Anna Kavan y su bazooka de heroína
Anna Kavan vivió y escribió siempre con el fondo de una relación muy íntima con la locura y la adicción. Esto que ha llevado a encasillar su obra es también lo que puede liberarla. Este ensayo de la escritora Karen Villeda nos sugiere cómo hacerlo.
Helen Emily Woods fue el primer nombre de la escritora y pintora Anna Kavan. Nacida el 10 de abril de 1901, en Cannes, al sur de Francia, Kavan recuerda su infancia como una etapa caracterizada por una extrema soledad. En el prólogo su novela Sleep Has His House (todavía sin traducir al español ya que es uno de sus trabajos menos conocidos), Kavan escribió: “Ninguna interpretación es requerida en este lenguaje que todos hemos hablado durante la infancia y en nuestros sueños”.1 Lo que yo encuentro al leerla son ensueños que me provocan miedo y tristeza. Como la voz narrativa en Hielo, su novela más conocida, atestigua: “la atmósfera estaba cambiando a mi alrededor; de repente hubo un escalofrío, como si el aire cálido hubiera pasado sobre el hielo. De manera repentina sentí un terror incomprensible, como la sensación de entrar en una pesadilla justo antes de quedarte dormido”.2 Hielo, publicada en 1967, fue considerada como el mejor libro de ciencia ficción del año por el reconocido escritor de este género Brian Aldiss. Sin embargo, Hielo también puede leerse bajo las reglas del nouveau roman y el slipstream que, al combinar fantasía y ciencia ficción, dan lugar a lo que se conoce como “ficción de la extrañeza”. Como lo afirma su propia autora, esta novela “no pretende ser de una escritura realista. Es una especie de fábula actual”.
