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domingo, 23 de noviembre de 2025

Manuel Vicent / El veraneante clandestino

 


leila guerriero relaciones amorosas
Una mujer revisa su teléfono móvil en la playa de Cabo de Gata, en Almería.EFE


El veraneante clandestino

Mi amigo pasaba los meses de agosto por la costa con todo detalle sin la necesidad de abandonar Madrid





Manuel Vicent
MANUEL VICENT
13 SEPT 2024 - 22:40 COT

miércoles, 14 de mayo de 2025

Arthur Miller y Tennessee Williams / Dramas que llevan dentro los dramaturgos

Tennessee Williams


Dramas que llevan dentro los dramaturgos 

La fortaleza moral y las contradicciones de Arthur Miller frente a la pasión desbordante y el delirio de Tennessee Williams, dos gigantes del teatro estadounidense


Manuel Vicent
MANUEL VICENT
29 MAR 2025 - 05:15 CET

lunes, 31 de marzo de 2025

La gabardina de Albert Camus


L'ecrivain Albert Camus


La gabardina de Albert Camus

Daba por supuesto que nunca llegaría a la altura del escritor, pero algo podría suceder si me compraba la misma vestimenta y fumaba Gitanes sin filtro como él



Manuel Vicent
MANUEL VICENT
26 ENE 2025 - 05:00 CET

sábado, 23 de noviembre de 2024

Manuel Vicent / Una merienda con Benet, Jesús Aguirre y García Hortelano

 

Desde la izquierda, los escritores Rafael Sánchez Ferlosio, Juan García Hortelano y Javier Pradera, en la presentación de un libro en 1986.

Desde la izquierda, los escritores Rafael Sánchez Ferlosio, Juan García Hortelano y Javier Pradera, en la presentación de un libro en 1986.LUIS MAGÁN

Una merienda con Benet, Jesús Aguirre y García Hortelano

Me pregunto si la dorada pandilla de la ‘gauche divine’ de Barcelona, corría el áspid de la envidia y del resentimiento y no eran tan felices como trataban de demostrar

Manuel Vicent

22 de noviembre de 2024


Ignoro si entre escritores, poetas y artistas puede darse una verdadera amistad. Unos y otros dicen admirarse en las dedicatorias, se funden con abrazos en los encuentros literarios, pero el ego del artista tiene un caparazón muy compacto que apenas deja un resquicio por el que pueda colarse alguien capaz de disputar, ignorar o no compartir por entero su trabajo. Aquella dorada pandilla de la gauche divine, amamantada en los peluches de Boccaccio de Barcelona, años cincuenta, formada por escritores, poetas, intelectuales y artistas se divertían juntos, bebían juntos, compartían éxitos, se entrecruzaban amores, pero siempre me he preguntado si bajo las risas, juergas, viajes y mutuos elogios con un gin-tonic en la mano correría el áspid de la envidia y del resentimiento y no eran tan felices como trataban de demostrar. Tuve la ocasión de tratar de cerca a tres personajes, a la vez amigos con un ego muy desarrollado, que me descubrieron algunas capas secretas de la cebolla del alma, Jesús Aguirre, que atendía como duque de Alba, Juan García Hortelano, cuya lengua era tan peligrosa como su bondad y Juan Benet, que trataba por todos los medios parecer malvado sin conseguirlo.

domingo, 17 de noviembre de 2024

Manuel Vicent / De héroes y tumbas

 


El presidente valenciano, Carlos Mazón, en su comparecencia el viernes en las Cortes regionales.
El presidente valenciano, Carlos Mazón, en su comparecencia el viernes en las Cortes regionales.CLAUDIO ÁLVAREZ

De héroes y ratas

Cuando pasen los años también esta dana mortífera de 2024 partirá en dos la memoria de los valencianos


