Mostrando entradas con la etiqueta María Kodama. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Kodama. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de junio de 2026

María Kodama / “Me gusta la descripción del Aleph. Pero el resto del cuento es banal”

 


María Kodama.CARLOS ROSILLO

MARÍA KODAMA 

“Me gusta la descripción del Aleph. Pero el resto del cuento es banal”

La escritora y profesora argentina María Kodama, viuda de Borges, presenta un libro que radiografía la biblioteca del genio

Jorge Morla
JORGE MORLA
Madrid - 17 MAY 2018 - 23:01 COT

Cuando tenía 10 años, una revista de literatura cayó en manos de María Kodama (Buenos Aires, 1937). Un cuento. Una frase: Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche. “Me quedé sin aire. Dije: ¿Pero esto qué es?”. Fueron las primeras palabras que leyó de quien con el tiempo se convertiría en su esposo y en uno de los escritores más importantes de la historia de literatura, Jorge Luis Borges. Kodama presentó esta semana La biblioteca de Borges (Paripé Books), un libro de Fernando de Flores en el que se fotografían y escudriñan los apuntes del argentino sobre sus obras favoritas. 2.000 libros que reflejan al escritor de los espejos y entre los que —aunque hay poca literatura y mucha filosofía, religión e historia— no faltan Dante, Homero, Kafka, Ovidio o William Blake.  

domingo, 9 de abril de 2023

El legado de Borges / El culebrón impensado de la literatura argentina

Jorge Luis Borges



El legado de Borges, el culebrón impensado de la literatura argentina

De la lealtad de Aurora Bernárdez con Julio Cortázar a la amante casual que se quedó con la obra de Adolfo Bioy Casares, las herencias de los escritores argentinos han tenido sucesiones de película. La de Jorge Luis Borges se suponía cerrada hasta que saltó por los aires esta semana

jueves, 3 de noviembre de 2022

Leila Guerriero. / Apuntes sobre María Kodama


María Kodama, el 18 de marzo en Buenos Aires.
María Kodama,
Buenos Aires, 18 de marzo de 2020
MARIANA ELIANO

Leila Guerriero

APUNTES SOBRE 

MARÍA KODAMA


La viuda y albacea de Borges nunca quiso publicar sus propios cuentos en vida de su marido. Ahora reúne cuatro en un volumen. Durante varias tardes, en un bar de Buenos Aires, muestra su cara menos conocida


Leila Guerriero
27 de marzo de 2020

Pocos minutos después de las tres de la tarde de un jueves de febrero, durante la primera entrevista con María Kodama (que, como las siguientes, se lleva a cabo en el bar que está frente a su departamento, en el barrio norte de la ciudad de Buenos Aires), se produce este diálogo:

La sospecha de un robo empaña una gran donación borgeana

Maria Kodama, Borges y gato


La sospecha de un robo empaña una gran donación borgeana

El presidente electo de Argentina propone abrir un nuevo Museo Borges con una colección que Kodama asegura que incluye material robado


Mar Centenera
Buenos Aires, 7 de diciembre de 2019


Jorge Luis Borges escucha a María Kodama leyéndole un libro.
Jorge Luis Borges escucha a María Kodama leyéndole un libro. COLECCIÓN MARÍA KODAMA
Las huellas de Jorge Luis Borges se ramifican por todo el mundo. En Argentina, las más visibles están entre los muros de su fundación, creada por su viuda y heredera, María Kodama. Allí se encuentra su biblioteca personal, un museo en el que se recrea su dormitorio, fotografías y objetos muy queridos por Borges. Pero la mayoría de manuscritos y cuadernos de trabajo del mejor escritor argentino de la historia no están en manos de Kodama, sino repartidos en distintas colecciones de gran valor dentro y fuera del país sudamericano. El farmacéutico Alejandro Roemmers ofreció donar al Estado una de las más importantes y la idea entusiasmó al presidente electo, Alberto Fernández. Anunció que sus más de 6.000 libros y manuscritos servirán para crear "el Museo Borges en homenaje al hombre más grande en las letras que ha tenido nuestro país". Pero Kodama dinamitó el proyecto con una dura acusación: "Son robados".

