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viernes, 24 de noviembre de 2023

Oscar Colorado Nates / Fotografía de calle




© Joel Meyerowitz


FOTOGRAFÍA DE CALLE: DOSSIER ESPECIAL


Abordada por algunos de los más grandes maestros, la  calle es uno de los espacios fundamentales para la creación fotográfica.

Por Óscar Colorado Nates *
30 de noviembre de 2013


bryn_campbell
© Bryn Campbell

La fotografía de calle es un género que ha sido integral durante la mayor parte del siglo XX y que pasa por un momento de transición en el nuevo milenio.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Enrique Vila-Matas / Explícame a Duras


La escritora Marguerite Duras.Marguerite Duras / Foto de Robert Doisneau

Explícame a Duras

'Las diez y media de una noche de verano' sigue siendo, sesenta años después, una novela extraña, aunque ya solo fuera porque transcurría en un enclave aragonés



Enrique Vila-Matas
6 de julio de 2020

El 7 de julio de 1960 —sí, san Fermín—, hace exactamente sesenta años, aparecía en Gallimard la novela Las diez y media de una noche de verano (Dix heures et demie du soir en été), de Marguerite Duras. Novela extraña, aunque ya solo fuera porque transcurría en un enclave aragonés. En circunstancias distintas a las de este año, habría podido organizarse hasta un ferrocarril —una especie de Transiberiano en miniatura, digamos que un Transdurasiano—, que saliera de Zaragoza y entrara en Pamplona en plenas fiestas para celebrar allí los sesenta años exactos del libro.

martes, 15 de julio de 2014

Triunfo Arciniegas / Robert Doisneau en el Palacio de Bellas Artes

Beso embriagador
París, 1950
Fotografía de Robert Doisneau
Robert Doisneau en el Palacio de Bellas Artes
Ciudad de México
11 de abril - 29 de julio de 2014


Robert Doisneau es uno de los fotógrafos callejeros más famosos del mundo. "El beso" (Le Baiser de I´Hotel de Ville, 1950) es una foto callejera precisamente: una pareja que se besa entre la multitud, frente al Hotel de Ville, en París. Esta foto, reproducida innumerables veces, y otras 78 conforman la exposición denominada "La belleza de la cotidiano": los primeros 44 años del trabajo de Robert Doisneau. 


La exposición (en las salas Justino Fernández y Paul Westheim del Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México) se inauguró el pasado 11 de abril y va hasta el próximo 29 de julio. De martes a domingo, entre las 10:00 y las 18:00 horas.

Las hijas del fotógrafo, Francine Deroudille y Annette Doisneau, hicieron la selección entre más de 450 mil negativos. Tímido y discreto, autodidacta, alguna vez fotógrafo de la Renault, que terminó expulsándolo debido a sus numerosas ausencias, Robert Doisneau conformó una sólida y prolífica obra: niños, enamorados, celebridades y modelos fueron inmortalizados por su lente. 

París fue su universo, un Paris desaparecido. La arquitectura en parte se mantiene pero la manera de vivir ya es otra. Robert Doisneau es una maravillosa memoria, una visión. Dijo alguna vez: “Yo no fotografío el mundo tal como es, sino tal como me gustaría que fuera. Toda mi vida me divertí, fabriqué mi propio pequeño teatro”.

El testimonio no fue su propósito. No había premeditación. "La luz de la mañana me ponía en marcha, nada que ver con la razón", explicó. Y ahí, quedan para siempre, gracias a su ojo prodigioso, "el París de las gorras y los sombreros hongo, el París rebelde, el París humillado, el París beato y burgués, el París de las putas, , pero también el París secreto y el París de las barricadas, el París ebrio de alegría..."

