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jueves, 8 de diciembre de 2022

Nabokov / El original de Laura / Morir es divertido


Vladimir Nabokov
El original de Laura. 
Morir es divertido

Javier Aparicio Maydeu
30 junio 2010



Durante la primavera de 1977 la mala salud obligó a Nabokov a sustituir el lujoso hotel Montreux Palace por una clínica de Lausana en la que seguiría escribiendo febrilmente The Original of Laura, la novela incompleta, trunca y póstuma que su hijo Dmitri decidió publicar contra la voluntad de su padre, que quiso que el pálido fuego de las llamas del olvido la quemaran, como quiso que ardiera Lolita. Alfred A. Knopf la publicó en Nueva York, en 2009, en una hermosísima edición facsímil de la que el lector puede extraer todas y cada una de las 138 fichas de archivador en las que Nabokov también escribió, como hizo con sus obras anteriores, esta novela in progress apenas si esbozada y aún por desarrollar (“Me gusta escribir mis cuentos y novelas en fichas, numerándolas luego cuando toda la serie está completa. Cada ficha es reescrita muchas veces. Aproximadamente tres fichas componen una página mecanografiada”; “la pauta de la cosa precede a la cosa. Lleno los claros del crucigrama en cualquier punto que se me ocurra elegir.  Esos trozos los escribo en fichas hasta que la novela está terminada”, Vladimir Nabokov, Opiniones contundentes); fichas manuscritas en anverso y reverso, corregidas, tachadas, borradas y reescritas hasta la saciedad y (des)ordenadas con arreglo al modo en que el autor de Ada o el ardor acostumbraba componer sus novelas, no linealmente, como pudiera creerse, sino en contrapunto, avanzando la redacción de los capítulos simultáneamente y pudiendo alterar el orden de la composición valiéndose de una elevada capacidad de maniobra.
El original de Laura y la edición facsimilar y bibliófila de Knopf, como de forma más modesta la de Anagrama, que reproduce sólo el anverso de las fichas, constituyen una insólita oportunidad de acceder al taller del novelista y a su proceso de creación, la elección de le mot juste, al avance y las contradicciones del diseño de la estructura misma de la novela, de por sí una experiencia sumamente gratificante para la inmensa mayoría de los lectores, que están acostumbrados a leer el producto final sin siquiera reparar en la existencia de un proceso previo de creación.
En realidad, el interés de la publicación de esta novela póstuma nabokoviana radica en lo anterior, en la posibilidad que se le brinda al lector de acceder al proceso creativo –sin duda espectacular en manos del cazamariposas ruso precisamente por su peculiar método compositivo en fichas de cartón pautadas para archivador– pues la novela en sí, apenas un borrador dubitativo, no permite un juicio crítico. ¿Qué tenemos? Piezas para armar, un puzzle cuya imagen se intuye pero no se ve aún, una joyita para fetichistas, bibliófilos, nabokovianos militantes y amantes de las vueltas de tuerca narrativas, o de los relatos otoñales (o, mejor, invernales) de autores míticos, un nuevo ejemplo de metaficción nabokoviana, en este caso una novela-dentro-de-la-novela con médico maduro, intelectualmente brillante y físicamente decepcionante,
el neurólogo Philip Wild, recreación del intelectual Albinus de Risa en la oscuridad, y esposa jovencita, casquivana y perversa, Flora, recreación de Lolita, uno de cuyos amantes, el supuesto narrador de la novela, escribe a su vez una novela à clef cuya trama es el affaire entre ambos y en la que ella se convierte en Laura “y el ‘yo’ del libro es un hombre de letras neurótico e indeciso que destruye a su amante en el acto mismo de retratarla”, un hombre de letras tan neurótico, piensa el lector del autor ruso, acostumbrado a sus guiños autobiográficos, como el propio Nabokov. Fragmentos de esta historia conviven en las fichitas con fragmentos de un extraño ensayo psicológico del doctor Wild acerca de la posibilidad de autoextinción o de autodisolución, ensayo excéntrico que habría que relacionar con el tópico del memento mori, de la previsión de la decadencia y de la muerte, en contrapunto con otros motivos sumamente nabokovianos, a saber, los ritos libertinos, la concupiscencia y la lujuria macerándose en el alcohol de la cotidianidad, el cosmopolitismo (del lenguaje de la novela tanto como de los amantes que transitan por sus páginas, uno de los cuales, Hubert H. Hubert, es innecesario advertir que le guiña un ojo al Humbert Humbert de Lolita), las referencias a los cuentos de hadas y al ajedrez, el galimatías de las instancias narrativas y los narradores no fiables, el empleo del lenguaje como una pirotecnia festiva (“mientras su bicicleta se bamboleaba en la niebla indeleble. También ella sabía mover las piezas, y le encantaba lo del peón que come en passant”), la mundanidad doméstica (“Estaba disfrutando de un petit-beurre con mi té del mediodía...”), la literatura señoreando el relato y el sexo señoreando la literatura. El universo de Nabokov encerrado en 138 fichas, apenas 45 páginas mecanografiadas que concluyen con una lista de sinónimos de “eliminar”, “suprimir”, “borrar”, “tachar”, “cancelar”, “anular”, “obliterar”, seguramente una referencia, sí, a la desaparición del individuo, a la muerte, pero tal vez un modo irónico de referirse, en cambio, al propio texto embrionario, ahogado en dudas y malbaratado por el bloqueo o por la falta, siempre ingrata, de creatividad.
Desengáñense, la verdadera última novela de Nabokov es y seguirá siendo ¡Mira los arlequines! (edición española en Cátedra), su testamento narrativo en forma de partida de ajedrez contra el lector y con las fichas de su propia obra. El original de Laura es un montón de fichas que contiene un arranque prometedor, el planteamiento de lo que podría haber sido una novela magistral (pero no sabremos nunca si lo hubiese sido) y frases deslumbrantes marca de la casa, pero también incontables dudas, párrafos a medio redactar, fragmentos de capítulos posteriores, borradores, meras notas inconexas sobre el papel y un mar de posibilidades textuales que la muerte del autor secó irremisiblemente. Lean el proyecto, disfruten del proceso creativo de un genio creador e imaginen lo que podría haber sido y no fue, pero no caigan en la tentación de confundir este monstruo in progress con una novela, y menos con una novela en fragmentos, como rezan las portadas de las ediciones. Fragmentos de novela, en todo caso. ~




