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domingo, 15 de diciembre de 2024

Martín Caparrós / La palabra escritor

 


Jorge Luis Borges en 1977.
Jorge Luis Borges en 1977.SOPHIE BASSOULS (SYGMA

La palabra escritor

Resume y supera a cualquier otro elogio. Por más vueltas que le intente dar, para mí esa palabra sigue siendo un título


MARTÍN CAPARRÓS
21 ABR 2023 - 22:00 COT

La palabra escritor todavía me parece distinta de la mayoría: a veces noto que, cuando la digo, pronuncio diferente. No hay muchas palabras que haya respetado tanto, a lo largo de mi vida. Sé que es tonto, pero escritor, para mí, no es una descripción sino un título de nobleza, no un sustantivo sino un adjetivo.

Martín Caparrós/ La palabra colibrí




Colibrí en Costa Rica
Foto de Jon G Fuller



La palabra colibrí

Esta pequeña ave no solo es una belleza extraordinaria; también es una metáfora extrema de la maldición de la belleza


MARTÍN CAPARRÓS
24 MAR 2023 - 23:00 COT

Aquí no existe. Y en tantos otros lugares tampoco, y allá sí. Aquí, en España, colibrí es solo una palabra que no se dice. En cambio, si acaso, dicen picaflor —pero lo que esas dos palabras llaman no existe en estas tierras. Hay algo peculiar en las palabras que nombran lo que no.

Martín Caparrós / La palabra mediocre

 


La palabra mediocre

La mediocridad, al fin y al cabo, es la forma más cómoda de la resignación, y vivimos tiempos resignados


MARTÍN CAPARRÓS
13 DIC 2024 - 23:40 COT

Sí, está claro: todas lo son y ninguna lo es. Pero yo no quería hablar de la palabra mediocre sino de la palabra mediocre. Es el problema de los adjetivos, que enseguida se desparraman y manchan todo; es el peligro de los adjetivos.

lunes, 28 de octubre de 2024

Leila Guerrero / Martín Caparrós: la teoría del todo

 


Martín Caparrós, fotografiado en su casa de Madrid en 2023.
Martín Caparrós, fotografiado en su casa de Madrid en 2023.CLAUDIO ÁLVAREZ

Martín Caparrós: la teoría del todo

No creo ser la única que aprendió de él cosas importantes: cómo mirar, cómo acomodar palabras, cómo lograr un estilo, cómo encontrar historias


LEILA GUERRIERO
25 OCT 2024 - 22:00 COT


Me gustan muchas cosas de él. La cicatriz de la cara, la cara, su prosa, su manera de intervenir en la conversación, las zancadas largas, la altura, la voz, el fraseo —cuando habla y cuando escribe—, su inteligencia, su mirada, cierta torpeza (estuvo a punto de incendiar mi comedor mientras preparaba una queimada), las casas que le conozco. Pero lo que más me gusta de él es que haya tenido la decencia de vivir en estos años en los que yo también vivo, que sea mi contemporáneo, encontrarlo acá o allá tantas veces. Sé que mueve la patita cuando está por atacar. Sé cómo se le opaca la mirada cuando se irrita con alguien. Una persona me dijo hace poco: “Tú, que eres su amiga del alma”. No, no soy su amiga del alma. Me hubiera gustado serlo. Conozco a varios de sus amigos del alma y sé lo que son para él. Pero es posible que, para mí, él sea lo que es para sus amigos del alma: alguien único. Compartimos mesas redondas, ferias, cenas, almuerzos, aviones, jurados. No creo ser la única que aprendió de él cosas importantes: cómo mirar, cómo acomodar palabras, cómo lograr un estilo, cómo encontrar historias. Nunca me dio una clase, nunca me hizo una sugerencia. Todo lo que me enseñó lo aprendí mirándolo vivir, escuchándolo hablar, sentándome a su lado y compartiendo risas secretas en reuniones serias. Me hice periodista rebobinando hasta el último de los párrafos de sus artículos en los años noventa, preguntándome: “¿Cómo hizo esta descripción, de qué manera y por qué glosa el habla de sus entrevistados?”. Leyéndolo aprendí la importancia de las comas y del punto y aparte; la diferencia de volumen que genera poner una frase entre paréntesis o entre guiones. Su último libro, Antes que nada, habla de su enfermedad —la ELA—,de la muerte y de la vida. La dedicatoria dice: “A los que me quisieron, para que aprendan a olvidarme”. Es tu primera enseñanza fallida, Caparrós. No creo ser la única que no lo va a aprender nunca.


