajos frente a cámara. También están sus aventuras y desventuras amorosas, estas más abundantes que aquellas. Se prostituyó casi de forma involuntaria en el mercado de carne que era el Hollywood de finales de los 40. Fue amante de Adolfo Orive Alba, ministro del presidente Miguel Alemán. “Cuando en la madrugada volvió a hacerme el amor supe por primera vez lo que era un orgasmo...Me preguntaba: ¿Cómo es posible que después de tantos años, este extraño haya logrado satisfacer mi hambre de placer sexual?”, escribe Macedo sobre el político, que prometió abandonar a su esposa para casarse con ella. No cumplió.

viernes, 5 de agosto de 2022

Fuentes y Paz / Unidos y separados por la crítica literaria

Octavio Paz y Carlos Fuentes



Fuentes y Paz, unidos y separados por la crítica literaria

La ensayista Malva Flores indaga en la relación entre el poeta y el narrador en una crónica que retrata la historia política, social y cultural de México y Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX


CONSTANZA LAMBERTUCCI
México - 27 FEB 2021 - 11:29 COT

Los sábados al mediodía Los divinos se reunían en el bar Polito de Ciudad de México, o en el de Prendes, o en el bar Alfonso, o en el Bellinghausen o en el Estoril. Comían, disecaban la semana y salían para una cantina o un burdel. El nombre se los dio el historietista Abel Quezada, quien también hizo caricaturas de varios de ellos. Dos de esos dibujos colgaban sobre la puerta de una famosa editorial aquellos años: Octavio Paz aparecía coronado de olivos y Carlos Fuentes, con un frondoso bigote revolucionario. “En la década de 1950, aquellas tertulias no servían más que para criticarse unos a otros”, escribe la ensayista Malva Flores en Estrella de dos puntas, su nuevo libro, en el que rastrea los encuentros y desencuentros del poeta y el novelista. Tras 10 años de investigación, Flores asegura en una entrevista con EL PAÍS antes de la presentación este viernes de su nueva obra: “La crítica es lo que los unió y después los separó”.

martes, 24 de mayo de 2022

Otras novelas que también hicieron boom

 



Otras novelas que también hicieron boom

HELENA Y ÁNXEL 
14 DE NOVIEMBRE DE 2012

Seis obras del boom

Seis obras del boom

Las seis novelas cuyas primeras ediciones aparecen en el mosaico de la izquierda justificarían por sí mismas y sin añadidos de mercadotecnia editorial o compadreos de cátedras universitarias cualquier movimiento literario.

Sucede que fueron editadas con pocos años de diferencia —a mediados de los sesenta— y en una misma región del planeta, la América en la que se habla sobre todo español, y sucede también que algunas editoriales de Barcelona vieron en aquel momento, y dada la pésima salud de la literatura española de entonces, la oportunidad de hacer negocio publicando buenos libros —no todas con el mismo buen ojo: el venerado Carlos Barral rechazó en 1966, y se pasó la vida lamentándolo, el manuscrito que le acaba de remitir un joven escritor colombiano de una novela titulada Cien años de soledad que con el paso del tiempo vendería, que sepamos, casi 40 millones de copias—.

A aquellos autores más o menos coetáneos les pusieron con presteza un nombre sonoro, boom, que recordaba, no por casualidad, el todavía fresco (1959) triunfo de los castristas en Cuba. Algunos de los escritores del boom vivían en el exilio, otros malvivían con el periodismo pagado por pieza; unos veneraban a Faulkner y sus territorios míticos, mientras que otros preferían el indigenismo derivado del Popol Vuh y sus muchas encarnaciones; a veces se reunían y bebían mucho whisky pero, pasados unos años, terminaron dándose potentes cuchilladas metafóricas unos a otros, casi siempre por un quítame allá esos misiles o, como es tradición entre los lationamericanos, por la forma de interpretar la palabra revolución.

A la derecha, Cortázar. A la izquierda arriba, García Márquez. Abajo, Vargas Llosa y su segunda mujer, Patricia.