MANUEL VICENT
16 NOV 2024 - 23:00 COT


Apenas llovía en Valencia aquella tarde del 14 de octubre de 1957, pero las trombas de agua llegaron de madrugada desde las cabeceras del Turia, donde no había cesado de caer un persistente aguacero. La riada desbordó los puentes y después de llevarse hasta el mar la vida que había en el cauce del río, enseres, personas y animales, dejó anegadas las calles de la ciudad vieja bajo dos metros de agua y barro. Como siempre sucede en cualquier tragedia hubo ciudadanos que se comportaron como héroes y otros como ratas. Franco no se acercó a Valencia hasta el 24 de octubre, pasados 10 días de la catástrofe, cuando el lodo ya se había secado, para ser obligatoriamente aclamado, aunque las primeras ayudas no llegaron hasta ocho meses después. El alcalde Tomás Trénor fue destituido de modo fulminante solo por haber insinuado ante el pleno que los valencianos se sentían abandonados, y al periódico Las Provincias le cortaron el suministro de papel porque su director, Martín Domínguez, que hubo de dimitir, había escrito: “Si no hablan los políticos hablarán las piedras”. Los muertos, el barro y la desolación tardaron mucho en olvidarse. A partir de aquella inundación el tiempo en Valencia se dividió en antes y en después de la riada. El lanzamiento del Sputniksoviético, el estreno de El último cupléGildael bayón de Ana, el gol de Zarra, ah, eso fue antes de la riada; la venida de Eisenhower a España, el garrote que le dieron a la envenenadora, la retirada de Puchades, ah, eso fue después de la riada. Cuando pasen los años también esta dana mortífera de 2024 partirá en dos la memoria de los valencianos, y la rueda de la vida con los amores, viajes, negocios y proyectos habrá sucedido antes o después de la dana. Y en medio de la tragedia, como sucedió con la riada de 1957, se recordará que hubo ciudadanos que se comportaron como héroes y un presidente de la Comunidad que estaba de larga sobremesa mientras muchos de sus queridos paisanos se ahogaban.


EL PAÍS



martes, 21 de mayo de 2024

Manuel Vicent / “Estoy llegando al final del río”

 

El escritor Manuel Vicent, en su casa en Madrid a principios de mayo.SAMUEL SÁNCHEZ


Manuel Vicent: “Estoy llegando al final del río”

De la canción que tocaba su padre al violín y marcó su vida a la muerte de su hijo Mauricio. El escritor publica su libro más autobiográfico


Paco Cerdá

17 de mayo de 2024

1

Manuel Vicent dice que la vida, como el violín, solo tiene cuatro cuerdas: naces, creces, te reproduces y mueres. Su literatura se asemeja más al fuelle de un acordeón, que pliega y despliega el tiempo para crear, con finísimas variaciones, una misma melodía: la memoria fermentada. Arte tejido en el telar de los recuerdos.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Arthur Rimbaud / Yo es otro

Arthur Rimbaud





Arthur Rimbaud: Yo es otro


Javier Marías / Arthur Rimbaud contra el arte


MANUEL VICENT
18 de agosto de 2010

Se trata de saber por qué un niño angelical de ojos azules y bucles dorados pudo convertirse en el adolescente más depravado sin haber perdido la inocencia; por qué un poeta superdotado, creador del simbolismo, el que usó por primera vez el verso libre, el que inauguró la estética moderna, abandonó la literatura a los 19 años, en la cumbre de su genio y se convirtió en un contrabandista de armas y sólo entonces fue feliz. Este enigma ha dado de comer a centenares de críticos literarios. Llegar al alma de Rimbaud siempre se ha considerado una proeza de la psicología humana.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Manuel Vicent / Llorar por las plegarias atendidas

Truman Capote charla con la artista Gloria Vanderbilt (izquierda)
y la cantante Pearl Bailey en un club de Nueva York en 1955.
BETTMANN 


Llorar por las plegarias atendidas

Truman Capote y J. D. Salinger sedujeron a las más célebres criaturas de la alta sociedad neoyorquina, pero al final ellas acabaron destrozándolos


