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jueves, 20 de agosto de 2026

Las otras Carmen Mola / Así fueron las grandes ‘estafas’ del mundo literario

 

Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, autores de la novela 'La Bestia'
presentada bajo el seudónimo de Carmen Mola, ganadora del Premio Planeta de Novela.


Las otras Carmen Mola: así fueron las grandes ‘estafas’ del mundo literario

De Romain Gary a JT LeRoy, pasando por el ‘alter ego’ masculino de J. K. Rowling o la novela erótica ‘Historia de O’, los engaños sobre la identidad de los autores han sido recurrentes en la historia de la novela del último siglo

martes, 20 de febrero de 2018

La gran tomadura de pelo literaria de Romain Gary


La gran tomadura de pelo literaria de Romain Gary


La obra del escritor francés, que firmó parte de sus libros con pseudónimo, se revitaliza con nuevas ediciones y adaptaciones cinematográficas



GUILLERMO ALTARES
Madrid 17 FEB 2018 - 18:02 COT

La única verdad en la vida de Romain Gary es su obra. Y ya es mucho. Este escritor francés de origen ruso (1914-1980) ha logrado no pasar de moda, pese a que el mundo intelectual francés nunca se tomó demasiado en serio a este novelista, diplomático, héroe de la liberación, marido de la actriz Jean Seberg, guionista de Hollywood, director de cine, aventurero y responsable de una de las mayores tomaduras de pelo literarias de la historia. Resulta imposible saber quién fue el verdadero Romain Gary, pero está claro que, casi 40 años después de su muerte, es un autor mucho más leído que la mayoría de sus contemporáneos.
En España saldrá a la venta la semana que viene una nueva edición de su novela Lady L (Galaxia Gutenberg, traducción Gema Moral Bartolomé), mientras que en Francia se estrenó recientemente una película basada en su autobiografía, La promesa del alba, con Charlotte Gainsbourg. Una nueva traducción al inglés del libro que publicó poco antes de suicidarse, Las cometas, le ha convertido en el protagonista de largos artículos en la prensa estadounidense, desde The New York Times hasta The New Yorker. Su aventura vital ha sido el objeto de biografías del profesor de Princeton David Bellos y de la académica francesa Dominique Bona, de recreaciones literarias por parte de Nancy Milford y Laurent Seksik. Esta semana, Perro blanco, una de sus obras más conocidas, se encontraba entre los más vendidos en Amazon Francia.
Pero, sobre todo, su mito se basa en que fue capaz de burlarse de casi todo el establishment literario francés cuando se escondió detrás del seudónimo de Émile Ajar para publicar una serie de novelas de enorme éxito. De hecho, es el único escritor que ha ganado dos veces el premio Goncourt, algo que en teoría está prohibido: con su nombre por Las raíces del cielo, una profética novela ecologista sobre la caza de elefantes, y como Ajar por La vida por delante, la historia de Madame Rosa, una superviviente del Holocausto, que se ocupaba de cuidar a hijos de prostitutas en el barrio popular parisino de Belleville. Este libro, narrado en primera persona por un adolescente árabe llamado Momo en un francés insólito, se convirtió rápidamente en un descomunal éxito literario y su versión cinematográfica, con Simone Signoret, ganó el Oscar al mejor filme de habla no inglesa. Hasta su muerte, no se descubrió el engaño.
Romain Gary
París,1974. 







ADIÓS AL ‘NOUVEAU ROMAN’


Cuando se suicidó, el 2 de diciembre de 1980, Gary había dejado al cuidado de su editor, Gallimard, un manuscrito en el que explicaba la invención de su seudónimo, un pequeño libro delicioso titulado Vida y muerte de Émile Ajar. En él, explica que cuando algunos insistieron en que Gary y Ajar eran la misma persona, no les creyeron. “No querían saber nada: Gary era incapaz de escribir algo así. Era un autor clasificado, catalogado, amortizado”, explica. Sin embargo, cuatro décadas después la visión de su obra ha cambiado mucho.
“El resurgimiento de Gary como un maestro de la literatura tiene que ver con la revaluación de la historia de la ficción francesa de la posguerra”, explica su biógrafo Bellos. “La obra muy intelectual de los maestros del nouveau roman, como Robbe Grillet, no ha resistido la prueba del tiempo. Gary, que nunca fue del gusto de los árbitros literarios parisienses, con los años se ha convertido en un escritor serio e innovador, que trató temas que siguen siendo cruciales, como lo que nos convierte en seres humanos, el papel del humor en la vida, el legado del Holocausto o que puso el foco sobre los marginados”. Vida y muerte de Émile Ajar acaba con una frase muy célebre: “Me lo he pasado muy bien. Adiós y gracias”. Sus lectores podemos decir lo mismo.