Triunfo Arciniegas 
Ciudad de México, 13 de julio de 2014



ROBERT DOISNEAU






El sueño en color de Robert Doisneau

Robert Doisneau

El sueño en color de Robert Doisneau

Las imágenes del viaje a EE UU del fotógrafo descubren su lado más irónico

Las hijas del autor de la icónica ‘El beso’ difunden el legado oculto de su padre



Imagen de la serie 'Palm Springs'. / ROBERT DOISNEAU /ATELIER ROBERT DOISNEAUGuardar
El sueño americano de Robert Doisneau es en color, o mejor dicho, en esos tonos pastel del desierto californiano que muchas veces ni parecen verdaderos colores. El célebre fotógrafo de El beso, el hombre que fijó con su cámara el retrato romántico de un París en eterno blanco y negro, convirtió su serie Palm springs en un viaje insólito en el que su mirada (melancólica y amable en casa) se tornó irónica y afilada en el extranjero. La exposición Robert Doisneau. From craft to art. Palm springs, 1960—cuya última parada está siendo en el Centro de Arte de Campredon de Francia— recoge este trabajo menos popular del fotógrafo (nacido en 1912 en un suburbio de la capital francesa y fallecido en 1994) y lo incluye en un recorrido que también cuenta con un centenar de fotografías en blanco y negro (la mayoría poco difundidas) y documentación personal facilitada por sus dos hijas.
“Al final de su vida mi padre decía que si hubiera tenido la posibilidad de volver a hacerlo todo, lo hubiese hecho en color”, afirma Francine Déroudille, quien junto a su hermana Anette trabaja desde hace años en la divulgación e investigación del legado fotográfico de su padre. “Supongo que lo decía en broma, pero aun así, creo que su imagen del fotógrafo del blanco y negro está lejos de la realidad. Si trabajó en ese formato fue principalmente por razones prácticas. La fotografía en color era carísima y además, no se conocía bien su longevidad. Curiosamente, hoy tenemos que proceder a la restauración de las diapositivas cada vez que queremos utilizar una imagen suya en color, así que en el fondo sus preocupaciones estaban más que justificadas”.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Los grandes de la fotografía se desnudan


Rumanía, 1968
Fotografía de Josef Koudelka

Los grandes de la fotografía se desnudan

De Cartier-Bresson a William Klein, Helmut Newton, Josef Koudelka o John Baldessari, las leyendas de la cámara revelan los secretos sobre su obra


ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS
4 DIC 2011 - 07:45 COT



Helmut Newton fotografía a una modelo mientras le observa su esposa, Alice Springs.
Helmut Newton fotografía a una modelo mientras le observa su esposa, Alice Springs.HELMUT NEWTON

