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viernes, 27 de febrero de 2026

Paul Theroux / “Ser extranjero es la condición de todos los escritores”

 

Paul Theroux

Paul Theroux: “Ser extranjero es la condición de todos los escritores”

El escritor y viajero, que publica este año un libro de viajes sobre Canadá, reflexiona sobre su juventud, sus influencias y la situación política en Estados Unidos. 

martes, 27 de agosto de 2024

Paul Theroux / Los mandamientos del viajero

 

Bruce Chatwin


Los 10 mandamientos del viajero

Por:  15 de junio de 2012

  1. Deja tu casa.
  2. Ve solo.
  3. Viaja ligero.
  4. Lleva un mapa.
  5. Ve por tierra.
  6. Cruza a pie la frontera.
  7. Escribe un diario.
  8. Lee una novela sin relación con el lugar en que estés.
  9. Si tienes que llevar teléfono móvil, evita usarlo.
  10. Haz algún amigo.

sábado, 8 de marzo de 2014

Paul Theroux / En Lower River

Paul Theroux

En Lower River

Realidad vence a ilusión

Paul Theroux recurre a un héroe viajero que combate con su pasado y la naturaleza



África, en la foto un barco en el lago Chilwa, en Malawi, es una constante en la obra de Theroux. / PATRICK BROWN
La costa de los mosquitos (1982) lo hizo famoso por su historia entrañable de renuncia al sistema, de búsqueda de un paraíso de antemano perdido, y por su adaptación cinematográfica. Muchos recordarán el personaje de Allie Fox, el estrafalario inventor norteamericano que, harto del modo de vida consumista e hipócrita, embarca a su familia en un viaje a la costa de Honduras en la que refundar el mundo. La novela que consagró a Theroux se convirtió en una lectura a contrapelo del Robinson Crusoe, en modélico ejemplo de cómo la búsqueda de utopías no acostumbra a tener un final feliz.
Antes había escrito ya algunos de sus memorables libros de viajes, El viejo expreso de la Patagonia (1979) o Las columnas de Hércules(1995), escribiéndole al mapamundi jugosas notas a pie de página, de Hawai al Cono Sur, de China al Mediterráneo mítico de Grecia o de Córcega a Andalucía, crónicas de periodista sensible a la realidad humana, capaz de reflexionar ante el lector acerca de la comunión con frecuencia imposible entre la naturaleza y el ser humano. Y después deLa costa de los mosquitos vinieron novelas de enjundia como Chicago Loop (1990) u Hotel Honolulu (2002) —el escritor extraviado en busca de inspiración en una isla que devendrá remedo de la sociedad de la que huye— y candidaturas a los mejores premios, y también amargas disputas con el Nobel V. S. Naipaul que no vienen al caso, y una larga carrera de escritor a caballo siempre entre la ficción disfrazada de crónica o de fábula moral y crónica de viajes disfrazada de ficción de verdad, dividido entre el interés por la madre naturaleza y la repulsa hacia lo que denominamos primer mundo, entre la utopía rousseauniana y la realidad de la alienación y la demagogia social.
Mucho de Mr. Fox hay en Mr. Hock, Mr. Ellis Hock, el protagonista de su nueva novela, el propietario soñador de una tienda de ropa masculina, un hombre maduro visto en el punto de inflexión de su vida por el narrador desde un plano cenital, y el relato de las circunstancias que también le conducen a tomar la decisión de abandonar su entorno rutinario y frustrante y de refundar su vida somewhere else, como preámbulo para el desarrollo de su aventura de peregrinaje, primero, y más tarde de litigio con un lugar en el que busca de algún modo la Arcadia y en el que no encuentra en cambio sino una suerte de infierno moral, de corazón de las tinieblas, un remoto lugar de África en Malawi al que regresa cuarenta años después, que su memoria había idealizado (“había soñado que Lower River era un refugio jubiloso”) y que ahora su experiencia en busca del tiempo perdido desmitifica y condena.