“Romain Gary siempre fue un escritor popular en Francia y sus grandes libros siempre han estado disponibles”, explica por correo electrónico su biógrafo David Bellos, traductor, profesor de literatura francesa en Princeton (EEUU) y autor de biografías de Georges Perec y Balzac. El título de su libro resulta toda una declaración de principios: Romain Gary. Una historia inverosímil (A tall story). “Fue un gran narrador y la espectacular creación de su segunda identidad, Émile Ajar, nunca ha dejado de fascinar y entretener. En cambio, pese a que fue un autor muy leído y conocido en los cincuenta y sesenta en EEUU, la revelación del engaño de Ajar tras su suicidio le convirtió en un personaje tóxico para muchas editoriales. Sin embargo, ahora las cosas están cambiando y sus libros están volviendo a traducirse”.
La vida de Gary es una gran novela de aventuras, tan increíble como la que describe en La promesa del alba. Gran parte de lo que cuenta en ese libro no es cierto, aunque sus biógrafos sostienen que sus andanzas reales son igualmente interesantes. Nació como Roman Kacew en una familia judía de Vilna cuando la ciudad formaba parte del Imperio ruso. Tras la I Guerra Mundial, la ciudad pasó a Polonia, donde creció hasta 1928, cuando su madre –francófila convencida— se instaló en Niza con él después de que su padre les abandonase. La obsesión de su madre fue que su hijo triunfase en el país de adopción y murió antes de verlo convertido en un escritor de éxito desde sus primeros libros, en un compañero de la Liberación, miembro de la Legión de Honor, en un héroe de la aviación amigo de Charles de Gaulle y de André Malraux, en un personaje crucial de la vida pública francesa desde los cincuenta hasta su muerte. Fue enterrado con todos los honores de un héroe de la patria.
Los grandes libros de Gary (y Ajar) están disponibles en castellano, en diferentes editoriales, desde La vida ante sí hasta La promesa del alba; Próxima estación, final de trayecto; Europa; El bosque del odio o La angustia del rey Salomón. Profundamente políglota, hablaba ruso, polaco, yidis y escribía en francés y en inglés. De hecho, se traducía a sí mismo entre las dos lenguas. Lady L, que como casi todas sus novelas fue llevada al cine casi inmediatamente, en este caso con Peter Ustinov como director y Sophia Loren y Paul Newman como protagonistas, es una clásica novela de Gary: divertida, con un personaje femenino muy fuerte y libre, que mezcla la historia con la imaginación.
“Tengo la impresión de haber sido vivido por mi vida”, declaró en una entrevista que se publicó póstumamente. “Cuando entraba en contacto de los medios de comunicación, convivía constantemente con un personaje llamado Romain Gary, que no tenía nada que ver conmigo”, agrega. Pese a que Gary sufrió enormes periodos de depresión, era un hombre con mucho sentido del humor, que llenó sus novelas y su vida de risas. En La promesa del alba cuenta que en una época de su infancia se dedicó al malabarismo y que llegó a ser muy bueno, pero nunca fue capaz de mantener en el aire más de seis pelotas a la vez. Utiliza esto como metáfora de la literatura y la creación al señalar que “incluso los más grandes de entre nosotros, como Malraux, siempre se dan cuenta de que la última bola está fuera de su alcance y toda su obra está marcada por esta angustiosa certeza”. Gary, sin embargo, fue capaz de poner en el aire muchas más bolas de las que nunca creyó.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Alberto Manguel / Sombras y fantasmas aterradores, irónicos y malévolos

Sombras y fantasmas aterradores, 

irónicos y malévolos

Una selección de los 16 relatos más originales y terribles del género. Los autores resucitan a los muertos y conducen al lector a un mundo sobrecogedor, encantado y también divertido.

