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| Marcel Proust |
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Hay libros que son hitos indelebles en la historia de la literatura y que, sin embargo, son aburridísimos (al menos para un sector mayoritario de los lectores). Qué paradoja. James Joyce, Marcel Proust, Samuel Beckett, Alain Robbe-Grillet, David Foster Wallace, Gertrude Stein, Roberto Bolaño, Thomas Pynchon, Juan José Saer, Virginia Woolf, Thomas Bernhard. Autores difíciles, con obras que suponen un esfuerzo similar a la subida a un ochomil y cuya lectura otorga un signo de distinción: solo son aptos para los más gafapastas.
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| Mario Vargas Llosa, Patricia Llosa, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, |
Hay muchos puticlubs, pero ninguno es el de Junta Larsen. Ni el de don Anselmo. La literatura está plagada de prostíbulos que solo son eso, prostíbulos, hombres, mujeres, mala música, olor a desinfectante. En cambio, las «casas» de Junta y don Anselmo representan complejos símbolos, además de burdeles. En realidad, son utopías, hasta que un día se desmoronan, como todo lo bello. Si solo fuesen prostíbulos, tal vez siguiesen abiertos, como todo lo atroz. Cuando Juan Carlos Onetti y Mario Vargas Llosa publican en los años 60 Juntacadáveres y La casa verde, respectivamente, están en algún sentido fundando algo parecido a una «literatura de prostíbulo», que, como el nombre indica, no tiene demasiado que ver con los prostíbulos —que hacía mucho tiempo que aparecían en la literatura universal— pero sí con su metáfora. La modernidad y grosería del capitalismo había producido, para aquellos años, una época grotesca de gloria y desgracia, placer e inmundicia, esplendor y ocaso, simultáneamente. Y los burdeles de Vargas Llosa y Onetti reflejaban ese escenario, tratado por el particular estilo de cada autor. Hay una variante de la modernidad en estos libros, imposible de desligar de la decadencia, que crece sobre una voz que escucha en su cabeza el protagonista, a menudo un individuo enigmático, oscuro, sin pasado, o en todo caso con un oscuro pasado. Esa voz dice: «¡Funda un prostíbulo, che!».
El recuerdo es un asalto, lo más parecido a un abordaje donde la memoria hace revivir lo ya vivido. Si tenemos que recurrir a un ejemplo literario de cómo la memoria nos devuelve el recuerdo de un suceso, acudimos a Proust y a su famosa magdalena empapada en té, cuyo sabor le devuelve hasta su infancia, en Combray, cuando llegaba a la habitación de su tía y esta le daba un trozo de magdalena mojado en su infusión.
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| Borradores de Proust |

¿Quién no ha tenido la tentación de abandonar una lectura comenzada? Esta acción no suele pregonarse, pero basta con que el tema surja en una red social (“No he podido terminar el libro X”) para que salten experiencias similares: “Yo tampoco pude con Y”, “A mí Z me ha resultado intragable”. La red social de lectura Goodreads hizo una de las raras encuestas que hay sobre el tema entre sus lectores (en inglés). En ella se vio cómo se habían caído de las manos de los lectores clásicos voluminosos, como Moby Dick o Ulises, aunque también se dejaron libros más breves, como Cincuenta sombras de Grey. En las redes sociales españolas se han visto recientemente lectores que anunciaban que dejaban la lectura de Solenoide, extensa novela (800 páginas) de un famoso escritor rumano, aunque inmediatamente surgían otros que manifestaban el placer que tenían con ella. También es muy frecuente que se deje una obra y años más tarde se retome para terminarla. En busca del tiempo perdido, de Proust, es un caso típico. El impulso para leer un libro puede ser su prestigio antiguo (clásicos) o su actualidad (obras de moda), pero de nada servirán si los lectores no lo encuentran atractivo o interesante. Y ese juicio puede ser muy personal.
Marcel Proust y el apabullante Ulises de James Joyce estarán de celebración en 2022, al cumplirse 100 años desde la muerte del gran escritor francés y otros tantos de la publicación de la legendaria novela vanguardista que rompió con las convenciones narrativas. Uno y otra serán objeto de homenajes e importantes rescates, pero antes de echar la vista atrás, el nuevo año trae un abigarrado programa editorial de nuevos títulos de ficción. Ya en enero se lanzarán Ay, William (Alfaguara), novela de Elizabeth Strout que da continuación a la historia que arrancó en Me llamo Lucy Barton; Una casa propia (Literatura Random House), nueva entrega de las memorias noveladas de Deborah Levy; y Todas nuestras maldiciones se cumplieron (Seix Barral), de la argentina Tamara Tenenbaum, autora de El fin del amor, que esta vez escribe sobre la comunidad judía ortodoxa en la que creció. Y dos libros de relatos: Grand Union (Salamandra), que reúne los cuentos de Zadie Smith, y bola ocho (Nórdica), el debut en español de Elizabeth Geoghegan, alumna y amiga de Lucia Berlin.