Una fábula en torno a cómo la realidad miserable acaba con el recuerdo idealizado
Una novela categórica en la que tiene lugar el combate entre el hombre y su pasado, y entre el hombre y la naturaleza, una fábula en torno a cómo la realidad miserable acaba con el recuerdo idealizado, en fin, un relato que desea exhibir desde la impudicia que nunca segundas partes fueron buenas y que ningún tiempo pasado fue peor, una canción triste acerca de la degradación del recuerdo y de la imposibilidad de la utopía: “—Cogí el tren para ver a Haile Selassie. Diez horas en tercera clase. —Ese tren ya no existe. —Fui feliz en Lower River. —Las cosas son diferentes hoy[…]. Antes yo dejaba la puerta de mi casa sin cerrar”. Un nuevo héroe viajero, un nuevo héroe idealista, un nuevo héroe frustrado, esto es, un nuevo antihéroe que desea cultivar el jardín de la quimera, pero al que, hélas,se le marchitan las flores. Theroux, excepcional descriptor de la naturaleza, la ensalza en sus libros de viaje imprescindibles, locus amoenus felizmente encadenados, y la degrada o la escarnece ante su protagonista en su narrativa de ficción. Y En Lower River, una novela escrita desde el compromiso de su pasión por África, pero desde el adeudo de tener que vulgarizarla. “El barro del dique era denso y oscuro, un engrudo resbaladizo de un caramelo insustancial, plagado de escarabajos y recubierto con raspas de pescado y mondas de fruta”: no busque aquí el lector un África de ensueño a color en un catálogo de agencia de viajes, porque no encontrará sino un África real, degradada por la explotación salvaje, la falsedad de la apariencia y el conflicto inevitable entre culturas, convertida sin remedio en metáfora de la distopía y en ejemplo de lo cándida o de lo inútil o superflua que puede resultar con frecuencia la ilusión.
Ellis Hock abandonó el primer mundo y regresó a África en busca de una vida plena y con sentido, y se encontró con “chozas, un chico de ojos estupefactos, una mujer que avivaba una fogata con la tapa de una olla y un perro en pleno bostezo”. En Lower River es un espejo de hermoso marco en el que solo se refleja la cruda realidad. Theroux en estado puro, luciendo oficio y empleándose a fondo.

En Lower River. Paul Theroux. Traducción de Ezequiel Martínez Llorente. Alfaguara. Madrid, 2014.372 páginas. 19,50 euros.


