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miércoles, 21 de diciembre de 2022

Mario Muchnik, el editor de los puntos sobre las íes

Mario Muchnik, en su casa de Madrid en octubre de 2019.SAMUEL SÁNCHEZ


Mario Muchnik, el editor de los puntos sobre las íes

Amigo de Cortázar o Alberti, el responsable de la publicación en español de las obras de Canetti recuerda en un libro de conversaciones con Juan Cruz sus amistades y desencuentros con escritores y colegas de oficio


Manuel Morales
Madrid, 26 de octubre de 2021

Mario Muchnik (Buenos Aires, 90 años) dejó la física nuclear por la edición de libros debido a la razón “banal”, como él mismo ha reconocido, de que su padre, Jacobo, era un importante editor en Argentina. El oficio de publicar libros escritos por otros ha sido para él un pasaje a una montaña rusa: de la alegría por ser el editor en español de Elias Canetti cuando este autor en lengua alemana, casi un desconocido entonces en España, recibió el Nobel en 1981. “El escritor más especial de los que he tratado por la relación que tuve con él”, contaba Muchnik por teléfono la pasada semana. También disfrutó del placer de confraternizar con Julio Cortázar, Rafael Alberti o Jorge Guillén, con el que se estrenó como editor con Y otros poemas, un inicio que recuerda como lo más satisfactorio” de su labor.

Las imágenes robadas de Mario Muchnik

 

Jorge Guillén
Foto de Mario Muchnik

Las imágenes robadas de Mario Muchnik

Una muestra refleja en París la vocación fotográfica del editor


Alex Vicente
París, 27 de febrero de 2018

Mario Muchnik fue bachiller en Buenos Aires, universitario en Nueva York, físico nuclear en Roma, jefe de una empresa de audiovisuales en Londres, director de colecciones literarias en París, fundador de la editorial que llevó su nombre en la Barcelona de 1973 y después responsable de distintos proyectos librescos en Madrid, donde sigue residiendo. ¿Qué tienen en común estas vidas sucesivas? Pues que, en todas ellas, Muchnik se volcó en una pasión inmutable: la fotografía. En 2017, el editor argentino cedió 133 imágenes de su archivo al Instituto Cervantes, que le agradece ahora el gesto con una exposición itinerante, Mario Muchnik, el fotógrafo, que condensa la mitad de aquella donación.

Mario Muchnik / Ya no tengo moral para editar



Mario Muchnik
Fotografía de Sergio González

Mario Muchnik


"Ya no tengo moral para editar"


El histórico editor de origen argentino recibe un homenaje a su carrera en la Casa Sefarad, secundado por Jorge Herralde y Juan Cruz


Alberto OJEDA
 
El Cultural, 23 de abril de 2012



Anda un poco desmoralizado en estos últimos meses Mario Muchnik (Buenos Aires, 1931). Y se le puede entender. A mediados del año pasado publicó Oficio de editor (El Aleph), un libro en el que trataba de recoger de forma sumaria su amplio bagaje en ese mundillo de la edición de libros. Es un híbrido entre unas memorias profesionales y un ensayo (divertido, sin ánimo de cargar) el sector. Un día, por curiosidad, se puso a buscarlo en El Corte Inglés y no lo encontraba. Preguntó a uno de los dependientes y éste le guió amablemente hasta la estantería de... ¡lingüística! Allí había recalado Oficio de editor, tras la decisión de algún responsable de tienda por lo que se ve no muy bien informado. A Mario Muchnik se le cayeron los palos del sombrajo. Cabe imaginárselo con las manos en la cabeza, intentando contener su contrariedad para que no pagase el pato el dependiente. "Hombre, yo sé que no voy a vivir con lo que escribo, pero al menos me gustaría que a quien le interese leer mis libros los pueda encontrar. Con eso me conformo", explica a elcultural.es con resignación.

sábado, 25 de junio de 2022

Mario Muchnik / "Muchos autores escriben para la foto, para ser famosos"

Mario Muchnik




Mario Muchnik: "Muchos autores escriben para la foto, para ser famosos"

Borges, Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez, Jaime Salinas, Alberti, Octavio Paz... El mítico editor pone adjetivos en sus memorias , tituladas, 'Ajuste de cuentos', a los grandes de la literatura con los que trató


Fátima Uríbarri
14 de enero de 2014


Cuando Ernesto Sábato escribía 'El túnel' en su máquina Hermes Baby, en una mesita, bajo un enorme sauce, en la sierra de Córdoba (Argentina), Mario Muchnik era aún un adolescente que renqueaba con las matemáticas. Sábato se convirtió en su profesor particular. Y fue muy exigente. Le hizo llorar. Matilde, la mujer del escritor, le recriminaba: “No seas tan riguroso, es solo un chico”. Y Sábato replicaba: “Yo no soy riguroso, lo son las matemáticas”.

Cenar con Mario Muchnik

Mario Muchnik
Foto de Luis Rubio

 

CENAR CON MARIO MUCHNIK

UN GRAN EDITOR HABLA DE SUS AUTORES A LA HORA DE LA CENA. ¿ES CIERTO QUE LOS INTELECTUALES COMEN SIEMPRE EGOS REVUELTOS? ¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE LA COCINA EN LA VIDA DE UN EDITOR? CONVERSACIÓN CON MARIO MUCHNIK A PROPÓSITO DE OFICIO EDITOR, SU LIBRO DE MEMORIAS. 