Julio Ortega / En defensa de María Kodama



María Kodama
Julio Ortega
UNA DEFENSA DE MARÍA KODAMA 

1 de noviembre de 2011

Le debo a Borges la amistad de María Kodama. Los conocí a ambos en 1982, cuando visitaron la Universidad de Texas, en Austin, donde él había sido profesor visitante en 1961, y en 1968 había dictado una memorable conferencia sobre el Quijote, que finalmente recuperé y acaba de ser publicada por Claudio Pérez Míguez en Ediciones del Centro con el título propicio de Mi amigo Don Quijote. Lamentablemente, la presentación del libro, que contó con María, ha sido interrumpida por una serie de falsas imputaciones y malentendidos que me veo obligado a responder.  María, hay que decirlo, es víctima de la poca fe periodística, pero  no puede pasarse la vida respondiendo a las falsificaciones sentimentales de la obra de Borges, los errores de información sobre su papel de albacea de la herencia de su marido, y las agresiones que, de pronto, alguien le dirige sin concederle el derecho a réplica.  La obra de Borges estuvo pésimamente editada (hay erratas hasta en la edición de Alianza Editorial), y a cuidar su larga  restauración ha dedicado pasión atenta. Ha dado también batalla contra un penoso poema que se le atribuyó a Borges y circuló en el Internet hasta que, por fin, parece que ha dejado de ser observado.  Gracias a la Agencia Andrew Wylie la obra borgeana está mejor editada en inglés y en francés.  Borges recibía 200 dólares por una conferencia, sus derechos de autor fueron modestos, y por demás austera su vida. Sólo al final conoció cierto alivio, lo que le permitió elegir el lugar donde morir.  María tuvo que dar otras largas batallas legales para que su matrimonio, que algunos pretendieron no reconocer, fuese ratificado.  El juicio tomó seis años, cortes distintas y varios países. Quienes disputaban la herencia querían declarar senil a Borges, pero en cada lugar donde buscaron pruebas los desmentía su legendario ingenio vivo. Dedicó ella no pocos años, yo creo que demasiados, a refutar los errores y disparates en las biografías, memorias, usos y abusos del hombre y su nombre. Y los derechos que por fin Wylie puso en orden, los fue ella utilizando en esas batallas de amor perdidas, porque aun si las ganaba todas, los difamadores no valían la pena.

María Kodama / Viuda se nace

Borges y María Kodama


María Kodama, viuda se nace


ANA PRIETO

Los barrabravas de Jorge Luis nunca vieron con buenos ojos a la viuda. Si Borges es fútbol, Kodama es la FIFA. Por eso no creímos que nos fuera a abrir la puerta. Pero nos abrió.
Imaginemos a una María Kodama de cinco años escuchando a su maestra particular de inglés recitarle “Two English Poems” de Jorge Luis Borges.

martes, 22 de enero de 2019

María Kodama / Borges fue mi decisión



María Kodama
BORGES FUE MI DECISIÓN

“A mí me atacan señoras despechadas y señores que nunca podrán ser Borges. Es gente de poca monta, por decirlo de una manera delicada”.
He cometido el peor de los pecados… “La gente lo paraba y empezaba a recitar el poema, y él me decía: ‘¿Lo ve, María? La gente tiene la vocación de la desdicha. Yo he escrito un millón de poemas que son hermosísimos y me persiguen con esta porquería”.
“Me dio una enorme pena corroborar el concepto que Borges tenía de Bioy: el de un cobarde”.
“Por supuesto que Borges no le iba a dejar la mitad de sus cosas a Epifania Úveda. Borges quiso echarla y yo intercedí para que la dejara”.

