| Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, autores de la novela 'La Bestia' presentada bajo el seudónimo de Carmen Mola, ganadora del Premio Planeta de Novela. |
| Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, autores de la novela 'La Bestia' presentada bajo el seudónimo de Carmen Mola, ganadora del Premio Planeta de Novela. |
La única verdad en la vida de Romain Gary es su obra. Y ya es mucho. Este escritor francés de origen ruso (1914-1980) ha logrado no pasar de moda, pese a que el mundo intelectual francés nunca se tomó demasiado en serio a este novelista, diplomático, héroe de la liberación, marido de la actriz Jean Seberg, guionista de Hollywood, director de cine, aventurero y responsable de una de las mayores tomaduras de pelo literarias de la historia. Resulta imposible saber quién fue el verdadero Romain Gary, pero está claro que, casi 40 años después de su muerte, es un autor mucho más leído que la mayoría de sus contemporáneos.
En España saldrá a la venta la semana que viene una nueva edición de su novela Lady L (Galaxia Gutenberg, traducción Gema Moral Bartolomé), mientras que en Francia se estrenó recientemente una película basada en su autobiografía, La promesa del alba, con Charlotte Gainsbourg. Una nueva traducción al inglés del libro que publicó poco antes de suicidarse, Las cometas, le ha convertido en el protagonista de largos artículos en la prensa estadounidense, desde The New York Times hasta The New Yorker. Su aventura vital ha sido el objeto de biografías del profesor de Princeton David Bellos y de la académica francesa Dominique Bona, de recreaciones literarias por parte de Nancy Milford y Laurent Seksik. Esta semana, Perro blanco, una de sus obras más conocidas, se encontraba entre los más vendidos en Amazon Francia.
Pero, sobre todo, su mito se basa en que fue capaz de burlarse de casi todo el establishment literario francés cuando se escondió detrás del seudónimo de Émile Ajar para publicar una serie de novelas de enorme éxito. De hecho, es el único escritor que ha ganado dos veces el premio Goncourt, algo que en teoría está prohibido: con su nombre por Las raíces del cielo, una profética novela ecologista sobre la caza de elefantes, y como Ajar por La vida por delante, la historia de Madame Rosa, una superviviente del Holocausto, que se ocupaba de cuidar a hijos de prostitutas en el barrio popular parisino de Belleville. Este libro, narrado en primera persona por un adolescente árabe llamado Momo en un francés insólito, se convirtió rápidamente en un descomunal éxito literario y su versión cinematográfica, con Simone Signoret, ganó el Oscar al mejor filme de habla no inglesa. Hasta su muerte, no se descubrió el engaño.
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| Romain Gary París,1974. JEAN-REGIS ROUSTON / ROGER VIOLLET |
“Romain Gary siempre fue un escritor popular en Francia y sus grandes libros siempre han estado disponibles”, explica por correo electrónico su biógrafo David Bellos, traductor, profesor de literatura francesa en Princeton (EEUU) y autor de biografías de Georges Perec y Balzac. El título de su libro resulta toda una declaración de principios: Romain Gary. Una historia inverosímil (A tall story). “Fue un gran narrador y la espectacular creación de su segunda identidad, Émile Ajar, nunca ha dejado de fascinar y entretener. En cambio, pese a que fue un autor muy leído y conocido en los cincuenta y sesenta en EEUU, la revelación del engaño de Ajar tras su suicidio le convirtió en un personaje tóxico para muchas editoriales. Sin embargo, ahora las cosas están cambiando y sus libros están volviendo a traducirse”.
La vida de Gary es una gran novela de aventuras, tan increíble como la que describe en La promesa del alba. Gran parte de lo que cuenta en ese libro no es cierto, aunque sus biógrafos sostienen que sus andanzas reales son igualmente interesantes. Nació como Roman Kacew en una familia judía de Vilna cuando la ciudad formaba parte del Imperio ruso. Tras la I Guerra Mundial, la ciudad pasó a Polonia, donde creció hasta 1928, cuando su madre –francófila convencida— se instaló en Niza con él después de que su padre les abandonase. La obsesión de su madre fue que su hijo triunfase en el país de adopción y murió antes de verlo convertido en un escritor de éxito desde sus primeros libros, en un compañero de la Liberación, miembro de la Legión de Honor, en un héroe de la aviación amigo de Charles de Gaulle y de André Malraux, en un personaje crucial de la vida pública francesa desde los cincuenta hasta su muerte. Fue enterrado con todos los honores de un héroe de la patria.
Los grandes libros de Gary (y Ajar) están disponibles en castellano, en diferentes editoriales, desde La vida ante sí hasta La promesa del alba; Próxima estación, final de trayecto; Europa; El bosque del odio o La angustia del rey Salomón. Profundamente políglota, hablaba ruso, polaco, yidis y escribía en francés y en inglés. De hecho, se traducía a sí mismo entre las dos lenguas. Lady L, que como casi todas sus novelas fue llevada al cine casi inmediatamente, en este caso con Peter Ustinov como director y Sophia Loren y Paul Newman como protagonistas, es una clásica novela de Gary: divertida, con un personaje femenino muy fuerte y libre, que mezcla la historia con la imaginación.