ALBERTO MANGUEL 8 MAR 2008

Otra vuelta de tuerca
Henry James
Henry James, autor de algunos de los más originales y aterradores fantasmas de la literatura, logró en Otra vuelta de tuerca una obra maestra. Basada en una anécdota que le fue referida cierta noche de invierno, cuenta la historia de una nodriza encargada de cuidar a dos niños en una solitaria casa de campo inglesa. Los niños parecen felices, las habitaciones cómodas, los jardines soleados, pero la nodriza siente algo en la atmósfera que le incomoda. Entonces el ama de llaves le cuenta que un apuesto mayordomo y la nodriza que le precedió murieron poco antes de su llegada y deja sospechar circunstancias bochornosas. Paso a paso, la nodriza se convence de que esos dos muertos rondan por la casa y quieren apoderarse de los niños. James no nos permite asegurar ni negar esas infames apariciones: magistralmente, cada palabra de la novela a la vez afirma y rechaza la interpretación fantástica.
Sombras suele vestir
José Bianco
Sombras suele vestir es una de las mejores historias de fantasmas de la literatura en lengua castellana. En un inquilinato de Buenos Aires viven Jacinta, su hermano enfermo mental y su madre, mujer incapaz de resignarse a la pobreza. Para satisfacer los pedidos de esta última, Jacinta se prostituye. Cuando la madre muere, uno de los clientes de Jacinta lleva a la muchacha a vivir con él y coloca al hermano en un sanatorio. Pronto el cliente confiesa sentir una extraña atracción hacia el hermano enfermo y él, a su vez, se interna en el mismo sanatorio. La novela entonces se corrige: el lector se entera de que Jacinta está muerta y que, para cada personaje, la realidad es leída de otra manera, tangible o soñada. El título es de Quevedo: "El sueño, autor de representaciones / en su teatro sobre el viento armado / sombras suele vestir de bulto bello".
El hombre verde
Kingsley Amis
El hombre verde es una taberna a unas cuarenta millas de Londres, famosa por sus vinos y sus fantasmas. El tabernero, Maurice Allington, empieza a obsesionarse con uno de los fantasmas, un cierto clérigo del siglo XVII quien (según la leyenda) asesinó salvajemente a su esposa. Allington empieza a ver imágenes espectrales y monstruosas, caras sin cuerpo, piernas y brazos cortados, un pecho o una nalga de mujer. Gradualmente, la curiosidad de Allington se convierte en desasosiego, sobrecogimiento y terror, y su familia asiste, sin poder ayudarlo, a una suerte de "secuestro psíquico", mientras Allington se interna más y más en un mundo de visiones incomprensibles y horribles quimeras. Amis, gran conocedor de la literatura fantástica y la ciencia-ficción, confesó alguna vez querer escribir una historia de fantasmas que fuese a la vez "irónica y malévola". Con El hombre verde logró su propósito.

lunes, 31 de marzo de 2014

Romain Gary / Los habitantes de la tierra


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Fotografía de Lee Jefrees
Romain Gary
BIOGRAFÍA
LOS HABITANTES DE LA TIERRA
Traducción de Luis Echevarri

En la carretera de Hamburgo a Neugern había antes de la guerra una aldea que se llamaba Paternosterkirchen. La región fue en otro tiempo célebre por su industria del vidrio, y en la plaza principal del lugar, delante del Palacio del Burgomaestre, los turistas iban a admirar la famosa fuente del Soplador, que representaba al legendario Johann Krull, artesano que había jurado soplar su alma en un trozo de vidrio de Paternosterkirchen para que la industria que daba fama a la región pudiese estar representada dignamente en el Paraíso. La estatua del buen Johann en el acto de realizar su proeza, así como el Palacio del Burgomaestre, curioso edificio del siglo xiii, en el que se conservaban las muestras de todas las piezas sopladas en Paternosterkirchen, han desaparecido al mismo tiempo que el resto de la pequeña población durante el último conflicto mundial, a consecuencia de un error en el bombardeo.

Diego Gary / A veces tengo miedo de llevar una bomba dentro y que estalle


Diego Gary


Hijo de la actriz Jean Seberg y del escritor Romain Gary

Diego Gary: ´A veces tengo miedo de llevar una bomba dentro y que estalle´


"La persecución de la CIA y el FBI por su relación con los Panteras Negras destrozó a mi madre, ahí empezó a irse a pique"


Diego Gary.

