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domingo, 13 de enero de 2019

Rafael Gumucio / Claudio López Lamadrid, nuestro hermano mayor


Claudio López Lamadrid

Claudio López Lamadrid

Nuestro hermano mayor

Todo pasaba por él y él pasaba por todo, huyendo siempre un poco para siempre volver


Rafael Gumucio
11 de enero de 2019

Uno escribe, entre otras cosas, para hacer creíble lo increíble. Sé que Claudio López Lamadrid murió ayer en una reunión editorial, pero no lo puedo creer. Tampoco tengo porqué creerlo. Puedo esperar perfectamente que llegue a Chile o me mande a llamar a Barcelona en cualquier momento. Puedo seguir esperando, como esperábamos todos los que lo queríamos, que decidiera el instante en que de pronto lo eras todo para él y después verlo subirse a una moto y arrancar repitiendo con delicia los sobrenombres e infidencias chilenos o argentinos o mexicanos que coleccionaba como quien colecciona piedras raras. Puedo esperar juntarme en la esquina de con la calle Balmes de Barcelona, equilibrando difícilmente su cabeza risada de emperador romano a un cuerpo que se sostenía siempre en diagonal sobre la vereda.

sábado, 11 de agosto de 2012

Leila Guerriero / Los escritores y su primer libro

Leila Guerriero

Los escritores y su primer libro

El País, 11 de agosto de 2012

Escritores como Antonio Muñoz Molina, Lolita Bosch, Alberto Fuguet o Santiago Roncagliolo recuerdan cómo se estrenaron en la literatura



Una voz dice algo en el teléfono, o una mano escribe un par de frases, y, al otro lado de la línea, del buzón, de la pantalla, un ser humano recibe el impacto con el cerebro paralizado por la euforia, con un vahído de felicidad o desesperación, porque la voz o el par de frases son el punto de llegada —y de partida— de algo que busca su destino desde hace meses, o quizás décadas, y ahora, al fin, después de que una cantidad de azares o insistencias hicieran su trabajo, la llamada o las frases vienen a decir estimado, aunque a usted no lo conoce nadie, aunque no ha publicado nunca nada, hemos leído su manuscrito y se lo vamos a publicar. El vahído y el impacto y la parálisis eufórica se repetirán, después, con variaciones. Pero nunca —nunca— como en ese punto de la existencia en el que un escritor inédito recibe la noticia de que alguien lo publicará por primera vez.