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miércoles, 14 de enero de 2015

El mapa energético / Las sorpresas de un petróleo más barato




EL MAPA ENERGÉTICO

Las sorpresas de un petróleo más barato

El repentino abaratamiento del crudo podría ser tan perturbador como la crisis de 1974



    Ilustración Eva Vázquez
    La crisis del petróleo de 1974 cambió el mundo. Hacia marzo de aquel año, el precio del crudo se había cuadruplicado: el barril pasó de tres a doce dólares. Los países productores, en su mayoría de Oriente Próximo y el norte de África, se convirtieron en nuevas potencias económicas, mientras que las economías de EE UU, Europa, Japón y otros importadores sufrieron un grave revés. Las relaciones de poder entre los principales actores geopolíticos se vieron alteradas y se crearon nuevos vínculos. También provocaron guerras y contribuyeron a la propagación internacional del fundamentalismo islámico, gracias a la financiación que recibió de países que acababan de convertirse en Estados muy ricos, como Arabia Saudí y otros.
    El mundo está a punto de descubrir que la considerable, repentina y absolutamente inesperada bajada actual del precio del crudo podría ser tan perturbadora como esa crisis de 1974.
    Algunas de las repercusiones que ha tenido en todo el mundo la caída del precio del crudo iniciada en junio —con un descenso del 45%— han sido inmediatas. La alegría con la que los ciudadanos de Estados Unidos y el resto del mundo han empezado a consumir gasolina es un ejemplo de ello. Otro es la preocupación de los Gobiernos de los países exportadores de petróleo, que se enfrentan a la necesidad de recortar el gasto público y se arriesgan al caos social y político.
    Hay otras consecuencias de la bajada del precio del petróleo que apenas han empezado a notarse. Últimamente, la prensa nos está dando pistas sobre lo que le espera al mundo si los precios siguen bajos durante un periodo prolongado (y subrayo ese si condicional). Chevron acaba de anunciar que va a cancelar un proyecto de exploración de 10.000 millones de dólares para buscar gas de esquisto en Ucrania. El Gobierno de Kiev contaba con ese proyecto para estimular su renqueante economía y reducir su dependencia del gas ruso. Este no es más que un ejemplo concreto de una tendencia más generalizada: descartar o posponer proyectos energéticos que, de repente, se han vuelto demasiado arriesgados o inviables, desde un punto de vista económico, al bajar el precio del crudo. Según Goldman Sachs, hay inversiones en el sector valoradas en un billón de dólares que ahora se están reconsiderando o se han cancelado. A la larga, el efecto puede ser una menor producción de petróleo y, por tanto, un precio más alto de la energía. A corto plazo, la desaparición repentina de este enorme flujo de inversión perjudicará por fuerza a las compañías energéticas y, especialmente, a sus proveedores de equipos y a las empresas de construcción e ingeniería que deben llevar a cabo esos trabajos.
    Otros tres titulares de prensa que ilustran los cambios que ha traído consigo la crisis del petróleo de 2014 proceden de Rusia, Venezuela e India. El pasado 15 de diciembre fue un lunes negro: la Bolsa de Moscú experimentó un retroceso del 11% y el rublo cayó un 13%, lo que significa que una cuarta parte del valor en dólares de las empresas cotizadas se esfumó en un solo día. El Banco Central respondió subiendo los tipos de interés del 10,5% al 17%. Esta dolorosa medida sigue siendo insuficiente para frenar el rápido y enorme descenso de las reservas y la veloz devaluación de la moneda provocados por la disminución de los ingresos del petróleo (el 75% de las exportaciones totales y el 50% de los ingresos públicos del país), la masiva fuga de capitales y las sanciones económicas por el conflicto ucranio. El temor, cómo no, es que el beligerante Vladímir Putin siembre cizaña en el exterior para distraer la atención de la difícil situación de Rusia.
    En Venezuela, la economía ya estaba sumida en el caos cuando el barril de crudo estaba en los 120 dólares. Ahora que los precios han caído por debajo de los 60 dólares, el Gobierno, conocido por la corrupción endémica y su desastrosa gestión, está perdiendo el control. Así y todo, el presidente, Nicolás Maduro, ha afirmado una y otra vez que la precaria situación se debe a una conspiración internacional y ha reaccionado redoblando los ataques contra quienes le critican (como yo) y la represión contra los políticos de la oposición. El desastre financiero de Venezuela ha sido un factor importante en el histórico cambio en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba anunciado por Barack Obama y Raúl Castro el pasado 17 de diciembre.
    La arruinada economía de Cuba se ha mantenido a flote gracias, en gran medida, a las enormes subvenciones de Caracas desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1998. Sin embargo, últimamente se ha puesto de manifiesto que sustentar la economía cubana en la cuerda de salvamento de Venezuela era una apuesta demasiado arriesgada. La caótica situación económica y política de Venezuela hacía cada vez más difícil que se pudieran mantener los acuerdos mantenidos entre ambos países en los últimos 15 años. Sin duda, la débil situación de la economía venezolana ha llevado a que los dirigentes de Cuba se mostrasen más dispuestos a aceptar una descongelación de las relaciones con Estados Unidos que seguramente impulsará el comercio y la inversión en la isla. Por consiguiente, el abaratamiento del petróleo también ha sido, de forma muy indirecta pero poderosa, un factor que ha contribuido a que se ponga fin a una política estancada e ineficaz que estaba en vigor desde hace más de medio siglo.
    Mientras tanto, India ha aprovechado la bajada de los precios del petróleo para recortar las elevadas subvenciones que paga por el consumo de gasóleo. Hace tiempo que se sabía que esas ayudas eran perjudiciales, pero suprimirlas resultaba impopular desde el punto de vista político. Este es un buen ejemplo de un país que aprovecha la oportunidad que brinda la caída del crudo para aprobar una reforma necesaria que antes era demasiado delicado abordar.
    Represión política, arriesgados proyectos internacionales y reformas necesarias en la política exterior o la economía son solo algunas de las consecuencias inesperadas del abaratamiento del petróleo.
    Traducción de Paloma Cebrián / News Clips.