Para Cartier-Bresson solo contaban los instantes, el resto se desvanece. El mesías del fotorreportaje, fallecido en 2004 a los 95 años, nunca buscó "la gran foto", solo la encontró. "Robamos para luego dar", confiesa un hombre que se define a sí mismo como un artesano de su oficio al servicio del único Dios de la cámara: el tiempo. Para la mayoría de los 33 maestros de la fotografía autorretratados en la serie documental ideada por William Klein Contactos -producida por el canal Arte y el Centro Nacional de la Fotografía francesa y editada ahora en España por Intermedio- el tiempo es mucho más que un reloj que marca las horas.
La obsesión es común a todos ellos. El tiempo y la memoria es la presa que la mayoría de los fotógrafos, ya sean documentalistas, poetas o artistas, necesitan cazar. Lo explican con su voz en off en las piezas de 13 minutos que discurren sobre el fondo de sus propias imágenes. De Cartier-Bresson al propio Klein, a Raymond Depardon, Josef Koudelka, Robert Doisneau, Elliot Erwitt, Helmut Newton, Sophie Calle, Nan Goldin, Nobuyoshi Araki, Hiroshi Sugimoto, Jeff Wall, John Baldessari, Bernd y Hilla Becher, Andreas Gursky o Martin Parr. Dividida en tres bloques (La gran tradición del fotorreportaje, La renovación de la fotografía contemporánea y La fotografía conceptual), la serie rastrea el latido creativo de hombres y mujeres que prefirieron mirar el mundo desde el objetivo de su cámara.
Cartier-Bresson era así de claro: "Si lo pienso, no sale". Tampoco le gustaba el retrato (pese a que fue célebre retratista de Camus, Matisse o Beckett, entre otros muchos); le exigía más rigor que cualquier otra disciplina. "El entorno", solía decir, "me importa tanto como el propio rostro".
William Klein, ideólogo de estas confesiones, recorre las ciudades de sus fotolibros -Nueva York, Tokio...- para afirmar que lo suyo es "una descarga de energía sensual y violenta" o que "el azar hace una foto". Lejos de ese golpe de calle, su compatriota Duane Michaels reivindica la verdad de los sueños: "Fotografiar la realidad es fotografiar la nada, lo esencial no está en la calle sino en las grandes emociones".
Testigos de la historia como el checo Koudelka (que se niega a explicarse a sí mismo, "no sé hablar, no me interesan las palabras") o testigos de la intimidad como Helmut Newton, el mirón entre los mirones, que señala como una de sus sesiones favoritas una que recoge la presencia cómplice y burlona de su esposa y colega, Alice Springs, mientras él fotografía a una modelo desnuda. "Siempre digo que a los hijos hay que matarlos", dice este maestro del erotismo. "Si una foto es fea, la mato. No tiene sentido defenderla. La gente joven cuida demasiado a sus bebés".
Lejos de los mandamientos del fotoperiodismo o del humor de Newton, la francesa Sophie Calle se espía a sí misma a través de los demás, el californiano Baldessari busca en la televisión, el cine y la basura imágenes fugaces mientras el japonés Araki hace recuento de una vida dedicado a las epifanías sobre su pasado y su futuro. "Cuando empecé reinaba el fotógrafo de Magnum y su objetividad. Había que negar los sentimientos propios. Mi camino era muy distinto. Me fotografiaba a mí mismo y lo que me rodeaba. Por eso fotografié mi luna de miel. Luego, mi mujer murió y aquellas fotografías cobraron una nueva dimensión: eran un presentimiento de su propia muerte". Curiosamente, el tipo que se hizo famoso por fotografiar pubis y pechos de centenares de japonesas, cree que la fotografía más dramática de su vida es la más pudorosa: solo se ven su mano y la de su mujer agarradas en su última despedida. Un desgarro muy distinto al vivido en los márgenes de la sociedad (donde la identidad sexual, las drogas y el sida trazaron un trágico destino) por la frágil Nan Goldin: "Cuando empecé quería conservar las huellas de la verdadera vida y la cámara era mi memoria... Finalmente, creo que mi obra es sobre el dolor y la dificultad de sobrevivir".
Pero quizá sea otro japonés, Hiroshi Sugimoto, quien vaya más lejos en la infatigable búsqueda del tiempo y de la memoria. La finura de su serie sobre viejas salas de cine resulta ser una espiritual reflexión del vacío. "Demasiada información nos conduce a la nada", dice él. En los tiempos de la sobreinformación y del infinito carrete digital, la frase resulta premonitoria. Lo único importante sigue siendo dar con el instante.

domingo, 4 de julio de 2010

Robert Doisneu / En blanco y negro





Robert Doisneau
EN BLANCO Y NEGRO

La obra de “Robert Doisneau, el pescador de imágenes”, puede verse por primera vez en España, concretamente, en Zaragoza, en el Espacio para el Arte de Obra Social Caja Madrid, desde el 8 de junio al 27 de julio. Y del 7 de septiembre al 3 de noviembre, en Aranjez. Se trata de 70 fotografías de este fotógrafo que supo detener instantes irrepetibles de la vida cotidiana en ciudades y pueblos franceses. Sus fotografías, en blanco y negro, plasman la identidad de los franceses en el siglo pasado.

El beso del Ayuntamiento

La exposición recoge imágenes del París de los años 50, entre las que se encuentra la famosa instantánea “Le baiser de l’Hôtel de Ville” (conocida popularmente como “El beso del Ayuntamiento”), reproducida miles de veces en postales y revistas. La fotografía muestra, de forma misteriosa, una pareja besándose frente al Ayuntamiento de París. Muchos pensaron que era una fotografía espontánea que el autor había tomado en las calles parisinas. Sin embargo, años después se supo que la pareja estaba formada por los estudiantes de arte dramático, Françoise Bornet y Jacques Carteaud. El artista que les haría anónimamente famosos les descubrió en un café parisiense y ambos aceptaron posar delante de su objetivo dándose un apasionado beso en mitad del tumulto de la ciudad. Convertida en un icono reconocido en todo el planeta, la fotografía fue subastada por su protagonista, adjudicada en 155.000 euros. Doisneau inmortaliza ese beso y fotografía a grandes estrellas y a gente corriente. Su obra muestra las excentricidades de las calles parisienses en una época en que la ciudad parecía un continuo escenario de comedia, melodrama, tragedia y farsa. Por primera vez en España, se puede ver el vídeo “Robert Doisneau. Simplemente Doisneau”, que muestra más de 700 imágenes comentadas por el propio autor.