En febrero las historias de amor y conquista que llegarán a las librerías incluyen desde el regreso de Agustín Fernández Mallo con una novela situada en Venecia, El libro de todos los amores (Seix Barral), hasta El festín del amor (Asteroide), del estadounidense Charles Baxter, pasando por Amor libre (Sexto Piso), de Tessa Hadley, la autora británica cuyo triunfo tardío no deja de alumbrar celebradas novelas como esta situada en el Londres de los años sesenta. También llegarán Niña de octubre (Gatopardo), la novela en la que Linda Boström cuenta su parte de la historia con el novelista y padre de sus cuatro hijos Karl Ove Knausgard; la multipremiada y aclamada Brillo (Blackie Books), de Raven Leilani, sobre un triángulo amoroso que incluye a una joven negra y a un hombre blanco de 40 años casado; y la nueva novela de Luis Landero, Una historia ridícula (Tusquets), en la que el atractivo de la conquista amorosa está conectado con el ascenso de clase. Valentín Roma incide con El capitalista simbólico (Periférica) en este mismo asunto en la Barcelona de los noventa, y Juan Tallón tiene esa España como telón de fondo de Obra maestra (Anagrama), el peculiar relato ficcionalizado de la desaparición real de una escultura de Richard Serra.
La autora de Tan poca vida, Hanya Yanagihara, vuelve con Al paraíso (Lumen), otra larga historia en la que alterna el siglo XIX con los años del sida en EE UU, un tema que conecta con la pandemia actual. El griego Petros Márkaris sitúa la historia de Cuarentena (Tusquets) en la Atenas del coronavirus, y el Nobel Orhan Pamuk también escribe sobre el contagio y las plagas en Las noches de la peste (Literatura Random House) su regreso a la mesa de novedades previsto para marzo. Ese mes también vuelve la autora de Casas vacías, la mexicana Brenda Navarro, con Ceniza en la boca (Sexto Piso), y Javier Cercas termina con El castillo de Barbazul (Tusquets) la trilogía que arrancó con Terra Alta. Y también pone punto y final a la suya Eva Baltasar con Mamut (Literatura Random). El Nobel Isaac Bashevis Singer sale en marzo por partida doble con el libro de relatos Una ventana al mundo (Nórdica), que incluye cinco inéditos, y con la divertida novela El seductor (Acantilado).
La literatura negra es la que mejor aguantó el envite del confinamiento y, a tenor de lo visto para 2022, la que más músculo conserva. En abril llega lo nuevo de Don Winslow, Ciudad en llamas (HarperCollins), el inicio de una gran serie sobre la mafia que hunde sus raíces en años de investigación sobre sus propios orígenes del creador de El cártel. Estará en febrero en Barcelona para recibir el Pepe Carvalho de la BCNegra. Allí también tendremos a Elmer Mendoza: el creador de El zurdo Mendieta y uno de los grandes renovadores del género vuelve con Ella entró por la ventana del baño (Alfaguara). Y a Alan Parks, con una nueva entrega sobre su brutal serie en el Glasgow de los setenta, Bobby March vivirá para siempre. Todo un acontecimiento para los aficionados a la novela de espías se puede considerar la llegada en enero de Conexión Londres, el cierre de la serie de Thomas Kell escrita por Charles Cumming, lo más cercano a John Le Carré que ha dado la nueva literatura británica. Y atención a los debúts de Teresa Cardona (Los dos lados, Siruela) y Virginia Feito (La señora March, Lumen) que está protagonizando en el mundo anglosajón un éxito tan rotundo como complicado de clasificar.
El capítulo de heterodoxos homenajes arranca en enero con la nueva novela de Rodrigo Fresán, Melvill (Literatura Random), dedicada al padre de Bartleby y Moby Dick, y sigue en otoño con la obra de la irlandesa Doireann Ní Ghríofa Un fantasma en la garganta (Sexto Piso), en la que se entrecruza un poema del siglo XVIII con unas memorias de maternidad. David Rieff selecciona los mejores textos de su madre en Susan Sontag. Obra imprescindible (Alfaguara), y sale también El libro de Ana María Matute (Blackie Books), antología de literatura y vida de la autora catalana. La novela que mezcla investigación y autoficción Sobre Barbara Loden (Sexto Piso), de la francesa Nathalie Léger, tiene en el centro a la actriz y directora estadounidense que triunfó en el festival de Venecia con la película de culto Wanda y fue esposa de Elia Kazan. Y desde el mundo del cine también llega el debut de Werner Herzog con El crepúsculo del mundo (Blackie Books), la historia de un soldado japonés que siguió combatiendo en una isla perdida tras el fin de la Segunda Guerra Mundial; y el libro Ivo y Jorge (Tusquets), de Patrick Rotman, sobre la amistad de Yves Montand y Jorge Semprún.