    jueves, 27 de febrero de 2014

    Arde la estatal Petróleos de Venezuela



    Arde la estatal Petróleos de Venezuela

    Los accidentes en las refinerías, los despidos y la multiplicación de la deuda amenazan a la industria petrolera

    El sector aporta más del 60% del presupuesto nacional



    Incendio en la refinería venezolana de Amuay. / EFE/ARCHIVO
    El 30 de junio 2013, una explosión en el Complejo Criogénico José Antonio Anzoátegui de Barcelona, al este de Venezuela, levantó una llamarada de 50 metros que, según las autoridades, fue controlada en 20 minutos sin reporte de heridos. El 11 de agosto, el impacto de un rayo incendió la laguna de desechos de la refinería Puerto La Cruz, también en el oriente. “Tenemos el incendio confinado en la laguna”, informó entonces Asdrúbal Chávez, vicepresidente de Refinación, Comercio y Suministros de la estatal Petróleos de Venezuela y primo del difunto mandatario Hugo Chávez. El 20 agosto, otro rayo encendió fuego en una chimenea de la refinería de Amuay, una de las dos plantas que conforman el Complejo Refinador de Paraguaná, el mayor del país, donde hace exactamente un año se produjo un estallido por fuga de gas que mató al menos a 42 personas. El Gobierno suele quejarse de que “la derecha” utiliza estos accidentes como “elemento de terrorismo mediático”.
    En el último año, la estatal de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) ha reportado 24 incidentes en sus refinerías: incendios, cortes eléctricos, paralizaciones no programadas, fugas de gases y combustibles. La mayoría de ellos ocurrieron en las plantas de Amuay y Cardón, que integran el Complejo Refinador de Paraguaná: hubo cuatro en mayo, uno en junio, uno en julio y cuatro más en los días transcurridos de agosto de 2013. Los vecinos de los barrios aledaños, que perdieron sus casas o los vidrios y marcos de las ventanas con la explosión del 25 de agosto de 2012, replican el espanto de entonces cuando ven lenguas y columnas de humo saliendo de las instalaciones de la petrolera. 
    “Los trabajadores se persignan cuando entran, muchos no quieren estar allí”, dijo uno de ellos, Juan Montero, al diario caraqueña El Nacional, en un informe que denuncia la fuga de mano de obra calificada a Colombia debido a los bajos salarios y a las fallas de seguridad en las refinerías de Venezuela. Este goteo migratorio de petroleros venezolanos se suma a la gran desbandada que comenzó en 2003, cuando el presidente Hugo Chávez ordenó el despido de más de 20.000 profesionales de la industria. Estos se sumaron al paro general en su contra, convocado en diciembre de 2002 por la patronal Fedecámaras y los sindicalistas de la CTV. Muchos de ellos fueron a parar a las petroleras y contratistas de México, Canadá, Estados Unidos, Brasil, Catar, Arabia Saudí, Aruba y Curaçao para burlar el veto impuesto en los sectores público y privado de la industria de Venezuela. 
    La estatal venezolana opera un total de 24 refinerías: seis de ellas están ubicadas en Venezuela y las 18 restantes, en Aruba, Curaçao, Cuba, República Dominicana, Jamaica, Estados Unidos, Suecia y Gran Bretaña.