A la derecha, Cortázar. A la izquierda arriba, García Márquez. Abajo, Vargas Llosa y su segunda mujer, Patricia.

Nadie puede precisar cuándo empezó el boom porque nadie lo sabe y la fecha es opinable (unos conjeturan que en 1960, otros dicen que en 1962, otros que en 1963 y otros, a los que humildemente me sumo, pensamos que todo había empezado en los años cincuenta, con Juan RulfoAdolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, sin cuya paternidad la descendencia hubiera sido otra), pero algunos se han empeñado en celebrar este año el 50º aniversario del fenómenos editorial.

Aunque las razones para la celebración del medio siglo son peregrinas —se cita un cierto Congreso de Intelectuales de Concepción (Chile), celebrado en enero de 1962 y al que no asistieron más que un grupo de escritores de la órbita marxista (el comisario Neruda entre ellos, desde luego) y en el que Carlos Fuentes pronunció una frase de vergüenza ajena que resume el ambiente: “política y literatura son inseparables y Latinoamérica sólo puede mirar hacia Cuba”— y la reseña de los 50 años resulta complaciente y preñada de colegueo o intereses comerciales —no se menciona, por ejemplo, el daño colateral causado por el boom, en cuyos posos se asienta la epidemia perniciosa del realismo mágico de bata y zapatillas de Isabelita Allende y otros tan lánguidos como ella—, no me importa entrar en el juego, sobre todo porque creo que la mejor literatura en español de los siglos XX y XXI, quizá la única que merece ser llamada literatura, procede de las Américas.

Siguiendo el juego que propuso hace unos días Arsenio Escolar con sus diez libros favoritos del boom —y alertando que Arsenio me gana de largo como rata de biblioteca—, les dejo una lista de siete novelas menores que también hicieron boom pese a que los méritos casi siempre fueron para otras. Advierto que llevo años sin leer algunas, de modo que acudo a la cada día más débil memoria para recuperar sentimientos. Una nota, digamos, técnica: las imágenes de las cubiertas son de las primeras ediciones, inencontrables hoy, pero los vínculos en los títulos remiten a la edición más barata de las que todavía están en el mercado.

"Los Premios"

“Los Premios”

El monstruo que engendró Rayuela
Los premios
. Julio Cortázar
, 1960

La primera novela de Cortázar que encontró editor tras el rechazo de sus dos primeros manuscritos, tiene bastante del ambiente opresivo desarrollado en las zonas opacas de la vida cotidiana que encontramos en sus magistrales relatos —ya había publicado tres tomos de cuentos—.

Un grupo muy heterogéneo de personas gana un premio para viajar en un barco. En esa atmósfera cerrada el narrador habla como en astillas y deja que sea el lector quien recomponga la acción, adelantando la fórmula que Cortázar depurará en Rayuela tres años más tarde. No es casualidad que uno de los protagonistas de la ópera prima sea un tal Horacio Oliveira, el personaje central al que Cortázar colocará a la deriva en el París de Rayuela.

Novela del absurdo y la búsqueda inútil, porque toda búsqueda conduce a la destrucción, Los premios, que el escritor redactó en París mientras vivía en una aguda penuria material, Cortázar intenta construir una novela híbrida como “un monstruo, uno de esos monstruos que el hombre acepta, mantiene a su lado; mezcla de heterogeneidades, grifo convertido en animal doméstico“.

Como dice uno de los angustiados personajes, ya no se trata de entender la realidad, sino de “abrazar la creación desde su verdadera base analógica. Romper el tiempo-espacio que es un nivel plagado de defectos“.

"Crónica de San Gabriel"

“Crónica de San Gabriel”

La falsa arcadia del campo
Crónica de San Gabrie
l. Julio Ramón Ribeyro
, 1960

Julio Ramón Ribeyro, un ser desprendido, una bendita persona, es uno de los escritores que militan con injusticia en la segunda división del boom pese a su amplia producción de cuentos y su papel capital en el realismo urbano latinoamericano.