Manuel Vicent
8 de octubre de 2021


“Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por aquellas que permanecen desatendidas”. Este pensamiento de Teresa de Ávila merecía haber sido impreso en las tarjetas del célebre Stork Club de Nueva York, donde en los años cuarenta del siglo pasado bebían y desplegaban sus alas los cisnes más blancos de la ciudad. Era un club clandestino, pero solo para quienes no tenían nada que ofrecer a la fama y a la seducción. Por allí pasaban todas las celebridades del momento y se juntaban con las niñas doradas del Upper East Side, de apellidos famosos, entre otras Gloria Vanderbilt, Oona O’Neill (hija del dramaturgo ganador del Nobel), las Bouvier, las Astor, todas apacentadas por Truman Capote, quien usó más de la mitad de su talento solo en elaborar frases ingeniosas y réplicas malvadas que divirtieran a aquel rebaño que se congregaba en torno a la aceituna del Martini.


Bastaba con que cualquiera de ellas despegara sus labios rojos para que todo alrededor oliera a dinero. ¿Qué habían hecho esas criaturas aladas para derramar tanta felicidad? Nacer en una familia adecuada, una de esas que con solo un estornudo ponía de los nervios a todo Wall Street. Pero ahí estaba Truman Capote para dar sentido a su vaga existencia mediante el juego sorprendente de las palabras. De Oona O’Neill decía: “Solo tiene un defecto, es perfecta”. Pero en el Stork Club el ingenio estaba muy repartido. Alguien preguntó a Gore Vidal por qué no había saludado al pequeño Capote. “Es que le he confundido con un puff”, contestó.


Después de libar como una abeja todas las flores de Taormina y sobrevolar las fiestas de París, la nieve de Saint-Moritz, los sillones blancos de la Costa Azul, de Isquia, Capri, Positano y los turbios almohadones de Tánger, siempre rodeado de personajes pasados de la raya, Truman Capote volvía al Stork Club para reunirse de nuevo con sus criaturas; y ellas, en aquellos oscuros divanes, en los aperitivos en el Oak Bar del Plaza, en los yates o en los jets privados hacia Jamaica, le contaban sus secretos, sus infidelidades, sus vicios y las veces que habían intentado cortarse las venas.


Fiel a su principio de que todo lo que hace la literatura no es más que un chisme, después de escribir la obra maestra A sangre fría, con la que fundó el nuevo periodismo, ahogado su talento en alcohol y barbitúricos, quiso añadir un nudo más a la soga con que se ahorcó a los asesinos de Kansas. Convertido ya en un viejo peluche rodeado de almohadas, aquellas criaturas a las que durante toda su vida había tratado de seducir comenzaban a abandonarlo y para vengarse se dispuso a escribir una novela, Plegarias atendidas, en la que iba a sacrificarlas. Pese a su belleza, los cisnes son aves muy crueles y atacan con violencia cuando ven amenazados sus nidos. Si fuera cierto que se escribe para enamorar, para que te quieran, Capote había fracasado. Aquellas criaturas aladas acabaron por destrozarlo.


Por el Stork Club caía a veces en ese tiempo un joven elástico, rico, neurótico, inteligente, esnob y sarcástico, enfundado en un abrigo negro Chesterfield. Se llamaba J. D Salinger y también trataba de seducir a aquellas muchachas de oro, a la vez que las despreciaba. Las volvía locas, pero no a todas. La adolescente de 15 años Oona O’Neill le fue esquiva hasta que vio que aquel joven tan atractivo había publicado su primer cuento en la revista The Story, como lo hacían Hemingway, Scott Fitzgerald y Capote. Iniciaron la mutua seducción en los divanes del Stork Club; Oona y Salinger eran esa clase de novios que se besaban todavía con los labios cerrados cuando cayó sobre ellos la Segunda Guerra Mundial. Salinger se alistó en el ejército, participó en el desembarco de Normandía y, mientras llovían hierros por todas partes, le escribía a Oona desde el frente encendidas cartas de amor hasta que un día en un periódico que estaba leyendo un soldado vio la foto con la noticia a toda página de que Oona O’Neill, su novia tan inocente, aquel cisne blanco, se había casado con Charles Chaplin, 40 años mayor que ella.


