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martes, 12 de septiembre de 2017

Jonathan Littell / Las benévolas / Reseña



Jonathan Litell
LAS BENÉVOLAS
Reseña


Cuando cerré ayer la última página de esta ingente novela, convertida en libro del año en Europa, creo que sentí alivio. No es esta una buena señal para mí como lectora. Cuando termino libros que me apasionan siento tristeza, nunca alivio. Pero en el caso de Las benévolas es imposible no sentirlo, dada la carga de dolor, de violencia, de aberración que esconde en sus casi mil páginas. La novela, bien es sabido, narra la historia de un nazi de las SS, el oficial Aue, cultísimo y con grandes ideales al inicio de su trayectoria. Ya desde el maravilloso prólogo Maximiliam Aue nos deja clarísimo que no busca redención. Mira al lector a los ojos y le pregunta directamente si cree que él hubiese sido diferente a esos cientos de miles de alemanes que mataron, o a esos millones que cerraron los ojos. Primer toque de atención. Nos creemos moral y éticamente superiores a cualquier asesino, a cualquier bárbaro. Aue nos asegura que no lo somos, que, simplemente, hemos nacido en otro espacio físico y temporal. Y lo cierto es que, a medida que avanzaba en la lectura de esta novela, comprendía que quizá Aue tenga razón. Sólo así puede uno comprender cómo tales cotas de barbarie pudieron llegar a darse en tan corto período de tiempo. Bastan estas cifras que aporta el propio autor en el prólogo:

lunes, 13 de octubre de 2014

Patrick Modiano / El horizonte / Seis citas

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Patrick Modiano
EL HORIZONTE
Seis citas
Traducción de María Teresa Gallego




"Las palabras con que llenaba la libreta le recordaban el artículo acerca de la 'materia oscura' que había enviado a una revista de astronomía. Tras los acontecimientos concretos y los rostros familiares, era muy consciente de todo cuanto se había convertido en materia oscura: breves encuentros, citas fallidas, cartas perdidas, nombres y números de teléfono que aparecen en una agenda antigua y hemos olvidado, e incluso las personas con quienes nos cruzamos sin darnos cuenta siquiera. Igual que en astronomía, esa materia oscura era más dilatada que la parte visible de la vida de uno. Era infinita. Y él escribía en la libreta el repertorio de unos cuantos destellos en lo hondo de aquella oscuridad. Unos destellos tan débiles que cerraba los ojos y se concentraba, buscando un detalle evocador que le permitiese reconstruir el conjunto, pero no había conjunto, sólo fragmentos, partículas de polvo de estrellas."

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"Muchos años después, se vió otra vez por casualidad en aquella calle Bleue y una idea lo dejó clavado en el suelo: ¿podemos estar realmente seguros de que las palabras que dos personas han cruzado durante su primer encuentro se hayan desvanecido en la nada como si nunca las hubiera pronunciado nadie? ¿Y ese susurro de voces, esas conversaciones telefónicas desde hace alrededor de cien años? ¿Esos miles de palabras cuchicheadas al oído? ¿Todos esos jirones de frases tan intrascendentes que están condenadas al olvido?"
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"No llevaba pluma ninguno de los dos, ni papel para apuntar las señas, pero Bosmans la tranquilizó: nunca se le olvidaban los nombres de las calles ni los números de las casas. Era la forma que tenía él de luchar contra la indiferencia y el anonimato de las grandes ciudades, y quizá también contra las incertidumbres de la vida." 
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"Lejano Auteuil... Miraba el planito de París que venía en las dos última hojas de la Molesquine. Siempre se había imaginado que podría encontrar, en lo hondo de algunos barrios, a las personas a quienes había conocido en la juventud, con la edad y el aspecto de antes. Llevaban en ellos una vida paralela, resguardados del tiempo... En los pliegues secretos de aquellos barrios, aún vivían Margaret y los demás como eran por entonces. Para llegar a ellos, había que conocer pasadizos secretos que cruzaban por los edificios, calles que parecían a primera vista callejones sin salida y no venían en el plano. En sueños, sabía como llegar partiendo de tal estación de metro concreta. Pero, al despertarse, no sentía ya la necesidad de comprobarlo en el París real. O, más bien, no se atrevía." 
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"Prefería quedarse en aquel barrio. Le parecía que estaba llegando a una encrucijada de la vida, o más bien a una linde desde la que iba a poder lanzarse hacia el futuro. Por primera vez tenía en la cabeza la palabra porvenir; y otra palabra: horizonte. Aquellas noches, las calles desiertas y silenciosas del barrio eran líneas de fuga que desembocaban todas en elporvenir y en el horizonte." 
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"Iba por la Dieffenbachstrasse. Estaba cayendo un chaparrón de verano cuya violencia iba menguando a medida que caminaba al amparo de los árboles. Durante mucho tiempo pensó que Margaret había muerto. Pero no hay razón para pensarlo, no, no hay razón. Incluso el año en que nacimos los dos, cuando esta ciudad, vista desde el cielo, no era ya sino un montón de escombros, entre las ruinas florecían las lilas al fondo de los jardines."