Juliana González-Rivera
Enero de 2015

 

"Es que tú hablas mucho, Mario”, le dijo Carmen Balcells, “no es posible que todos tus autores sean tus amigos”. Y le acusó poco menos que de name dropping, de citar nombres prestigiosos para impresionar. Y Muchnik, honrado editor (50 años de oficio) y antiguo físico –de ahí que le gusten las pruebas, las demostraciones–, escribió Lo peor no son los autores para zanjar ese pequeño desafío. Ese libro, sus primeras memorias, reúne las anécdotas de décadas y décadas en las que fue sumando amigos gracias a su trabajo editorial. Verdaderas amistades: ¿cómo, si no, iba a pasar Cortázar con los Muchnik buena parte del último verano de su vida, o iba a llorar Susan Sontag delante de él en un desayuno en Nueva York, esa escritora conocida por su dureza? Sontag, que hablaba de la enfermedad con brillantez, lloró oyendo a Muchnik relatar la historia de De parte de la princesa muerta de Kenize Mourad, que él acababa de publicar. Y, de no haber sido amigos, ¿se hubiera cabreado Italo Calvino con su hija, todavía pequeñita, delante de Mario y su mujer Nicole, porque no quería comer una tortilla en unas vacaciones que pasaron juntos en Túnez?

viernes, 8 de abril de 2016

Mario Muchnik / Elie Wiesel, sobreviviente

Elie Wiesel

Mario Muchnik

Elie Wiesel, sobreviviente


En febrero de 1983, el ministro socialista Jack Lang había convocado a los intelectuales de todo el mundo en París para que participaran en una conferencia cuyo cometido debía ser el de trazar las grandes líneas de su política cultural de gobierno. Mera coincidencia que en el mismo hotel en el que se alojaban algunas lumbreras mundiales, pero por asuntos distintos, me encontrara yo. Mera y grata coincidencia que me encontrara con Susan Sontag saliendo de un ascensor. Mera y emocionante coincidencia que Susan me dijera que en el bar del hotel, en ese mismo momento, un autor mío, Elie Wiesel, estaba tomando una copa.Había editado La noche, el alba, el día, de Wiesel, en 1975, confieso que un tanto a regañadientes. Y no por no ser entusiasta de esta breve trilogía de novelas, sino porque en ese entonces mi línea editorial no pasaba por la narrativa, sino por el ensayo. Fue mi padre, Jacobo Muchnik, quien me presionó para que hiciera una excepción, alegando que las reglas están para que existan las excepciones -que son lo que interesa- Lo edité, y lo hice saltándome a la torera una clara advertencia de lo que entonces eran vestigios de una censura franquista a la que no le hizo ninguna gracia una frase del libro que dice: "A Dios le gusta acostarse con chiquillas de 12 años" (página 258 de mi edición). El ejemplar ya impreso me volvió de Madrid con esta frase tachada con tinta roja y sin ningún comentario. Un silencio administrativo que daba voces.

miércoles, 22 de abril de 2015

Juan Cruz / Querido maldito editor

Thomas Berhard
Poster de T.A.

Querido maldito editor

La relación entre el autor y quien publica su obra se ha convertido en un género literario propio

Bernhard-Unseld, Cèline-Gallimard...¿Negocio, amistad o tortura?


Postal de Siegfried Unseld de 2 de octubre de 1980 desde el Algarve a su editor: “Algunos faltan aquí en la playa (allí donde según Alberti ‘termina la tierra y empieza el mar’). ¿Quién es? Adivínelo. Cordialmente”.. / SUHRKAMP VERLAG

La correspondencia que durante cerca de treinta años (desde 1961 a 1988) mantuvieron el editor alemán Sigfried Unseld (Suhrkampf) y el escritor austriaco Thomas Bernhard (el autor de Trastorno) contiene un resumen atosigante del infierno en que se puede convertir la parte de atrás de los libros, lo que no se ve de los autores, lo que no se conoce de los editores. La propia editorial Surkampf, años después de la muerte de editor y autor (Unseld murió en octubre de 2002, Bernhard falleció en febrero de 1989), decidió publicar esas cartas (y telegramas, el último es de Unseld: “No puedo más”) junto con notas del propio editor en las que en algún momento resume su impresión de Bernhard: es “un chantajista”.
¿Son así autores y editores? La relación Unseld-Bernhard es extrema en todos los órdenes. Miguel Sáenz, traductor de Berhnard al español (y de Günter Grass y de grandes autores anglosajones), y traductor también de esta crucial correspondencia que ha publicado Cómplices Editorial en España, concede que Berhnard “era extraordinariamente irritable”, tenía enfrente a un editor “paciente y muy inteligente” y mantuvo ese pulso (primero por dinero anticipado; después por sus reacciones extemporáneas ante hechos en los que participó; posteriormente, por los títulos de sus libros, por ejemplo) por su carácter “difícil, muy complejo”. Unseld llegó a conocerlo muy bien, lo admiraba y creía, desde antes de que Berhnard cumpliera los cuarenta años, que ese autor que tanta migraña le causaba estaba entre los escritores más importantes de lengua alemana del siglo XX.