EL PAÍS 




miércoles, 23 de octubre de 2024

Martín Caparrós ante la vida y la muerte

 


Martín Caparrós, fotografiado en su casa de Torrelodones (Madrid) en diciembre de 2023.
Martín Caparrós, fotografiado en su casa de Torrelodones (Madrid) en diciembre de 2023.CLAUDIO ÁLVAREZ

Martín Caparrós ante la vida y la muerte

El escritor de la desmesura, considerado el mejor cronista actual de América Latina, se propone contar su vida y entender cómo se muere en ‘Antes que nada’ tras revelar que sufre ELA

miércoles, 25 de septiembre de 2024

De los regímenes militares al chavismo: la tradición de la novela sobre dictadores latinoamericanos se renueva


Celia Sánchez Manduley (primera de la derecha), una de las protagonistas de 'Nunca fui primera dama', junto a Fidel Castro y Antonio Núñez Jiménez, durante la revolución cubana.

Celia Sánchez Manduley (primera de la derecha), una de las protagonistas de 'Nunca fui primera dama', junto a Fidel Castro y Antonio Núñez Jiménez, durante la revolución cubana.

De los regímenes militares al chavismo: la tradición de la novela sobre dictadores latinoamericanos se renueva

Nuevos textos inspirados en Chávez, Ortega, Milei y otros líderes políticos de la región describen la debilidad de las democracias nacidas tras la caída de los anteriores regímenes autocráticos


CAIO RUVENAL
Madrid - 13 SEPT 2024 - 22:40 COT


El escritor mexicano Carlos Fuentes cuenta en La gran novela latinoamericana un encuentro que tuvo con Mario Vargas Llosa en Londres en 1967. La reunión derivó en la idea de invitar a una docena de autores latinoamericanos para que escribieran sobre la inagotable galería de caudillos de la región y recopilar los textos en un solo volumen, Los padres de las patrias. El proyecto no prosperó, pero impulsó el lanzamiento en los setenta de varios libros protagonizados por presidentes históricos déspotas, un género que la crítica bautizó como la “novela del dictador”: Yo el supremo de Augusto Roa Bastos, El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez, El recurso del método de Alejo Carpentier, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri... Llegó el siglo XXI y las democracias nacidas tras la caída de los regímenes autoritarios resultaron endebles: los jefes de Estado cambiaron el uniforme militar por la camisa y la corbata, pero la naturaleza del poder autócrata permaneció intacta.

martes, 5 de enero de 2021

El día en que le robaron el bolso a Almudena Grandes, y otras historias curiosas de Sant Jordi

 


Dolores Redondo, el día en que se sintió como Carrie Bradshaw en 'Sexo en Nueva York' al ver un autobús con el anuncio de su novela.
Dolores Redondo, el día en que se sintió como Carrie Bradshaw en 'Sexo en Nueva York' al ver un autobús con el anuncio de su novela.

El día en que le robaron el bolso a Almudena Grandes, y otras historias curiosas de Sant Jordi

Este año no habrá cita con la rosa y el libro en las calles de Barcelona hasta julio, pero una decena de autores recuerdan algunas de las más jugosas anécdotas de la jornada


Laura Fernández
Barcelona, 23 de abril de 2020

Al menos hasta el 23 de julio no habrá nada parecido a un Sant Jordi en Barcelona, esto es, no habrá calles llenas de gente a la caza de libros y rosas y hasta, los últimos años, peluches de dragón, así que para viajar a una jornada parecida, habría que volver la vista atrás y, por qué no, situarnos tras las mesas de los puestos callejeros y dejar que los escritores tomen la palabra y recuerden una pequeña historia relacionada con tan mítica jornada que traiga de vuelta el espíritu del día que se tenía, hasta ahora, por el agosto de las librerías.