Patrick Modiano
El horizonte
Anagrama, Barcelona, 2010




DE OTROS MUNDOS

DRAGON
Patrick Modiano / An appreciation of the Nobel prize in literature winner
French writer Patrick Modiano wins the 2014 Nobel prize in literature
 

Nobel prize winner Patrick Modiano hailed as modern Marcel Proust




domingo, 12 de octubre de 2014

Patrick Modiano / La geografía de una lengua

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Patrick Modiano

La geografía de una lengua

Modiano nunca se “desmelena”, tiene una lengua limpia, concisa, escueta, casi pudorosa, podríamos decir. Lo justo y necesario

 

Por María Teresa Gallego Urrutia

El País, 10 de octubre de 2014



Estuvo de moda hace años, a raíz de una película, una frase que decía es Amar es… no me acuerdo ya bien de cómo seguía, no tener que pedir nunca perdón o algo así… Bueno, pues traducir a Modiano es… (bueno, en primer lugar es una suerte… ser traductor es siempre una suerte, en mi opinión, pero ser el viento en las velas castellanas de un barco con un timonel así, ser de su tripulación para que el barco llegue a más orillas lo es en forma superlativa. Fin del inciso), traducir a Modiano es… ante todo llevar las riendas muy tirantes.
Modiano nunca se “desmelena”, tiene una lengua limpia, concisa, escueta, casi pudorosa, podríamos decir. Lo justo y necesario. Y el traductor tiene que tener todos los sentidos alerta para que no le rezume nunca ni una sílaba fuera de ese molde. Es también saber que Modiano no inventa ni un ladrillo, ni una piedra, ni una ventana, ni un rótulo de sus escenarios. Y convertirse en geógrafo, en cartógrafo de sus paisajes para no alterarlos en absoluto. Tener el plano de París abierto mientras traduces. Traducir a Modiano es aprender a encerrar un dolor antiguo e inconcreto, pero no por eso menos agudo, y la angustia de una amenaza que nunca se define del todo, y unos personajes turbios, que son para el protagonista de cada libro como minas personales enterradas, en esa economía de recursos que lo caracteriza; es encerrar el miedo, la emoción, la sensibilidad, la incertidumbre, la soledad en un envoltorio mínimo sin que salten las costuras. Es ser capaz, como lo es él, de transmitir ese contraste, esa incompatibilidad casi, entre el fondo y la forma, entre el contenido y el continente. Es ir pisando por una franja estrecha, pendiente de no poner nunca el pie fuera de ella y, al mismo tiempo, mantener abierto un horizonte brumoso sin que ver muy bien por dónde se pisa, pero sin extraviarse. O sea, es conseguir “ser él” en otra lengua. Y convertir todas sus connotaciones, tan francesas, en algo que no se le escape al lector de otro país, pero sin explicárselo, sin “exégesis”, sin que se vea el hilo, pero que no se desbarate la costura.