Juan Franciso Ferré / Carta a María Kodama

María Kodama

Juan Francisco Ferré

CARTA A MARÍA KODAMA

 

Estimada Sra. María Kodama,

Es triste tener que escribir en su contra en nombre de Borges, en favor de la literatura. Un indicio del pésimo estado de cosas que padecemos. Con el gesto de prohibir la circulación de El hacedor de Borges (Remake) usted se engaña. No le hace ningún favor a Borges, no vela como una mujer celosa sobre el legado de su marido. En absoluto. Usted impone las leyes del capitalismo, las leyes de la propiedad privada y el código civil, ese aliado mezquino de todo lo que no funciona en nuestra sociedad, para transformar a Borges en convidado de piedra de la libertad creativa y las aventuras más audaces de la literatura. Aún peor. Usted actúa como si preservar el legado de Borges implicara anular la relación fecunda con la obra de un escritor que supo también extraer de otros lo que necesitaba para realizar su idea de la literatura. Entérese bien. Los que admiramos la obra de Borges la vemos como una cueva de Alí Babá repleta de riquezas y objetos maravillosos robados, sí, robados de todas las literaturas del mundo. Usted no ha leído “La biblioteca de Babel”, es evidente, si no que ha entendido esta ficción como un reconocimiento de culpa y una justificación artística del plagio, una apertura de puertas al libertinaje y la promiscuidad creativa de todas las obras y los autores de la historia. Como la confesión de crímenes, en suma, de un consumado Arsenio Lupin de la literatura. Quién sabe, incluso, si Borges, como supremo hacedor, no llegó a (pre)ver este “remake” en el anaquel de los volúmenes virtuales que poblaban esa biblioteca hecha a imagen y semejanza de su privilegiado cerebro. Desde luego, todo lo que sabemos de su literatura me permite imaginar que sí y que le daría el visto bueno con una sonrisa de complicidad irónica. Al fin y al cabo, todos los nombres de la literatura, como quería Borges, designan al mismo escritor de todos los libros de la historia.
Borges y María Kodama


   Sí, no se escandalice, la grandeza de Borges, ese capital que usted pretende explotar en su único beneficio, tiene sus raíces también en apropiaciones y préstamos de otros autores. En esto no se distinguía de Shakespeare, desde luego, otro devoto del latrocinio y el saqueo de fuentes con fines creativos. La única diferencia con el gesto de Fernández Mallo, fíjese bien, radica en la modestia, el respeto y la admiración con que éste se aproxima a la obra de Borges. No hay nada impropio ni irreverente en esa “apropiación” (podría discutirse incluso su condición de tal, se lo dice un borgiano de pro, sin necesidad de recurrir a penosos argumentos legales), sino una tentativa lograda en gran parte de instalar a su marido entre las referencias fundamentales de la literatura del siglo XXI.
Borges y María Kodama

   Usted creerá, porque así se lo dicen los que la aconsejan mal, que esto no era necesario, que su marido ya formaba parte del bagaje del nuevo siglo sin la intervención de un joven escritor español con ínfulas de usurpador, que es sólo un alibí vagamente cultural para saquear con impunidad su preciosa obra. Cuánto se equivoca. No me extraña. Si usted no ha sido capaz de entender el designio final de la obra de Borges, cómo puedo exigirle que entienda la obra de creadores que sí han entendido ese designio y lo han hecho suyo, apartando todo aquello que en Borges podía haber caducado. Usted está en contra de Borges al estar en contra de la literatura, sépalo ahora, usted se pone del lado de la violencia y la injusticia del capitalismo, del lado de la explotación y la codicia, bajo la tapadera de preservar los intereses de la obra de Borges. Al tomar ese partido y no otro, no se equivoque, usted está tomando partido contra Borges, entiéndalo bien, contra la literatura y contra la libertad de creación que hizo grande a su marido, precisamente.