lunes, 27 de junio de 2022

Amélica Nothomb y el lobo feroz

Amélie Nothomb

Amélie Nothomb y el lobo feroz

La narradora belga reescribe de manera brillante la fábula 'Barba Azul' de Charles Perrault



Ilustración de 'Barba Azul', de Gustave Doré
Se estrenó con Higiene del asesino (1992) introduciendo a un premio Nobel de literatura en una historia sombría, y ahora publica Barba Azulmetiendo a una astuta doncella y a otro asesino, este sumamente higiénico y muy distinguido, en otra historia sombría. En medio, una frenética trayectoria prolífera de historias marcadas por la excentricidad, los sagaces y brillantes diálogos de guionista del Hollywood de los cuarenta o cincuenta, y un exquisito combinado de misterio, fantasía y absurdo siempre con una guinda de talento en su interior. Cosmética del enemigo (2001) y su angustiosa lucha dialéctica entre el empresario Angust y el incordiante Textor Texel; Estupor y temblores (1999), su diatriba autobiográfica contra el enfermizo mundo empresarial japonés, todo un best seller internacional, o Una forma de vida (2010) y su combate literario entre una tal Amélie Nothomb y un soldado con el que se escribe mistificando las convenciones de la ficción, esto es, un combate entre el autor y su lector.

lunes, 13 de junio de 2022

Obras reunidas, de Lydia Sandgren, una trama fascinante



‘Obras reunidas’, una trama fascinante para pensar el arte

La primera novela de Lydia Sandgren, comparable a los ‘thrillers’ familiares de Siri Hustvedt, celebra por todo lo alto la ficción mientras desvela los entresijos de la creación artística