Diego Gary. Catherine Hélie / Gallimard

Es el único hijo de dos suicidas: el escritor francés de origen lituano Romain Gary, el único que obtuvo dos veces el Goncourt, el máximo premio de las letras galas, y de la actriz Jean Seberg; la inolvidable vendedora del 'Herald Tribune' en 'Á bout de souffle'. Alexander Diego Gary (1962) es un superviviente. Acaba de publicar 'S. o la esperanza de vivir' (Galaxia Gutermberg), un ejercicio de catarsis

ISABEL BUGALLAL
LA OPINION CORUÑA
23 DE MARZO DE 2014

Jean Seberg y el acoso del FBI


French New Wave Jean Seberg

Jean Seberg
Y EL ACOSO DEL FBI

Jean Seberg en un fotograma de 'Al final de la escapada'.
Jean Seberg en un fotograma de 'Al final de la escapada'.
SU CADAVER SE ENCONTRÓ EN UN COCHE EN 1979

¿Se suicidó Jean Seberg por el acoso al que la sometió el FBI?


Efe | Londres
Actualizado el lunes 24/08/2009 a las 12:40 h.

Diego Gary, hijo de la actriz estadounidense Jean Seberg, asegura, en declaraciones concedidas a 'The Sunday Times', que el FBI empujó a su madre a suicidarse con una sobredosis de drogas.
"Se sentía perseguida", afirma Gary, en alusión a una campaña psicológica "desestabilizadora" del FBI contra la actriz, por su apoyo al grupo ultraizquierdista de los Panteras Negras.
"Hubo momentos en que tenía mucho miedo. Incluso contrató a dos guardaespaldas para que la protegieran porque había recibido muchas amenazas", explica Gary, hijo de Seberg y del premiado novelista francés Romain Gary.
Recordada sobre todo por su papel junto a Jean-Paul Belmondo en 'A bout de souffle' ('Al final de la escapada'), de Jean-Luc Godard, la actriz llamó la atención del director del FBI, J Edgard Hoover por su activismo político.

domingo, 23 de marzo de 2014

Romain Gary / Los pájaros van a morir al Perú


Romain Gary
BIOGRAFÍA
LOS PÁJAROS VAN A MORIR AL PERÚ
 Traducción de Luis Echevarri

Salió a la terraza y volvió a tomar posesión de su soledad: las dunas, el océano, millares de aves muertas en la arena, una canoa, el orín de una red, con a veces algunas señales nuevas: la osamenta de una ballena varada, huellas de pasos, un rosario de barcas de pesca a lo lejos, allí donde las islas de guano competían en blancura con el cielo. El café se alzaba sobre pilotes en medio de las dunas; el camino pasaba a cien metros de allí; no se lo oía. Un puente en escalera descendía hacia la playa; lo levantaba todas las noches desde que dos bandidos huidos de la prisión de Lima le habían molido a botellazos mientras dormía, pero por la mañana los había encontrado completamente borrachos en el bar. Se acodó en la balaustrada y fumó su primer cigarrillo contemplando las aves caídas en la arena; algunas de ellas palpitaban todavía. Nadie había podido explicarle nunca por qué abandonaban las islas de alta mar para ir a expirar en aquella playa, a diez kilómetros al norte de Lima; nunca iban más al norte ni más al sur, sino a aquella estrecha faja de arena de tres kilómetros de longitud exactamente. Quizá éste era para ellos un lugar sagrado, como Benarés para los indios, adonde van los fieles para entregar el alma; iban a arrojar allí su osamenta antes de echarse a volar verdaderamente. O quizá volaban simplemente en línea recta desde las islas de guano, que eran peñascos desnudos y fríos, en tanto que la arena era suave y cálida, cuando su sangre comenzaba a helarse y sólo les quedaban