   Una advertencia, nada más. Usted me recuerda mucho a la SGAE, en sus declaraciones y en sus medios y fines. Infórmese sobre ella. Puede que vea en el destino de esa institución corrupta una prefiguración de su propio destino, aunque sea sólo simbólico. Quizá lo único que consiga con su gestión mezquina sea que la obra de Borges se convierta para muchos en un erial solitario y estéril, un edificio abandonado a la incuria del tiempo, un amasijo de papeles roído hasta la náusea por los académicos, algo petrificado, sin vida, sin posteridad posible. El libro de Fernández Mallo que usted ha conseguido prohibir no pretendía otra cosa que demostrar que Borges seguía siendo para muchos escritores del siglo XXI el gran cómplice de las exploraciones literarias más excéntricas. Y su obra, un campo de investigación productivo e inagotable. Está a tiempo de reconsiderar su posición. En nombre del mismo Borges que usted manipula para castrar la libertad de los creadores. Piénselo bien antes de proseguir con su absurda inquina. Cerciórese de que Borges la secundaría, asegúrese de que en nombre de Borges se puede perseguir la obra de otros escritores con razones tan pobres. Me temo que su abogado tampoco ha leído a Borges. Hasta donde yo sé, ser abogado significa, por principio, situarse en contra de la literatura. Esa literatura que su marido representaba como pocos. Así que piense si con este gesto inquisitorial está usted del lado de Borges o del lado de su letrado más bien iletrado.

   Por respeto a usted, a lo que usted representa, me permito hacerle todas estas consideraciones. Espero que sirvan para algo, aunque me temo que no. Tal como están las cosas, usted cometerá el error de darle la razón a su abogado y quitársela a Borges. Con su traición al espíritu de Borges, todos saldremos perdiendo, desde luego, y el mundo tomará el derrotero de lo peor. Prepárese, porque entonces ni usted ni Borges estarán a salvo. No olvide la dura advertencia de Walter Benjamin:“tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”. Sepa, por tanto, que será juzgada como cómplice inexcusable del enemigo. Téngalo en cuenta. Piense en Borges. Piense en la literatura de Borges antes de actuar en su contra.
   Para terminar, me veo obligado a recordarle, apelando a la autoridad literaria de su marido, que esta carta, como tantas otras, no necesita ser enviada para ser efectiva.
  Atentamente,

JUAN FRANCISCO FERRÉ


Escritor y crítico literario. Es Doctor en Filología Hispánica. Entre 2005 y 2012 ejerce como profesor invitado e investigador en la Universidad de Brown, impartiendo clases de narrativa, cine y literatura española e hispanoamericana. Ha colaborado con relatos y artículos en medios como Letra Internacional, Letras Libres, Hueso Húmero, Diario Sur, Turia, The Barcelona Review, Lateral, La Vanguardia, Quimera o Eñe. Es autor de las antologías "El Quijote. Instrucciones de uso" (2005) y "Mutantes" (2007, en colaboración con Julio Ortega). Ha publicado la colección de relatos "Metamorfosis®" (2006) y las novelas "La vuelta al mundo"(2002), "I love you Sade" (2003) y "La fiesta del asno" (2005, con prólogo de Juan Goytisolo). Ha publicado el libro de estudios literarios "Mímesis y simulacro. Ensayos sobre la realidad (Del Marqués de Sade a David Foster Wallace)". Su última novela, "Providence", fue Finalista del Premio Herralde 2009 (Anagrama) y acaba de ser publicada en Francia por Passage du Nord-Ouest, con traducción de François Monti y prólogo de Julián Ríos, coincidiendo con la edición argentina de "La fiesta del asno" (Bajo la luna).


Fuente: http://juanfranciscoferre.blogspot.com/2011/04/remake.html




jueves, 20 de septiembre de 2018

María Kodama / “Me gusta la descripción del Aleph. Pero el resto del cuento es banal”



María Kodama
Foto de Carlos Rosillo
María Kodama

“Me gusta la descripción del Aleph. Pero el resto del cuento es banal”

La escritora y profesora argentina María Kodama, viuda de Borges, presenta un libro que radiografía la biblioteca del genio