Cada uno a su modo, Capote y Salinger se vieron obligados a derramar lágrimas por las plegarias atendidas en el Stork Club. Ambos obtuvieron el éxito más resonante, uno con A sangre fría, otro con El guardián entre el centeno, y los dos perseguidos y atacados por aquellos cisnes blancos tomaron en su huida caminos distintos. Capote huyó por la intrincada senda del alcohol y las drogas hasta llegar a ese paraíso donde se vislumbra la séptima cara del dado que es la muerte y Salinger, bombardeado por el propio éxito, tuvo que enterrarse vivo en una granja de Cornish, donde su anonimato se convirtió en una leyenda hasta el punto de que llegar hasta él era una misión tan difícil como encontrar un mono en Marte, siempre que el explorador fuera un periodista, biógrafo, crítico literario o editor, pero no si era una joven admiradora atractiva dispuesta a ser pasada por las armas.



EL PAÍS

Manuel Vicent

Escritor y periodista. Ganador, entre otros, de los premios de novela Alfaguara y Nadal. Como periodista empezó en el diario 'Madrid' y las revistas 'Hermano Lobo' y 'Triunfo'. Se incorporó a EL PAÍS como cronista parlamentario. Desde entonces ha publicado artículos, crónicas de viajes, reportajes y daguerrotipos de diferentes personalidades.





DE OTROS MUNDOS







miércoles, 21 de julio de 2021

Virginia Woolf en Londres


Virginia Woolf


Virginia Woolf, 

en Londres

Fue la primera en narrar con voces superpuestas, las mismas que oía y vulneraban su mente bipolar. Después de romper todas las barreras de la moral victoriana un día llenó de piedras los bolsillos del abrigo y se ahogó en el río Ouse


Manuel Vicent
17 de agosto de 2019


Mi hotel estaba situado en Bloomsbury, un barrio lleno de librerías y tiendas de anticuarios, de plazoletas con jardines privados, a unos pasos del Museo Británico y del 46 de Gordon Square, la casa donde vivió Virginia Woolf. En mi primer viaje a Londres aprendí que los ingleses para llamarte hijo de perra bajan la voz, que los generales acuden al cuartel de paisano con paraguas, que este pueblo se las ha arreglado históricamente para vivir a costa del resto de los mortales, que sus ladrones, si bien no ganan en simpatía a los italianos, son, en cambio, los más elegantes del planeta, que si un británico, él o ella, sale guapo de fábrica, lo sigue siendo hasta la víspera de su muerte, que sus aristócratas se distinguen por masticar un pudin sin mover los labios. ¿Quién en el fondo no desearía haber recibido una herencia sucia muy cuantiosa purificada por cuatro generaciones que te permitiera ser esnob, excéntrico, divertido e ingresar en la aristocracia de la inteligencia como sucedió con la familia de Virginia Woolf?

lunes, 22 de marzo de 2021

Manuel Vicent / ‘El gatopardo’ bajo la luna en Palermo

‘El gatopardo’ 

bajo la luna 

en Palermo

Lampedusa se ahorró la neurosis del éxito. Pasaron a la posteridad juntos la novela y su alma. No ha habido nunca una gloria más cómoda

Manuel Vicent
24 de agosto de 2019


El escritor Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su casa de Palermo en 1956.
El escritor Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su casa de Palermo en 1956.