viernes, 8 de mayo de 2020

Martín Caparrós / Crónica sudacas / México, la ciudad desbocada

Guía gastronómica para comer en Ciudad de México como un local
CHILES


CRÓNICAS SUDACAS

México, la ciudad desbocada

Es la ciudad más grande del hemisferio occidental. La más antigua de América. Una de las 10 más ricas del mundo. Tiene más habitantes que la mayoría de los países de la Tierra. Aquí viven más de 20 millones de personas. Una aglomeración descomunal de sabores, sonidos y olores que mezclan la riqueza con la pobreza, la violencia y los boyantes negocios. Tercera entrega de una serie en la que Martín Caparrós toma el pulso a grandes urbes de Latinoamérica


Martín Caparrós
29 de marzo de 2019

INTENTO ENTRAR, NO LO CONSIGO. Es mediodía, el sol reluce, y en Tlatelolco, un corazón de México, cientos de personas salen en estampida por las puertas de vidrio de la torre. La torre es imponente, sus cien metros de alto: fue el ministerio de Relaciones Exteriores y ahora es un centro cultural de la Universidad Nacional; aquí, a veces, los centros culturales tienen ese porte. Trato de preguntar qué pasa pero nadie se para; les han pateado el hormiguero, corren.

lunes, 22 de abril de 2019

Juan Rulfo / ‘Los latinoamericanos están pensando todo el día en la muerte’




Juan Rulfo: ‘Los latinoamericanos están pensando todo el día en la muerte’


Este martes 16 de mayo, don Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, que solo necesitó doscientas páginas para convertirse en uno de los grandes de la lengua, habría cumplido cien años. Hace ya 34, en Buenos Aires, pude entrevistarlo. Quiero recordar aquel momento.
El señor Juan Rulfo es mexicano, tiene 65 años y trabaja como editor de obras científicas en el Instituto Nacional Indigenista. Esta tarde está vestido con un traje de excelente alpaca gris y es bajito, un poco encorvado, un aspecto pequeño. El señor Rulfo ha escrito dos libros: uno de cuentos, El llano en llamas, y una novela, Pedro Páramo, editados en 1953 y 1955; cada uno de ellos ha vendido millones de ejemplares en castellano y están traducidos a –digamos– infinidad de lenguas: es inquietante la infinidad de lenguas.

lunes, 25 de febrero de 2019

Caracas / La ciudad herida / Parte II


Caracas
Martín Caparrós
CRÓNICAS SUDACAS

Caracas, la ciudad herida (parte II)


26 de enero de 2019
Mientras peor está, más te provoca quedarte, porque te sientes responsable; sientes que lo que puedas hacer, por poco que sea, se hace más necesario todavía.
Me dice Verónica. Caminamos por un pasillo tenebroso; Verónica tiene 22 años, está terminando medicina en la Universidad Central de Venezuela y hace prácticas en su Hospital Clínico, uno de los más prestigiosos del país. Sus pasillos no tienen luz, sus servicios no tienen agua, sus médicos y sus pacientes no tienen algodón, vendas, agujas, medicinas.
—Y ni siquiera te dejan traerlos. El año pasado una amiga mía que vive en España me mandó muchas cosas. Yo tenía miedo de que si las traía me iban a parar a la entrada y me iban a acusar de vaya a saber qué, así que las repartí entre los compañeros y las fuimos entrando de contrabando.

Caracas / La ciudad herida / PARTE I

Caracas
Martín Caparrós
BIOGRAFÍA
CRÓNICAS SUDACAS

Caracas, la ciudad herida

PARTE I

Se podría decir que es un enclave en guerra, salvo que no hay guerra. Pero esta no es solo la capital de la Venezuela de Nicolás Maduro, autoproclamado en el poder hasta 2025. Esta es la Caracas de Usleidi, de Alber y de doña Paca. Esta es su conmovedora historia y el relato sobre muchos otros habitantes de una urbe que luchan por sobrevivir a los estragos del modelo chavista. Primer capítulo de una serie en la que el cronista Martín Caparrós toma el pulso a grandes ciudades de Latinoamérica.

