AlamySeres complejos, peligrosos y sexuales: los orígenes centenarios de la ficción fantástica actual.
Neil Armstrong
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FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES
En "Hamnet", la elocuente novela de 2020 de Maggie O'Farrell y la conmovedora nueva película basada en ella, la esposa de Shakespeare, Agnes, es una herbolaria experta en pociones medicinales con una capacidad casi sobrenatural para presentir el futuro. Pero no puede salvar a su hijo pequeño de la peste, una muerte que lleva al padre del niño a escribir una de las obras más grandes de toda la literatura: Hamlet.

Se estrenó el pasado 23 de enero en cines y se ha convertido en un pequeño fenómeno en las salas y en las redes. Hamnet copa desde entonces la conversación y no es para menos. El libro de Maggie O’Farrell que adapta ha vendido, solo en España, 200.000 ejemplares lo que da una idea del fenómeno que ha supuesto esta historia que se pudo leer en castellano por primera vez en 2021. Las expectativas sobre la película que ha dirigido Chloé Zhao estaban bien arriba.

Escena de 'Hamnet'. | Universal Pictures España
La película de Chloe Zhao, basada en la novela de Maggie O’Farrell, consigue tocar la fibra sensible del espectador
En la escena que abre Hamnet vemos a una mujer vestida de rojo, echada en un bosque en posición fetal, y junto an ella, entre las raíces de un árbol, un gran agujero completamente negro. En la escena final reaparece el bosque, ahora pintado en el telón de fondo de un escenario, en cuyo centro se abre una puerta negra. El actor, que en ese último plano ya se ha transformado simbólicamente en algo más que un mero actor, cruza ese umbral hacia the undiscovered country from whose bourn no traveler returns (el país desconocido de cuyos límites ningún viajero regresa).

Este viernes 23 de enero aterriza en las salas "Hamnet", película dirigida por Chloé Zhao ("Nomadland") y con Paul Mescal en la piel del dramaturgo. Se trata de una adaptación de la novela homónima, que explora la vida de la familia de Shakespeare, centrándose en su esposa, Agnes Hathaway, y el fallecimiento de su hijo Hamnet por la peste en 1596. No se trata, por tanto, la obra de O'Farrell de una sobre la vida de un gran autor, sino de un hombre cuyo hijo murió y cuya esposa no fue lo que siempre nos han contado. Fue en la escuela, a sus 16 años, cuando la escritora escuchó hablar por primera vez de esta historia. "Estaba estudiando 'Hamlet' para mis exámenes", recordaba ante la prensa durante la presentación en 2021 del libro, y fue al poner un dedo sobre la letra "l" e imaginar una "n" en su lugar cuando se preguntó "qué significaría esto.Empecé a apreciar hasta qué punto Shakespeare era misterioso como ser humano". Continuaba O'Farrell analizando que "el hecho de que titulara su mayor obra, porque me parece que 'Hamlet' lo es, con el nombre de su hijo muerto, le convierte en un padre que hizo su duelo. El objetivo de la novela era dignificar y amplificar la vida de ese niño que fue totalmente olvidado".
El profesor dice que el texto muestra que Hathaway vivió con el dramaturgo en Londres, lo que trastoca la idea establecida de un matrimonio infeliz.
Durante mucho tiempo se ha asumido que el matrimonio de William Shakespeare con Anne Hathaway no fue precisamente feliz. Se mudó a Londres para dedicarse a su carrera teatral, dejándola en Stratford-upon-Avon y estipulando en su testamento que ella recibiría su "segunda cama", aunque seguía siendo un objeto valioso.
Elif Shafak, Sarah Perry, Jeffrey Boakye y otros nos dicen cuál de las dos figuras literarias totémicas prefieren

Profesor de Estudios Shakespeare en el Hertford College de Oxford y autor de This Is Shakespeare
Es una tesis brillantemente descabellada la que plantea Peter, pero no estoy de acuerdo. Lo genial de Dickens es la sensación maximalista, abarrotada y rebosante que se percibe de ese mundo. Su obra es como una extraordinaria catedral barroca que uno podría pasarse la vida contemplando, absorto en sus detalles. En cambio, Shakespeare es más bien como una caja negra. Hay un enorme potencial para representar estas obras en mundos muy diferentes con resultados muy distintos. Así que lo genial de Dickens es que todo está ahí. Pero lo que es completamente indispensable de Shakespeare es que espera a que lo combinemos con él para crear algo nuevo. No creo que releer a Dickens cree un nuevo Dickens, pero releer o reinterpretar a Shakespeare sí crea un nuevo Shakespeare.
Después de releer las obras completas del gran novelista victoriano durante la pandemia, Peter Conrad se convenció (susurrándolo) de que Dickens es un escritor aún más grande que ese otro gigante literario británico, el Bardo.
A principios de 2020, con el confinamiento social, me refugié en casa de Charles Dickens , quien me acompañó y me animó durante la pandemia. Impulsado por narrativas que Dickens consideraba locomotoras veloces y animado por una imaginación inflamable que comparaba con una forja industrial, pronto dejé de sentir la necesidad de los tranquilos circuitos cronometrados por el parque local, e incluso dejé de preocuparme por el inminente fin del mundo. Pero aunque Dickens me salvó de una enfermedad, me contagió de otra: al escapar de la COVID-19, contraje una monomanía incurable.
A finales de 2019, unos terroristas antisemitas asesinaron a tres personas en un mercado kosher de Jersey City. Los asesinos, que tenían una gran cantidad de explosivos en su camioneta (suficientes para destruir un área del tamaño de cinco campos de fútbol, según la policía), probablemente tenían la intención de bombardear la escuela judía que se encontraba debajo del mercado.