las fuerzas suficientes para intentar la travesía. Hay que resignarse, pues siempre hay para todo una explicación científica. Se puede, evidentemente, refugiarse en la poesía, hacer amistad con el océano, escuchar su voz, seguir creyendo en los misterios de la naturaleza. El es un poco poeta, un poco soñador... Se refugia en el Perú, al pie de los Andes, en una playa donde todo acaba, después de haber combatido en España, en la resistencia de Francia, en Cuba, porque a los cuarenta y siete años ha aprendido a pesar de todo su lección, y ya nada espera de las buenas causas ni de las mujeres; se consuela con un bello paisaje. Los paisajes rara vez os traicionan. Un poco poeta, un poco re... Por lo demás la poesía será explicada un día científicamente, estudiada como un simple fenómeno secretorio. La ciencia avanza triunfalmente sobre el hombre por todos lados. Uno se hace propietario de un café en las dunas de la costa peruana con el océano solamente como compañía, pero también para ello existe una explicación, ¿no es el océano la imagen de una vida eterna, la promesa de una supervivencia, de un último consuelo? Un poco poeta... Hay que esperar que el alma no exista; es para ella la única manera de no dejarse prender. Los sabios calcularán pronto su masa exacta, su consistencia, su velocidad ascensional... Cuando se piensa en todos los millares de millones de almas que se han echado a volar desde el comienzo de la historia hay motivo para llorar: una prodigiosa fuente de energía malgastada; construyendo barreras para captarlas en el trance de su ascensión se habría tenido con que iluminar la tierra entera. El hombre será pronto enteramente utilizable. Ya se le han tomado sus sueños más bellos para hacer con ellos guerras y prisiones. En la arena estaban todavía en pie las aves recién llegadas. Contemplaban las islas. Las islas, en su mayor parte, estaban cubiertas de guano; es una industria muy provechosa, y el rendimiento de un cormorán en guano en el curso de su existencia puede hacer vivir a una familia entera durante el mismo lapso. Después de haber cumplido así su misión en la tierra las aves venían aquí para morir. En resumidas cuentas él podía decir que también había cumplido su misión: la última vez en la Sierra Madre, con Castro. El rendimiento en idealismo de un alma grande puede hacer vivir a un régimen policial durante el mismo período de tiempo. Un poco poeta, eso era todo. Pronto se irá a la luna y ya no habrá luna. Arrojó su cigarrillo a la arena. «Un gran amor puede arreglar naturalmente todo eso», pensaba burlonamente, con un deseo bastante fuerte de reventar. A veces la soledad se apoderaba de él así por la mañana, la mala soledad, la que os aplasta en vez de ayudaros a respirar. Se inclinó hacia la polea, asió la cuerda, bajó el puente y entró para afeitarse, contemplando, como cada mañana, su rostro con sorpresa en el espejo: « ¡Yo no he querido esto!», se dijo cómicamente. Con todos sus cabellos grises y las arrugas se veía muy bien lo que aquello iba a dar dentro de uno o dos años: «Ya no te quedará más que refugiarte en el género distinguido». El rostro era largo, delgado, con ojos fatigados y una sonrisa irónica que hacía lo que podía. Ya no escribía a nadie, ya no recibía cartas, no conocía a nadie; había roto con los demás, como se hace siempre cuando se trata en vano de romper con uno mismo.