1 de febrero de 2019

AVÍSAME QUE LLEGAS.
Se dicen el uno al otro al despedirse —jueves, diez de la noche— cinco periodistas veinteañeros. Con la cena de arepas y cervezas me habían contado historias de sus asaltos y secuestros y amigos muertos y parientes huidos, así que les pregunto si se quedaron paranoicos por la conversación, pero me dicen que no, que aquí todos se despiden así.
—Avísame que llegas.
Y que, faltaba más, cuando llegan lo hacen.

Bogotá / La ciudad rescatada

Bogotá

Martín Caparrós

BIOGRAFÍA

CRÓNICAS SUDACAS

Bogotá: La ciudad rescatada

Más de nueve millones de personas pueblan Bogotá. Hace un cuarto de siglo, vivir aquí sonaba a condena. A una ciudad fallida con tasas de homicidio de un país en guerra. La calle era una selva sin ley, entre sombras del narco y la guerrilla. La desigualdad permanece mientras florecen un turismo y unas clases acomodadas que moldean un nuevo perfil de la capital de Colombia. Segunda entrega de una serie en la que Martín Caparrós toma el pulso a grandes urbes de Latinoamérica


23 de febrero de 2019


EN EL CIELO DE BOGOTÁ siempre hay alguna nube: sol y unas nubes, lluvia y todo nubes, tormenta y nubarrones, una luna y sus nubes, plateadas, grises, blancas, siempre alguna, nunca un cielo completamente despejado. Quizá eso explique todo —o casi todo.


Ahora llueve y don Mario me sonríe como debe sonreír a sus clientes; yo le digo que por suerte todavía no soy y él quiere saber de dónde vengo; se lo digo, le pregunto si él es de acá y me dice que sí: de acá, del barrio, pero que todo esto cambió tanto. Le pregunto si cambió para bien, si le llegan cada vez más viejos, y él me dice que no, que últimamente le llegan muchos jóvenes: que sí, que ahora por cualquier cosa se dan cuchillo o plomo y que eso no era así en sus tiempos, que en sus tiempos se agarraban a puños, pero que ahora no, que ahora terminan acá, me dice, y extiende un brazo como quien enseña.
—Yo no me quejo, es mi negocio. Pero qué bobada.

Martín Caparrós / La culpa, el instrumento de control de las religiones



Martín Caparrós

BIOGRAFÍA

La culpa, el instrumento de control de las religiones


Con el fin de la cultura religiosa aprendimos a pensar que los fallos no son nuestros, que son de los conjuntos, las sociedades o las estructuras. El infierno son los otros

17 DE ENERO DE 2019


FUE UNO de los inventos más extraordinarios que los manuales no registran: a los inventos más extraordinarios suele sucederles. Antes de él, aquellos hombres y mujeres vivían más o menos felices. O preocupados, irritados, aterrados, pero sin el peso de la culpa. En esos días las cosas sucedían y nadie sabía bien por qué: así era la vida o, a lo sumo, así de caprichosos esos diosecitos que pululaban en el árbol, el agua, la luna lejana o el poderoso sol.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Noticias del hambre / Le pediría una vaca



Le pediría una vaca

Hay ciertos lugares en el mundo en los que la realidad se come a la imaginación

EDURNE PORTELA
22 SEP 2018 - 17:40 COT






Una voluntaria traslada un saco de semillas en un campo de refugiados en Uganda.
Una voluntaria traslada un saco de semillas en un campo de refugiados en Uganda.  AFP/ GETTY IMAGES 

Una aldea de Níger. Martín Caparrós pregunta a una mujer: “Si pudiera pedir lo que quisiera, cualquier cosa, a un mago capaz de dársela, qué le pediría”. “Quiero una vaca que me dé mucha leche, entonces, si vendo un poco de leche puedo comprar las cosas para hacer buñuelos para venderlos…”. “Pero cualquier cosa, lo que le pidas”, insiste Caparrós. “¿Dos vacas? Con dos sí que nunca más voy a tener hambre”. Otra mujer responde así a la misma pregunta: “Comida todos los días. Eso le pediría”. La siguiente podría estar en una ciudad india o en Argentina: “Poner mi propio negocio, en la puerta de mi casa, para vender frutas. Y podría estar en mi casa con las frutas y ahorraría un poco de plata para el futuro, y mis hijos podrían comer fruta algunas veces”.

