Donald Ray Pollock
KNOCKEMSTITFF
1. ¡Bienvenidos!
Bienvenidos a Knockemstiff, Ohio. Lo de «bienvenidos» es un decir. Nadie ha sido jamás bienvenido aquí, y los que vinieron no piensan en otra cosa que en marcharse. Pero ustedes ya están aquí (sin duda, por culpa de un error a la hora de mirar el mapa de carreteras) y, ya puestos, habrá que sacarle el máximo partido a esto; a Knockemstiff, Ohio. Pero tengo que avisarles de algo: una vez aquí, nadie consigue salir. Esto es para siempre. Esto es un agujero negro. Un cepo en forma de pueblo de mierda en medio de la nada que les agarrará los tendones y los sujetará de una dentellada metálica y oxidada; y sólo desgarrándose su propia piel, sólo dejando su tejido muscular atrás, podrían algún día abandonarlo. Es lo que tiene Knockemstiff, ése es uno de sus atributos (es un decir): su calidad de trampa atrapamoscas, su superficie imantada a base de sucesivos desastres y decepciones que se adhiere a la suela de los zapatos de uno y le impide dejar el pueblo, y todo lo que éste trae consigo, atrás.