Cees Noteboom / Paul Theroux / Viajes cruzados

Cees Noteboom


Cees Noteboom y Paul Theroux, 

viajes cruzados

El escritor holandés y el estadounidense comparten sus experiencias literarias



Encuentro entre Cees Noteboom y Paul Theroux. / ALVARO GARCIA




El escritor Paul Theroux, nacido en Massachussets en 1941, estaba ayer feliz aunque había dormido poco, en su hotel junto a la casa en la que vivió su admirado Pío Baroja. Se despertó de madrugada, para ver, “feliz”, el triunfo de Obama; desayunó y en seguida se fue a encontrar, en un hotel de toreros y escritores, a su colega Cees Noteboom, nacido en La Haya en 1933. Con él compartió, en seguida, la felicidad por el triunfo del presidente norteamericano en las urnas. Su destino, como autores, es el viaje, y la consecuencia de sus largos trayectos es la literatura.
Pero antes de hablar de la sustancia de su escritura, Theroux compartió con Noteboom la crónica de un drama que finalmente resolvió. Hace treinta era íntimo amigo de Vidia Naipaul. Rompieron, Theroux escribió un descarnado retrato de quien luego sería Premio Nobel y la amistad se acabó del todo para siempre. Hace año y medio Ian McEwan descubrió a Sir Vidia entre los asistentes al Hay Festival de Gales e incitó a Paul a saludarlo. “La vida es muy corta, conviene que lo hagas”, le dijo entonces.
Theroux lo hizo. Vidia, “ya un hombre muy débil”, tomó sus manos, “también él tenía ganas de encontrarme, me dijo”. El fotógrafo Daniel Mordzinski inmortalizó el instante. Paul Theroux se tomó luego “diez expresos para recuperarme de la impresión que me produjo el reencuentro”. Luego se escribieron. Theroux le recita de memoria a Noteboom la carta que recibió, con puntos y comas. “Años antes lo conforté por la muerte de un hermano suyo. En su carta me decía que ese reencuentro le hizo recordar aquella carta”. No volvieron a transitarse, pero ese fue un momento culminante de su vida. “Ian tenía razón. La vida es demasiado corta, había que reencontrarse con aquel viejo amigo”, recuerda hoy.
Theroux habla con pasión, como viaja, pero en este momento, cuando un suspiro pone final a su recuento, mira a Noteboom, como si quisiera ver en la cara de este el efecto que en él mismo hizo aquella historia. Luego hablarían de viajes, del viaje interior, “hacia los climas”, de Noteboom, y del viaje “hacia la gente” del autor de El gran bazar del ferrocarril.
El escritor holandés, que viaja con su mujer, convirtió el camino de Santiago en un símbolo laico del alma de Europa; se fija en los símbolos que marcan las señales de la tierra, mientras que el estadounidense, trotamundos solitario, viaja siempre fijándose en las personas, “incluso las historias de ficción las imagino llenas de gente, y es con la gente con la que me encuentro como entiendo los países que visito”.
La literatura surge tras el viaje; usan mapas, deciden visitar lugares lejanos (ahora están preocupados: el fundamentalismo ha vedado la entrada a muchos países, “el mundo tiene más fronteras”, dice Noteboom), pero el libro se va haciendo con el recuerdo de lo que vieron, “ese es nuestro sedimento, el recuerdo”. El autor de Perdido el Paraíso recuerda situaciones, y a partir de esos datos reconstruye sus descubrimientos, mientras que Theroux (y esto le maravilla a su colega) es capaz de recordar conversaciones enteras, como demuestra en su libro sobre Naipaul y como le demostró a su amigo holandés recitando, palabra por palabra, como la carta que le dirigió Sir Vidia, lo que Cees dijo la primera vez que se vieron.
“El diálogo te descubre un país”, dice Paul Theroux, que ayer por la mañana, sin embargo, se iba al Museo del Prado para dialogar con las pinturas negras de Francisco de Goya y para ver una vez más su cuadro favorito, el perro semihundido de Goya, “acaso una expresión del pesimismo en todos los tiempos”. Son las suyas dos actitudes alejadas: a Paul Theroux le gusta viajar hablando, Cees Noteboom trata de “recuperar mirando el espíritu de la gente”.
Los dos han venido a Madrid, invitados por la Fundación Barreiros y la Fundación Mapfre, a hablar de la literatura y el automóvil, “ese invento”, dicen los dos, “que tan feliz nos ha hecho a los viajeros”. Ya que están aquí, les pido una rápida mirada al semblante español de este tiempo. Noteboom: “Vi el cambio entre el franquismo y la explosión económica que llevaba a los caballeros a beber whisky antes de comer. Ahora la cosa está mal, pero hay esperanza en que Europa se recupere”. A Theroux le parece una buena noticia que Barack Obama siga gobernando: “Eso es muy importante para que esta parte del mundo salve el ánimo”.
Los dos escritores tienen libros recientes en la mesa de novedades. Siruela acaba de publicar Tenía mil vidas y elegí una sola (Noteboom en diálogo con el filósofo Rüdiger Safranski) y la última obra antológica de recuerdos trotamundos de Theroux (El Tao del viajero) ha aparecido recientemente en la editorial Alfaguara.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/08/actualidad/1352353206_543834.html