Jacques Prevert

Robert Doisneau (1912-1994), era un tipo tímido que se levantaba muy temprano y recorría París para sorprender las imágenes furtivas de la calle, escenas inesperadas, convirtiéndose así en uno de los fotoperiodistas más prolíficos y populares de Francia. Es conocido por sus imágenes de divertidas yuxtaposiciones, en las que mezcla clases sociales y muestra las excentricidades de las calles parisinas de mediados del siglo XX. Su carrera empezó a despuntar en 1934, en la factoría de Renault, donde trabajaba como fotógrafo industrial y de publicidad. En 1939, se alistó y colaboró con la Resistencia Francesa. Y, durante meses, fotografió la ocupación y la liberación de París. Poco después ingresó como reportero gráfico en la agencia parisina Rapho, y las revistas Life y Vogue no tardaron en descubrir su talento y rendirse ante su conmovedora visión de París.


Doisneau fue uno de los grandes maestros de la conocida “escuela humanista”, caracterizada por los fotógrafos que, tras la Segunda Guerra Mundial, se empeñaron en mostrar al mundo el lado positivo del ser humano. Sus imágenes le convierten en el fotógrafo de la vida cotidiana y de la gente corriente. Los protagonistas de sus fotografías podían ser un lector anónimo, una señora frente a un escaparate, el andén de una estación, la esquina de una calle o un perro. Sin embargo, también supo codearse con los grandes de su época, y entre sus imágenes más conocidas no faltan retratos de Pablo Picasso, Simone de Beauvoir, o Giacometti, entre otros. 


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Nacido en Gentilly, cerca de París, el 14 de abril de 1912, Robert Doisneau, pasa su niñez y adolescencia en un suburbio parisiense. Comienza a realizar sus primeras fotografías, aprendiendo de forma autodidacta y leyendo las instrucciones de las cajas de emulsión para revelar. A los 13 años, ingresa en una escuela de artes y oficios, donde es formado como grabador y litógrafo, oficio en decadencia que Doisneau consideraba poco creativo. Para compensar esa falta de estímulo, a los 17 años comienza a realizar sus primeras fotos con una cámara prestada. En ellas ya se evidencia su talento.


Poco después, es admitido en el Atelier Ullmann, dedicado a la publicidad de productos farmacéuticos. Y comienza a trabajar en un estudio fotográfico, que compra al morir su dueño. En 1931 trabaja con el artista André Vigneau, quien le introduce en el mundo de la fotografía como arte. Y labora, como fotógrafo industrial y de publicidad, en la factoría de Renault de Billancourt, hasta que es despedido por sus repetidas ausencias. Según sus palabras, “desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo”. De los objetos inanimados pasa a las fotografías de gente en París y Gentilly.


Muy pronto, Doisneau se afilia a la Conféderation Général du Travail (CGT) y se relaciona con el Parti Comuniste Français Tras un breve paso por la agencia Rapho (Rado Photo), al estallar la II Guerra Munidal, es llamado a filas pero, con la ocupación de Francia por los nazis, vuelve a la vida civil y colabora con la Resistencia, falsificando pasaportes, permisos de trabajo, documentos para judíos, además de registrar la ocupación alemana. Son tiempos penosos en los que realiza fotografías de científicos por encargo y no deja de retratar la ocupación de París, documentando, en agosto de 1944, la liberación. Es contratado por la agencia ADEP y trabaja junto con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, reflejando la alegría y la jovialidad de la ciudad de París tras la desgracia.