Crónica de San Gabriel, escrita durante un viaje de juventud por Europa, en el invierno polar de Munich (“sin saber alemán y en una pensión en donde era imposible comunicarse por desconocer el idioma … comencé pues a escribir para salirme del entorno en el que vivía e imaginaba todo el tiempo que pasaba unas plácidas vacaciones en la sierra peruana”), es una de las mejores novelas de iniciación en español del siglo XX.

La peripecia del adolescente Lucho en una hacienda de montaña le obliga a descubrir que la arcadia del campo es sólo una abstracción y que le han enviado a un lugar donde “el pez más grande se come al chico” y “los débiles no tienen derecho a vivir”.

Un descarnado libro fabricado con maña por un escritor que opinaba que “la historia puede ser real o inventada. Si es real ,debe parecer inventada, y si es inventada, real”.

"El coronel no tiene quien le escriba"

“El coronel no tiene quien le escriba”

La novela rusa de Gabo
El coronel no tiene quien le escriba
, Gabriel García Márquez
, 1961

Pregunta: Dime, qué comemos. Respuesta (pura, explícita, invencible): Mierda.

El celebre intercambio de palabras que resume episódicamente la gran novela corta que García Márquez publicó seis años antes de Cien años de soledad, es suficiente: estamos ante una voz narrativa de una extraña resonancia, capaz de contener todas las voces de un pueblo.

El coronel no tiene quien le escriba es la dulce y desoladora crónica de una espera sin futuro: la pensión que nunca llega. A partir de la situación dramática, todo está salpicado por el humor explosivo y bravo del Caribe que tan bien sabe explotar el autor.

Contenida y sobria, carente de los excesos de estilo que acaso lastren algunas obras posteriores del colombiano, es, como menciona Caballero Bonald, un “acabado modelo de sencillez, de naturalidad discursiva y hasta de inocencia verbal”, donde hasta lo complejo se muestra de modo escueto.

La historia de un personaje insular y solo, una bellísima obra de tintes rusos bajo el martirio del sol.

"El lugar sin límites"

“El lugar sin límites”

 Apuesta por los perdedores
El lugar sin límites
. José Donoso
, 1965

Estridente en la esfera privada, de la que solamente supimos  en detalle (homosexualidad reprimida, egocentrismo, neurosis) tras su muerte en 1996, el chileno José Donoso tampoco merece el lugar secundario que algunos le adjudican en el canon del boom.

El lugar sin límites desarrolla la vida miserable en El Olivo, una ciudad ruin y venida a menos, y disecciona la sociedad local, que es un eco de la sociedad chilena, católica, ultranacionalista y muy conservadora en lo social, a través del burdel que gestiona Manuela González, un homosexual travestido.

Con pinceladas que pueden provenir del estilo enfático de Conrad y Graham Greene y una prosa telegráfica que tiene de más una conexión con la de Hemingway, Donoso apuesta por los perdedores y saca pecho ante el dolor. Pese a que es más conocido por la experimental El obsceno pájaro de la noche (1970), yo prefiero la negrura marginal de su novela de burdeles, apariencias y dobleces.

"Los cachorros"

“Los cachorros”

Frenética musicalidad
Los cachorros
. Mario Vargas Llosa
, 1967

Cuando Vargas Llosa escribió Los cachorros tenía 29 años y era el más joven de los escritores del boom. La circunstancia no tiene valor, pero ayuda a explicar por qué la obra es la de mayor calado generacional del grupo y, al tiempo, la de más acelerada narrativa.

De una precisión que aturde y escrita con tanta urgencia que la lectura resulta angustiosa (y tóxica), la vida de Pichula Cuéllar, un distinto —no diré por qué para no incurrir en el spoiler— es presentada con una fluidez desbordante y experimental (diálogos sin marcas, cambios de persona en el habla narrativa), pero nunca trivial ni caprichosa.