JAVIER APARICIO MAYDEU
12 MAY 2022 - 22:30 COT

Una ópera prima de tan largo aliento que se diría que alberga no solo el vestigio de los sucesivos estadios creativos de rigor, sino hipotéticas obras anteriores subsumidas en estas Obras reunidas tituladas con guasa por Lydia Sandgren, autora novel de 1987 que se las sabe todas y que, aupada por su dilatado bagaje de lecturas, es capaz de ver la literatura con mirada burlesca y desde la atalaya del campo literario, sin incurrir en la complacencia de la obra propia, tentación en la que tantos autores primerizos caen.

domingo, 25 de julio de 2021

Julian Barnes / Por amor al arte


Julian Barnes, visto por Sciammarella.

Por amor al arte

Julian Barnes despliega su virtuosismo en sus dos nuevos libros: una novela de educación sentimental y una colección de ensayos sobre pintores


JAVIER APARICIO MAYDEU
18 MAR 2019 - 05:25 COT

Dos nuevos libros del maestro Barnes. Sobre amor y sobre arte. Sobre amor al arte y sobre el arte del amor. La única historia es de amor, pero no es la única, sino la última historia de amor del autor. En Hablando del asunto exploraba las (in)fidelidades de la geometría emocional de un triángulo amoroso. Amor, etcétera lleva al límite el concepto entendido como un problema irresoluble. En ‘Higiene’, del ineludible volumen de relatos La mesa limón, Jackson viaja a menudo a Londres para comprarle a su santa unos polvos Elizabeth Arden y echarle unos polvos a Babs, su prostituta de cabecera; y tres relatos más versan sobre el amor: ‘El reestreno’, que recrea la última pasión de Turguénev; ‘La historia de Mats Israelson’, en la que Barnes se ocupa del amor constante más allá de la muerte de la mano de la anciana señora Lindwall, que ha vivido “dividida entre no amar a un hombre que lo merecía y amar a otro que no lo merecía”, y Jaula para frutas y su octogenario protagonista abandonando a su esposa por una mujer de 60 tras medio siglo de matrimonio. ‘Paréntesis’, de Una historia del mundo en diez capítulos y medio, discurre sobre amor, sexo y mentiras sin cintas de vídeo en el maravilloso mundo de la pareja. Amores platónicos y amores ovidianos, erotomanía y promiscuidad, adulterios, pasiones y compasiones, ilusiones y desalientos, el carpe diem del sexo y la nostalgia del sentimiento: Mr. Barnes, es usted un consumado coleccionista de trances eróticos.

viernes, 29 de enero de 2021

Joyce Carol Oates / Un libro de mártires americanos / Reseña


La corriente de la conciencia

Joyce Carol Oates pergeña un megalómano alegato contra la irracionalidad que envenena la sociedad en ‘Un libro de mártires americanos’


JAVIER APARICIO MAYDEU
23 OCT 2017 - 03:59 COT

La enigmática cubierta emulando a Hopper ya avanza la tensión y la ansiedad que recorren la nueva y radical novela de la sempiterna candidata al Nobel, que ha pergeñado un megalómano alegato contra la irracionalidad que envenena nuestra sociedad, consagrando su complejo estilo de múltiples registros a llevar a cabo una profunda reflexión sobre el aborto y la pena de muerte en los Estados Unidos, dos cuestiones que generan esa violencia que obsesionó a su admirado Norman Mailer y a otros narradores americanos como Don DeLillo o Cormac McCarthy, que tiñe de sangre la bandera americana y que tarde o temprano conduce a una forma de martirio sin redención. La enjuta y austera Joyce Carol Oates, que se ha ocupado bajo incontables pretextos narrativos de la falaz moral americana, escribe aquí sobre la muerte por aborto, por inyección letal o por ignominia y no abandona los conflictos entre padres, hijas y esposos, con frecuencia aderezados con un asesino, que arrastra desde Mamá, Infiel, La hija del sepulturero, Ave del Paraíso o Carthage.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Ted Chiang / El humanista de la deshumanización

 