Cuando tenía 10 años, una revista de literatura cayó en manos de María Kodama(Buenos Aires, 1937). Un cuento. Una frase: Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche. “Me quedé sin aire. Dije: ¿Pero esto qué es?”. Fueron las primeras palabras que leyó de quien con el tiempo se convertiría en su esposo y en uno de los escritores más importantes de la historia de literatura, Jorge Luis Borges. Kodama presentó esta semana La biblioteca de Borges (Paripé Books), un libro de Fernando de Flores en el que se fotografían y escudriñan los apuntes del argentino sobre sus obras favoritas. 2.000 libros que reflejan al escritor de los espejos y entre los que —aunque hay poca literatura y mucha filosofía, religión e historia— no faltan Dante, Homero, Kafka, Ovidio o William Blake.  
En Casa de América, en Madrid, Kodama recuerda estar con Borges en el cercano museo del Prado. Y una figura de dos metros que se les acerca. “Borges, es Cortázar”, le dijo. “Y usted querrá saludarlo”, le reprochó Borges, que por cuestiones políticas le había puesto la cruz al autor de Rayuela, que se acercó, le agradeció que Borges hubiera criticado Casa tomada y le abrazó llamándole maestro. “Fue frente al Perro semihundido de Goya. Nunca olvidaré esa estampa”, recuerda Kodama.
Dígame un sitio que le inspire.
El desierto.
¿Cuándo fue la última vez que lloró?
Nunca.
¿Cuál es el mejor regalo que ha recibido?
Borges (sonríe).


"¿La última vez que lloré? Nunca"

¿Qué significa ser escritor?
Para mí es como bailar. La liberación.
Borges tiene un texto, Borges y yo, a caballo entre el cuento y el poema, en el que se describe: “Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café...”. ¿Qué sabor le gusta a María Kodama?
El del café, sí (ríe). Me encanta.
¿Y qué tacto?
Acariciar un gato.
¿Dígame un libro que le haya hecho reír a carcajadas?
El amante de la psicoanalista, de Mario Mactas. Tenía que ser erótico, pero nunca me reí tanto como con ese libro.
Si yo le digo “Borges”, ¿qué le viene a la mente?
Los viajes, la diversión.
¿Cuál es su cuento favorito de Borges?
El más importante, si no puediera salvar más que uno, es Las ruinas circularesEl inmortal también está bien. De El Aleph me gusta la descripción del Aleph, pero el resto del cuento es muy banal, como yo le decía a Borges.




“Me gusta la descripción del Aleph. Pero el resto del cuento es banal”


¿Le decía que El Aleph era banal? Suena osado.
Ah, sí. Pero yo le decía lo que pensaba. Si me gustaba, me gustaba. Si no me gustaba, pues no. Por eso funcionábamos tan bien.
Presenta un libro que se adentra en la biblioteca de Borges. Una curiosidad: ¿Qué relación tenía él con sus propios libros?
¿Los de él, los escritos por él? No los quería, no los tenía en su biblioteca. Cuando publicó la obra completa le dijo a la madre —yo estaba presente—: “Madre, aquí te traigo mi obra completa. Que no salga de tu cuarto. Si lo veo fuera de tu cuarto, lo tiraré”.
Con esa relación telúrica, casi mágica, que tenía Borges con los libros, es curioso. ¿Qué piensa del desapego que se vive hoy con el libro como objeto?
Es una pena. Al fin y al cabo, los libros son un placer. En la pantalla del ordenador se pueden perder las cosas, te pueden hackear… Con todo guardado en esa nube, temo que en algún momento nos quedemos… sin nada.
¿Dónde no querría usted vivir jamás?
Donde haga frío.
¿Qué siente cuando ve su foto en los diarios?
Horror.
¿Una noticia que siempre haya querido leer?
Que el hombre llegue pronto a Marte.
¿Y cómo ve el futuro de Argentina?
Si no dejan de estar “o conmigo o contra mí”, como en toda América Latina, de terror. Lo positivo de ahora es que se reconocen los errores, cosa importante, y hay como un diálogo que no existía. Veremos adónde nos lleva.




viernes, 27 de julio de 2018

Borges y Mick Jagger



Mick Jagger
Londres, 1964

BORGES Y MICK JAGGER

María Kodama relató en Radio 10 el momento en un nuevo aniversario del nacimiento del escritor 


En el 112 aniversario del natalicio de Jorge Luis Borges, su viuda María Kodama recordó al querido escritor, con sus costumbres y sobre todo con algunas anécdotas, como el día en que conoció al líder de los Rolling Stone.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Antonio Muñoz Molina / El asistente fiel

Borges y su primera esposa, Elsa Astete Millán. 