Así comienza / La vida ante así / Romain Gary


Romain Gary
BIOGRAFÍA
LA VIDA ANTE SÍ
Traducción de Ana María de la Fuente


Lo primero que puedo decirles es que vivíamos en un sexto sin ascensor y que para la señora Rosa, con los kilos que llevaba encima y solo dos piernas, aquello era toda una fuente de vida cotidiana, con todas las penas y los sinsabores. Así nos lo recordaba ella cuando no se quejaba de otra cosa, porque, además, era judía. Su salud tampoco era buena, y también puedo decirles que esa mujer merecía un ascensor.
La primera vez que vi a la señora Rosa tendría yo tres años. Antes de esa edad, uno no tiene memoria y vive en la ignorancia. Yo dejé de ignorar con tres o cuatro años y a veces lo echo de menos.
En Belleville había otros muchos judíos, árabes y negros, pero la señora Rosa tenía que subir los seis pisos ella sola. Decía que el día menos pensado se moriría en la escalera, y todos los chiquillos se echaban a llorar, que es lo que se hace cuando se muere alguien. Unas veces éramos seis o siete los que estábamos allí y otras veces puede que más.
Al principio, yo no sabía que la señora Rosa solamente me cuidaba para cobrar un dinero que recibía a fin de mes. Cuando me enteré, tenía ya seis o siete años y, para mí, saber que era de pago fue un golpe. Creía que la señora Rosa me quería sin más y que éramos algo el uno para el otro. Estuve llorando toda una noche. Fue mi primer desengaño.
Al verme tan triste, la señora Rosa me explicó que la familia no significa nada y que incluso hay gente que se marcha de vacaciones dejando a sus perros atados a un árbol y que cada año tres mil perros mueren así, privados del cariño de los suyos. Me sentó sobre su regazo y me juró que yo era lo más valioso que tenía en el mundo. Pero entonces me acordé del dinero que llegaba todos los meses y me fui llorando.
Bajé al café del señor Driss y me senté delante del señor Hamil, que era vendedor ambulante de alfombras en Francia y había visto de todo. El señor Hamil tiene unos ojos tan bonitos que da gusto verlos. Cuando lo conocí era ya muy viejo, y desde entonces no ha hecho más que envejecer.
- ¿Por qué sonríe siempre, señor Hamil?
- Para dar gracias a Dios todos los días por mi buena memoria, mi pequeño Momo.
Yo me llamo Mohamed, pero todos me llaman Momo porque es más corto.
- Hace sesenta años, cuando era joven, conocí a una muchacha que me quería y a la que yo también quería. Aquello duró ocho meses, hasta que ella se mudó de casa, y ahora, al cabo de sesenta años, todavía me acuerdo. Yo le decía: No te olvidaré nunca. Pasaban los años y no la olvidaba. A veces tenía miedo, porque aún me quedaba mucha vida por delante y ¿cómo podía yo, un pobre hombre, mantener mi palabra cuando es Dios quien tiene la goma de borrar? Pero ahora estoy tranquilo. No voy a olvidar a Djamila. Ya me queda poco tiempo, me moriré antes.
Pensé en la señora Rosa, dudé un momento y le pregunté:
- Señor Hamil, ¿se puede vivir sin amor?
No contestó y bebió un poco de té de menta que es bueno para la salud. Desde hacía una temporada, el señor Hamil llevaba siempre una chilaba gris para que, si le llegaba la hora, le pillara con la americana puesta. Me miró y guardó silencio. Seguramente pensaba que yo todavía era un menor y que había cosas que no debía saber. Entonces yo tendría siete años o tal vez ocho, no puedo decírselo con exactitud porque yo no tengo fecha, como verán cuando nos conozcamos mejor, si consideran que vale la pena.
- Señor Hamil, ¿por qué no contesta?
- Eres muy joven y cuando se es tan joven es mejor no saber ciertas cosas.
- Señor Hamil, ¿se puede vivir sin amor?
- Sí - dijo, y bajó la cabeza como si le diera vergüenza.
Yo me eché a llorar.
Durante mucho tiempo no supe que era árabe porque nadie me había insultado. No me enteré hasta que fui a la escuela. Pero nunca me peleaba con nadie; cuando se pega a alguien siempre duele.


Romain Gary

Romain Gary / El otro hombre



Romain Gary: el otro hombre
BIOGRAFÍA

Roman Kacew fue el verdadero nombre de Romain Gary y de Emile Ajar, heterónimos de un mismo autor francés que tuvo una de las vidas más apasionantes de la historia.

Por Ernesto Mallo
Revista Ñ, 29 de marzo de 2011




Ser otro. Abandonar la identidad que tenemos para asumir otra completamente diferente. Quedar libre de todas las cargas y compromisos que contrajimos a lo largo de los años. Dejar para siempre la rutina y las obligaciones para vivir la vida como se debe: una aventura. Muchos escritores adoptan seudónimos más o menos secretos. Isak Dinesen era Karen Blixen; Silvina Bullrich firmaba Sir John Woolrich los cómics que escribía para “El Tony”; Antonio Machado firmó también Juan de Mairena y Abel Martín; Bustos Domecq era la dupla Borges y Bioy Casares; el reverendo Charles Lutwidge Dogson rubricaba como Lewis Carroll... y siguen las firmas. Pero quien llevó la impostura al extremo fue Roman Kacew.

sábado, 22 de marzo de 2014

Antón Castro / Evocación de Jean Seberg

Jean Seberg, 1959
Foto de Willy Rizzo

EVOCACIÓN DE JEAN SEBERG
BIOGRAFÍA

Por ANTÓN CASTRO 

Hace casi medio siglo, el mundo descubrió a una americana menuda y frágil, con el pelo cortado a lo garçonne, con los ojos entre azules y grises, que paseaba por los alrededores de París con Jean Paul Belmondo en Al final de la escapada (1959), de Jean-Luc Godard. Se llamaba Jean Seberg. Había sido descubierta unos años antes por Otto Preminger entre miles de aspirantes para encarnar a Santa Juana, la Juana de Arco soñada por George Bernard Shaw. Hasta entonces poco se sabía de ella: había nacido en Iowa en 1938, descendía de emigrantes suecos y era la chica mona a la que adoraban los integrantes del equipo de fútbol de su ciudad. Pronto se convirtió en una especie de mito: encarnaba a la mujer moderna como antes lo había hecho Katharine Hepburn y como en los 70--80 lo haría la fugaz Dominique Sanda de Noveccento y Más allá del bien y del mal


