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viernes, 7 de agosto de 2020

La vida en Japón tras la bomba

Prostituta, Nagoya, 1957
Prostituta, Nagoya, 1957 






La vida en Japón tras la bomba

La Fundación Mapfre descubre las impactantes fotografías de Shomei Tomatsu sobre la posguerra en el país asiático


José Ángel Montañés
Barcelona, 10 de junio de 2018
Tsuyo Kataoka, superviviente de la bomba (Nagasaki, 1961)
Tsuyo Kataoka, superviviente de la bomba (Nagasaki, 1961) SHOMEI TOMATSU

Todo el mundo ha visto la imagen del enorme hongo que provoca la explosión de una bomba atómica, sobre todo, de las que llenaron de las ciudades de Nagasaki y Hiroshima de muerte y destrucción en 1945, que acabaron con la vida de cientos de miles de japoneses. Pero pocas veces se ha retratado los efectos a pie de tierra, comprobando cómo padecieron el lanzamiento de estos artefactos mortíferos sus habitantes. Quién si lo hizo fue Shomei Tomatsu (Nagoya, 1930 - Naga, 2012), cuyas fotografías pueden verse en la Fundación Mapfre en Barcelona.
Sabiendo el impacto que provocan estas imágenes, Tomatsu introduce al visitante en la devastación. Primero fotografía un reloj parado a las 11.02 minutos del 9 de agosto de 1945, hora del impacto de la bomba en Nagasaki. Luego, retrata esculturas de piedra mutiladas por la onda expansiva. Al lado, una botella de cristal derretida por el intenso calor que parece un trozo de animal muerto. También unas plantas de bambú carbonizadas. Y después, comienzan los efectos sobre el ser humano. En los hibakusha, los cientos de miles de personas que, pese a todo, lograron sobrevivir: pieles quemadas, caras desfiguradas, pies que no pueden soportar el peso del cuerpo. No es de extrañar que a muchos de los que ven por primera vez sus fotos se le escapen expresiones de dolor.
Pero Tomatsu da un respiro cuando muestra a Shizuka Urakawa, una joven que ha perdido un ojo por la bomba que mira seria, en 1979, a la cámara. El fotógrafo vuelve 20 años después a fotografiarla y la vemos risueña con sus tres hijas, mientras, con no poco humor negro, se pinta un ojo encima del parche que le cubre su herida vitalicia.

No es de extrañar que a muchos de los que ven por primera vez sus fotos de supervivientes se les escapen expresiones de dolor y alguna lágrima.

Tomatsu, que cogió por primera vez una cámara a sus 20 años de una forma autodidacta, sabía lo que fotografiaba. Sufrió los efectos de la guerra cuando tenía 15 años en su Nagoya natal. Sus primeras fotografías hablan de la pobreza y la devastación y la subsiguiente ocupación estadounidense, con impactantes imágenes del contraste entre los altos y fornidos marines rubios y negros junto a dos japoneses vestidos y maquillados según costumbres ancestrales. También a varias japonesas peinadas con enormes cardados al estilo occidental. “Su trabajo nace de la sombra de la guerra”, explica el comisario de la exposición, el crítico y profesor de la Universidad Politècnica de Valencia, Juan Vicente Aliaga, que no duda en comparar al fotógrafo con Henri Cartier Bresson.
Las 180 fotografías de este auténtico desconocido en Occidente (aunque fue uno de los fundadores de la agencia Vivo en 1959, comparable con Magnum) en la que abundan los contrapicados y encuadres audaces, no se detienen en ese instante trágico y sus años posteriores. Abarcan temas más diversos como las revueltas estudiantiles en el Japón de los años sesenta contra los dirigentes políticos y en protesta por la guerra de Vietnam; la vida cotidiana en el Afganistán de 1963 (en el que puede verse como el burka viene de lejos), o imágenes desinhibidas de sexualidad en un país como Japón, en el que el sexo es tabú. También de las costumbres y tradiciones en extinción que pudo captar en la isla de Okinawa, donde se instaló a vivir Tomatsu después de su primer viaje en 1969 y donde comenzó a trabajar en color.
Otra de las 11 series en las que se ha dividido la muestra está presidida por coloristas y bucólicos cerezos en flor, que Tomatsu entendió como una metáfora de la regeneración de la vida después del frío invierno. También fotografió los residuos plásticos que el mar arroja sobre la playa creando composiciones pseudo artísticas, además de denunciar la contaminación de las industrias durante la reconstrucción de Japón tras la Segunda Guerra Mundial, con imágenes casi abstractas de suelos contaminados, de humos que eliminan en los complejos petroquímicos o cableados que acaban comprimiendo la estructura de un edificio, que él llama "castillo". Bellas, pero tan desgarradoras y melancólicas como las que realizó sobre la destrucción de la guerra provocada también por el hombre.