Ted Chiang

Los 50 mejores libros de 2020

EXHALACIÓN


Ted Chiang, el humanista de la deshumanización

Los cuentos de 'Exhalación' son una profunda reflexión sobre asuntos como la ética de las máquinas, el libre albedrío o la fragilidad de la memoria


JAVIER APARICIO MAYDEU
18 SEP 2020 - 17:36 COT

Ted Chiang, el humanista de la deshumanización

"Nadie quiere pasarse la vida formulando preguntas y filtrando resultados”. No es cierto. Ted Chiang sí, y es lo que hace en sus cuentos, cercanos a la especulación y la conjetura, dispuesto a lanzar hipótesis y consignar los corolarios que se desprenden de las sugestivas propuestas que ofrece su mente. Al aclamado autor e informático neoyorquino le interesa abordar los conflictos éticos y etológicos que se desprenden de la relación entre el hombre y la máquina, no a la manera de los textos agoreros como el alarmista Yo, robot, de Asimov, o 2001. Una odisea del espacio, de Arthur C. Clarke, y su rebelde computadora Hal, sino desde la serena óptica del científico que no pretende desarrollar un drama distópico, sino plantear su contingencia a la vez que reflexionar sobre la forma en que alteraría el orden natural de las cosas.

jueves, 27 de agosto de 2020

La ciudad como protagonista literaria







Vista de Roma con el monumento a Víctor Manuel II, en la plaza de Venecia, al fondo a la izquierda.
Vista de Roma con el monumento a Víctor Manuel II, en la plaza de Venecia, al fondo a la izquierda.  GETTY IMAGES

La ciudad como protagonista literaria

Los paisajes urbanos evocan los recuerdos y sostienen una trama. Cuatro escritores llevan de viaje al lector por los escenarios de Nápoles, Roma y Marsella


Javier Aparicio Maydeu
31 de julio de 2020

Manhattan Transfer es la sinfonía que John Dos Passos le compuso a Nueva York humanizando esos desolados espacios urbanos que retrató Berenice Abbott. También el Ulises, de James Joyce, es una guía lingüística de Dublín, y Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin, una guía etológica de Berlín, y El zafarrancho aquel de Via Merulana, de Carlo Emilio Gadda, la guía guiñolesca de Roma. Entre La hierba de las noches y En el café de la juventud perdida, con su topografía urbana, sus plazas, bulevares, cafés de barrio y estaciones de metro, Patrick Modiano construye un plano de París por el que merodean sus personajes cuando salen de incógnito de inmuebles como el que Georges Perec reveló en La vida instrucciones de uso, convirtiendo por sinécdoque un edificio en un mundo.

sábado, 25 de mayo de 2019

Haruki Murakami / Retrato del artista evanescente


Haruki Murakami
Ilustración de John Springs

Haruki Murakami

Retrato del artista evanescente

Haruki Murakami aborda los secretos de la creación en el primer volumen de 'La muerte del comendador', una novela escrita con un estilo más sobrio de lo habitual


JAVIER APARICIO MAYDEU
15 OCT 2018 - 03:22 COT




El escritor Haruki Murakami
El escritor Haruki Murakami TUSQUETS

Paul Auster publicó en 2005 Brooklyn Follies y volvió a triunfar. Era una novela y era además una novela de Paul Auster. Al año siguiente publicó Viajes por el Scriptorium y no triunfó. No estaba claro que fuera una novela, y menos aún que fuera de Paul Auster. Se le castigó por su legítimo atrevimiento de darle un golpe de timón a su singladura y disfrazar de novela una alegoría de la creación.
La mañana del 20 de marzo de 1995, Tokio se despertó de su sueño de monotonía urbana con gas sarín amenazando vidas en el metro de la ciudad. Haruki Murakami abandonó sus idiosincráticas fantasías de lo cotidiano y atmósferas oníricas no para novelar el atentado, sino para analizarlo como investigador en esa sinfonía social y policial titulada Underground (1997), que constituyó un punto de inflexión en la peregrinación del chico de Kioto hacia la manumisión de esa fórmula mágica que representó Tokio Blues (1987) y hacia la conquista de su libertad creativa. No triunfó, pero el análisis que llevó a cabo de su país es soberbio. Era Murakami, pero no parecía un Murakami. Una vez más, y en contra de la lógica del sistema, el autor pudo más que su marca.

domingo, 8 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro / Una literatura del desconcierto

Kazuo Ishiguro
Poster de T.A.