El gran Roberto Bolaño, quizá el descendiente más brillante de los escritores del boom, destacó la “musicalidad sustentad en el habla cotidiana” de Los cachorros y añadió: “El descenso a los infiernos, narrado entre grititos y susurros, es de alguna manera el descenso a otro tipo de infierno al que se verán abocados los narradores. De hecho, lo que aterroriza a los narradores es que Pichula Cuéllar es uno de ellos y que empeña, de forma natural, su voluntad en ser uno de ellos (…) Toda anomalía es infernal, aunque tras la destrucción de Cuéllar lo que las voces que arman el relato tienen ante sí es la planicie de la madurez, la tranquila destrucción de sus cuerpos, la resignada y total aceptación de una mediocridad burguesa”.

Tras esta magistral novela, publicada por primera vez con fotos de Xavier Miserachs, Vargas Llosa logró el empuje necesario para abordar su obra mejor y más ambiciosa, Conversación en la Catedral (1969).

"De dónde son los cantantes"

“De dónde son los cantantes”

El cubano extranjero
De dónde son los cantantes
. Severo Sarduy
, 1967

Los cubanos citados en todos los elencos del boom son Guillermo Cabrera InfanteAlejo Carpentier y José Lezama Lima.

Que olviden a Severo Sarduy es inexplicable, aunque quizá algo tenga que ver su proclamada extranjería —se consideraba más europeo que caribeño, renegó del tropicalismo de la patria y de los trabajos como periodista en revistas revolucionarias para embarcarse en la experimentación de la metaficción parisina de Tel Quel y buscó en el budismo una explicación vital—.

De dónde son los cantantes construye una imagen de La Habana, la ciudad a la que nunca regresó desde 1960, con las voces superpuestas de las tres grandes herencias que conformaron la identidad local: lo español, lo africano y lo chino.

Carnavalesca, paródica y y barroca, la novela es, según Sarduy, un “collage hacia adentro”, y prefigura la que sería su obra más celebrada, Cobra (1972).

"Cicatrices"

“Cicatrices”

El gran olvidado
Cicatrices
. Juan José Saer
, 1969

Lean: “Hay esa porquería de luz de junio, mala, entrando por la vidriera. Estoy inclinado sobre la mesa, haciendo deslizar el taco, listo para tirar. La colorada y la blanca —mi bola es la de punto— están del otro lado de la mesa, cerca del rincón. Tengo que golpear suavecito, para que mi bola corra muy despacio, choque primero con la colorada, después con la blanca y pegue después en la baranda entre la colorada y la blanca: la colorada va a golpear contra la baranda lateral, antes de que mi bola choque contra la baranda del fondo, hacia la que tiene que ir en línea oblicua después de chocar contra la blanca”.

Ahora intenten responder —yo no sé o no puedo o no quiero—: ¿por qué Juan José Saer, uno de los escritores más deslumbrantes en español no fue reconocido hasta los años ochenta y murió en 2005 sin haber sido apenas publicado en España?

Su ciclo de novelas sobre Santa Fe, la localidad argentina en la que vivió exiliado antes de optar, en 1968, por la migración trasatlántica en París, son equívocas: el lector las sobrevuela con levedad hasta que, bien pronto, se siente dentro de una caverna donde él mismo participa de un rito de memoria colectiva.

Mi favorita es Cicatrices, la historia de un crimen (un obrero del metal mata a su mujer el uno de mayo) contada por cuatro narradores diferentes en un ejercicio sutil de lírica política.

Ricardo Piglia ha dicho que “la prosa de Saer, que parece surgir de la nada, que se produce a sí misma con la misma perfección desde el principio, es en realidad una elaboración muy sutil de la gran poesía escrita en lengua española“. Tiene toda la razón.

TRASDOS




lunes, 9 de agosto de 2021

Juan Gyenes / España en blanco y negro


JUAN GYENES

ESPAÑA EN BLANCO Y NEGRO

Por Carlos Fuentes

Europa estaba a punto de derrumbarse y él soñaba con llegar a América. Pero el viaje acabó en Madrid. Y aquí János Gyenes, húngaro, judío y fotógrafo, fue retratista de reyes, artistas y famosos de la sociedad española de la segunda mitad del siglo XX. Ahora, coincidiendo con el centenario de su nacimiento, la Biblioteca Nacional expone la obra de este francotirador de estudio que plasmó el apogeo de la dictadura, su decadencia y el inicio de la democracia. El legado de Gyenes, además de la élite artística nacional, incluye fotografías de actores y músicos canarios que tocaron la gloria en aquella España en blanco y negro.

