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Retrato de la poeta Mary Oliver (izquierda) y su pareja Molly Malone Cook, incluido en el libro 'Nuestro mundo'.BARBARA SAVAGE CHERESH
Retrato de una historia de amor: la poeta Mary Oliver y la fotógrafa Molly Malone Cook
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Retrato de la poeta Mary Oliver (izquierda) y su pareja Molly Malone Cook, incluido en el libro 'Nuestro mundo'.BARBARA SAVAGE CHERESH
Retrato de una historia de amor: la poeta Mary Oliver y la fotógrafa Molly Malone Cook
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| Mary Oliver |
Inés Martin Rodrigo
18 de octubre de 2023
El diario The New York Times, considerado la Biblia del periodismo, nunca publicó una reseña completa de ninguno de los muchos libros que Mary Oliver (1935-2019) publicó en vida. Y eso que fue una autora prolífica, capaz de entregar a imprenta, para regocijo de sus editores, claro, una nueva obra cada uno o dos años. Fue, además, una de las poetas estadounidenses más populares de las últimas décadas, adorada por sus lectores hasta la devoción y galardonada con premios como el Pulitzer (1983) o el National Book Award (1992).
Mary Oliver
Nada es tan pequeño como para no hacerse preguntas
El grillo no se pregunta
si existe el paraíso
o, si es que existe, si hay espacio para él.
Es otoño. El idilio se acabó. Y aún así, él canta,
Si puede, entra una casa
a través de la más diminuta grieta bajo la puerta.
Luego, la casa se llena de frío.
Él canta más lento, más lento.
Luego, nada.
Esto quiere decir algo, no sé qué.
Pero ciertamente no quiere decir
que no ha sido un excelente grillo
toda su vida.
Nothing Is Too Small Not to Be Wondered About
By Mary Oliver
The cricket doesn’t wonder
if there’s a heaven
or, if there is, if there’s room for him.
It’s fall. Romance is over. Still, he sings.
If he can, he enters a house
through the tiniest crack under the door.
Then the house grows colder.
He sings slower and slower.
Then, nothing.
This must mean something, I don’t know what.
But certainly it doesn’t mean
he hasn’t been an excellent cricket
all his life.
Mary Oliver
No hay nadie que diga
No hay nadie que diga, “Voy a ser
cuidadoso y listo en cuestiones de amor,”
que diga, “Voy a elegir lentamente,”
sino sólo aquellos amantes quienes no escogieron nada
pero fueron, por así decirlo, elegidos
por algo invisible
y poderoso e incontrolable
y hermoso y posiblemente incluso
inadecuado––
sólo aquellos saben de lo que estoy hablando
en esta plática sobre el amor.
Not Anyone Who Says
By Mary Oliver
Not anyone who says “I’m going to be
careful and smart in the matters of love,”
who says, “I’m going to choose slowly,”
but only those lovers who didn’t choose at all
but were, as it were, chosen
by something invisible
and powerful and uncontrollable
and beautiful and possibly even
unsuitable––
only those know what I’m talking about
in this talking about love.
Mary Oliver
Hay momentos que mueren por ser llevados a cabo.
Como decirle a alguien que lo amas.
O deshacerte de todo tu dinero, todo.
Tu corazón está latiendo, ¿no es así?
No estás encadenado, ¿o sí?
No hay nada más patético que la cautela
cuando precipitarte puede salvar una vida,
incluso, posiblemente, la tuya.
Moments
By Mary Oliver
There are moments that cry out to be fulfilled.
Like, telling someone you love them.
Or giving your money away, all of it.
Your heart is beating, isn’t it?
You’re not in chains, are you?
There is nothing more pathetic than caution
when headlong might save a life,
even, possibly, your own.
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| Mary Oliver |
Mary Oliver
No te preocupes
Las cosas toman el tiempo que toman. No
te preocupes.
¿Cuántos caminos recorrió San Agustín
antes de volverse San Agustín?
***
Don’t Worry
by Mary Oliver
Things take the time they take. Don’t
worry
How many roads did St. Augustine follow
before he became St. Augustine.
En Singapur, en el aeropuerto,
una sombra fue retirada de mis ojos.
En el cuarto de baño de mujeres, una división estaba abierta.
Una mujer de rodillas lavaba el fondo
de la taza blanca.
Una desagradable sensación en mi estómago
y toqué mi boleto en el bolsillo.
Un poema siempre debiera tener pájaros.
Un martín pescador, por ejemplo, con ojos audaces y alas relucientes.
Los ríos son placenteros, y por supuesto los árboles.
Una cascada, o si no es posible, una fuente
que suba y baje.
Una persona quiere habitar en un lugar feliz, en un poema.
Cuando la mujer me vio no pude interpretar su gesto.
Su belleza y su bochorno se mezclaban, y ninguno de
los dos ganaba la batalla.
Ella sonrió y yo sonreí. ¿Tiene algún sentido?
Todos necesitamos un trabajo.
Sí, una persona quiere habitar en un lugar feliz, en un poema.
Pero antes debemos mirarla ahí abajo mientras atiende su trabajo,
lo que es en sí aburrido.
Con un trapo azul está lavando la parte superior de los ceniceros del aeropuerto, que son tan
grandes como las tapas de los basureros.
Su pequeña mano voltea el metal, tallando y levantando.
No trabaja con lentitud, tampoco con rapidez, pero como un río.
Su cabello oscuro es como el ala de un pájaro.
No dudo ni un instante que ella ame su vida.
Y quiero que se levante de entre la costra y el agua sucia
y vuele hacia el río.
Esto probablemente no ocurra.
Pero quizá sí.
Si el mundo fuera sólo dolor y lógica, ¿quién lo apreciaría?
Claro que no lo es.
Tampoco me refiero a algo milagroso, es sólo
la luz que emana de la vida. Me refiero
a la forma en que ella dobla y desdobla el trapo azul,
a la forma en que sonrió para mí; me refiero
a la forma en que este poema está lleno de árboles y pájaros.
Mary Oliver
NO QUIERO VIVIR UNA VIDA PEQUEÑA
I Don't Want to Live a Small Life by Mary Oliver
No quiero vivir una vida pequeña. Abre tus ojos,
abre tus manos. Acabo de volver
del campo de moras, el sol
besándome con su boca dorada todo el camino
(abre tus manos) y las nubes con alas de viento
siguiéndome porque pensaban que quizá yo podría
alimentarlas, pero no: cargo estas formas de corazones
solo para ti. Mira cuántas y qué pequeñas
pero tan dulces y quizá el último regalo
que voy a darle a alguien en este
mundo de esperanza y peligro, por favor,
mírame. Abre tu vida, abre tus manos.
Todo el tiempo
que estuve dando clases
en el estado de Virginia
quise ver
al zorro gris.
Finalmente lo encontré.
Estaba en la autopista.
Estaba cantando
su canción de agonía.
Lo levanté
y lo llevé a un campo
mientras los autos seguían pasando.
Me mostró
cómo podía gemir
cómo podía sangrar.
Adiós, le dije
a la luz de su ojo
mientras los autos pasaban.
Dos días después
encontré a su pareja.
Estaba en la autopista.
Estaba cantando
su canción de agonía.
La levanté
y la llevé
al campo
donde gimió
mitad gris
mitad roja
mientras los autos seguían pasando.
Mientras los autos seguían pasando.
Zorro gris y zorra gris.
Rojos, rojos, rojos.