Kazuo Ishiguro

Una literatura del desconcierto

Ishiguro entiende la escritura a la vieja usanza, con textos para ser leídos, con miles de lectores, traducido hasta la saciedad y respetado en la sociedad literaria


JAVIER APARICIO MAYDEU
5 OCT 2017 - 16:10 COT



Ishiguro, visto por Agustín Sciammarella.
Ishiguro, visto por Agustín Sciammarella.


El Nobel distingue este año a un autor que es escritor de literatura entendida a la vieja usanza, de textos para ser leídos, con miles de lectores, traducido hasta la saciedad y respetado en la sociedad literaria, enemigo de tendencias y contrario a consignas y excipientes, capaz de darle a sus editores lo que quiere que sus lectores lean y no lo que le dicen que sus lectores quieren leer. Y, en efecto, no es que Kazuo Ishiguro no siga las tendencias, ocurre que las sigue a destiempo, las elige cuando no están vigentes y las restituye. Seguramente porque no le interesan como moda, sino como técnica.

viernes, 6 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro / El gigante enterrado / Reseña









El rey Juan I de Bohemia, en la batalla de Crécy de la guerra de los Cien Años.
El rey Juan I de Bohemia, en la batalla de Crécy de la guerra de los Cien Años. CORDON PRESS

Kazuo Ishiguro

EL GIGANTE ENTERRADO


En el laboratorio de géneros

Kazuo Ishiguro firma un exitoso experimento de novela histórica en la Inglaterra medieval


JAVIER APARICIO MAYDEU
15 NOV 2016 - 18:02 COT

No es que Ishiguro no siga las tendencias, ocurre que las sigue a destiempo, las elige cuando no están vigentes y las restituye. Ah, y, a la vieja usanza, es él, el autor, el que va a buscarlas, no permite que ellas, las tendencias, lo vengan a buscar a él. Seguramente porque no le interesan como moda, sino como técnica. No las necesita como autor para abrirse camino, y en cambio sí las precisan sus mundos ficcionales, que saltan en el tiempo, el espacio y el género como átomos de talento moviéndose en una molécula de creación. Ishiguro es, valga la ironía, un verdadero artista del mundo flotante de las tendencias. O de los nichos, o de los géneros, o de las formas. No gusta de fórmulas mágicas, prefiere el riesgo de la discontinuidad, también el de la discontinuidad temporal, pues se cumple una década desde su última novela, Nunca me abandones (2005). Vista la fertilidad de los narradores hoy día, Ishiguro no es precisamente prolífico, y tal vez esto le honre o se gane así un respeto que ya tiene, si bien es preciso admitir que el tiempo no parece ser un indicador fiable, a juzgar por Kafka componiendo una obra maestra como La metamorfosis en 15 días (y por muchos otros dedicando años a lograr un bodrio magnífico).

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Emmanuel Carrère, el perturbador


Emmanuel Carrère

Carrère, el perturbador

El escritor logra crear inquietud en el lector en su primera novela, 'El bigote', recuperada ahora


JAVIER APARICIO MAYDEU
10 SEP 2014 - 13:03 COT



La sombra de una patología casi siempre oscurece los relatos de Carrère, un perturbador profesional que parece haber leído muy bien a Kafka porque saca sobrado provecho de la vida cotidiana para cimentar en ella los edificios de desasosiego y de angustia que acaba levantando. Desde El adversario (1999), la historia de la vida ficticia de Jean-Claude Romand y de su truculento final, y con Una novela rusa (2007) optó por una suerte de novela de no ficción cercana al reportaje o la crónica novelada, en la línea de Truman Capote en A sangre fría, convencido como estaba de que la novela no tiene por qué verse asociada por defecto a la imaginación, a la ficción, un criterio ciertamente interesante a estas alturas de la película, cuando “novela” ya es todo aquello que se lee como tal.

