Calles en las que se respira libertad y buen vivir; para recorrerlas, principalmente, a pie o pedaleando; en las que se ve la huella de los emprendedores locales y que resumen de diferentes maneras el espíritu de las ciudades en las que están. Calles con vistas, como Dom Pedro V de Lisboa, que desemboca en el mejor mirador de la ciudad. O una calle marcada por un pórtico barroco y en la que se pisa suelo empedrado, como la del Conde Duque de Madrid. O, en Barcelona, la pequeña y estrecha calle Flassaders, que introduce al visitante en la atmósfera de tiendecitas del barrio del Born. O, en Viena, una colina, con la calle Spittelberg como eje, donde se celebra el mercadillo navideño más famoso de la capital austriaca. Y una calle londinense, Chiltern, en la que los comerciantes han logrado vetar a las grandes cadenas en favor de los pequeños negocios originales y artesanales. Diez paseos para ir de compras, ver exposiciones en las galerías o sentarse en una terraza leyendo un libro o conversando. La celebración de un relajado modo de vida genuinamente europeo.
Pocas joyas quedan por descubrir en el centro de Londres, los buscadores de tendencias hace ya tiempo que dirigen sus pasos hacia barrios cada vez más periféricos. Pero hay excepciones. Y Chiltern Street es una de ellas. Esta calle de impresionantes edificios neogóticos victorianos de ladrillo rojo es un remanso de paz en medio del barrio de Marylebone y aloja algunos de los comercios más exclusivos de la ciudad. Una calle elegante, sin ostentación, con una selección cuidada y cosmopolita, a la que las grandes cadenas internacionales de tiendas tienen la entrada vedada.