“Tengo la impresión de haber sido vivido por mi vida”, declaró en una entrevista que se publicó póstumamente. “Cuando entraba en contacto de los medios de comunicación, convivía constantemente con un personaje llamado Romain Gary, que no tenía nada que ver conmigo”, agrega. Pese a que Gary sufrió enormes periodos de depresión, era un hombre con mucho sentido del humor, que llenó sus novelas y su vida de risas. En La promesa del alba cuenta que en una época de su infancia se dedicó al malabarismo y que llegó a ser muy bueno, pero nunca fue capaz de mantener en el aire más de seis pelotas a la vez. Utiliza esto como metáfora de la literatura y la creación al señalar que “incluso los más grandes de entre nosotros, como Malraux, siempre se dan cuenta de que la última bola está fuera de su alcance y toda su obra está marcada por esta angustiosa certeza”. Gary, sin embargo, fue capaz de poner en el aire muchas más bolas de las que nunca creyó.
| Diego Gary |
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| Jean Seberg, 1959 Foto de Willy Rizzo |
Hace un año murió su ex mujer, Jean Seberg, en circunstancias extrañas
Romain Gary, el novelista y diplomático francés, autor de Las raíces del cielo, se suicidó anoche, a los 66 años, disparándose un tiro en la cabeza. La que fue su mujer, la actriz americana Jean Seberg, murió también trágicamente en septiembre de 1979. A última hora ya, al conocer la noticia, el ministro francés de la Cultura, Jean Philippe Lecat, se manifestó inmediatamente para celebrar la memoria del «gran escritor que ha marcado nuestra época».
Desde hace ya varios años, en Saint Germain des Près, en las inmediaciones de la última morada del que fue su colega, también suicida, Henry de Montherlant, no era difícil encontrar a Gary, a media mañana, por los alrededores de su domicilio de la Rue du Bac, comprando tabaco en un bar o su baguette (el clásico pan francés) en una panadería.La tragedia de la última etapa de su vida la llevaba en el rostro, que un conocido suyo sancionó no hace mucho como «un mapa bello de bondad y de tormentas».
En septiembre de 1979, la que había sido su mujer, la actriz Jean Seberg, apareció envuelta en una manta, muerta, en un coche abandonado, desde hacía varios días, en una calle parisiense., El drama se certificó como un suicidio, pero aún no se ha dilucidado en qué medida su último compañero un presunto actor joven, participó en el desenlace fatídico. Gary y el hijo que había tenido con Jean Seberg defendieron públicamente la memoria de está última de sospechas que probablemente serán para siempre una interrogación.
Tras una apasionada unión con la actriz, Gary había declarado un día: «Lo normal es que nos separemos porque yo ya no puedo satisfacerla».
Romain Gary nació en Lituania en 1914. Siguió a su familia a Polonia y después, ya residente en Francia, fue combatiente contra el nazismo, y en 1945 entró en la carrera diplomática. Este mismo año publicó Educación europea (evocación de la resistencia polaca al nazismo), pero la obra que lo hizo realmente célebre fue Las raíces del cielo, premiada con el Goncourt y en la que sus personajes son desperdicios que buscan la fraternidad, la amistad,Esta última obra citada, convertida en película de éxito también, de igual manera que Promesas del alba(autobiográfica), Los colores del día, Perro blanco, o sus obras de teatro, respiran un cierto moralismo y la búsqueda de un humanismo, que Gary resumió en una frase definitiva al confesar que todo lo que escribía era debido a «una necesidad de creer en algo». También se interesó por el cine, para el que escribió y realizó Los pájaros van a morir al Perú.
Escritor sobre todo, también fue diplomático hombre de acción. El día del ertierro del general Charles de Gaulle, apareció vestido de uniforme y luciendo la Legión de Honor: no sin sorpresa por parte de quienes no sabían que era íntimo amigo de André Malraux y que pertenecía a los compañeros gaullistas de la liberación.
Aunque era ruso de origen, se sentía francés por los cuatro costados. Anoche, un amigo suyo, tras evocar al escritor, exaltó el amor por su madre como una de las constantes de su vida y de su obra. Y se estremeció al recordar que su hijo, de quince años actualmente, «desde hoy es huérfano de padres suicidas».
Gary, al lado de este hijo, tras el misterioso suicidio de la que fue su mujer, se empeñó en una investigación pública en la que al FBI norteamericano, de ser ciertas sus sospechas, le correspondería una participación nunca clarificada. Pero los escollos de esa encuesta dramatizaron los últimos meses de su existencia hasta el desesperado final consumado ayer.
Para sus contemporáneos, Gary habrá sido, sobre todo en la historia de la literatura francesa, el escritor de un público fijo, que esperaba sus libros, fáciles de leer y cargados de humanidad vivida. El, mejor que nadie, definió la especie de populismo sensual con el que llegaba al lector y que, al mismo tiempo, valora su obra: «Lo que pretendo es disputarles a los dioses absurdos y borrachos de su poder la posesión del mundo, para devolverles la tierra a quienes la llenan con su valor y con su amor».
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de diciembre de 1980