viernes, 22 de junio de 2018

Martín Caparrós / La leyenda del peor portero del mundo

Luis Ricardo Guevara Mora es batido durante uno de los partidos que jugó en el Mundial de España de 1982.


Martín Caparrós

La leyenda del peor portero del mundo

El portero salvadoreño Luis Ricardo Guevara pasó a la historia de los mundiales de fútbol por el 10-1 encajado contra Hungría en España'82

20 DE JUNIO DE 2018
Cada cuatro años, cuando el fútbol estalla, alguien se acuerda de él, lo va a buscar, lo cuenta. Luis Ricardo Guevara Mora tiene un mérito raro: nadie, en la historia del fútbol, lo hizo peor.

domingo, 28 de enero de 2018

Martín Caparrós / “En una fiesta me sentaría con Hitler, Videla o Franco”


Martín Caparrós

Martín Caparrós
“En una fiesta me sentaría con Hitler, Videla o Franco”

El escritor y periodista argentino contesta al carrusel de preguntas de este diario


FELIPE SÁNCHEZ
Madrid 5 NOV 2015 - 14:51 COT



El escritor y periodista argentino Martín Caparrós en 2010.Ampliar foto
El escritor y periodista argentino Martín Caparrós en 2010. ÁLVARO GARCÍA

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) tiene, junto a Gabriel García Márquez y Gustave Flaubert, uno de los bigotes más emblemáticos de la literatura. El escritor argentino ha recibido los premios Planeta y Herralde, por sendas novelas, y el Rey de España por un libro de crónicas. “Durante mucho tiempo me pareció que ser escritor era un título de nobleza, o algo así. Tanto que me daba vergüenza decir que lo era, ponerlo en los formularios de los aeropuertos”, cuenta el autor. Su periodismo narrativo ha hecho carrera en revistas como El Malpensante, Letras Libres y EL PAÍS Semanal. “Cuando ya había publicado dos docenas de libros me di cuenta de que se podía, también, ser escritor y no ser bueno. Así que ahora sí digo que lo soy, y tan tranquilo”.

jueves, 18 de enero de 2018

Martín Caparrós regenera su visión del periodismo



Martín Caparrós regenera su visión del periodismo

El reportero arma en ‘Lacrónica’ un manual donde desgrana su ejercicio de la profesión

Jesús Ruiz Mantilla
Madrid, 18 de enero de 2018

Comenzó manchando mesas con los cafés y los cables de agencia que repartía entre veteranos. Lo hacía en medio de Redacciones donde se esnifaba tinta a contrapelo con los relojes, la siempre incómoda actualidad y un saldo estimulante de nicotina, donde también cabían otras sustancias. Ha terminado cum laude, como una firma de referencia dentro de la denominada nueva crónica latinoamericana. En medio, Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) ha recorrido el mundo como “cazador de principios”. No sólo éticos, morales o deontológicos sobre el oficio en el que acabó casi sin querer, por inercia, sino desvelando sus sueños de audacia nómada en busca de un buen comienzo para sus notas.

Ahora, este periodista curtido entre publicaciones donde lo mismo cultivaba la nota deportiva que el banquete gastronómico, da buena cuenta de sus insomnios construyendo frases para sus puzles de realidad en Lacrónica (Círculo de Tiza), así, todo junto.