martes, 1 de agosto de 2017

Sam Shepard / Retrato del escritor rockero que quería ser actor


Sam Shepard

Sam Shepard

Retrato del escritor rockero 

que quería ser actor


BIOGRAFÍA

Javier Aparicio Maydeu
10 JUL 2004

SAM SHEPARD (Illinois, 1942) es uno de esos casos de genio natural. Nacido en una base militar, estuvo dando tumbos por distintos Estados, islas del Pacífico y aldeas californianas, de ahí que suscribiera con entusiasmo juvenil las enseñanzas de Jack Kerouac. Su padre fue piloto militar, cultivador de aguacates y alcohólico empedernido, y la relación hostil entre ambos marcó a Shepard de tal modo que acabó siendo uno de sus temas literarios favoritos, como el magnetismo por los paisajes -una suerte de agorafilia balsámica- o la rebelión de sus personajes contra el sentido de la autoridad. En los sesenta aún no sabía si sería escritor o estrella del rock, vivió en Greenwich Village como portero de clubes de jazz, escritor de juguetes dramáticos y relatos destartalados, hasta que el off-off Broadway lo acogió en su seno convirtiéndolo en un dramaturgo de culto, apadrinado por Edward Albee, el autor de ¿Quién teme a Virginia Woolf?Deportista, batería de rock, colaborador de Dylan, de los Rollings y de su esposa y musa Patti Smith, fue hippy militante, adoró a Pirandello, Alan Ginsberg y a Pollock, frecuentó las drogas, se convirtió en guionista y actor de Hollywood -Altman o Ridley Scott pero también Schlöndorff- y ganó el Pulitzer como digno heredero de Tennessee Williams, escribiendo clásicos del teatro contemporáneo como su Trilogía familiar -La maldición de la clase hambrienta (1976), Niño enterrado (1978) y Oeste verdadero (1980)- dramatizando una América sombría que recorre asimismo sus relatos. Su imaginario se surte de mitos populares, inspirándose en el cine y la publicidad, y su foto de cowboy en la portada de Neewsweek, en 1985, convirtió en mito a este artista siempre adolescente y escritor excepcional.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de julio de 2004
EL PAÍS


lunes, 7 de noviembre de 2016

Un flash en la oscuridad


Toni Morrison con Oprah


Un flash en la oscuridad

EE UU puede leer hoy con más oferta y más frecuencia cómo la América afroamericana narra América


Javier Aparicio Maydeu
Barcelona, 17 de noviembre de 2016

Luster era el pobre chico negro que cuidaba de Benjy en El ruido y la furia de Faulkner, la cuota de condescendencia racial en un mundo blanco. Y Carson McCullers lloraba la opresión de los afroamericanos.