domingo, 11 de agosto de 2013

Shomei Tomatsu / El fotógrafo de los supervivientes de Nagasaki

Shomei Tomatsu
Fotografía: Roland Angst - Junio 2012

Fallece Shomei Tomatsu, 

fotógrafo que retrató 

a supervivientes de Nagasaki


El artista japonés muere a los 82 años a causa de una neumonía

Inmortalizó la ciudad y sus habitantes después del bombardeo atómico


'Oshima Eiko' (1961), uno de los retratos realizados por Shomei Tomatsu. / SHOMEI TOMATSU

El reconocido fotógrafo japonés Shomei Tomatsu, famoso por sus series de retratos de supervivientes del bombardeo atómico de Nagasaki (suroeste), falleció el pasado 14 de diciembre (2013) a los 82 años a causa de una neumonía, informaron sus familiares.
Tomatsu llevaba tiempo ingresado en un hospital de Naha, capital de la provincia de Okinawa (sur), donde también retrató con esmero los ritos y las gentes de esta región cuya singular cultura sobrevive a duras penas tras siglos de conquistas.
Tomatsu, nacido en 1930 en Nagoya (centro), comenzó a tomar fotos en su niñez y tras graduarse en Económicas por la Universidad de Aichi (centro), comenzó a producir instantáneas para el gran grupo editorial Iwanami.
Dos años después decidió convertirse en freelance y en 1959 fundó el grupo "Vivo" con los también fotógrafos Eiko Hosoe e Ikko Narahara.
El libro "Hiroshima-Nagasaki Document 1961" publicado ese año en colaboración con otro fotógrafo, Ken Domon, y que incluía retratos suyos de supervivientes de la bomba atómica que fue lanzada sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945 llamó por primer vez la atención de público y crítica.
"Fue una persona que tenía una gran mirada con respecto a Nagasaki y su muerte nos ha provocado un vacío en el corazón. A través de las obras que nos ha dejado trataremos de seguir expresando su voluntad ", explicó a Efe un portavoz del Museo de la Bomba de Nagasaki, que alberga una colección de 614 obras suyas.
La última gran exposición sobre su trabajo se celebró en este museo entre septiembre y octubre de 2009, aunque periódicamente la institución organiza pequeñas exhibiciones.
Después de sus trabajos centrados en Nagasaki, Tomatsu se desplazó a Okinawa, cuando la provincia aún estaba bajo mando estadounidense (no fue devuelta a Japón hasta 1972), y allí capturó como nadie los elementos de la cultura tradicional ryukense, propia de este archipiélago.
Al mismo tiempo, retrató la vida en las bases estadounidenses y el día a día de los okinawenses bajo la ocupación, hasta componer una estupenda crónica del Japón de posguerra.
A finales de los noventa Tomatsu se mudó a Nagasaki, donde continuó retratando supervivientes de la bomba atómica con los que acabó por entablar una relación muy cercana, hasta que hace dos años volvió a trasladarse a Okinawa.
Según los críticos, Tomatsu supuso una importante influencia para la generación de fotógrafos que le sucedió, en la que destacan nombres como Takuma Nakahira o Daido Moriyama.

EL PAÍS


sábado, 10 de agosto de 2013

Fotos memorables / Shomei Tomatsu / Botella derretida


Shomei Tomatsu
FOTOS MEMORABLES
Botella derretida

A primera vista, parece la piel de un gato o un perro. En una inspección más cercana, podría ser el cadáver de una criatura mutante de las profundidades de la imaginación de David Cronenberg. Es, de hecho, una botella de cerveza que se ha fundido debido al calor intenso de lo que puede ser una inimaginable explosión nuclear.

La fotografía más conocida de Shomei Tomatsu, simplemente titulada Botella derretida, Nagasaki 1961, es también uno de sus trabajos más surrealista. Fue tomada mientras estaba en una asignación para una revista de fotografía, acerca de la reconstrucción de la devastada ciudad. Tomatsu, entonces de 31 años, como muchos japoneses, optó por no enfrentar el trauma de Nagasaki, pero lo que encontró allí le hizo reconsiderar su actitud ante la historia de su país, así como a la fotografía. Se dedicó a tratar de grabar una ciudad que, como el país en su conjunto, estaba empeñado en la construcción de su futuro, mientras que iba acabando con muchas huellas de su pasado.

La botella derretida fue sólo una de varias reliquias triste y extraña de la devastación atómica que se encuentra en exhibición en un pequeño museo de la memoria, y que Tomatsu encontró en uno de sus numerosos paseos alrededor de Nagasaki. Inmediatamente reconoció el poder del objeto y el misterio. Como muchas de sus imágenes más potentes, Botella Derretida posee un extraño poder casi onírico que intriga y desconcierta, tomando al espectador en un terreno desconocido más allá de los parámetros del reportaje. También fotografió un reloj de pulsera cuyas manos se congelaron a las 11:02 am el 9 de agosto de 1945, el momento en que la bomba atómica explotó.