El asistente fiel

Norman Thomas di Giovanni se cruzó con Borges en Harvard y se convirtió en su más estrecho colaborador. Ahora publica un amargo libro para saldar cuentas.


Antonio Muñoz Molina
7 de noviembre de 2014


El invierno de 1967 Borges lo pasó en Nueva Inglaterra, en Cambridge, como profesor visitante de la Universidad de Harvard. Nevaba tanto y hacía tanto frío que apenas podía salir. Varios poemas de su libro Elogio de la sombra están fechados allí. En uno de ellos, ‘Cambridge’, alude al declinar rápido de una tarde invernal y se imagina que está en Buenos Aires: “Buenos Aires, yo sigo caminando / por tus esquinas, sin por qué ni cuándo”. Podemos ver como en una foto antigua o en un recuerdo al hombre ciego y frágil, de casi setenta años, pisando con mucha dificultad entre las cordilleras de nieve sucia de la calle, temiendo resbalarse y caerse, asido del brazo de alguien que lo guía, quizás la mujer con la que llevaba casado unos meses, quizás aquel traductor americano tan servicial que se le presentó fervorosamente en una de sus conferencias, Norman Thomas di Giovanni. La esposa, Elsa Astete Millán, es un antiguo amor de su juventud. Se conocieron en La Plata, hacia 1929, cuando Borges tenía 30 años y ella 19. La historia es confusa y no hay testigos que puedan corroborarla. Parece que nada más conocerse se enamoraron, que incluso llegaron a comprometerse. Pero al cabo de un tiempo el amor se malogró, y ella se casó con otro. Dejaron de verse, y en los años sucesivos Borges siguió enamorándose de mujeres que lo ignoraban o lo abandonaban, dándole motivo para escribir poemas memorables. A principios de los años cuarenta le escribió a Elsa unas cuantas cartas de apasionada tristeza. Volvió a encontrarse con ella más de veinte años después. Era viuda y tenía un hijo ya adulto. Seguía siendo una mujer atractiva. El matrimonio duró tres años, y acabó con la huida de Borges del domicilio conyugal, asistido por su ayudante ya imprescindible, Di Giovanni, su traductor, su confidente, su lazarillo, el discípulo joven y entusiasta que pone la vida entera al servicio de su viejo maestro. Fue Di Govanni quien actuó como propagandista del talento de Borges en el mundo anglosajón, quien logró que The New Yorker le publicara cuentos y poemas, que Penguin editara sus libros. Entre los dos se estableció un acuerdo económico peculiar: en vez de cobrar cantidades fijas como traductor, o de quedarse el 10% de los contratos que negociaba, el fiel Di Giovanni se repartía los ingresos con Borges al 50%.


El matrimonio con Elsa duró tres años, y acabó con la huida de Borges del domicilio conyugal, asistido por su ayudante

Di Giovanni visitaba a diario a Borges en su apartamento de profesor visitante y trabajaba con él. Di Giovanni le recogía en su coche y le llevaba a clase y luego le devolvía a casa. No había tarea de la que Di Giovanni no se encargara servicialmente. Pronto empezó a notar una atmósfera difícil entre los recién casados, el poeta ciego y erudito que parecía habitar tan solo los mundos de la literatura y la esposa ignorante que no hablaba inglés, que no leía libros, que de toda la obra y la celebridad de su marido solo estaba interesada en su rendimiento económico. Tiempo después, ya en Buenos Aires, la señora de Borges le mostró a Di Giovanni los abrigos de pieles colgados en su armario y fue designándolos uno por uno con nombres de grandes escritores americanos: Poe, Whitman, Melville, Hawthorne. Cada abrigo lo había comprado con el importe de una conferencia dedicada por Borges a alguno de aquellos escritores. Elsa era vulgar y codiciosa, reía a carcajadas, se quejaba sin disimulo de la impotencia de Borges, cometía robos ínfimos en las casas de la gente que los invitaba, solo tenía interés en ir de compras, era celosa, se acomplejaba ante los amigos intelectuales de su marido.