Picasso

Desde 1945, colabora con Le Point y se integra de por vida en la agencia Rapho, retratando, entre otros, a Pablo Picasso. “Mi foto –declara– es la del mundo tal y como deseo que sea”. Recorre, siempre con su cámara, Montparnasse y Saint-Germain-des-Prés donde se encuentra con Jean Paul Sartre, Albert Camus y Jean Cocteau entre otros. Es su modo de escapar del mundo artificial de “Vogue”. Recorre toda Francia y Estados Unidos con gran éxito, y se le abren las puertas en el extranjero. En 1951, expone en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Los años sesenta no son buenos para el fotoperiodismo o, al menos, para el reportaje humanista. Doisneau se gana la vida como fotógrafo comercial y publicitario, pero también experimenta con la fotografía periférica y desarrolla una cámara especial para fotografiar objetos cilíndricos o esféricos. En 1979, Claude Nori lo rescate, publicando una retrospectiva de su obra en “Tres segundos de eternidad”. En la década de 1980, recorre Asia, con exposiciones multitudinarias en Pekín, Tokio y Kioto, además de en Roma y en el Museo de Arte Moderno de Oxford.


Robert Doisneau

En los últimos diez años de su vida, se produce un resurgimiento del interés del público por el reportaje humanista, por la forma sensible de ver la vida. El estilo de Doisneau comienza a ser revalorizado. “Su obra –íntima, sincera y humanista– se gana la aclamación mundial y lo convierte en uno de los artistas más admirados y apreciados de la historia de la fotografía”. Son sesenta y un años de trabajo artístico, desde el 25 de septiembre de 1932, hasta el 25 de septiembre de 1993, en que toma la última foto. Seis meses más tarde, muere, a la edad de 81 años. Al fotógrafo se le han dedicado más de un centenar de libros y varias películas. Del cartel de El beso se han vendido más de 500.000 ejemplares en todo el mundo.


Sus fotografías en blanco y negro plasman la identidad de los franceses en una Francia de la que, en mi juventud, me enamoré. Robet pasó su niñez y adolescencia en un suburbio de París. La muerte de su madre en 1919, cuando tenía apenas 7 años de edad, y la precaria situación económica que padeció con posterioridad, tal como lo señalan sus biógrafos “seguramente fueron golpes muy duros para la frágil personalidad de un niño”. Sus fotografías de niños, como las que siguen, son tiernas, espontáneas y divertidas.













Nacido en Gentilly, cerca de París, 14 de abril de 1912, Robert Doisneau comienza a realizar sus primeras fotografías aprendiendo de forma autodidacta y leyendo las instrucciones de las cajas de emulsión para revelar. A los 13 años ingresa en una escuela de artes y oficios, donde es formado como grabador y litógrafo. A los 17 años comienza a realizar sus primeras fotos con una cámara prestada. En ellas ya se evidencia su talento. En 1931, el artista André Vigneau le introduce en el mundo de la fotografía como arte. Y labora, como fotógrafo industrial y de publicidad, en la factoría de Renault de Billancourt hasta que despedido por sus repetidas ausencias. Según sus palabras, “desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo”. Participa como soldado alistado en la Resistencia Francesa durante la II Guerra Mundial. Terminada la guerra, es contratado por la agencia ADEP y trabaja junto con Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, reflejando la alegría y la jovialidad de la ciudad de París tras la desgracia. “Mi foto –declara– es la del mundo tal y como deseo que sea”. Recorre, siempre con su cámara, Montparnasse y Saint-Germain-des-Prés donde se encuentra con Jean Paul Sartre, Albert Camus, Jean Cocteau... En 1950, busca material para cumplir con un encargo de la revista estadounidense, “America´s Life”, interesada en los enamorados de París. De ahí saldrá la serie “Besos” y su obra más significativa: El beso del Hôtel de Ville. Recorre toda Francia y Estados Unidos con gran éxito. En la década de 1980 recorre Asia, con exposiciones multitudinarias en Pekín, Tokio, Kioto, Roma, Oxford… Su obra –íntima, sincera y humanista–lo convierte en uno de los artistas más admirados y apreciados de la historia de la fotografía.