El síndrome Foster Wallace
Pese a su falta de glamour, el reportaje que escribió DFW para 'Harper's' sobre su experiencia en un crucero, es uno de los grandes relatos de viaje de la literatura contemporánea
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
19 AGO 2016 - 17:21 COT
¿A qué hora es el snack de medianoche? ¿Para bucear hay que mojarse? ¿Toda la tripulación duerme en el barco? Este es el tipo de preguntas que escuchó David Foster Wallace en el mostrador de información del crucero al que le envió en 1995 la revista Harper’s, que a cambio recibió una crónica titulada Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Se trataba de pasar una semana navegando por el Caribe en un barco tan limpio que parecía recién hervido y en ese tiempo el novelista quedó tercero en el concurso de piernas masculinas, regateó por baratijas con niños desnutridos y comprobó que el dinero mezclado con el mal gusto produce estragos. Finalmente, dio con la fórmula que hace que en un crucero te lo pases “de muerte”: una mezcla de “relajación y estimulación, indulgencia tranquila y turismo frenético, servilismo y condescendencia”.