Entre las recuperaciones destacan Canto de sirena (Gatopardo), de Charmian Clift, periodista australiana que junto a su esposo se instaló en la isla griega de Kalymnos y cuya vida bohemia inspiró a Leonard Cohen, entre otros artistas; y Aguamala, cuatro días de lluvia en la ciudad de Nápoles a la espera de un suceso extraordinario (Acantilado), de Nicola Pugliese, una novela que publicó originalmente en 1977 Italo Calvino en el sello Einaudi y que el autor prohibió que fuera reeditada hasta su muerte (2012). También llegarán en Salamandra dos títulos del premio Nobel 2021, Abdulrazak Gurnah, A orillas del mar, y su última obra, Afterlives, que retoma la historia de Tanzania donde la dejó en Paraíso.
Saldrá también un nuevo libro de Maryse Condé, Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (Impedimenta), en el que fabula sobre la historia de esa esclava que fue condenada en los célebres juicios del siglo XVII, y la novela situada en una plantación El baile del agua, del ensayista estadounidense Ta-Nehisi Coates. La argentina Camila Sosa, autora de Las malas, vuelve con nueve relatos reunidos en Soy una tonta por quererte (Tusquets). Y Diferente pero como todo el mundo (Tránsito), de Nora Eckert, reconstruye la historia de Chez Romy Haag, un legendario club de travestismo en el Berlín Occidental en los setenta.
El año nuevo traerá de regreso a la premio Princesa de Asturias Siri Hustvedt con Madres, padres y demás apuntes sobre mi familia real y literaria (Seix Barral), en abril; a Joyce Carol Oates con dos nouvelles de misterio que publicará Siruela en enero; también a la poeta y escritora colombiana Piedad Bonnett con Qué hacer con estos pedazos (Alfaguara), y a Héctor Abad Faciolince en el mismo sello en mayo. Volverán a las librerías el italiano Domenico Starnone, considerado por muchos como parte indispensable de la misteriosa identidad de Elena Ferrante, con Confidencia (Lumen), y Eduardo Berti con Un hijo extranjero (Impedimenta), donde narra la historia que surgió a partir de la publicación de Un padre extranjero.
Cuesta más conocer los planes editoriales del segundo semestre, pero habrá nuevos libros de Luis Mateo Díez y de Bernardo Atxaga en Alfaguara. Con la reentré llegarán también la traducción al español de la última novela de Houellebecq y Sobre la libertad, de Maggie Nelson (ambos en Anagrama); Lincoln Highway (Salamandra), de Amor Towles, autor de Un caballero en Moscú; y la novela ganadora del premio Booker de 2021, La promesa, de Damon Galgut que sacará Asteroide. También se publicará En memoria de la memoria (Acantilado), de Maria Stepanova, saludada por la crítica anglosajona como la nueva gran voz de la literatura rusa, cuyo monumental libro funde historia personal y cultural.
Y, de vuelta al principio de esta historia sobre literatura en 2022, habrá dos importantes novedades de Marcel Proust: Los 75 folios y otros manuscritos inéditos (Lumen), y una selección importante de su correspondencia, que se publica por primera vez en español en Acantilado, aún sin fecha fija. La otra incógnita es cuándo saldrá la novela que Almudena Grandes dejó escrita; aunque se sabe que será este año y en Tusquets, el anuncio se hace esperar.
Con información de Juan Carlos Galindo.
Es periodista cultural. Licenciada en Historia y Políticas por la Universidad de Kent, fue becada por el Graduate School of Journalism de la Universidad de Columbia en Nueva York. Su trabajo, con un foco especial en el mundo literario, también ha aparecido en revistas como The Paris Review o The Reading Room Journal.

Los miembros de la Academia Goncourt Robert Sabatier, Hervé Bazin, Françoise Mallet-Jorris, Armand Lanoux y Michel Tournier, en 1975 en la villa que da nombre al premio.
No siempre el talento y el esfuerzo bastan para fabricar un clásico. A veces un buen premio en el momento adecuado ayuda.
Es el caso de Marcel Proust. Hace un siglo, el 10 de diciembre de 1919, A la sombra de las muchachas en flor, segundo volumen del ciclo novelesco En busca del tiempo perdido, recibió el Goncourt. La elección, que desató una polémica virulenta, propulsó a Proust a la condición de clásico vivo. Consagró al Goncourt como el premio de los premios, estatus que todavía ostenta. Y colocó a Gallimard como el sello de calidad que en las décadas siguientes contribuiría como ninguna otra en Francia a confeccionar el canon.
| James Joyce |
La primera persona a la que oí hablar del único y mitológico encuentro entre Marcel Proust y James Joyce fue Nélida Gardell, mi profesora de francés en la Escuela de Letras de la Universidad de Tucumán. Nélida describía el diálogo entre los dos mayores novelistas del siglo XX como un torneo de torpezas y desdenes, el vuelo de aves majestuosas condenadas a no entenderse.
| Marcel Proust |
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| Marcel Proust Fernando Vicente |
| Charles Swann |
Juan Carlos Onetti, en una imagen de 1989.FOTO: FRANCISCO ONTAÑÓN![]() |
| Edgar Allan Poe |
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| Dibujo de Federico García Lorca |