En Roma el pintor Renato Guttuso, sin duda el primer artista de Italia, vivía en lo que fueron los jardines de Domus Áurea, residencia de Nerón, dominando el Foro, en el palacio que perteneció al conde Grillo, un noble misericordioso que arrojaba desde el balcón pan duro a los pobres los domingos después de misa. El pintor tenía ya 75 años cuando lo conocí. Era senador comunista, del comité central, y su rostro, todavía atractivo, parecía seguir atormentado por una gran pasión femenina. Su amante, Marta Marzotto, nos contemplaba desnuda desde un óleo mientras un barbero afeitaba al artista en la biblioteca. Cuando le dije que me dirigía a Palermo para seguir el rastro que había dejado el autor de El gatopardo, me contestó: 
-Allí nací yo, en Bagheria. Palermo es impenetrable. Si lo desea, mi mecánico, Isidoro Canfarotta, podrá ayudarle. En cuanto al autor de El gatopardo, no encontrará nada. Solo dejó atrás un humo dorado.

viernes, 12 de febrero de 2021

Manuel Vicent / La escuela de escritores acostados


Juan Carlos Onetti, en una imagen de 1989.Juan Carlos Onetti, en una imagen de 1989.FOTO: FRANCISCO ONTAÑÓN

La escuela de escritores acostados

Gran número de autores debe su vocación literaria a aquella enfermedad que en la adolescencia les tuvo durante meses, incluso años, postrados en el lecho


Manuel Vicent
Madrid, 22 de mayo de 2020

Dijo Blaise Pascal: ”Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación". Existe en la historia de la literatura una serie de escritores que siguieron el consejo de Pascal y optaron por hacer de su dormitorio el reducto de su actividad creativa. Dormían, comían, escribían y recibían visitas alrededor de la cama donde permanecían tumbados sin enfermedad alguna ni razón aparente. En el lecho produjeron gran parte de su obra, entre otros Voltaire, Mark Twain, Marcel Proust, George Orwell, Truman Capote y los españoles Valle Inclán, el tardío Pío Baroja, Vicente Aleixandre y el uruguayo Juan Carlos Onetti. Podría llamarse la escuela literaria de escritores acostados.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Joseph Conrad y Hermann Hesse / Escritores suicidas frustrados

 

Hermann Hesse

Escritores suicidas frustrados

Joseph Conrad no tiene una sola página ridícula ni se permitió una zozobra. La vitalidad de Hermann Hesse entró en conflicto con la vida oscura de su familia


Manuel Vicent
6 de noviembre de 2020




El escritor Joseph Conrad, abordo del S. S. Tuscania en su llegada  a Nueva York, en 1923
El escritor Joseph Conrad, abordo del S. S. Tuscania en su llegada a Nueva York, en 1923BETTMANN / BPA
La nómina de escritores que prefirieron largarse al otro mundo por la vía rápida a seguir escribiendo es magnífica y prácticamente interminable. Desde los clásicos Sócrates, Séneca y Petronio, pasando por Larra, Ganivet y Gabriel Ferrater entre los nuestros, por los famosos Salgari, Jack London, Virginia Wolf, Stefan Zweig, Sylvia Plath, Cesare Pavese, Walter Benjamin, Hemingway, la lista no está cerrada porque este es un oficio siempre al borde del acantilado, que no es sino el propio ego por el que el escritor está siempre a punto de despeñarse. Pero hubo dos grandes literatos que pasaron a la gran historia de la literatura gracias a que en su atormentada juventud, pese a haberlo intentado, no lograron suicidarse: Joseph Conrad y Hermann Hesse.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Juan Genovés / El sueño interminable



Juan Genovés en su estudio
Madrid, 2017
Foto de Bernardo Pérez

Juan Genovés: el sueño interminable

Hincha sin fisuras del Valencia C. F., al pintor le mantuvo vivo la ingenuidad en la lucha creativa por sus ideas marxistas



