El artista invisible
Entrevista con Augusto Rendón
Por Gonzalo Márquez Cristo
Bogotá, 9 de septiembre de 2011
—Estoy muy conmovido, me ocurrió algo fatídico, sin embargo creo que fue Cioran quien dijo: “Si la muerte no fuese una solución ya le habrían encontrado el remedio”, pensamiento justo y luminoso —afirma Augusto Rendón ingresando a su sala en una túnica blanca y sandalias, y abriendo una botella de whisky sin preámbulos innecesarios.
—No comprendo su desolación, pero así se comienza un reportaje verdadero, no se imagina cuántas veces he perdido el tiempo con pintorzuelos que pretenden conversar durante horas al ritmo adocenado del agua.
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| Cobarde recua sarnosa que se rasca en la razón (Almafuerte) (De la carpeta "En homenaje a Uccello ") |
Rendón sonríe y se sienta en una mecedora señalando el horizonte de una tormenta que se avecina.
—Me ocurrió algo muy doloroso la semana pasada: mi perra dálmata Urania, murió luego de leer mi mente durante una década y media. Ahora me encuentro a merced de los seres humanos… Realicé el ritual del adiós pues tengo un gran respeto por el fin, estado profundamente necesario, y hasta ahora estoy sobreponiéndome. Las religiones se sirven de la arrogancia del hombre y comercian con sus ansias de inmortalidad, pero por suerte somos perecederos. La muerte es benéfica, no podemos olvidarlo. El cristianismo y todos los credos monoteístas son catastróficos. Es curioso pensar que los paganos, eran en la antigüedad los campesinos, aquellos ingenuos seres que en los bosques (los pagus) o fuera de las aldeas, no habían sido catequizados y seguían adorando libremente a sus dioses totémicos….