Lo que quiso nacer como una antología de varios artículos suyos se ha convertido, a modo de autobiografía periodística, en un manual con alergia a la pompa de los textos académicos, fundamental para cualquiera que quiera dedicarse a esto de contar el mundo. “Hace 14 o 15 años que imparto talleres en la Fundación Nuevo Periodismo [creada por Gabriel García Márquez] y eso me urgía de tanto en tanto a pensar en lo que hago y cómo lo hago. Con el libro, me sentí obligado a reunirlo de una vez y así es como conformé esta especie de legado de las pelotas”, afirma.
No le gusta la palabra “manual”, que le lleva a “pensar en maestras antipáticas y tardes escondidas”. Pero el caso es que le ha salido uno donde pone en solfa la muchas veces sobrepasada doctrina de alcanfor salida de las universidades, en esas aulas vencidas por la realidad del oficio donde todavía, algunos, se atreven a hablar de objetividad y pirámides invertidas: “Lo primero no existe; ya a la hora de elegir contar una historia y no otra aplicas la subjetividad. En cuanto a la pirámide invertida, denota mediocridad, falta de ambición”. Esa coartada se inventó, opina Caparrós, “para no lectores”. La aplican aquellos que, metiendo todo lo que importa en el primer párrafo, se rinden a la evidencia de que en lugar de 30 líneas solo aprovecharán las seis del principio. “Yo me muestro un poco más orgulloso: quiero que lean todo lo que escribo, no sólo una parte”.


La pirámide invertida en periodismo denota mediocridad, falta de ambición

Lejos del absurdo académico, a veces tediosamente implantado también en algunas Redacciones donde se mira de reojo cualquier coqueteo con la creatividad, Caparrós habla de estructuras, de arranques, de impresiones cogidas al vuelo, de reflexión previa a lo redactado, de buscar en la poesía para combatir toda burocratización del lenguaje y no renunciar así a lo preciso, de su relación amor-odio con las palabras, de identidad…
“Ser argentino, como todo el mundo sabe, supone salir de 14 errores y varias equivocaciones. Nos dota de una mirada distinta de la que ofrecen otros países conformados por siglos de historia”. Caparrós supo que eso era ventajoso: “Nos regala una falta de prejuicios producto de las tradiciones, alejada de los nacionalismos. Estos no son formas de mirar, sino de cerrar los ojos”.
Bien abiertos los mantiene Caparrós. Y así es como, de una tabla de gimnasia del genocida Videla a los templos del horror donde se mercantilizan cuerpos infantiles en Asia, los campos de batalla ya perdidos de las guerrillas, las peroratas revolucionarias que se vierten en una Habana fidelísima o los retos de un interior desconcertante en Argentina, este insaciable contador con cráneo desnudo de nácar y bigotes de húsar sigue recorriendo el mundo en mitad de una continua huida hacia adelante que tiene residencia ahora en Madrid.
No entiende la distinción escritor / periodista, valga la redundancia: “Pasé tiempo explicando que entre escribir ficción o no ficción sólo existe una diferencia: para la última se supone que pasaste un tiempo previo reuniendo un material que en el caso de lo primero has ido recopilando toda la vida”.
Para Caparrós, se trata de un pacto de lectura: “Nada más, con la única obligación de buscar una mejor manera de contar el mundo”.
Y para ello ya no existe una escala de importancia basada en las famosas W del periodismo americano: What, When, Where, Why… (Qué, cuándo, dónde, por qué…). “Lo más importante, lo que nos diferencia ahora que ya contamos con la información inmediata sobre todo lo que queramos, es el cómo”. Cómo se articula y estructura el relato, cómo arranca y termina el mismo, en qué cantidad se despliegan adjetivos, con qué agilidad se dota al texto de verbos… “Todo eso es lo que va a marcar la diferencia”, indica.
Y sirve para cualquier género. No solo lo que se ha dado en llamar la nueva crónica latinoamericana, sin tener en cuenta el elemento que define esa forma: una denodada lucha contra el tiempo. “Lo adoptamos para recuperar un término que en Argentina contaba con reminiscencias un tanto sucias. El cronista era el último en el escalafón, el chico que salía a la calle, traía la información y luego se la daba a un periodista que acababa redactándola. Tenía una resonancia lumpen y queríamos dotarla de prestigio, irla limpiando”.
Con el tiempo, según él, se volvió solemne. Por eso la juntó y le salió un palabro: “Lacrónica. Mejor así, ¿no?”.