Manuel Vicent
15 de mayo de 2020

Conocí a Juan Genovés, fallecido este viernes, ya en Madrid hacia el final de los años sesenta y en la peña de valencianos Tirant lo Blanc a la hora de la cena en el reservado de algún restaurante siempre procuraba sentarme a su lado para hablar, no de marxismo leninismo, sino de aquellos futbolistas del equipo del Valencia que habitaban bajo el aroma de los cromos de nuestra niñez. Eizaguirre, Álvaro, Juan Ramón, Bertolí, Iturraspe, Lelé, Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza. A veces para divertirme le planteaba un diabólico dilema: que triunfara la dictadura del proletariado o que ganara el Valencia la liga o incluso la copa del malhadado Generalísimo. No tenía duda. Para Genovés una victoria del Valencia C. F. era similar a la justicia universal y su derrota un severo cataclismo del espíritu. Nació en Valencia en 1930. Su infancia transcurrió en el barrio de Mestalla. Desde su piso situado en una cuarta planta veía la cancha del campo de fútbol y oía las ovaciones de los hinchas.

sábado, 2 de mayo de 2020

Manuel Vicent / Antonio López, doméstico


Antonio López, en enero de 2019 en su casa de Madrid.
Antonio López
Madridi, enero de 2019

Antonio López, doméstico

El taller del pintor es una prolongación natural del propio hogar en el que la obra y la vida forman una sola sustancia


Manuel Vicent
18 de enero de 2019

El pintor abre la puerta del jardín como un afable menestral. Lleva colgado del cuello un mandil manchado de pintura que le llega hasta la pantorrilla, atado sobre la tripa con doble lazada. En la entrada del jardín hay unas esculturas de escayola, un serón con membrillos y manzanas, algunas macetas con plantas entre bártulos arrumbados en aparente desorden, pero tratándose del pintor Antonio López sería un error no dar importancia a cualquiera de estos cacharros, que han pasado por sus manos. Detrás de unos tableros apoyados contra la pared se puede leer: el rey y la reina.

Manuel Vicent / El retrato

La familia de Juan Carlos I
Antonio López


El retrato

Aquí se ha dado la vuelta al mito de Dorian Gray


MANUEL VICENT
6 DIC 2014 - 18:00 COT

En el retrato de la familia real, que el artista Antonio López ha tardado 20 años en pintar, se ha dado la vuelta al mito de Dorian Gray. En la novela de Oscar Wilde el protagonista vende su alma a cambio de permanecer siempre joven. En el pacto se establece que Dorian Gray podrá llevar una vida mundana llena de vicio y belleza. Las secuelas de los actos sórdidos que pueda cometer y la destrucción natural que comporta el paso del tiempo serán asumidas por su propio retrato de joven seductor, que se conserva intacto en la oscuridad de palacio. El pacto se cumple. Después de muchos años, cuando finalmente su retrato se revela, aparece en el lienzo la figura de un viejo decrépito y corrompido. Aquí ha sucedido lo contrario. Envuelto en la catástrofe social Dorian Gray ha envejecido en público ante la historia, ha soportado la decadencia y el descrédito, pero al descubrirse el cuadro aparece su figura juvenil tal como era en aquel tiempo feliz antes de que nuestros sueños fueran derrotados. Este retrato de la familia real no plantea un problema estético sino moral. No se trata de la imposibilidad física de detener en un punto el inaprensible fluido de la luz ni que después de 20 años no exista ningún rostro que al final no sea culpable de su propia degradación. Veinte años han sido suficientes para que la corrupción política y la crisis económica ocupen en el lienzo todo el paisaje de fondo. En pintura existe un principio fundamental: es siempre el espectador el que termina de pintar el cuadro. En este caso cada espectador, al ejecutar su retrato paralelo, sin duda podrá añadir sus propias caídas, sueños, miserias y frustraciones. La luz fugitiva del tiempo y de la memoria estará sometida a una dura prueba. Serán muchos, tal vez, los que se pregunten dónde está en ese cuadro el carro de heno.