domingo, 23 de mayo de 2021

Rancheras y tangos del boom


Julio Cortázar y Gabriel García Márquez en París


Las rancheras y tangos del 'boom'

Un disco reúne canciones interpretadas por García Márquez, Fuentes y Cortázar

JUAN JESÚS AZNÁREZ México 20 MAR 2003
     

"Llegó el momento en que decidimos que ya podíamos sacarlo a la luz pública". ¿Y qué podía divulgarse ya después de 20 años de celoso ocultamiento? Pues que los sobresalientes escritores latinoamericanos Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Julio Cortázar (1914-1984), además de maestros literarios, cantaron y grabaron rancheras y tangos en París. Su divulgación en disco corre a cargo de la agente literaria catalana Carmen Balcells. "Y el boom tiene su historia musical también", recuerda a este diario el autor mexicano Carlos Fuentes.

domingo, 12 de julio de 2020

Tomás Eloy Martinez / La espalda más hermosa del mundo



La espalda más hermosa del mundo


TOMAS ELOY MARTÍNEZ
25 ABR 2007

Todos los objetos, hasta los más insignificantes, despiertan cierta resonancia en la memoria de los hombres, tal como lo advirtió Proust en las primeras páginas de En busca del tiempo perdido. Esa resonancia se apaga a veces para siempre. Otras veces, de pronto, sale de su letargo y reaparece en el presente con la misma fuerza que tenía en el pasado. Sucedió a fines de marzo, cuando caminábamos con el novelista mexicano Carlos Fuentes por la ciudad amurallada de Cartagena de Indias, junto al mar Caribe de Colombia. Ambos descubrimos al mismo tiempo un balcón abombado de madera y mampostería que parecía colgar peligrosamente sobre la calle.

viernes, 19 de abril de 2019

Luis Harss / Carlos Fuentes o la nueva herejía


Carlos Fuentes

Luis Harss
Carlos Fuentes
O la nueva herejía
       Mientras crecen los viejos problemas nacen otros nuevos. En México, una tierra de conflictos hercúleos, se suceden como las estaciones de la cruz. En los últimos años se ha metropolitanizado la «raza cósmica», y las angustias de las multitudes urbanas han dado un nuevo aspecto a su literatura.

lunes, 17 de julio de 2017

Cabrera Infante, Fuentes, García Márquez / Del ‘boom’ y otros demonios


Guillermo Cabrera Infante, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, vistos por Fernando Vicente.
Guillermo Cabrera Infante, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, vistos por Fernando Vicente.




Del ‘boom’ y otros demonios

Se cumple medio siglo de la publicación de tres títulos capitales en español: 'Cien años de soledad', 'Cambio de piel' y 'Tres tristes tigres'. Hace tres años que murió García Márquez



CHRISTOPHER DOMÍNGUEZ MICHAEL
18 ABR 2017 - 03:46 CDT


Al conmemorar el medio siglo cumplido de la aparición de Cien años de soledad, Cambio de piel y Tres tristes tigres, obras de Gabriel García Márquez (1927-2014), Carlos Fuentes (1928-2012) y Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), festejamos (o ponderamos, si cabe) los años que nos separan del esplendor del boom latinoamericano de novelistas que cambió el destino de la lengua española como sólo había ocurrido previamente durante el Siglo de Oro, durante la aparición de Rubén Darío culminando la penúltima década del XIX y con los poetas peninsulares de la generación del 27.
Tres momentos suficientes para garantizar lo que, de manera increíble y antes de aquel 1967, todavía se ponía en duda: el sitio capital de la lengua española, en los principios de la modernidad (Shakespeare, según Roger Chartier, leyendo a Cervantes) y durante sus largos y nebulosos años finales con un Borges como uno de los escritores más influyentes del planeta. Quienes lamentaron nuestra ruina, siempre prestos, fueron los profesores anglosajones (anótense las excepciones), los mismos quienes igualmente han drenado, presurosos, el presupuesto universitario para festejar nuestros renacimientos tras las décadas de inopia que toda gran literatura puede y debe permitirse. Pregúntenles a los franceses, los únicos sabedores de cómo hacer de la decadencia, gloria.