    En 2012, las operaciones de Refinación, Comercio y Suministro reflejaron pérdidas por 7.795 millones de dólares. Esta viceprepresidencia ha sido dirigida desde mayo de 2007 por Asdrúbal Chávez: ingeniero químico, con 28 años de carrera dentro de Pdvsa y primo hermano del expresidente Chávez. Según los sindicatos petroleros de oposición, los accidentes constantes y las pérdidas en el área de refinación son consecuencia de la falta de inversión en las operaciones de la industria, especialmente durante 2011, cuando los “aportes al desarrollo social” entregados por Pdvsa superaron en casi 50% el monto en inversión. Pero según el Gobierno venezolano, los números rojos del último año y medio en el área de refinación se deben a la explosión de Amuay, a los rayos, las tormentas eléctricas y otros fenómenos naturales.
    Los combustibles que Venezuela ha dejado de producir los compra en Estados Unidos. En abril de 2013, las compras venezolanas de diesel, gasolina, gas licuado, fuel oil y otros productos refinados en el mercado estadounidense aumentaron en 138,8% respecto al mismo mes del año anterior, según cifras del Departamento de Energía. En los primeros cuatro meses del año, promediaron 129.000 barriles diarios. De acuerdo al mismo informe, fechado en junio de 2013, las exportaciones de Pdvsa a Estados Unidos sumaron 847.000 barriles diarios: un 4% eran combustibles y el 96% restante, petróleo crudo. Esta porción representa un 52% de la producción total de Venezuela y es la única parte que se vende a precio del día y se paga con dinero líquido. El resto se vende subsidiado en el mercado interno; a crédito, a países amigos; o se utiliza para pagar préstamos de dineros ya gastados, otorgados por China.
    La deuda de Petróleos de Venezuela sumó en el año pasado 40.026 millones de dólares, 14,7% más que en 2011, a pesar de que los precios de la canasta petrolera venezolana se mantuvieron en el rango de los 100 dólares por barril. En 1998, antes de que Chávez ganara sus primeras elecciones y cuando el barril venezolano llegó a costar 9 dólares, el saldo de la deuda rondaba los 3.000 millones de dólares. La industrai ha sido el pilar económico del gasto social y del dominio político en Venezuela, pero especialmente durante la última década. El grueso del dinero que Pdvsa produce o solicita en préstamos ha sido destinado a financiar actividades distintas al negocio petrolero: a subsidiar el mercado cambiario, férreamente controlado por el Gobierno desde 2003; a la compra de alimentos que se venden a menor precio en mercados populares; a sostener las “misiones sociales”, que funcionan como ministerios paralelos en las áreas de salud, educación y militar. Es por eso que, pese a los altos precios del petróleo nacional, el patrimonio de Petróleos de Venezuela se mantiene estancado y en riesgo. 
    La maquinaria petrolera que durante la era del chavismo ha aceitado la diplomacia venezolana y ha financiado la satisfacción de las necesidades inmediatas de las clases populares -que no por ello han superado la pobreza- da señales de agotamiento. De acuerdo a cifras aportadas por el Gobierno venezolano a la Organizacion de Países Exportadores de Petróleo (Opep), la producción total de crudo de Pdvsa entre enero y mayo de 2013 fue de 2,7 millones de barriles por día, un 2,92% menos petróleo del que producía en agosto de 2012. Estas cifras están muy por debajo de la meta que Hugo Chávez se había fijado en vida. “Para el 2014 debemos estar llegando a cerca de cuatro millones de barriles diarios. Para el 2019 debemos estar en seis millones de barriles diarios de crudo. Somos uno de los pocos países del mundo con esa gran capacidad de crecimiento de la producción”, dijo el presidente en septiembre de 2011, el año que Pdvsa gastó más dinero en mantener al pueblo contento.