Di Giovanni tomaba nota de todo. Pronto empezó a recibir las confidencias quejumbrosas de Borges sobre el desastre de su matrimonio. También sus comentarios racistas sobre los negros, sus muestras de apoyo a la intervención americana en Vietnam, sus observaciones despectivas sobre otros escritores, sobre personas a las que en público fingía apreciar. Borges y Elsa volvieron a Buenos Aires a final de curso y muy pronto Di Giovanni se les había unido, para seguir trabajando con el maestro. Pero no era un simple traductor: las versiones en inglés de los poemas y los cuentos eran el producto de una colaboración entre los dos. Di Giovanni lo inducía a descartar poemas que no tenían calidad suficiente, a no escribir tantos sonetos muy parecidos entre sí, a separarse de aquella mujer irritante e indigna.


Ahora sabemos lo importante que era Thomas Norman di Giovanni, porque el propio Di Giovanni se ha encargado de contarlo en un libro que empieza leyéndose con curiosidad y hasta cierta avidez y acaba dejando algo parecido a un gusto muy desagradable en la boca, Georgie and Elsa: Jorge Luis Borges and His Wife, The Untold Story. Sin duda el tono agrio que transpira el libro tendrá que ver con el hecho de que María Kodama, viuda y heredera de Borges, canceló en cuanto pudo el acuerdo económico.





Di Giovanni, que tiene 81 años, es una de esas personas tan empapadas en su propio resentimiento que no saben hasta qué punto lo revelan en todo lo que dicen

Di Giovanni, que tiene ahora 81 años, es una de esas personas tan empapadas en su propio resentimiento que no saben hasta qué punto lo revelan en todo lo que dicen. Denigra a Elsa, que probablemente no era más que una señora de clase media que se encontró metida en una situación imposible. Pero, fingiendo defender a Borges, a él lo denigra más aún. Es uno de esos admiradores incondicionales dedicados insidiosamente a desacreditar a quien admiran al mismo tiempo que se envanecen de su cercanía. Trabajó codo a codo con Borges durante unos cuantos años, pero de todo ese tiempo no parece haberle quedado ningún recuerdo agradable, ninguna observación lúcida sobre literatura, ni sobre nada, ningún rasgo de humor, ningún gesto noble. Borges, dice, en apariencia tan sabio, no había leído prácticamente nada nuevo desde 1930. Se quejaba del olor de los negros. Le intrigaba que los pobres quisieran tener neveras y televisores, en vez de conformarse con leer a Dickens y a Dante. Su antiperonismo no procedía del amor por la libertad, sino de su desprecio de clase hacia la gente trabajadora. Su modestia era una fachada, su apariencia de fragilidad cobardía, su ceguera un pretexto para conseguir ventajas o manipular a otros. Casi medio siglo después, uno de los recuerdos que a Di Giovanni le parecen más dignos de evocar es el de las torpezas urinarias de Borges. Dice que él se ponía a su lado y le ayudaba a dirigir el chorro. Dice que una noche, en Cambridge, después de tomar juntos varias cervezas, Borges no pudo contenerse y se puso a orinar en la escalera del edificio, junto a la puerta del ascensor. En Buenos Aires, yendo a la Biblioteca Nacional, Borges le pidió a Di Giovanni que lo acompañara a los servicios de un bar, pero llegaron tarde y se orinó en el camino, mojándose ampliamente los pantalones y los zapatos, si bien no consideró necesario volver a casa a cambiarse.
Uno se pregunta para qué sirve recordar cosas así, tantos años después. Del hombre que escribió El Aleph, El hacedor o el ‘Poema de los dones’ no hay ni rastro en el libro. Lo que Di Giovanni ha escrito, involuntariamente, es un penoso autorretrato.
Georgie and Elsa. Jorge Luis Borges and His Wife: The Untold Story. Norman Thomas di Giovanni. Harper Collins, 2014. 200 páginas. 24 euros