Aunque todavía es relativamente desconocido fuera de Japón, Tomatsu, ahora con 80 años, es posiblemente el mayor y más influyente de todos los fotógrafos que surgieron durante la era turbulenta postguerra de su país. Durante un lapso de 50 años, su trabajo ha reflejado los cambios en la cultura japonesa, la presencia militar estadounidense y luego la extensión imparable de la cultura popular estadounidense. Dos series de fotografías: Protesta, Tokio 1969 y Eros, Tokio 1969, muestran los turbulentos cambios culturales de la época. Su libro, ¡Oh! Shinjuku, el nombre de un distrito comercial en el centro de Tokio, reseña el surgimiento de una bohemia y joven rebelión, que más tarde tituló: A través de los ojos de un perro callejero.

14 de septiembre de 2010
http://foro.skamasle.com/galeria-de-arte-foraneo/fotografia-tomada-por-shomei-tomatsu-(la-botella-derretida)/



lunes, 20 de agosto de 2007

Shomei Tomatsu / El retrato del Japón de la posguerra



El retrato del Japón de la posguerra

La exposición 'La piel de la nación' descubre la fotografía de Shomei Tomatsu


Shomei Tomatsu (Nagoya, 1930) ha sido el fotógrafo más influyente e innovador del Japón de la posguerra. Ha mostrado sus fotografías en numerosas exposiciones y ha publicado una veintena de libros, pero su trabajo, una intensa mirada sobre las gentes y los paisajes de su país marcados por la II Guerra Mundial, apenas se conoce fuera de su Japón natal. La exposición restrospectiva La piel de la nación presenta ahora su trabajo en Bilbao a través de 10 series que constituyen un retrato del Japón de la segunda mitad del siglo XX, desde los vestigios de las viejas tradiciones y los supervivientes de las dos bombas atómicas al prodigioso desarrollo económico y los cambios sociales que impulsó.
La piel de la nación (Aula de Cultura BBK. Elcano 20, Bilbao. Desde mañana y hasta el 3 de octubre) reúne más de 250 imágenes, en su mayoría procedentes de los archivos del propio Tomatsu. Entre ellas figura su imagen más conocida, Nagasaki 11:02, en la que se puede ver un reloj detenido en el momento de la explosión de la bomba atómica sobre esa ciudad el 9 de agosto de 1945. Tomatsu tomó la fotografía en 1962 dentro de un proyecto para plasmar la vida de los supervivientes del ataque nuclear sobre aquella ciudad.


Las diez series de la muestra abarcan los grandes asuntos que Tomatsu ha ido abordando a lo largo de su carrera, como la americanización de Japón o la influencia del glamour de Hollywood, y la larga e intensa transformación de su país. Sus imágenes reflejan desde la huella de la cultura tradicional o la dramática salida de los años de la guerra hasta los cambios que llegaron de la mano de su impresionante desarollo económico y la implantación de nuevas formas de vida. A través de las fotografías se descubre toda esta evolución. Las series fueron realizadas para ser publicadas en revistas ilustradas japonesas, concebidas para ser vistas en un formato secuencial.
El título de la exposición hace una referencia literal y metafórica a las superficies que con frecuencia figuran en las fotografía de Tomatsu. Para el artista, la piel supone una especie de mapa en el que se puede leer la historia de Japón, según explican los comisarios de la muestra, Sandra S. Philips, miembro del Departamento de Fotografía del Museo de Arte Moderno de San Francisco, y Leo Rubinfein, de la Universidad de Nueva York. La obra de Tomatsu destaca por su fascinación por la experiencia inmediata y la pasión por lo tangible. Sin dejar de lado la cara documental, se ha preocupado por evocar en sus fotografías la ansiedad, la pena y la alegría que impregna la vida cotidiana de la nación asiática.
La piel de la nación fue producida por el Museo de Arte Moderno de San Francisco, con la colaboración de la Japan Society de Nueva York, con el objetivo de divulgar el trabajo y la influencia de Tomatsu en la fotografía contemporánea japonesa y en los países occidentales. Tras su presentación en Nueva York, Washington y San Francisco el pasado año, la retrospectiva se ha mostrado también en Suiza, la República Checa e Italia.

Un trabajo desconocido

Tomatsu es reconocido en Japón como uno de los autores que más ha influido en la fotografía de la segunda mitad del siglo, pero "la increible profundidad, variedad e inteligencia de su trabajo es practicamente desconocido fuera de su país", señala Phillips.
Después de estudiar Ingeniería y Economía, Tomatsu comenzó a trabajar en una empresa editora de libros fotográficos de bolsillo. En 1956, se convirtió en fotógrafo independiente, colaborando con los principales semanarios ilustrados japoneses. Fundó entonces junto a otros colegas la agencia Vivo, a través de la que canalizaron su trabajo hacia las grandes revistas de la época. Tomatsu ha compatibilizado la realización de libros y exposiciones con la docencia.

EL PAÍS
GALERÍA







Tokyo exhibit at the MoMA. Tomatsu Shomei. Protest, Tokyo. 1969.



Hibakusha (bomb victim) Tsuyo Kataoka, Nagasaki, 1961