domingo, 3 de diciembre de 2000

Romain Gary se suicidó anoche



El escritor y diplomatico francés, Romain Gary se suicidó anoche


Hace un año murió su ex mujer, Jean Seberg, en circunstancias extrañas



FELICIANO FIDALGO
París 3 DIC 1980


Romain Gary, el novelista y diplomático francés, autor de Las raíces del cielo, se suicidó anoche, a los 66 años, disparándose un tiro en la cabeza. La que fue su mujer, la actriz americana Jean Seberg, murió también trágicamente en septiembre de 1979. A última hora ya, al conocer la noticia, el ministro francés de la Cultura, Jean Philippe Lecat, se manifestó inmediatamente para celebrar la memoria del «gran escritor que ha marcado nuestra época».
Desde hace ya varios años, en Saint Germain des Près, en las inmediaciones de la última morada del que fue su colega, también suicida, Henry de Montherlant, no era difícil encontrar a Gary, a media mañana, por los alrededores de su domicilio de la Rue du Bac, comprando tabaco en un bar o su baguette (el clásico pan francés) en una panadería.La tragedia de la última etapa de su vida la llevaba en el rostro, que un conocido suyo sancionó no hace mucho como «un mapa bello de bondad y de tormentas».
En septiembre de 1979, la que había sido su mujer, la actriz Jean Seberg, apareció envuelta en una manta, muerta, en un coche abandonado, desde hacía varios días, en una calle parisiense., El drama se certificó como un suicidio, pero aún no se ha dilucidado en qué medida su último compañero un presunto actor joven, participó en el desenlace fatídico. Gary y el hijo que había tenido con Jean Seberg defendieron públicamente la memoria de está última de sospechas que probablemente serán para siempre una interrogación.
Tras una apasionada unión con la actriz, Gary había declarado un día: «Lo normal es que nos separemos porque yo ya no puedo satisfacerla».

Un ruso con la Legión de Honor

Romain Gary nació en Lituania en 1914. Siguió a su familia a Polonia y después, ya residente en Francia, fue combatiente contra el nazismo, y en 1945 entró en la carrera diplomática. Este mismo año publicó Educación europea (evocación de la resistencia polaca al nazismo), pero la obra que lo hizo realmente célebre fue Las raíces del cielo, premiada con el Goncourt y en la que sus personajes son desperdicios que buscan la fraternidad, la amistad,Esta última obra citada, convertida en película de éxito también, de igual manera que Promesas del alba(autobiográfica), Los colores del día, Perro blanco, o sus obras de teatro, respiran un cierto moralismo y la búsqueda de un humanismo, que Gary resumió en una frase definitiva al confesar que todo lo que escribía era debido a «una necesidad de creer en algo». También se interesó por el cine, para el que escribió y realizó Lopájaros van a morir al Perú.
Escritor sobre todo, también fue diplomático hombre de acción. El día del ertierro del general Charles de Gaulle, apareció vestido de uniforme y luciendo la Legión de Honor: no sin sorpresa por parte de quienes no sabían que era íntimo amigo de André Malraux y que pertenecía a los compañeros gaullistas de la liberación.
Aunque era ruso de origen, se sentía francés por los cuatro costados. Anoche, un amigo suyo, tras evocar al escritor, exaltó el amor por su madre como una de las constantes de su vida y de su obra. Y se estremeció al recordar que su hijo, de quince años actualmente, «desde hoy es huérfano de padres suicidas».
Gary, al lado de este hijo, tras el misterioso suicidio de la que fue su mujer, se empeñó en una investigación pública en la que al FBI norteamericano, de ser ciertas sus sospechas, le correspondería una participación nunca clarificada. Pero los escollos de esa encuesta dramatizaron los últimos meses de su existencia hasta el desesperado final consumado ayer.
Para sus contemporáneos, Gary habrá sido, sobre todo en la historia de la literatura francesa, el escritor de un público fijo, que esperaba sus libros, fáciles de leer y cargados de humanidad vivida. El, mejor que nadie, definió la especie de populismo sensual con el que llegaba al lector y que, al mismo tiempo, valora su obra: «Lo que pretendo es disputarles a los dioses absurdos y borrachos de su poder la posesión del mundo, para devolverles la tierra a quienes la llenan con su valor y con su amor».
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de diciembre de 1980