Hoy, más allá de las dos grandes divas, Mrs. Oprah y su poder mediático (que, por cierto, el canónico blanco, modélico y apuesto Jonathan Franzen evitó en su día), y Mrs. Toni Morrison, su aplaudido Nobel de 1993 y sus novelas sobre la problemática de la población negra desde la perspectiva de la mujer, con Beloved (Pulitzer en 1988) tal vez de mascarón de proa, la cultura literaria afroamericana en los EEUU sigue en la periferia y desde luego no en el centro, que fue tomado hace décadas por la narrativa blanca judía, y que constituyó (con la excepción de un wasp llamado Updike) el mainstream de los sesenta a los noventa de la mano de Saul Bellow, Bernard Malamud, Norman Mailer o Philip Roth. Esclavitud, orgullo, supervivencia y dolor forman un políptico de la reivindicación de una raza y sus derechos que se estudia en las universidades de un país en conflicto constante con sus minorías, temeroso de que el canon reciba visitas inoportunas y a la vez, todavía, obligado a que esas minorías tengan su reconocimiento, con excesiva frecuencia, en el mundo académico, más (de)pendiente de tranquilizar conciencias políticas de que ejercer justicias estéticas. La African American Fiction figura en miles de planes docentes, da sentido a incontables investigadores de lo poscolonial, tiene derecho a un capítulo propio al final de los manuales, historias y companions de la narrativa norteamericana contemporánea (The American Fiction after 1945 de Cambridge University Press, por ejemplo) y, muy de vez en cuando, puede asomarse y ver el centro desde su periferia endémica. Las estrategias de captación de talento de la gran industria editorial de Nueva York, de los creative writing workshops y de los medios están globalizándose, pero sin traicionar sus jerarquías.
Ta-Nehisi Coates, escritor y periodista de la revista The Atlantic, ganó el National Book Award 2015 de no ficción con Entre el mundo y yo, un ensayo epistolar sobre la genuina sociedad americana más allá de barras y estrellas, y Colson Whitehead ha ganado este año con The Underground Railroad, la historia de la esclava Cora en una plantación de algodón de Georgia, su fuga necesaria y la distopía racial a la que se enfrenta en una América que ya presiente la Guerra Civil. América, como los EEUU se llaman a sí mismos, puede leer hoy con más oferta y más frecuencia cómo la América afroamericana narra América. Y es posible acercarse a la Guerra Civil, al Renacimiento de Harlem de la década de los veinte, al Movimiento por los Derechos Civiles o a Vietnam desde el lado contrario, como quiso que fuera posible Clint Eastwood con su díptico cinematográfico sobre Iwo Jima. Con todo, la narrativa afroamericana sigue siendo minoritaria, y la Feminist fiction o la Latino Asian American Fiction no van a la zaga, corren a la misma velocidad. Luster ha ganado dinero y ha salido en la foto oficial, pero sigue cuidando de Benjy…

jueves, 27 de octubre de 2016

John Hawkes / La pata del escarabajo / Reseña

John Hawkes

La pata del escarabajo


JAVIER APARICIO MAYDEU 15 OCT 2011


Narrativa. ¡Albricias! Tenemos sobre la mesa una estupenda traducción de La pata del escarabajo (1951), una novela realmente significativa de John Hawkes, tal vez uno de los representantes más modélicos de la narrativa posmoderna norteamericana, con Pynchon y Barth. Hawkes no ha tenido la fortuna editorial de sus colegas, pero resulta esencial para entender muchos de los fenómenos que, nacidos en los laboratorios de la narrativa made in USA, alteraron la ficción contemporánea: la manipulación de las convenciones genéricas (Hawkes contamina y refunde géneros como el western, la novela negra o el relato bélico), la irrupción del absurdo surrealista, la alegoría metafísica en la novela o la impertinente insistencia en que el tema, la trama y otras condiciones de la narración no son más que lastres que la tradición ha impuesto. En los años de la renovación de los lenguajes formales de la narrativa, los años del nouveau roman, del movimientobeat y de los primeros hallazgos de la posmodernidad pynchoniana, entrópica y no referencial, Hawkes, el autor de El caníbal (1949), tiene mucho peso. Ensaya espléndidas mostruosidades narrativas que tienen que ver con la crisis de valores de la posguerra mundial, el ascenso desbocado de la paranoia y de un clima psicótico que su obra refleja con desasosegante nitidez; invoca la autoridad de los surrealistas franceses y de su arte degenerado a la vez que reconoce la influencia que Viaje al fondo de la noche de Céline tiene sobre su obra. Y La pata del escarabajo, suerte de western de la devastación moral, trufado de recovecos anímicos, de atractiva ambigüedad, de un paisaje góticosumamente extraño, visionario, fuertemente onírico, esencialmente mental, en algún sentido cercano a los universos de Gracq o de Buzzati. Con una muerte violenta en el eje de la novela, que fluye a través de un río textual de degradación y de sentido grotesco, los personajes proscritos y marginados de La pata del escarabajo danzan la danza del anacronismo y de la frustración alrededor de la presa de Mistletoe, convertida en metáfora funesta de un mundo real pero tan difícil de aceptar que prefiere el lector pensar que tal vez no es verdadero. Hawkes merece muchos y muy buenos lectores, y esta novela es una espléndida manera de convencerlos.

La pata del escarabajo
John Hawkes
Traducción de Jon Bilbao
Meettok. San Sebastián, 2011
229 páginas.
EL PAÍS