Álvaro Mutis, Fernando Botero y Gabriel García Márquez


Pedro Lastra / Querido Pedro: llega Cien años de soledad


Querido Pedro: llega ‘Cien años de soledad’


El poeta y ensayista Pedro Lastra guardó correspondencia de autores latinoamericanos como García Márquez, Sábato, Cortázar o Fuentes



El escritor Gabriel García Márquez, durante una entrevista en 1990. / RAÚL CANCIO
Tal vez el nombre del poeta y ensayista chileno Pedro Lastra no pertenezca a esa categoría de famosos mediáticos de las letras latinoamericanas del siglo XX. Sin embargo, Lastra fue un impulsor apasionado y generoso de la literatura que hacían sus compatriotas y un gran conversador epistolar, como así lo demuestran las más de 900 cartas que donó a la Universidad de Iowa, y que cubren un espacio temporal que va de 1954 a 2002. En la sección de Special Collections de la citada universidad, se custodia este silencioso legado. Abro la carpeta Gabriel García Márquez y en una carta mecanografiada leo:“Cien años de soledad sale a la calle el 6 de junio. La inminente aparición de la novela me está perforando la úlcera”. Y es una confesión hecha el 30 de mayo de 1967, es decir, a seis días de la salida de la novela que se convertiría en el buque insignia del renacimiento de la literatura latinoamericana. Unos meses más tarde, el 26 de diciembre de 1967, García Márquez le escribe a Lastra lo siguiente:“Cien años de soledad ha sido la salvación: gracias a sus ventas espectaculares, tengo por delante unos años de paz doméstica que pienso dedicar minuto tras minuto a escribir. Ahora estoy metido en un cuento que puede ser muy largo y muy divertido, y que llevará el pretencioso título de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. Es, más que nada, un recurso para calentar motores antes de zambullirme, quién sabe durante cuánto tiempo, en El otoño del patriarca. Después no sé qué haré”.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Clásicos / Distantes pero cercanos



Distantes pero cercanos

Rulfo pone el sello definitivo a la antigua manera de contar las historias rurales, cuando el narrador lo hacía desde arriba, desde el mundo civilizado


SERGIO RAMÍREZ
28 NOV 2016 - 11:53 COT


Feria Internacional del Libro de GuadalajaraAmpliar foto
Gabriel García Márquez (derecha) felicita a Carlos Fuentes en su 80º cumpleaños en Ciudad de México (2008). R. SCHEMIDT (AFP)

Las novelas de lo que podríamos llamar el canon clásico latinoamericano tienen ya una edad provecta, según ese arcaico término que se usaba para señalar la edad avanzada. Doña Bárbara, que dio a nuestra literatura uno de sus personajes verdaderamente arquetípicos, aquellos que se salen de las páginas de un libro para andar por el mundo por su propia cuenta, va ya para los 90 años de haber sido publicada; y su autor, el venezolano Rómulo Gallegos, nos recuerda algo ya casi olvidado, lo de los escritores que aparejaban la vida literaria con la vida política.Su caso me parece inusual, y por tanto memorable. Era un reformista de corazón, que aborrecía la sociedad cerril, de intensos tintes rurales de su país, y quería establecer la legalidad que décadas de dictaduras militares habían convertido en una mofa. Reformar el campo donde reinaba la ley del más fuerte, sustituir el arbitrio por el orden jurídico, es la tesis de Doña Bárbara como novela. Santos Luzardo, en nombre de la idea de civilización urbana, quiere someter la naturaleza indómita que aquella mujer encarna.



