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lunes, 10 de julio de 2023

Rudolph Wurlitzer / El pulpo se ha desintegrado

«El pulpo se ha desintegrado». NOG – Muerte a la Novela Chorras

«Debo atreverme a no ser desentrañado. No debo dejarme conocer, con el fin de conocerme a mí mismo. Hay variaciones. Me gusta como suenan todas ellas».

El western psicótico de Rudolph Wurlitzer

 

Rudolph Wurlitzer

El western psicótico de Rudolph Wurlitzer

Por Fran G, Matute

El Cultural (ES)

Viene ya siendo algo común eso de ver cómo un autor olvidado o prácticamente desconocido en este país desembarca de repente en las librerías en mil y un formatos. Ocurrió hace no mucho con Hubert Selby Jr., y parece que esté ocurriendo lo mismo con Margaret Drabble. Su obra se pone de moda (no sabemos muy bien por qué), y las infinitas editoriales independientes que hay en España se lanzan a rescatar sus títulos como si no hubiera un mañana. “Bien para el lector”, pensará la mayoría, pero esta atomización puede provocar a la larga no solo dispersiones de posicionamiento comercial sino también distorsiones literarias, por la multiplicidad de traductores.

Rudolph Wuelitzer / Nog





Nog,
de Rudolph Wurlitzer

Dice el narrador de Nog en las primeras páginas de la novela:

Llego a la conclusión, cuando realmente reflexiono sobre ello, de que me invento buena parte de mis recuerdos —ahora mismo tres, para ser exactos— porque de lo contrario no consigo que me interesen.

sábado, 5 de junio de 2021

La novela puede (y debe) ser un animal salvaje




La novela puede (y debe) ser un animal salvaje

En muchos casos las obras de Rudolph Wurlitzer o Robert Cover resultan inexplicables


Laura Fernández
6 de abril de 2018

Rudolph Wurlitzer nació en Cincinnati, en 1937. Rudolph es descendiente del tipo que inventó el famoso piano eléctrico. También es el más desconocido de los tipos que destruyeron, brillantemente y a conciencia, a mediados del siglo pasado, la idea de la novela como mero contenedor de una historia. Tipos como John Barth, Robert Coover, Richard Brautigan. Tipos cuyas novelas resultaban inexplicables porque, en muchos casos, no explicaban nada, o lo que explicaban era una digresión de esa nada, o resultaba tan ridículamente inconcebible que mejor ni siquiera intentarlo.