Distantes pero cercanos


Doña Bárbara es una novela de tesis, y su propuesta es la misma que Gallegos quiso aplicar cuando fue electo presidente de Venezuela en 1947 por más del 80% de los votos: reformar la sociedad y hacer valer las leyes. Pero fue derrocado apenas nueves meses después de su llegada al palacio de Miraflores por los militares de polainas y charreteras que la magia de la democracia no había hecho desaparecer.
Fueron los mismos nueve meses de don Juan Bosch, electo presidente de la República Dominicana en 1962, también por abrumadora mayoría, tras el ametrallamiento del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo. Don Juan no era novelista, sino escritor de cuentos, uno de los mejores de América Latina, pero también olvidó que los generales amamantados por la longeva dictadura trujillista aún seguían allí; para ellos, cualquier reforma democrática no era sino comunismo soviético disfrazado.

Escritores comprometidos con la política y la sociedad: una lectura por los clásicos de la literatura latinoamericana contemporánea

Eran otros tiempos, claro, y cuando se hablaba de escritores comprometidos quería decir comprometidos en contra de las dictaduras de derecha, ahijadas del Departamento de Estado, cuyas políticas se guiaban de acuerdo a los intereses de las compañías madereras, mineras y, sobre todo, bananeras de Estados Unidos. Escritores antiimperialistas. Es lo que fue el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, premio Nobel en 1967, cuya novela El señor Presidente llega el año que viene a su 70º aniversario, otra de nuestras obras capitales ya venerables.
Militancia antiimperialista y calidad artística no eran, por supuesto, sinónimos, y la llamada trilogía del banano de Asturias (Viento fuerteEl Papa Verde y Los ojos de los enterrados) es más que todo una diatriba. Pero su blanco es la United Fruit Company, patrocinada por los célebres hermanos Dulles, uno secretario de Estado, el otro jefe de la CIA, que en nombre de los intereses de aquella derrocaron en 1954 al presidente legítimamente electo de Guatemala, Jacobo Arbenz, por intentar una reforma agraria. La realidad política llevaba indefectiblemente al realismo literario.




Distantes pero cercanos


Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, alcanza el año que viene el medio siglo de haber sido publicada, un fasto que ya veremos celebrar con merecida pompa. Es un libro que nació como un clásico, y cada vez lo es más. Y en lugar de un solo personaje arquetípico, como doña Bárbara, o como Pedro Páramo de Juan Rulfo, que ya pasó los 60 años, nos ofrece toda una dinastía que se sale de sus páginas, José Arcadio Buendía y su descendencia.
Esta saga convierte por primera vez el discurso político y la denuncia social en fábula múltiple, y es a través de ese juego de espejos que repite y altera imágenes hasta el infinito que podemos contemplar de otra manera la historia de América Latina, guerras fratricidas, atraso rural, explotación y desigualdad. No es sólo eso, pero también es eso. En algún sentido, podríamos decir que Cien años de soledad es la última de nuestras novelas bananeras, desde luego que la United Fruit Company está detrás de la masacre de trabajadores en Ciénaga, perpetrada por el Ejército de Colombia el 6 de diciembre de 1928, y es la dueña del tren amarillo que transporta en sus vagones los cadáveres para tirarlos al mar como fruta de deshecho.
Cuando en 1958 aparece La región más transparente, de Carlos Fuentes, Pedro Páramo ha sido publicada apenas tres años atrás. Son dos novelas casi contemporáneas, pero que abren y cierran dos mundos a mitad del siglo.




Distantes pero cercanos


Rulfo pone el sello definitivo a la antigua manera de contar las historias rurales, cuando el narrador lo hacía desde arriba, desde el mundo civilizado, que de alguna manera desprecia el lenguaje popular porque lo entrecomilla; él se baja del balcón para meterse entre sus propios personajes, hablando él también desde debajo de la tierra, junto con los muertos.
Fuentes entrevera múltiples historias narradas por múltiples voces en lo que entonces es ya la inmensa selva urbana de la ciudad de México, caótica y salvaje, desigual y ensañada de crueldades sociales, y esas voces hablan desde los distintos estratos sociales, un gran mural que se va desplegando delante de nuestros ojos. Después ya tendremos Rayuela, de Julio Cortázar, y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, publicadas el mismo año de 1963 y que han pasado también el medio siglo de edad. Una modernidad distante y a la vez cercana.